"Yo amo a los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón..."
(Antonio Machado)
Me he encontrado con una amiga de la infancia a la que hacía muchos años que no veía. Nos hemos puesto al día en, aproximadamente, unos cuatro o cinco minutos mediante un resumen selectivo de lo que nos ha interesado contar a cada una acerca de sí misma. Es obvio que nadie cuenta lo que no quiere que se sepa y parte de esta obviedad es el hecho de que cuando más se miente acerca de nuestras vivencias es cuando "hurgamos" en nuestros propios recuerdos. Todo aquello que afecte a los demás solemos contarlo de un modo mucho más realista porque podemos conseguir la objetividad, tan difícil cuando contamos algo que nos pasó a nosotros.
La memoria es limitada, no puede recordarlo todo, así que cuando un recuerdo se olvida e intentamos resucitarlo probablemente lo que obtenemos sea una pequeña mentira. Incluso aquello que sí recordamos con relativa facilidad cada vez que lo contamos o que vuelve a nuestra cabeza habremos construído involuntariamente una parte que no es cierta del todo. La memoria se alimenta de recuerdos pero aunque nos creamos todos nuestros recuerdos algunos nunca han pasado. Así es. Siempre he pensado que todas aquellas personas que se atreven a escribir sus memorias son muy osadas. Leo casi cualquier cosa que llega a mis manos, da igual que sean relatos, cuentos, novelas, poesía, editoriales o artículos de opinión. Leo casi todo aquello que en principio consigue despertar mi curiosidad pero hay algo que detesto: los libros titulados "Mis memorias". La memoria es mentirosa. Para leer una mentira prefiero comprar cualquier revista semanal de cotilleo. Alguna encontraré y me saldrá mucho más económico.
Cuando pensáis en los recuerdos más importantes de vuestras vidas ¿de qué os acordáis? A mí me asaltan situaciones muy dispares. Recuerdo aquellas tardes de verano de la infancia, tardes interminables de juegos, de pantalones cortos, de meriendas en la playa y sueños apurados para comenzar de nuevo otro día plagado de pequeñas cosas importantes; recuerdo aquel beso a escondidas, un efímero beso eterno, que me hizo sentir que la tierra se desplomaba bajo mis pies (tal vez se desplomó realmente). Ése será el beso más hermoso a pesar de ser probablemente el más corto de todos los que di; recuerdo aquel primer día en el colegio, de la mano de mamá, sintiéndome una pequeña hormiguita indefensa de entrada al mundo extraño de los mayores. Según me ha contado llevaba mi vestido favorito, un precioso vestido blanco lleno de diminutas flores rojas y encajes, que mi madre me permitió poner con el fin de parar la cascada de lágrimas que empapaba mi tristeza; recuerdo las noches en vela por culpa de aquella asignatura imposible, y aquella otra noche previa a una entrevista de trabajo; recuerdo una madrugada de color azul volviendo a casa con él bajo una lluvia insistente que apenas percibía, y aquellas primeras vacaciones sin la familia, en un camping, a apenas unos kms de casa, aunque a mí me parecía estar en otro planeta. Desgraciadamente no estoy segura de que ésos sean los recuerdos más importantes de mi vida.
A medida que crecemos deberían regalarnos algún tipo de artefacto de control de la memoria para así, si un día alguien nos pregunta cuál es el momento más bonito que recordamos o el peor o quién fue aquella persona tan importante en nuestra vida, la respuesta tuviese un mínimo de veracidad.
Lo cierto es que al final, ¿a quién le importan los recuerdos? la mayoría son demasiado efimeros, muy cuestionables y tan frágiles como una pompa de jabón. Yo desde siempre me quedo con los sueños, que al final son los que nos empujan cada día. Cierto que ya he descartado alguno de mi lista de posibles, esos sueños que se han ido derrumbando porque la vida jugó con ellos y los derrotó, empeñada en ser ella la que controla cada posibilidad de que algo se cumpla o no se cumpla. Pero utilizo un truco: en mi márgen derecho del cerebro, en la parte creativa que todos tenemos, han nacido sueños nuevos, surgidos de la nada y sin esfuerzo los he colocado en los huecos dejados en mi memoria amputada por los "no pudo ser".
¿Os imagináis tener que resumir vuestra vida en unos minutos? ¿Qué recuerdos visualizáis sin esfuerzo? sean inventados o no :)