19/4/08

Charlatanes

Me encanta charlar. Me pasaría horas haciéndolo, sobre todo con esas personas con la que “puedes” hablar, con la que resulta fácil mantener un diálogo fluido. Si además ese diálogo te aporta algo es perfecto. Nuevas formas de ver las cosas, nuevas perspectivas. Hay personas con las que siempre aprendes, que saben hablar porque han aprendido a escuchar. Esas charlas con los amigos en los que todos (siempre unos más que otros) damos nuestro punto de vista de las cosas, donde todos somos músicos pero no hay director. Pero a veces, como en un mal sueño, se nos cuela entre bambalinas el “amigo charlatán”.

Para mí los charlatanes son insoportables. Conozco alguno, supongo que “casi” todos pensamos en alguien al oír la palabra charlatán. Hace unos días estuve con uno. Me lo encontré sin querer, y también sin querer, y sin que pudiera pararle, me destripó con su crítica una película que yo quería ver y que por supuesto él no había visto. Yo hubiera jurado que, tal y como hablaba sobre ella, podría haberla dirigido.

¿Cómo reconocer al amigo charlatán? Hay unas reglas muy sencillas. Os diré que ni siquiera es el que más hable de todos. Si vais por ahí tal vez no daréis con él. Tiene otras características. Puedo poner algunos ejemplos y  no me los tengo que inventar porque están basados en hechos reales. 

El charlatán nunca ha estado en Cuba pero es capaz de hablarte con total desparpajo de cómo es el día a día en la Habana. No la ha visitado en su vida pero sabe hasta cómo huele El Malecón, y claro, nos deja a todos boquiabiertos, al principio de asombro para, poco a poco, irse convirtiendo en bostezos mal disimulados. Preguntando, preguntando, resulta que ha leído en un periódico cualquiera, una editorial cualquiera, de un periodista cualquiera y AHÍ LO PONÍA, eso que él había dicho. En ese momento el charlatán ya se cree con los conocimientos necesarios para dar clases magistrales sobre el comunismo de Fidel. 

Los charlatanes saben de todo y cuando digo de todo es de todo. Tú háblales de lo que quieras porque parecen los fundadores del Larousse. Si les preguntasen a ellos se encargarían de hacer desaparecer el agujero de la capa de ozono y acabar de una vez por todas con el cambio climático, eso si es que en realidad existe dicho fenómeno. No están muy seguros, porque no sé dónde han leído (probablemente también en otra columna de otro periódico/revista/magazine) que puede ser sólo un invento de algunos para hacer documentales. Y aquí aparece la palabra clave: DOCUMENTALES. 

Los documentales son su mayor fuente de información. Les encantan. En la comodidad de su salón frente a una enorme televisión de plasma está su trono, su laboratorio, su centro de operaciones: ¡el sofá! No viajan mucho, no tienen tiempo, porque se perderían durante el viaje toda la información que día a día devoran para ser los más informados. No viajan, pero saben porqué hay problemas con las Farc y podrían solucionarlos también después de tapar el agujero de marras. Conocen la política internacional porque ven todos los telediarios y te hablan con igual facilidad del Islam que del mal de las vacas locas o de la cría de la babosa.

Sinceramente no me gustan las charlas con los charlatanes. Los charlatanes no dan opiniones sino titulares, y a mí, por norma general, me gusta más cuando "escuchas con atención" que cuando "atiendes para escuchar". No sé si me explico. Tal vez no. Seguro que no.

Creo que en todas las ciudades debería existir un Speakers’ Corner como el del Hyde Park de Londres, porque así nosotros, mundanos ignorantes desinformados, decidiríamos si acudir a ver a los charlatanes y empaparnos de sus enseñanzas o, por el contrario, preferimos seguir dándole de comer a los patos, esos seres adorables de cuentos infantiles que a mí tanto me gustan.

6/4/08

El amigo perfecto

Viendo un reportaje hace unos días "alguien" decía de "alguien" "Era el amigo perfecto" y la frase me gustó. Se me quedó grabada y mi maldita cabeza centrifugadora empezó a darle vueltas. ¿Cómo definiría yo al amigo perfecto? De entrada pensé: "No será tan complicado hacerlo", y me puse a escribir sobre ello. Pero lo reconozco, me resultaba difícil, así que decidé aparcarlo unos días. Lo hago a menudo. Cuando algo se "enreda" en mi cabeza lo castigo, lo pongo en cuarentena, dejando de pensar sobre ello, así me parece que las cosas se aclaran. Y casi me había olvidado de esto, pero hoy alguien habló de la amistad conmigo, me acordé de que quería escribir sobre esto, y me he puesto a hacerlo.

Lo cierto es que si alguien me dice: "Descríbeme al amigo perfecto" sé que con casi total seguridad contestaré: "Depende. ¿Amigo perfecto para qué?". Confieso que no me gusta nada contestar las preguntas con un "depende", ¡suena tan gallego! No sé si conocéis el tópico, osea, uno de los que aparece en la lista de las "verdades nacionales", así que os lo cuento. De los gallegos se dice que nunca se sabe si suben o si bajan, tenemos fama de indecisos. Seguramente sea cierto, pero es que en realidad a mí la gente muy segura me genera inseguridad, y no me pidáis que lo explique, no sabría hacerlo.

Ya que me he metido solita en esto, al menos tengo que intentar dar una pequeña descripción del amigo perfecto, para dar respuesta a una pregunta tan sencilla como genérica. Diré que:

-Con 5 años mi amigo perfecto era aquel que, como yo, veía en un árbol una torre, en la torre una princesa, y la posibilidad de subir a la rama más cercana, aún a expensas de sufrir algún que otro arañazo, la liberación de la princesa para que se casara con el príncipe (si mi mejor amigo es chico, cambiaremos la liberación de la princesa por la conquista del reino de los terroríficos pobladores del bosque de las tinieblas, bosque formado por dos manzanos y un naranjo chuchurrido).

-Con 10 años mi amigo perfecto era aquel que, como yo, empezaba a descubrir esos maravillosos libros de aventuras en las que casi siempre los protagonistas eran niños ya "muy mayores" (de 14 ó incluso más años) o aquel que ya elegía la ropa que le compraban, o el que pedía ir a un campamento de verano para convertir en toda una aventura un viaje a 20 kms de casa.

-En torno a los 20 años mi amigo perfecto era el que, como yo, cuestionaba todo (o casi todo) lo que los padres daban por bueno, y consideraban que, salvo mi amigo perfecto, yo, y un par de privilegiados más, nadie más nos entendía en el mundo.

-Con 30 años mi amigo perfecto es aquel que, como yo, sepa escucharme cuando me lamente de la mala pata a la hora de encontrar un trabajo que no quería, con el sueldo que no esperaba, el jefe que no aguanto y tener una vida que no era la que había soñado... bla,bla,bla.

Supongo que esto explica un poco el porqué es tan difícil mantener toda la vida un amigo y haga que pierdan sentido ese juramento peliculero de "amigos para siempre". Ojalá fuera así, pero es que la gente cambia, nosotros cambiamos, y a veces, esos cambios no van en paralelo, y llega un punto en el que los caminos son tan divergentes que ya no llevan la misma dirección, y mucho menos, el mismo sentido.

De todos modos, creo que sé cómo quiero que sea mi amigo perfecto, y esto independientemente de la edad podría valer:

- Que cuando le quiero explicar un problema, el porqué estoy triste, o lo qué me pasa, hable poco y escuche mucho. Hay mucha gente que cuando le dices que estás mal no tiene una idea mejor que contarte todas sus penurias, porque claro, deben de pensar que si ves lo desgraciados que son los demás, te vas a animar (?).

- Que cuando le digo que no quiero consejos, sólo desahogarme, no me dé consejos. A menudo los consejos disfrazados empiezan por "no te voy a dar un consejo, pero si yo fuera tú..."

- Que cuando estoy bien no me llame todos los días para tomar café y cuando estoy mal sí lo haga. He oído muchas veces a amigos míos diciendo a otros amigos en mala racha: "Bueno, cuando te encuentres con ánimo de salir, llámame..." Tal vez no sepan que el ánimo a veces es muy puñetero y necesita de influencias externas..

- Que cuando le diga no puedo, entienda que no puedo, y no tenga que dar explicaciones/justificaciones al respecto, bajo pena de perder su amistad si cree que le estoy engañando.

Pero sobre todo, sobre todas las cosas, el amigo perfecto tiene que ser un poco psicólogo, que conociendo las afinidades importantes entre los dos (de no haberlas, en lugar de un amigo tendríamos una condena) entenderá que lo que nos diferencia, esos puntos de desencuentro, nunca serán un problema para la comunicación, sino un motivo más para seguir aprendiendo de otros puntos de vista, y porque estar de acuerdo en todo con alguien, además de sonarme a falso , es muy poco enriquecedor.

Quizá el amigo perfecto no existe, pero, por suerte, algunas veces encontramos al amigo ideal, "ese amigo" que necesitas en "esos momentos" y está ahí. Y, por descontado, ni siquiera tiene que ser una persona (yo tenía un peluche cuando era pequeña, llamado Hugo, que durante algún tiempo fue mi "mejor amigo ideal").

Resumiendo: ¿Cómo es el amigo perfecto? Pues para mí la respuesta es clara: Depende...