Uno de los ejercicios más enriquecedores que existen es PENSAR. A muchos de nosotros en un momento concreto (o en muchos momentos concretos) se nos reseca el cerebro de tanto hacerlo, y digo muchos porque otros ya nacen con el cerebro deshidratado. Una lástima.
No sé al resto de la humanidad pero a mí cada vez me desconcierta más el comportamiento de mis congéneres. Me resulta muy difícil identificarme con mi propia especie. Al final no va ser una metáfora que soy una lunática, lo que va ser una metáfora es que sea humana. Me da vergüenza tener que reconocer que ya no espero mucho de casi nada ni nadie, aunque no me preocupa en absoluto. Ya es una evidencia asumida, y he aprendido a golpe de desconciertos que cuando empiezas a asumir un problema, y sólo entonces, ese problema empieza a tener posibilidad de solucionarse.
Mediocridad, mentiras, despropósito, hipocresías, intereses... Somos como alimañas en busca de un pequeño reducto de propiedad privada y eterna en la tierra. Pobres ingenuos. Pocas cosas hay más efímeras que nuestras propias vidas. Aún así nos declaramos la guerra constantemente, y todos somos enemigos de todos. En esa búsqueda absurda de ser EL MEJOR nos enzarzamos en mil batallas. Con el enemigo ni agua. Es de sentido común. No existe la palabra coherencia, solidaridad, honradez, honestidad. ¿Para qué compartir? Por compartir no se comparte ni el saludo. A ver cuántos de vuestros vecinos, compañeros de súper o convecinos de calle o trabajos os hablan sin que parezca que le debéis una reverencia.
Si hubiera algo de cierto en que sufrimos a lo largo de nuestra existencia varias reencarnaciones yo supongo que antes de mujer fui santa. De lo contrario no se comprende que todavía pueda sonreír rodeada de tanta tontería. Es cierto, sonrío más que respiro. Puede que sea mi escudo. Puede que sea mi máscara para que no me descubran que en realidad no entiendo nada, y que lo que veo alrededor no me gusta. Puede que sea como un maquillaje que, con una sonrisa de payaso, oculta la tristeza de constatar que se me agotó la paciencia y la empatía, esa escasa virtud de la que todos debemos disponer para vivir sin demasiados quebraderos de cabeza ni decepciones constantes. Desde ya me refugio en la indiferencia pero todos sabemos que la indiferencia no hace compañía. Maldita sea. "Habemus problema" (¿cómo se dirá esto en latín?) Aunque, como siempre, no queda más remedio que seguir adelante, socializar mi descontento con todos los demás descontentos que, contados a cuentagotas, quedan ahí afuera... ¿estáis ahí afuera?
Si de algo estoy segura es de que la crisis que nos acompaña en el desayuno, comida y cena nos debería servir de aliciente/acicate para darnos cuenta de que en realidad somos muy vulnerables ante todo lo que nos ocurra y aprendamos de una maldita vez a valorar (en términos de relatividad razonable) lo que importa y lo que no.
Menudo cabreo más tonto que tengo. Pero, como siempre, se me pasará en breve. Tengo mis propias estrategias de aislamiento a la estupidez humana. Cuando algo me enerva, me cabrea, me enfada soberanamente, pongo música, como la música que tengo en el blog, y pienso en cosas agradables que me permitan evadirme y escapar de LO MALO, LO INÚTIL, LO ABSURDO. Cierro los ojos, aprieto los dientes y me pongo a IMAGINAR. Imagino el mar, los delfines, la Luna y adorno el cuadro con miles de mariposas, cuya elegancia me permite soñar que (a veces) incluso unas horribles larvas pueden cambiar.
