24/4/10

Mi ignorancia y yo



Me reconcome el haberme perdido ese momento único e irrepetible en el que la naturaleza reparte el ADN, ese libro de instrucciones que nos va a marcar toda nuestra vida. Me lo he perdido seguro cuando repartieron los códigos que otorgan la sabiduría suprema. No es tontería lo que digo, aunque parecerlo pueda, porque creo que se hizo en algún momento un "ofertoso". En contrapartida (por suerte) sí que estaba cuando repartieron los códigos de la paciencia. Así es más llevadero soportar mi congénita incultura.

Soy un ejemplo claro de la imperfección humana. Ordenada en exceso y tremendamente despistada, olvidadiza pero con una memoria prodigiosa (según para qué cosas ¡Sería bueno!). Puedo verme todos los documentales de la 2 de TVE sin tener el mínimo pudor en reconocer que me he pasado alguna que otra tarde viendo verdaderos bodrios televisados- Magazines, les llaman, haciéndome dudar de nuevo de los pocos o muchos conocimientos que pueda tener yo de la lengua inglesa- en cadenas de televisión con un aporte cultural más pequeño que un átomo. Soy contradictoria. Me gusta comer bien pero no sé cocinar, y aunque vivo rodeada de números se me dan mal los sudoku. Hablo en público con cierta soltura y soy nula a la hora de dar una conferencia. Soy rarita a la hora de tener que tomar decisiones personales, tan rarita que si viniera un mago bonachón y me diera a elegir entre un chalet en la (para mí) playa más hermosa del mundo" y conocer a Napoleón elegiría lo segundo. Nadie se lo cree, claro, pero siempre digo que tampoco podrán nunca demostrar que miento.

Todo esto viene a colación (palabra preciosa que se ha puesto de moda) porque ayer alguien nos ha explicado a mí y a un surtido grupo de "orejitas" ignorantes temas tan importantes como la diferencias entre el yin, el yan y el yen, la receta del calimocho en Toledo y la razón por la que a Rubalcaba no le queden bien los trajes. Claro, de entre las pocas cosas que sé también sé educación y, estoicamente, me he quedado calladita, con dificultad, cierto, porque mi boca se empeñaba en quedarse abierta asombrada de poder participar de semejante regalo. Después de tanta información me he sonrojado ante mi propia ignorancia, porque en estos tiempos que corren, en los que todos estamos a un clic de toda la información del mundo gracias a internet y su "contrastada"  rigurosidad (?) yo me siento una idiota día sí y día también. Descubro cosas que ni me hubiera imaginado, conozco lugares que no sabía ni que existían y cada descubrimiento es bienvenido. Pero para otros no existe esa posibilidad. Otros son los más sabios, los más cultos, y los "más mejores". No todo el mundo es tan zoquete como la que suscribe. Los hay más listos que el hambre. No sé si hay estadísticas al respecto, que de todos es sabido que hay estadísticas de lo más sibilinas, pero si las hubiera seguro que nos ganaban por goleada a los demás, a los del "club de los tontos". Si no puedes con tu enemigo únete a él, dicen. Pues nos uniremos, porque creo que ganan por abrumadora mayoría. Los acepto, aunque no los envidio (¿ya he dicho que soy rarita?) No, no los envidio, porque a mí me parece que lo bueno de la ignorancia es que te permite aprender constantemente, que el no saber implica que es fácil que algo te sorprenda. Oí en un programa de ésos tan aburridos/culturales de la 2 (no recuerdo quién lo decía. Mi memoria selectiva ataca de nuevo) que si alguien le confesaba que no había leído aún el Quijote le contestaba: "Enhorabuena. Eso quiere decir que aún tiene pendiente en su vida el placer de leer el Quijote". Pues eso digo yo.

Resumiendo (que si me pongo también sé): me aburren soberanamente los monólogos plagados de lecciones magistrales. Si quisiera oirlos me iría a una de esas conferencias monotemáticas y aburridas que, de cuando en cuando, cubren las butacas vacías de algunos auditorios, o me apuntaría a una de las magníficas reuniones que habitualmente se convocan en mi propia empresa y  las cuales, con la mucha/poca educacíón que tengo, declino (si puedo).

Me declaro ignorante confesa, si es que se puede redactar semejante aseveración. Estoy dispuesta a presidir un "Cub de Ignorantes Titulados". Tal vez lo haga, porque por suerte para la humanidad  ahí afuera hay miles de millones de humanos listos, muy listos, en todas las profesiones y puestos, que ya se encargarán de que el saber o no saber miles de millones de cosas sea lo que nos diferencia a la raza humana de los extraterrestres, aunque mientras tanto la tierra se queje de que le estamos haciendo pupa, sus familias se vayan al carajo y no sepan qué es disfrutar de unas vacaciones en La India o el África Subsahariana porque hay nosécuántas miles de posibilidades de que te pongas malito en el viaje.
 
Gracias a mi ignorancia, a que siempre escucho música en mi coche y a que suelo trasnochar, ayer en el camino de regreso a casa he descubierto un grupo que me ha encantado (ver debajo de mi perfil). Disfrutar de la canción y del fin de semana. Yo me pondré a leer la enciclopedia Larousse, que a lo tonto a lo tonto, seguro que más pronto que tarde me pondré en la B de Burro :)

3/4/10

Un yonki, un perro y los Ferrero Rocher


"Chocolate" de elusive-art


No tengo manos libres en mi coche. Si lo tuviera es poco probable que el móvil sonara mientras conduzco, pero no lo tengo. Es por eso que siempre habrá alguien que se empeñe en llamarme cada vez que arranco y me incorporo a la carretera. Podría intentar contestar en movimiento, peligroso equilibrio entre móvil, volante y mi más que dudosa visión espacial, pero reconozco que soy más amiga de los riesgos controlados que de las conductas suicidas por eso no lo hago nunca. Ayer no fue una excepción. Tan pronto oí la melodía de mi móvil aproveché que estaba en una zona de fácil aparcamiento y orillé el coche hacia la derecha. Sólo entonces vi quién me llamaba: era mi hermano. Quería recordarme algo que bien me podría haber recordado por la noche (que nos veríamos) pero como ha contratado una de esas tarifas planas de "llama-y-no-pagues-ni fines de semana-ni festivos-ni domingos-ni fiestas de guardar"  usa el teléfono para casi todo. Y allí estaba yo, a pleno sol en un día que amaneciera lluvioso, embutida en mi plumífero negro, achicharrándome por momentos. Mi hermano es pelín charlatán. Yo no tenía prisa y él muchas ganas de hablar, así que decidí cruzar a la acera de enfrente, donde desde hace años hay un bonito paseo a orillas del río con sus bancos, arbolillos, cisnes y demás fauna. Salí del coche, lo cerré y, cuando ya me disponía a cruzar vi cómo del coche que estaba aparcado detrás del mío (coche claramente abandonado si tenemos en cuenta que no tenía ruedas) se abrió la puerta de atrás y salió él: un muchacho flaco, sucio y bajito de edad indefinida, tatuada su cara por problemas  pasados, un presente indeseable y un futuro más que  incierto, un verdadero yonki de los de manual. Cara enrojecida, granulada y huesuda, su rostro era todo pómulos y ojos, casi sin nariz ni dientes y con el pelo largo, revuelto y enredado. Tras él un enorme (y sucio) perro de Yonki. No es necesario decir que, a pesar de no inmutarme, casi me dio un soponcio.

En la carretera había mucho tráfico pero por ninguna de las aceras pasaba un alma. Mientras me recomponía del susto oía la voz de mi hermano al otro lado del teléfono. Miré hacia ambos lados, distraídamente, pero no dejaban de pasar coches y por tanto no podía cruzar, y antes de darme ni cuenta aquel muchacho, mediante señas, me preguntó si tenía un cigarrillo. También mediante señas le contesté que no, que no fumaba. No le mentí, aunque supongo que pensó que sí lo hacía. Entre dientes dijo algo que no intenté ni adivinar; podría ser 'gracias' o 'vete al carajo',  e inmediatamente se metió de nuevo en el coche. Por fin, conseguí cruzar. Ya más tranquila  y como si por el simple hecho de cruzar pasase del infierno al cielo me relajé un poco. De pronto empezó a aparecer gente por todas partes. Vi cómo se acercaban por el paseo un padre y sus hijos en sus respectivas bicis; a unos pocos metros de mí, cerca de un puente de madera, había un pescador  solitario con una radio encendida; más allá una pareja que hacia footing..., y mientras, mi hermano seguía hablando hasta que, atropelladamente, me dijo que tenía que colgar, que le sonaba el teléfono fijo. Así que regresé a mi coche, al otro lado de la carretera.

Intentando no parecer una fisgona ni siquiera miré para el coche/casa abandonado. Estaba ya abierto el mío cuando de nuevo se abrió la puerta de atrás. Como en un flash back aquel hombre sucio, flaco y bajito y su sucio, enorme y hermoso perro salieron de nuevo. Inconscientemente me quedé mirándoles y los vi acercarse. el muchacho delante y su perro detrás. Se pararon frente a mí y aquel hombre me tendió las manos a modo de bandeja. Cuando me fijé bien no daba crédito. Sobre aquellas manos sucias como su mirada con unas uñas negras como los ojos del perro aparecieron unos preciosos bombones Ferrero Rocher. A pesar de que me quedé petrificada por la sorpresa reaccioné bastante bien. Sonreí nerviosa, y dándole las gracias cogí uno. Se ofendió. " Coge los cuatro. No me los rechaces". Y me los dio TODOS. Allí me quedé, rígida como un palo de escoba, con mis  manos a modo de bandeja ocultas tras aquellos bombones dorados que, como por arte de magia, surgieron de un coche mugriento y abandonado en manos de un hombre tan poco dulce en apariencia. El yonki me sonrió, hizo algo parecido a una reverencia y de nuevo desapareció tras la puerta trasera de su coche-cama, con su perro casi más grande que él pero no más grande que su corazón.

A ver cómo demonios hago para, a partir de ahora, comer un Ferrero Rocher y no acordarme de este hombre. Aunque, pensándolo bien, ¿por qué no recordar las cosas bonitas que te pasan en la vida?