Hay una actividad sin ánimo de lucro (por ahora) que cada vez está más en auge y en cualquier momento, no muy lejano, saturará el mercado. Hay miles. Están por todas partes y viven en democracia ya que los hay de todas las razas, colores, credos y religiones. Hay un ejército variopinto de soldados del malhumor que se empeñan en hacernos infelices al resto de los civiles. Menuda profesión tan extraña para un tiempo de crisis y paro. He estado pensando (lo justo) acerca de la función en la sociedad de estos especímenes, por si la tuviera y, efectivamente, creo que la tiene. Una de sus actividades fundamentales es hacernos sentir gilipollas al resto de los mortales en ocasiones varias. A saber:
- si sonreímos más de la cuenta.
- si estamos relativamente contentos más tiempo del necesario.
- si NO damos excesiva importancia a tonterías.
- si no convertimos en tragedia todo aquello que no nos complace...
.... bla bla bla.. etc..etc...etc.
Algunos de estos profesionales de la mala leche presumen de ser realistas rodeados de soñadores ignorantes, que son todos los demás, una servidora entre ellos. Pues vale.
Para escribir sobre esto que estoy escribiendo curiosamente he tenido que hacer un esfuerzo superior al habitual en esto de las palabras, y es que resulta que yo, por suerte/desgracia, no suelo tener soltura en el arte del quejido. Aún así, como dice el refrán: "Todo es ponerse" y yo hoy... me he puesto. Y ¿por qué hoy? pues por un sms que he recibido esta mañana. Lo transcribo:
"Qué días más gris, ¿no? creo que hoy no saldré. Luego te lo confirmo..."
Mi respuesta, también en forma de sms, fue:
"¡Totalmente razonable! Luego hablamos..."
Mi respuesta, también en forma de sms, fue:
"¡Totalmente razonable! Luego hablamos..."
?¿?¿? Recién leído el sms de marras me he puesto a reflexionar sobre la supuesta relación entre que una persona vaya o no a cenar teniendo en cuenta el color del cielo de día. No la encontré. Aún así, en mi afán de comprender lo incomprensible, he recapacitado unos instantes más, desgracidamente sin resultado. Y concluí que la explicación es simple: nos va el rollo éste de quejarnos.
Nos quejamos todos y por todo; nos quejamos de si llueve mucho tiempo, de si hace mucho frío, de si hace mucho calor; nos quejamos por tener que madrugar para ir al trabajo, y por descontado (y lógica) si no tenemos trabajo; nos quejamos si la comida está salada, o si está sosa, si está fría o si quema y tenemos que esperar/soplar un rato para poder comer, ¡qué trajín!; nos quejamos si vamos al cine y la peli es larga, y nos quejamos tambien si la peli es corta, (porque el cine... ¡es caro!); nos quejamos de la factura del móvil pero usamos el móvil hasta para avisar "Estoy en el portal. Baja", mientras nos observa, estupefacto y divertido un pobre y anticuado telefonillo de pared; nos quejamos de lo que consume el coche, y de no tener coche cuando está en el taller; nos quejamos si se nos mueren las plantas, esas hermosas criaturas desagradecidas que alguien felizmente ha inventado pero que tiene el defecto congénito de que hay que regarlas con regularidad, ¡qué invento! no tenemos tiempo (de eso también nos quejamos); nos quejamos de lo caro que resulta tener calefacción, y nos quejamos de que no funcione; nos quejamos de los que opinan diferente, y también de los que no opinan, porque no se posicionan; nos quejamos de nuestros jefes y de nuestros empleados, y esa queja en vertical sí que es divertida. Se ha dado el caso de que nos quejemos al inmediato superior de algo de lo que se nos ha quejado el inmediato inferior y la respuesta en ambos casos ha sido la misma "Esto es lo que hay"; nos quejamos de los que se quejan siempre, por "quejicas", y de los que no lo hacen nunca, por "sinsangre"... pon el ejemplo que se te ocurra, la cuestión es quejarse.
De toda esta historia saco en conclusión que el deporte nacional ya no es (únicamente) la envidia, que también. El hombre, mal que le pese a Rousseau, no sólo es bueno, sino también quejica por naturaleza. Pero tampoco voy a trivializar sobre esto porque lo cierto es que a veces es normal que aparezca ese bicho que tenemos dentro, y es que no estamos en el mejor de los momentos, es obvio, pero estamos físicamente ubicados en un lugar lleno de privilegios. No estamos rodeados de felicidad, ni de paz y amor para todos los hombres, pero podemos salir a la calle cuando nos venga en gana. No me molestan los quejicas coyunturales pero sí me molestan los quejicas estructurales, y hay tantos... ¿alguien se ha dado cuenta? yo sí...
