25/12/08

En blanco y negro


Mis sueños son en blanco y negro. Os preguntaréis en qué me baso, dado que soñamos (sobre todo) mientras dormimos. Pues en que no recuerdo haber visto un color en ellos, y suelo recordar muchos de mis sueños diarios. No tengo ningún problema con esto. El problema es cuando sigo viendo, ya despierta, mi alrededor en blanco y negro. Es como si de pronto el resto de los colores no existiese. Eso me pasa pocas veces, sí, pero me pasa. Y normalmente ocurre cuando vivo situaciones incomprensibles para mí.

No dejo de preguntarme por qué es tan complicado a veces entender el lenguaje, la conducta, las prioridades y pensamientos humanos (me incluyo). Tal vez es que sea marciana. Que soy algo lunática lo he reconocido siempre, pero ¿marciana? Eso ha sido todo un descubrimiento.

Maldita Navidad. Es probable que estar ociosa, estado habitual en esta época, me esté pasando factura. Desde niña he sido así: cuando mi cuerpo baja el ritmo, mi cabeza y su hermano corazón, invariablemente, entran en una especie de frenética actividad. Resulta agotador, lo reconozco. Quizá es en estas circunstancias cuando debería comenzar una "huelga cerebral" de las que muchos otros hace ya tiempo tienen varios masters, y bien que les va. Pero no puedo. Llevo demasiados años de enfados contínuos con mi cabeza híperactiva y mi corazón hípersensible. Sé que no voy a cambiar, por tanto, ¿para qué engañarme? Es una guerra perdida. En contrapartida, también es justo reconocer que semejantes imperfecciones me han servido en muchas ocasiones para, al menos, tener claras algunas cosas que parece que el resto de la humanidad (inteligente y evolucionada) que me rodea no siempre tiene en cuenta. Concluyo que en parte es bueno esto de sentirme en blanco y negro. De los momentos bajos es de los que realmente he aprendido cosas, tanto de los demás como de mí misma. A veces es un alto precio pero nada es gratis en la vida. Puede ser ésta una conclusión absurda, propia de mi chifladura, que por cierto no tengo claro si es "de manual" o simplemente aún no tiene nombre científico. Pero os dejo aquí alguno de esos aprendizajes forzosos:

-Una sonrisa embellece el rostro. A mí, por supuesto, me gusta estar guapa, por lo que intento llorar lo menos posible pero como necesito hacerlo (por una fuga en el proceso de fabricación) intento que sea a solas y preferiblemente con la luz apagada, así no me veo llorar.

-Una buena conversación es como una buena comida: alimenta el alma, se digiere bien y nunca llega a saciar; las "charletas/sermones/conferencias" son, por el contrario, como una comida a deshora y excesiva: a mí me producen empacho cerebral. Mejor hablar lo justo y parar de cuando en cuando para que nuestro interlocutor no sienta la necesidad de una "siesta" en nuestra presencia.

-Cada día tengo más claro que cuando te acercas mucho a algo dejas de verlo y si te hablan muy alto dejas de entender, por tanto: es muy recomendable ver las cosas con la suficiente perspectiva y hablar en frecuencias bajas.

-Hay algo que hago constantemente: dudar. No me gusta, pero creo que a veces son más peligrosas las certezas... ¿ o no? No lo sé, es una DUDA que tengo.

-Las personas son como son y lo son estén con quién estén. Se pueden adaptar, amoldar, disimular, pero al final se les ve el plumero. Prefiero aceptar eso que convivir eternamente rodeada de (malos) actores.

-Para muchas personas la palabra "escuchar" resulta ser una perfecta desconocida. Es casi seguro que alguien les intentó explicar el significado mientras ellos estaban demasiado ocupados "hablando".

-Es tan importante saber valorar un triunfo como saber enfrentarse a una derrota. Normalmente no sabemos hacerlo porque nos pasamos mucho tiempo aprendiendo a afrontar lo segundo.

-No me da miedo equivocarme. Me asusta, sin embargo, no darme cuenta de que lo estoy haciendo.

-Cuanta más gente conozco, menos conozco a las personas.

Para el que me lea habitualmente sobra decir que podría extenderme hasta el infinito, pero ¡qué demonios! es Navidad, no quiero ser cruel. Así pues, os cedo la palabra. ¿Vosotros también tenéis aprendizajes forzosos que queráis compartir? Ojalá la respuesta sea un sí. Me ahorraría el (seguro carísimo) psicoanalista.

5/12/08

¿Diciembre es racista?


Quizá un poco ¿no? Lo digo por eso de la "blanca" Navidad. Ya, menudo título para un post me he buscado. No es un titular al uso para estas fechas pero, teniendo en cuenta que esto no es un blog con ánimo de lucro, puedo jugar con eso sin arruinar mi reputación (qué palabra más fea) ni disminuir el número de visitas por minuto... venga, por hora.

Estamos en diciembre, último mes del año según nuestro calendario, mes en el que se dan (y si no se buscan) todas las condiciones para que seamos los más felices de nuestro barrio. Es evidente por donde voy ... o no.

Durante estos días es obligatorio ser feliz. No sé dónde está escrito pero resulta que es condición sine qua non para que el mes sea perfecto que tod@s nos queramos, y cuando digo tod@s es TOD@S. Sí, queda incluída la cuñada insoportable, la suegra, el sobrino repipi y el vecino del cuarto ¡sí, sí, ése, el del taladro de los domingos por la mañana! También es obligatorio que los niños luzcan sus mejores sonrisas; las familias tienen que reunirse y comer y beber (aún sin hambre ni sed); hay que regalar a nuestros seres queridos (o no tan queridos); se debe también felicitar a todo el mundo (?¿) sí, se debe desear Felices "Fiestas" ¿ y si el susodicho trabaja esas "Fiestas"? no importa, hay que felicitarle, que no se queje, que peor sería que no trabajase. Estamos en ese momento mágico de "hacer el bien" y ser solidarios, ya seremos unos malvados egoístas el resto del año. A ver si no es razón suficiente el simple hecho de que estemos en Navidad. Claro, alguno se preguntará ¿y si resulta que soy ateo/agnóstico? No importa, tú felicita igual, ¿qué más te da? Pues eso.

Entonces pienso: "Que mes tan poco democrático". Sí, porque resulta que por desgracia (y ya es mala pata) existen personas que no tienen a quién querer estos días, que hay niños que no son capaces de sonreír (sonreír y llorar al mismo tiempo es muy difícil), que hay familias que no se soportan, o incluso hay personas que no tienen a quién felicitar.

Pero sigamos destripando el mes más comercial. Este mes tiene otras características que le adornan: se le reconoce por el frío y las primeras nevadas, los días cortos y noches madrugadoras, las luces de colores, los escaparates excesivos, los árboles verdes de plástico y los Papanoeles rojos inventados por Coca Cola (todos sabemos que el original 'Santa' era verde) Es un mes "de diseño" con decoración de interiores e iluminación de exteriores. Ya que no podemos iluminar nuestras vidas, pues iluminemos nuestras casas, ¿por qué no? ¡hay tanto que celebrar! Sí, diciembre parece un anuncio de IKEA.

Y encima, para más inri (hoy me ha dado por el latín) se acaba un año. ¡Qué bien! y ahora caigo en la cuenta de que no he hecho nada de lo que tenía pensado. Bueno, no importa. Es obligatorio ser feliz= prohibido lamentarse. Además, en breve empieza otro año, igual de largo, incluso más si es bisiesto, y siempre puedo intentar escribir un guión tipo 12 meses, 12 causas, y cruzar los dedos para no perder el post-it donde lo he apuntado. Es lo bueno de esta época: genera optimismo.

Regresemos a nuestro pasado, cuando eramos niños. En esa mágica edad, en la que casi siempre hay motivos para disfrutar, las Navidades hacen coincidir muchos de ellos: menos días de clase; nieve en muchos lugares para poder jugar/esquiar/caerse (que era lo que hacía yo); visitas a las tiendas de juguetes (reconozco que eso, a mi edad, sí que lo sigo haciendo, me encantan los juguetes) y, sobre todas las cosas, la espera ansiosa e ilusionada de P.N., sus majestades los RRMM o los dos, eso ya va un poco/un mucho en función de la economía familiar.

¿Lo malo de este mes? Quizá se me ocurra algo. A ver, si lo pienso fríamente, sin los adornos navideños emborronándome la realidad, sin las luces parpadeantes que siempre me han estresado un poco, resulta que lo malo es que tal vez en algún lugar, y no tiene que ser muy lejano, no se celebre nada ¿Por qué? pues porque no hay nada que celebrar. Hay gente para la que, nos lo creamos o no, el celebrar la Navidad no está entre sus prioridades. Resulta que están pasando por un mal momento por alguna causa (o varias, que es lo habitual) y les preocupan más otras cosas. Son esas personas que no tienen vacaciones, o trabajo, o luces de colores en casa, o casa, ni regalos, ni dinero, o que no tienen salud, o comida, o familia...etc, así sucesivamente... Y claro, poco tiempo deja eso para pensar en otra cosa.

Alguno de vosotros no me reconocerá escribiendo así, porque suelo hacer gala de un optimismo eterno. No os preocupéis, no he sido abducida, y lo que estoy explicando no va contra el optimismo, pero sí contra la felicidad obligada, impuesta y publicitada a mi alrededor. ¿Por qué? pues porque yo seré feliz cuando me venga en gana y los astros me acompañen, no cuando lo digan unos cuantos anuncios/sacerdotes/asociaciones varias.

No quiero deprimiros (ya, ¡quién lo diría!) pero tenéis que entenderme. Esto es sólo un blog y aquí aparecen sólo mis delirios. Y mirar si es cierto que no quiero deprimiros que, para no dejaros con mal sabor de boca, os doy varias soluciones al problema de injusticia antidemocrática que estamos viviendo en el mes en curso: estamos en el momento ideal para elegir la opción de apadrinar un niño, hacernos socios de Save a Children (o similar), mandar un sms para participar en una donación multitudinaria , comprar un juguete solidario o enviar un abrigo viejo al contenedor de la ropa o la oficina de Cáritas más cercana, eso si es que lo quieren, que a mí la última vez que fui me dijeron que no necesitaban ropa (?). Es lo bueno que tiene diciembre: que tenemos mil formas de sentirnos bien. En fin...

Este mes yo intentaré ser más democrática que el calendario y voy a hacer exactamente lo mismo que el mes de noviembre: quedaré con mis amig@s siempre que pueda y puedan, diré te quieros a quién quiera y quiera escucharlos, repartiré besos y abrazos a diestro y siniestro (dos amigos míos); seguiré echando de menos a los que no estén y claro que iremos toda la pandilla a cenar, pero también fuimos el mes pasado. En definitiva: intentaré ser feliz y hacer felices a los demás. ¿Y en enero? Pues en enero más de lo mismo pero con otro número en el año.

¿Qué planes tenéis vosotr@s para este mes de diciembre? Y si os gusta la Navidad me gustará escucharlo igualmente :)

PD: Quede claro que lo que sí ADORO de este mes es el brillo en los ojos de l@s niñ@s. Será porque me recuerda a los meses de diciembre en los que yo aún pensaba que era éste un mes democrático.