De un tiempo a esta parte manejo la posibilidad de dejar de leer periódicos y es que reconozco que tal vez he dado demasiado valor a
las noticias que cada día escriben desde sus redacciones. Noticias que bajo un disfraz de objetividad y rigor esconden artículos de opinión y "vasallismo". Huyo del adoctrinamiento como de la peste, es más, diría que el adoctrinamiento es una variante de la peste. Me produce cierta angustia el aborregamiento informativo y me planteo si desde los periódicos son conscientes de que a menudo mienten con impunidad. Ojo, no digo que sea una decisión consciente pero si yo me doy cuenta ellos algo deben de intuir. Se creen a sus fuentes, si las tienen, porque igual se retroalimentan en una especie de endogamia informativa compartiendo agencias y agentes. Así es que se me plantean dudas razonables de si lo que leo ha pasado. Investigación, información y periodismo ya casi no van de la mano.
Dejaré de leer periódicos porque la verdad es
escurridiza con lo que una mitad de lo publicado es mentira; los
periódicos se editan de madrugada con lo que la otra mitad es pasado. Dos razones de peso para no gastar esfuerzos. Pero (maldito pero) soy periódico-adicta por lo que no pierdo la esperanza de que un día se edite un periódico llamémosle "de pronósticos", con la bruja Lola de redactora jefe, Aramis Fuster de jefa de economía y como responsable del área de política Iker Jimenez, porque lo de la política hace tiempo que se ha convertido en un asunto "paranormal" y está haciendo que las historias de su programa para mí sean hasta comprensibles.
Dejaré de leer periódicos en beneficio de la narrativa. Al menos sé desde el principio que se lo han inventado y que me permitirá soñar como el protagonista de este corto durante toda la vida.

