Llega la Navidad. Muchos de vosotros ya sabéis de mi escaso apego a esta época del año que trae siempre demasiadas nostalgias y ausencias. Para compensarlo también se acompaña de miles de sonrisas infantiles, de miradas ilusionadas que alumbran cada rincón de cada ciudad, de cada pueblo, de cada casa, y que brillan mucho más que las miles de luces de las calles, calles decoradas al antojo de unos pocos, neones que desbordan nuestros paseos convertidos durante un tiempo en caminos inventados de baldosas amarillas y colores irreales. Esas sonrisas son la parte amable de la parodia descabellada que es para mí la Navidad. Enfrente está la otra cara, la cara oculta, la cara que queremos esconder tras tantas luces tintineantes. No puedo haber luces sin sombras y aún sabiendo que lo que veo también es real no puedo alejar de mi mente otra realidad confusa, oscura, gris, que no brilla, que no sonríe cuando la miras a la cara y que está ahí, a muchos kms o al lado de mi casa. Está en Haití, que se muere a golpe de miserias, o en Julio, el indigente de mi calle que siempre que paseo al perro le regala una caricia nacida de sus manos arrugadas y temblorosas. Está también en las Favelas del lejano Brasil o tras la pareja que cada mañana veo salir del albergue de Cáritas. Está en los cascos azules de Afganistán o en el día a día de esa monja que me encuentro tantas noches tras dar las cenas a los yonkis más 'afortunados" de mi ciudad. Está en las decenas de polacos muertos de frío o en la mujer que llora sentada en un banco frente al hospital porque su hijo está peor cada día y esperar a saber cuándo se morirá es más angustioso que saber que va a hacerlo.
13/12/10
Al cobijo de lo invisible vuelan las cometas...
Llega la Navidad. Muchos de vosotros ya sabéis de mi escaso apego a esta época del año que trae siempre demasiadas nostalgias y ausencias. Para compensarlo también se acompaña de miles de sonrisas infantiles, de miradas ilusionadas que alumbran cada rincón de cada ciudad, de cada pueblo, de cada casa, y que brillan mucho más que las miles de luces de las calles, calles decoradas al antojo de unos pocos, neones que desbordan nuestros paseos convertidos durante un tiempo en caminos inventados de baldosas amarillas y colores irreales. Esas sonrisas son la parte amable de la parodia descabellada que es para mí la Navidad. Enfrente está la otra cara, la cara oculta, la cara que queremos esconder tras tantas luces tintineantes. No puedo haber luces sin sombras y aún sabiendo que lo que veo también es real no puedo alejar de mi mente otra realidad confusa, oscura, gris, que no brilla, que no sonríe cuando la miras a la cara y que está ahí, a muchos kms o al lado de mi casa. Está en Haití, que se muere a golpe de miserias, o en Julio, el indigente de mi calle que siempre que paseo al perro le regala una caricia nacida de sus manos arrugadas y temblorosas. Está también en las Favelas del lejano Brasil o tras la pareja que cada mañana veo salir del albergue de Cáritas. Está en los cascos azules de Afganistán o en el día a día de esa monja que me encuentro tantas noches tras dar las cenas a los yonkis más 'afortunados" de mi ciudad. Está en las decenas de polacos muertos de frío o en la mujer que llora sentada en un banco frente al hospital porque su hijo está peor cada día y esperar a saber cuándo se morirá es más angustioso que saber que va a hacerlo.
18/11/10
Monólogos lunáticos
Algo debe de fallar. Algo no está bien ahí afuera para que me hayan preguntado esto y no (por ejemplo) cómo puede ser que a un Nobel de la Paz le llegue el premio en la cárcel, otra se pase media vida encerrada en su casa de Birmania y otro se lo den a un presidente por prometer abandonar una guerra que aún no ha abandonado y cerrar una cárcel que aún no ha cerrado. Eso es lo que NO ES NORMAL, sonreír sí. No está de moda disfrutar de las cosas y yo estoy desfasada. Pues vale. ¿Explicación? Ninguna. No todo es explicable, otra certeza que tampoco me quita el sueño. Puede que la razón de que "sonría demasiado" (nunca se me hubiera ocurrido que ese verbo pudiera ir seguido de ese adverbio) es que estoy aprendiendo a aceptar que a pesar de que yo me empeñe en ver el arco iris es impepinable que está ahí porque antes ha llovido, y lo sé y no me importa, o puede que sea porque además de reir también sé llorar y consigo equilibrar mi "buen rollito" de vez en cuando, sin vergüenza, sin miedo a parecer una floja o una cobarde. Sé que no lo soy. No entiendo lo de tener miedo a cada paso, a equivocarse, a acertar, a tomar decisiones, a lo que pase, a lo que no... . No entiendo esos miedos que a menudo nos hemos inventado probablemente para no hacer frente a las incertidumbres. A mí las incertidumbres me atraen como un imán aunque al final me dé de bruces contra el suelo y se me escurran las sonrisas por la cara, y me las tenga que maquillar para salir a la calle. Supongo que nadie ha nacido para ser un héroe, yo menos que nadie, pero hay que ser valiente para ser realmente libre. Así es el mundo.
Hoy no os pregunto nada (porque al fin y al cabo esto es un monólogo) pero si queréis comentar algo estaré encantada de leeros :)
5/10/10
De tardes de verano, juegos infantiles y pianos de cola....
Los Ángeles. Julio 2010
Mi vida está repleta de momentos imprescindibles que dormitan en el olvido de mis recuerdos. A veces los rescato del túnel en el que habitan y entonces reescribo mi biografía. Somos lo que vivimos, ¿no se dice asi?
Apenas tenía cuatro o cinco años. Las imágenes son confusas, diría que en blanco y negro. Creo que ya no me acuerdo de su cara. Ya no veo con nitidez su sonrisa, tan bella, que acabó desdibujándose. Siempre pasa cuando el tiempo se empeña en ganar batallas. Pero la agudeza sonora de la música siempre araña recuerdos de mi inconsciente más lejano. Suena el piano de nuevo y sus notas todavía me recuerdan a esas tardes compartidas en la casa del pueblo, refugio contra el calor del verano; el verano me recuerda a la luz del mediterráneo; el mediterraneo a Gabrielle Salvatore y su maravilloso mundo griego; Grecia me regala el sonido del acordeón... y el acordeón me lleva sobre corcheas y semicorcheas hasta París, ciudad favorita de mi abuela, de mi padre y ahora mía. Me deslizo a escondidas entre las sombras del Sena para navegar hasta Île de la Cité, y me elevo flotando sobre pentagramas a las gárgolas en busca de Quasimodo. ¿Juegos musicales? ¿Sueños infantiles? Un poco de todo...
Suena el piano de nuevo aunque ya no oigo el tic tac oscilante y acompasado del reloj, ni vuelan hadas sobre el rayo de luz que ya no entra por las rendijas. Empezando a desmentir convicciones concluyo que el piano sólo sonará igual si ella vuelve para tocarlo. Eso ya no podrá ser. Pero no importa. Siempre podré recordar el "Adivina, adivinanza..." y todos esos momentos que la vida me ha permitido compartir a su lado. Siempre podré volver al túnel para explorar mis recuerdos.
1/9/10
Ligera de equipaje: mi moleskine y un lápiz
¿Y vosotr@s? ¿Qué lleváis en la maleta?
11/8/10
29/7/10
Viaje al país de las maravillas
-Carmel: el minuto más patriótico. Un grupo de mejicanos nos saludó cantando el "Yo soy español, español, español"; mientras hablaba con simpatía del pulpo Paul, nos contaban la reunión familiar en la que unas 30 personas habían visto juntas la final del mundial (con banderas de España incluídas, "de las del toro"- insistían) y nos felicitaron como si el partido lo hubiésemos jugado nosotros.
-San Francisco: el minuto más frío lo viví mientras esperaba para subirme al tranvía más televisivo. En pleno julio unos 10 grados centígrados con una humedad relativa del 85% es frío hasta para una norteña como yo, pero el turista es de otra piel, y desafia al viaje, y como tal soporté estoicamente un trayecto por descontado precioso (la ciudad lo es entera) aunque con la incomodidad de ir demasiadas almas en muy pocos metros.
Y podría seguir durante horas y contar más minutos eternos, minutos divertidos, curiosos, entrañables, pero alguien me dijo una vez que cuanto más digas con menos palabras mejor se te entiende/atiende. Igual no era así pero la memoria es mentirosa, ya se sabe.
Si existiera la justicia (que no existe) todo el mundo debería tener la oportunidad de, al menos una vez en la vida, disfrutar de ese mini mundo, de poder llevarse en la maleta una mezcla explosiva y caótica de souvenirs, ropa sucia y horas sin dormir junto a unos cuantos preciosos minutos eternos que ayuden a seguir ilusionado en cumplir más sueños. Al final de eso trata la vida.
26/6/10
Todo el tiempo del mundo
Perpetuando la memoria a cada instante, definiendo un destino a corto plazo, adueñándose del mundo paso a paso. Saltos pequeños impulsados por pequeñas piernas. Asemeja que tuvieses almohadillas en los pies; un correr aprisa que dibuja distancias cortas recorridas. No hay reloj. No hay horarios cuando el tiempo lo marcan tu risa y el juego, cuando cada segundo es una carcajada y cada minuto un descubrimiento. Saltas, corres, brincas en tu mundo imaginario. Sola, pero con miles de amigos. Cerca de allí, en un banco destino al mágico castillo, tu muñeca te sonríe. Lo hace siempre y mientras lo hace se cumplen todos tus sueños. Se aparece un arco iris invisible de globos de colores. Se ilumina el cielo. Los ruidos se apagan, de repente, en un acuerdo no escrito entre el cielo y el suelo para dar paso a la música, una música que oyen muy pocos. Tú la oyes, y le has puesto letra y la tarareas..., tu muñeca sólo sonríe. Como no puede saltar como tú, sonríe. Sonríe y vive en su cuerpo inanimado a través de ti. Tu actitud desafiante, valiente ante la incertidumbre de no saber qué pasará mañana porque no te importa, porque no lo piensas, porque lo que tenga que pasar será una sorpresa segura, porque todo el tiempo es tuyo. Alcanzarás cualquier meta no propuesta porque vives envuelta en la seguridad plena de que todo lo imposible no lo es. Mientras tu muñeca ría todo el aire es tuyo.
Echo en falta cada día a esa niña que hubo y que aún quiere estar...
10/6/10
Tal vez un día lluevan libros..
22/5/10
La elegancia de las mariposas
24/4/10
Mi ignorancia y yo
3/4/10
Un yonki, un perro y los Ferrero Rocher
En la carretera había mucho tráfico pero por ninguna de las aceras pasaba un alma. Mientras me recomponía del susto oía la voz de mi hermano al otro lado del teléfono. Miré hacia ambos lados, distraídamente, pero no dejaban de pasar coches y por tanto no podía cruzar, y antes de darme ni cuenta aquel muchacho, mediante señas, me preguntó si tenía un cigarrillo. También mediante señas le contesté que no, que no fumaba. No le mentí, aunque supongo que pensó que sí lo hacía. Entre dientes dijo algo que no intenté ni adivinar; podría ser 'gracias' o 'vete al carajo', e inmediatamente se metió de nuevo en el coche. Por fin, conseguí cruzar. Ya más tranquila y como si por el simple hecho de cruzar pasase del infierno al cielo me relajé un poco. De pronto empezó a aparecer gente por todas partes. Vi cómo se acercaban por el paseo un padre y sus hijos en sus respectivas bicis; a unos pocos metros de mí, cerca de un puente de madera, había un pescador solitario con una radio encendida; más allá una pareja que hacia footing..., y mientras, mi hermano seguía hablando hasta que, atropelladamente, me dijo que tenía que colgar, que le sonaba el teléfono fijo. Así que regresé a mi coche, al otro lado de la carretera.
26/3/10
El uso del tiempo
No usamos bien el tiempo, más bien lo desgastamos. El tiempo que vivimos se divide entre el que dedicamos a Lo Importante y el que se nos va en resolver Lo Urgente. Lamentablemente pocas veces coinciden ambos adjetivos en las mismas cosas. Yo me he dado cuenta ya y ahora mi tiempo lo computo de otra manera. Y tú, ¿cuánto tiempo has vivido tú?
16/3/10
La ciudad del caracol
Me gusta todo de París, pero si tuviera que elegir un lugar para un café es su corazón: Montmartre, uno de mis rincones preferidos. Es tan difícil ascender esa escalera hacia el cielo que podría afirmar que Sacré Coeur es sólo una alucinación. Miro hacia las ventanas de las casas que rodean La Place de Tertre y tras cada ventana me imagino el estudio de un pintor bohemio y loco, y no necesariamente en ese orden. Todo es un ir y venir de pintores y turistas posando en espera de una obra maestra. No saben que la obra maestra está allí, a su alrededor. De regreso busco la casa de Van Gogh. Aparece como de incógnito en una pequeña cuesta, humilde como fue la vida del delirante pintor de pelo de fuego, y me lo imagino con sus 37 años de vida sin vida, tal vez ocasionalmente visitando alguno de los molinos y sus picantes camareras. Molinos: ¿que pensaría D. Quijote de éstos si pudiera verlos?
5/3/10
La fragilidad
16/2/10
Quejicosos habituales
Hay una actividad sin ánimo de lucro (por ahora) que cada vez está más en auge y en cualquier momento, no muy lejano, saturará el mercado. Hay miles. Están por todas partes y viven en democracia ya que los hay de todas las razas, colores, credos y religiones. Hay un ejército variopinto de soldados del malhumor que se empeñan en hacernos infelices al resto de los civiles. Menuda profesión tan extraña para un tiempo de crisis y paro. He estado pensando (lo justo) acerca de la función en la sociedad de estos especímenes, por si la tuviera y, efectivamente, creo que la tiene. Una de sus actividades fundamentales es hacernos sentir gilipollas al resto de los mortales en ocasiones varias. A saber:
Mi respuesta, también en forma de sms, fue:
"¡Totalmente razonable! Luego hablamos..."
?¿?¿? Recién leído el sms de marras me he puesto a reflexionar sobre la supuesta relación entre que una persona vaya o no a cenar teniendo en cuenta el color del cielo de día. No la encontré. Aún así, en mi afán de comprender lo incomprensible, he recapacitado unos instantes más, desgracidamente sin resultado. Y concluí que la explicación es simple: nos va el rollo éste de quejarnos.
16/1/10
Los recuerdos y las pompas de jabón
A medida que crecemos deberían regalarnos algún tipo de artefacto de control de la memoria para así, si un día alguien nos pregunta cuál es el momento más bonito que recordamos o el peor o quién fue aquella persona tan importante en nuestra vida, la respuesta tuviese un mínimo de veracidad.
Lo cierto es que al final, ¿a quién le importan los recuerdos? la mayoría son demasiado efimeros, muy cuestionables y tan frágiles como una pompa de jabón. Yo desde siempre me quedo con los sueños, que al final son los que nos empujan cada día. Cierto que ya he descartado alguno de mi lista de posibles, esos sueños que se han ido derrumbando porque la vida jugó con ellos y los derrotó, empeñada en ser ella la que controla cada posibilidad de que algo se cumpla o no se cumpla. Pero utilizo un truco: en mi márgen derecho del cerebro, en la parte creativa que todos tenemos, han nacido sueños nuevos, surgidos de la nada y sin esfuerzo los he colocado en los huecos dejados en mi memoria amputada por los "no pudo ser".
¿Os imagináis tener que resumir vuestra vida en unos minutos? ¿Qué recuerdos visualizáis sin esfuerzo? sean inventados o no :)













