17/2/09

El desván


Cuando era niña tenía un rincón secreto. Ese 'rincón secreto' era conocido por casi todo el mundo, claro, pero en él yo me sentía especialmente feliz. Me pasé en aquel cuartito horas y horas, tardes enteras, sobre todo en invierno, mientras afuera llovía (algo que recuerdo como bastante habitual). Con 8 años obviamente no es que yo tuviese problemas de estrés, pero sí que a veces, y aún a pesar de que me encantaba estar rodeada de mis amigos, me escapaba hasta allí. Me sentaba en cuclillas en el suelo de madera, al lado de aquella preciosa jaula destartalada, para poder estar a solas con mis juguetes favoritos. Revolvía los enormes baúles llenos de objetos de lo más dispares; me vestía con aquellas ropas, que luego usaría para mis disfraces, y que me hacían sentir toda una mujercita; me colocaba los enormes sombreros de la abuela que me tapaban hasta la nariz (ahí nació mi pasión por los sombreros, supongo); leía una y otra vez aquel cuento (ya sin tapas) que me regalara mi abuelo y del que ya me conocía hasta el orden de las ilustraciones. Tuve la suerte de no tener problemas respiratorios, porque la acumulación de partículas en suspensión que había allí arriba yo creo que rozaba los niveles máximos aceptados por la OMS. Mejor, así mi hermano y sus amiguitos no se empeñaban en subir para darme la tarde. Era su excusa, pero yo sabía que no lo hacían mucho porque en realidad les daba miedo subir. ¡Hombres! Podría casi jurar que fue allí donde aprendí a relajarme. Reconozco que es algo que no me resulta fácil hacer, pero cuando lo intento casi siempre cierro los ojos y sigo visitando aquel desván polvoriento, con tan poca luz y tantos recuerdos...

Creo que, de cuando en cuando, nos debemos relajar. Obligatorio. Siempre tenemos prisa. En el trabajo todo es para ayer, por la calle la gente te atropella, literalmente. Hay plazos. Hay que hacer muchas cosas, todo a la vez, y no da tiempo. Yo me refugio en mi soledad cuando siento que las cosas me desbordan, y aquí es donde dejo que vayan surgiendo, a veces queriendo y muchas otras casi sin querer, mis ideas, mis sentimientos y mis pequeñas historias. Se me pasan por la cabeza desordenadamente y acaban componiendo palabras con más o menos un orden lógico (más o menos). Pero hay que saber descansar. Pensar está muy bien, pero a veces satura. Al menos a mí. Entonces hay que concederse una tregua, hacer un paréntesis y dejar de preguntarse cosas para las que, ¡quién sabe!, tal vez ni haya respuestas, y empezar a contestar a todas esas otras preguntas que probablemente sí las tengan pero no nos da la gana de pararnos a pensar en ellas. Preferimos martirizarnos con más y más preguntas, y buscar más y más respuestas, hasta entrar en bucle. Mala cosa. Pues ya está bien. Por mi parte he decidido hoy darme un homenaje y compartir (palabra que me encanta) conmigo primero, y con vosotr@s después, esa lista de preguntas más o menos triviales, o no tanto, más o menos sencillas, o no tanto, para las que sí que tengo ya respuestas. Fue en aquel desván en el que inventé mi "Juego de las preguntas y respuestas". Hoy sigo jugando a eso. Ya no en aquel desván, ha cambiado el escenario, pero lo hago todavía. Es sobre todo como válvula de escape, porque me conozco y sé que, en cuanto me despiste, mi cabeza se despertará de nuevo y me cambiará todas las preguntas. Ahí van:

-Un gesto favorito: una sonrisa.
-Un regalo preferido: un beso.
-Un sonido mágico: el del mar.
-Un paisaje: cualquier atardecer.
-Un libro: El Quijote.
-Una película: Amelie.
-Una palabra: esperanza.
-Un adjetivo: valiente.
-Un animal: delfín.
-Un defecto: la ansiedad.
-Un objeto fetiche: un lápiz.
-Un miedo: al dolor, de cualquier tipo.
-Una virtud: el optimismo.
-Una canción: el tarareo de mi sobrino mientras juega.
-Un deseo: no puedo decirlo, no se cumpliría :)
-Una foto: la tengo pendiente.

Los que os asomáis por aquí: ¿queréis subir al desván y compartir conmigo vuestras respuestas? ¿queréis añadir alguna pregunta? Me encantaría. Os conocería un poquito más y dejaré por un momento de hablar de mí, que ya me aburre un poco.

11/2/09

Me rindo

¡Qué vergüenza! Yo me rindo. Supongo que no hoy, pero hoy lo comparto con vosotr@s. Creo que ya hace tiempo que me he rendido a la hora de, al menos, intentar entender que realmente hayan sido meditadas determinadas afirmaciones / declaraciones / sentencias que se realizan en nombre de la religión. Os dejo la última joya:

Javier Lozano Barragán, "ministro" de Salud del Vaticano, en una entrevista al diario La República, respecto a la desconexión de Eluana:

" "¡Detengan ese asesinato!"() "Interrumpir la alimentación y la hidratación de Eluana equivale a un abominable asesinato y la Iglesia no cesará de denunciarlo a gritos", aseguró el purpurado..." "

(supongo que gritando, aunque eso es de mi cosecha)

Pues me alegra que haya declarado semejante estupidez. En mi opinión esto, que parece sacado más bien de un guión cinematográfico que de un periódico, roza peligrosamente lo absurdo. Es la hipocresía del rico. No lo aguanto. Explico el porqué:

me da escalofríos la cifra, y supongo que no está actualizada con el temita de la dichosa crisis, pero se estima que hay aproximadamente 850 millones de personas en nuestro maravilloso planeta azul que se están muriendo de hambre porque desgraciadamente no les llega la alimentación y la hidratación necesaria para seguir vivo. Se habla de ello, se publicita, se nos recuerda; nos llevamos las manos a la cabeza durante cinco minutos, alguna que otra campaña "limpia conciencias", más o menos exitosa, nos despierta de cuando en cuando del sueño del egoísta y nos intenta convencer (algo que entiendo innecesario a estas alturas) de que existe un problema, pero... no hacemos casi nada. Y pongo el casi por no escribir directamente el nada. Es algo con lo que hemos aprendido a "convivir" y por tanto forma parte de nuestra rutina. ¡Qué mala es la rutina! Y es que la rutina nos aborrega.

Algunos estudiosos se atreven a hablar de un "proceso de selección natural". Vaya, suena hasta inteligente, pero no sé si creerme esto. Lo cierto es que en el mundo animal existe desde siempre la mencionada "selección natural" pero siempre pensé que ésta surge en el caso de que se limiten los recursos alimenticios en el hábitat compartido por las especies. Pues algo no me encaja. Nosotros tiramos comida constantemente, hay exceso de producción, pero la acompaña un mal reparto de la riqueza. Es por eso que no me cuela esta teoría.

Pero esto no es importante ahora, al menos no para muchos personajes públicos, incluído el "devoto púrpura". Sí lo es que, de pronto, un país avanzado como Italia entre en crisis institucional porque unos padres quieren que su hija, que hace mucho no disfruta de la vida, se muera. Sí, lo sé, es un tema delicado, pero por favor, relativicemos la importancia de las cosas. Vivimos en la parte más democrática del globo, en la más normativizada, legislada y humanizada. Presumimos de vivir en libertad: no utilicemos la libertad para matar la libertad.

No me voy a extender (más) hoy porque odio escribir sobre cosas tristes, lo sabéis, y yo, que divago con la facilidad con la que una araña reconstruye su tela, os diré que hacía tiempo, mucho, que no me sentía tan perpleja como leyendo estas aseveraciones sobre todo si, a continuación, tengo que "digerir" escenas como ésta otra de aquí abajo, de las que el "hombre púrpura" , indignado y rasgándose las "vestiduras púrpura" por la injusticia del asesinato de Eluana, parece ser no tiene nada que decir ni aportar, ni a gritos ni en silencio. Lamentable. ¿Alguién me lo explica? porque yo... me rindo.