1/9/10

Ligera de equipaje: mi moleskine y un lápiz


El post de hoy va de usar la imaginación,  de ver la importancia de lo irrelevante, de dejarse llevar por desvaríos gratuitos. El post de hoy es irreflexivo pero he reflexionado para poder escribirlo. ¿Incoherente? probable. ¿Por qué no serlo? No es un defecto, es una forma de ser y hace mucho que he aprendido a aceptar que cada uno es como es, yo incluída. 

Imaginemos por un momento que te preguntan: "Si te reencarnases en un animal ¿en cuál te gustaría?" Yo creo que tengo claras mis preferencias: ¡me gustaría ser un delfín! Es, junto con el caballo, mi favorito por ser un animal que representa para mí dos de las cosas que más valoro: la libertad y la inteligencia. Ahora bien, si en la pregunta cambian animal por cosa entonces seguro que me convertiría automáticamente en una Samsonite Cabin Roller y lo haría por simbiosis.

Ocupo muy poco espacio en la Tierra pero reconozco que se me hace pequeña. En mis vacaciones a menudo hago más kilómetros que el Transiberiano, y ésos son muchos kilómetros, os lo aseguro. Eso genera, por descontado, situaciones divertidas, momentos imborrables y sensaciones nuevas, pero también sucesos extraños y desagradables. No hablo sólo de lo incómodo de los tiempos de espera, de problemas de conexión sin conexión y demás inconvenientes sobrevenidos casi a diario, sino más bien de esa sensación constante de ser "emigrante con papeles". Igualmente yo disfruto con esto. Es sabido por quienes me conocen que a mí me apasiona viajar.

Anoche vi (de nuevo) UP in the air, con G.Clooney. Estaba cómodamente arrebujada en mi sofá disfrutando de uno de mis actores favoritos y me puse a pensar que si hubiese un remake con protagonista femenina podría presentarme al casting sin ensayar siquiera. Me saldría el papel con total naturalidad. Para quien no la haya visto la recomiendo. El mensaje positivo que yo extraigo de ella es: "Cuanto más tiempo viajes más ligero debe ser el equipaje". El negativo: "Tal vez un buen día no tengas un lugar al que volver".

Nuestra vida, a medida que nos hacemos adultos debería ocupar menos espacios y hacer que lo imprescindible cupiera en una maleta. Ni que decir tiene que de niño es imposible. Demasiados sueños, batallas, amigos invisibles y castillos con príncipes y dragones, demasiadas cosas por hacer, demasiado tiempo al otro lado del calendario. Cuando eres niño en ese mundo paralelo hay demasiada logística alrededor. Pero a medida que pasa el tiempo lo importante mengua. Cuando haces con cierta frecuencia algo aprendes a simplificar (bueno, no siempre se consigue, en mi caso lo sigo intentando con esto de escribir) y no lo haces reflexivamente, sino obligatoriamente, porque cada vez el tiempo que tienes es menos.

El contenido habitual de mi maleta es ropa cómoda, a ser posible inarrugable y preferiblemente la justa, un libro y poco más. "Casi" seguro que si algo se queda atrás podré encontrarlo en destino. Casi. Nunca me he encontrado en un hotel mi sofá, mi albornoz ni mi moleskine negra. Por suerte esta última ocupa poco, pero el resto no. Por eso cuando vuelvo, siempre cansada, lo primero que hago es extender mi mantita de Patchwork, abrazarme a mi cojín favorito y vaguear durante el resto del día. 



¿Y vosotr@s? ¿Qué lleváis en la maleta?