23/12/09

Motivos personales

Ya no me gusta la Navidad. Hubo un tiempo en el que sí la disfrutaba pero ya pasó. Para quienes me rodean esto no es nuevo por eso saben que una servidora suele "desaparecer" unos días en cuanto pasa la obligada comida de Navidad en familia. Este año no será una excepción.


Hay muchas razones para no compartir con la gran mayoría la ilusión por estas fechas. Para tod@s aquell@s que sí la disfrutan pueden no valer un pimiento pero para mí son más que suficientes. Cierto es que podría inventarme una excusa y decir que simplemente me pone nostálgica, que queda como muy literario, pero no lo haré. Sería como mentir, y no compensa, porque cuando mentimos una vez todo lo que digamos luego debe ser consistente con esa primera mentira y me temo que eso para mí resulta demasiado cansado.

No me gusta la Navidad y es por motivos personales: no me gusta tener que sonreír "porque sí"; no me gusta tener que felicitar a quien, en condiciones normales, ni saludaría si fuese junio; porque no hay diferencias entre un regalo el 25 de diciembre y el 4 de mayo, y si la hay es, sencillamente, que no existe el factor sorpresa; porque no quiero tener que buscar una razón para encontrarme con los amigos; porque no puede ser obligatorio el pasárselo bien el día 31 de diciembre, disfrazada de famosa y muertita de frío por culpa de un bonito (y escotado) vestido; porque los abrazos no tienen fecha en el calendario y yo los doy cuando me da la gana; porque si echo de menos a alguien lo echo de menos todo el tiempo; porque, a pesar de que cada año me propongo no hacerlo, me sigo acordando de que mi padre ya no está; porque desde que somos menos en la mesa la cena de Nochebuena tiene más de "noche" que de "buena"; porque ya no me saben igual los mantecados; porque la programación que acompaña en la tele es como para provocar el suicidio colectivo; porque hace demasiado frío ahí afuera para todos aquellos que no tienen dónde dormir; porque cuando miro a mi sobrino descubro en sus ojos que, con tan sólo seis años, lo de los RRMM ya NO SE LO CREE del todo.

Siendo totalmente sincera hay algo que sí me gusta de la Navidad: su banda sonora y su puesta en escena. La música suena por todas partes, ese murmullo que se oye por las calles, las sonrisas, las luces de colores que lo adornan todo. Aunque sé que la finalidad de todo eso sea más amenizar las compras que los paseos a mí me gusta pensar que es por amenizar los corazones. 

No me gusta la Navidad... pero igual a vosotr@s sí. Por eso, y porque siempre intento ponerme en el lugar del otro, he pensado que tal vez os gustaría recibir un regalo. No os voy a enviar una postal colorida ni un calcetín lleno de regalitos pero sí que os mando algo que podríais necesitar en cualquier momento: un kilo de abrazos y montones de besos para una temporada larga.  

¿Me hacéis un favor? Sed felices, pero SIEMPRE, no dejéis de serlo a partir del día 7 de Enero :)

8/12/09

Volver a empezar

" Amanece azul" de Disalicia

Lo veamos o no cada día amanece. Siempre es el mismo sol pero cada amanecer es único. Hoy, después de mucho tiempo, vi amanecer y puedo asegurar que en ese instante preciso podría llegar el fin del mundo y no me importaría, no si lo último que vieran mis ojos fuera algo así. Me sentí pequeña, en tamaño e importancia. Yo podría desaparecer y ese amanecer tozudo volvería al día siguiente para que otros lo vieran, y que estuviera yo o no estuviera no modificaría en lo más mínimo los acontecimientos.

Desaparecer, ¿os imagináis? estar pero no ser, ver pero que no te vean, como cuando de pequeña me escondía y pensaba que de pronto me había vuelto invisible. Suena bien. En realidad a veces las personas desaparecemos. Cuando hablo de desaparecer no me refiero a volatilizarnos en el espacio ni mudarnos a las profundidades de una cueva inhóspita e inexplorada. No es eso. No es una desaparición material sino presencial. Nos alejamos de nuestro entorno más cercano y durante un tiempo más o menos largo no estamos. Puede ser una invisibilidad definitiva o transitoria. Si es de las últimas, si es con retorno, cuando queramos volver a nuestro sitio puede ocurrir que ya no lo reconozcamos o, lo que es aún peor, que ya no nos reconozca. Algo que considerabas familiar y cercano se convierte en desconocido y ajeno. Pasas de ser protagonista en un reparto a ser sustituto del protagonista y tienes que ganarte de nuevo tu puesto para volver a ser tú. Es algo así como tener que recomenzar una vida que ya tenías. Es como volver a empezar.

Mi vida y todas las vidas son un volver a empezar constante, como una ruleta caprichosa en la que pocas veces, si es que hay alguna, sabemos hacia donde girará la suerte. Me atrevo a decir que a veces ella va por su cuenta y yo me limito a seguirla. No hay más remedio. Me gusta hacerlo a escondidas, intentando que no me vea, pasando desapercibida, que es como he comprobado mejor se disfrutan las cosas de ahí afuera. Ser espectador nos permite aprender mientras los demás enseñan. Aprender a cada instante y al instante siguiente olvidar lo aprendido, tal vez inconscientemente, por esa necesidad de desaprender y así no convertir en dogmas mis pensamientos. Mejor desaprender de vez en cuando para evitar que un buen día desaparezca mi capacidad de asombro, ésa que se atrofia en un porcentaje directamente proporcional a la velocidad con que nos alejemos de la infancia. De lo contrario llegará un día en el que no disfrutaremos del amanecer porque creemos que ya lo hemos vivido y no es cierto pues todos son diferentes.

¿Hace mucho que no veis amanecer? pues mañana es un buen día...

1/11/09

Mi gata toca el piano


NOTA: Me parece que resultará excesivamente confusa esta entrada. La he leído varias veces antes de subirla al blog y sí, resulta confusa. Eso pasa mucho cuando se escribe tal y como surgen los pensamientos, sin tamizarlos convenientemente, algo a lo que últimamente (y para desgracia vuestra) me he ido acostumbrando. Como resultado de semejante lío se solapan pensamientos y sentimientos, no hay un guión en los hechos, ni temporal ni causal, y la historia final es un batiburrillo tal que este post. CONSEJO: leerlo al menos un par de veces y si fuese posible acompañado de un vinito de la tierra. Mientras tanto yo "intentaré" no volver a caer en ello, pero no prometo nada :)

Las cosas suceden por alguna razón. La casualidad no existe. Quizá un día, en el pasado, cuando nacieron hechos que hoy son mis recuerdos, mi cabeza llegó a pensar que sí, pero ahora sé que no. Al menos en mi vida he decidido que no tiene hueco.

Creo que he dejado de creer en la casualidad desde el instante preciso en el que he dejado de creer en la suerte. No me malinterpretéis. No es una frase de tinte pesimista, ni muchísimo menos, porque al no creer en la suerte no creo ni en la buena ni en la mala. La vida según lo que yo he vivido depende mucho más de la actitud que de que los planetas nos sean propicios en un equilibrio cósmico perfecto. Todo lo que he escrito suena seguramente a tópico, sin ninguna base científica o contrastada, pero es el resultado de las experiencias, más concretamente de la mía, por tanto en mi entorno es algo cierto.

Tiendo, no sé si consciente o inconscientemente, a hacerme preguntas a menudo (y a menudo preguntas absurdas). Por ejemplo: ¿se puede uno enamorar de las palabras? Luego juego a contestarlas. En este caso la respuesta es Sí, rotundamente sí. Yo me he enamorado de poesías, de libros que he leído e incluso de frases sueltas. Una frase que me han 'chivado' recientemente es el último caso: Nunca digas nunca.

No sé si tiene sentido este amorío con las vocales y las consonantes. Intentaré explicarlo. Cuando nos enamoramos de alguien, y una vez superada la fase inicial, más "material", de contacto, ese primer acercamiento visual, el momento "Qué ojos tiene" (aquí poner la parte del cuerpo humano que queráis cada cual), surge la fase 2 llamada "Me gustaría conocerle". Es cuando pensamos "parece divertido";"parece muy romántico" para finalmente (fase 3) caer rendid@s ante lo que nos dice. Nos enamoramos de las palabras que oímos de su boca, de las palabras que nos hacen reír, de las que nos hacen pensar, de las que nos susurra al oído en la intimidad, incluso de las que no llegamos a oír porque los ojos no saben hablar pero en contrapartida sí saben leer. En definitiva: yo me he enamorado de esas palabras porque, como cuando te enamoras de alguien, han despertado a mi alma.

Nunca digas nunca es un mensaje totalmente optimisma, una propuesta valiente y, contrariamente a lo que pueda parecer por tajante, muy sensata.

Analizo las metas que me he marcado en mi vida. En ocasiones esas metas son más deseos que objetivos y se quedan en eso durante mucho tiempo. Sin embargo de pronto se cumple uno. Ni me cuestiono si me lo merezco o no. Eso es algo que no me interesa saber. Simplemente pasa. Y así atesoro momentos de felicidad que voy guardando en el archivo de mi memoria, como cuando al final conseguí participar en aquella obra de teatro; aprobar aquella asignatura imposible de la carrera; que él se fijara en mí y durante un tiempo precioso compartir nuestros sueños; ese ascenso que ha permitido que deje de ser quien pase las llamadas para ser quien decide si las atiende; que hiciéramos aquel brindis en las Campos Elíseos de París mientras un festival de fuegos artificiales nos deseaba un Feliz Año Nuevo. Nunca me lo hubiera imaginado y pasó, todo eso y muchas otras cosas. En la otra cara de la moneda, llamémosla cruz, viven las malas noticias, las situaciones grises, pero no las computaremos para que no enturbien la vida. Se asumen, se digieren bien y se aprende de ellas. Es más que suficiente. Sabemos cómo hacerlo. De hecho parece que estamos más preparados para enfrentarnos al dolor que a la felicidad y ésta a veces se nos escapa. Intentemos que no nos pase porque si hay algo peor que sentir que nunca te pasa nada bueno es que te pase y tú no te enteres.

Me propongo retos día sí, día también. Defino lo que me gustaría tener y convierto un deseo en un objetivo para que se torne más real. Intento dibujar el mapa para llegar hasta allí y me repito una y otra vez "nunca digas nunca". Si no lo consigo: revisión de deseos, y cuando una queja quiere salir de mis labios practicaré el deporte del silencio y me llenaré de ilusión, que es el combustible de la esperanza.

Nunca digas nunca. Desde ya esas tres palabras forman parte de mi diccionario vital, ése que a menudo calla y lo hace a gritos. Tal vez así algún día podré ir a Kenia a conocer a mi ahijada, disfrutaré de una ópera en La Scala de Milán, tomaré ese café que hace tanto tiempo tenemos pendiente, veré esa luna gigante o volveré a intentar descubrir aquel truco de magia que no puede ser cierto que sea cierto. ¡Quién sabe! Tal vez un día hasta aprenda a tocar el piano mejor que mi gata.


9/10/09

Premio Nobel de la Paz 2009


Nunca escribo en mi blog de política, de hecho, aunque pueda parecer que sí, este post no va sobre política, pero el protagonista de la noticia es un político. Bueno, no sólo un político. Es un personaje relevante, un producto, un carismático primer presidente afroamericano del país más "poderoso" del mundo, una esperanza para muchos que alguien ha decidido que se merece un Nobel. Me gusta Obama, atrae su determinación, su oratoria, su intento de cambio, pero ¿se merece YA un Nobel de la Paz ? ¿No estamos exagerando un poco? No sé de qué me sorprendo. Teniendo en cuenta que George W. Bush estuvo nominado a este mismo premio lo de Obama es todo un acierto. Casi un millón y medio de dolares de premio. A ver en qué los gasta. Creo que, definitivamente, estamos faltos de héroes...

5/10/09

Esencias y apariencias

Óleo s/cobre -Sín título-

Estamos rodeados de aparentes sin esencia, de héroes sin poderes, de poderosos sin valor y de belleza con fecha de caducidad. No importaría demasiado mientras caigamos en la cuenta de que estamos siendo engañados, pero lo malo es que no nos enteramos o no nos queremos enterar, pero, ¿a quién no le costó reconocer que los RRMM no existen?

Leí hace unos días en un artículo que, según los últimos estudios científicos, los niños nacidos en el S.XXI vivirán en torno a unos 100 años de media. 100 años. ¿Os imagináis? parece tanto tiempo. ¿Cuánto viviremos los nacidos a finales del S.XX? supongo que rondaremos los 90. Después de leer eso me quedé pensando un rato sobre la importancia de tener tiempo para lo cotidiano, tiempo cada día, no sólo el tiempo para hacer todo lo que quieres hacer EN LA VIDA: viajar alrededor del mundo en una autocaravana, tener una casa con jardín (y un bonito perro en el bonito porche); tal vez un par de hijos (muy guapos, claro) con una pareja maravillosa a tu lado; tal vez publicar un libro, o conocer una tribu del Amazonas e incluso obtener un premio Nobel, ¿por qué no? Tod@s tenemos ilusiones. Siempre que rehago mis sueños (por descontado los sueños son de revisión periódica) me encuentro con que hay algo que tengo que hacer y me ocupará mucho tiempo, un tiempo que no sé si valdrá la pena invertir en eso: me gustaría tener tiempo para conocerme bien, tan bien como para que las personas que se encuentren conmigo sepan realmente cómo soy. Supongo que es un reto individual pero, dado que vivo rodeada de personas que me observan, hay también algo de 'trabajo en equipo'. Lo que los demás vean en mí también me afectará. Siempre afectan las opiniones de los demás, incluso las opiniones equivocadas o sobre todo las opiniones equivocadas.

Cuando eres niño buscas la esencia de las cosas que te rodean y todos sabemos que la esencia de la cosas es de lo más variopinta. De un palo torcido y enclenque puedes obtener una espada; de un musgo del muro un trocito de césped para el prado del Belén, esos Belenes de la infancia, tan reales, en los que casi siempre la mula es más pequeña que el niño Jesús; de un ladrillo roto se obtiene una tiza para escribir en el gigantesco encerado en el que hemos convertido el suelo del parque; de un árbol surge un castillo encantado o un enemigo feroz..., luego, al ir creciendo, empiezas a ver qué es cada cosa, la esencia va perdiendo importancia y la apariencia es, con demasiada frecuencia, lo ÚNICO que cuenta: un palo es un palo, y sea grande o pequeño, siempre será un palo; el árbol da sombra o no, pero nunca será un monstruo destructivo ni un castillo indestructible; el musgo ni sabemos si existe todavía, porque ahora se compra en paquetitos de plástico a 1 euro... y parece de plástico.

Las apariencias son el reflejo de lo que proyectamos al exterior. La esencia es lo que somos por dentro. Qué difícil que ambas coincidan, ¿no? Tengo muchos miedos pero no me considero una persona cobarde; los cobardes no tienen miedos simplemente porque no se arriesgan. Reconozco que temo a muchas cosas: temo a las injusticias, al dolor, a los radicales; temo a los ambiciosos, a los conformistas y a los indecisos; temo a las equivocaciones y a los aciertos, pero entre todas las cosas que temo una que realmente me da pavor por ser dañina sin reservas es a "la apariencia", a quedarme en lo superficial de los demás (y de mí misma) y escaparé de ella para que mi vida y mi entorno no sea un "anamorfismo" donde todo luce muy vistoso y nada es lo que parece. Ojalá todo el mundo lo entendiera así.

18/9/09

Recuerdos idealizados


Recuerdo aquel día con todo lujo de detalles y lo que sucedió con una claridad pasmosa, al borde de la
irrealidad. Puedo ver sus ojos, profundos, escondidos tras una mirada curiosa; eran muy oscuros pero, bajo los destellos caprichosos de un sol que templaba nuestros cuerpos, parecían querer cambiar de color. Puedo dibujar su boca, y su sonrisa burlona, una línea temblorosa cuando reía, que achinaba su expresión, transformaba completamente su rostro y dulcificaba su mirada hasta el infinito borrando, a golpe de carcajadas, una cara de facciones endurecidas por el cincel de demasiadas batallas perdidas por el camino. Recuerdo cómo sus ojos intentaban adivinar mis pensamientos. Puedo afirmar, sin demasiado miedo a equivocarme, que en algún momento concreto lo consiguió. Con total nitidez visualizo el lugar en el que nos sentamos: la colocación de las sillas, el color de las fachadas que nos rodeaban en aquella preciosa terraza entre sol y sombra. Temperatura perfecta. Una pareja algo mayor, a escasos metros, tomaba un café sin ni siquiera mirarse, algo que hacen mucho quienes, probablemente, no tengan ya nada que decirse. Unos niños a lo lejos jugaban a gritar, o gritaban jugando. El ruido lejano de una moto, algunas voces ahogadas entre el murmullo de la gente que paseaba por la plaza y unos pocos pájaros completaban nuestro entorno. Aún así recuerdo que yo sólo veía sus ojos.

Ocurre a veces que un futuro incierto es más real que un pasado inventado, imaginario. Los sucesos perviven, encadenados en nuestra mente, bajo el manto del recuerdo. Sea o no cierto, haya o no ocurrido, si hay alguien que se cree que algo sucedió..., sucedió. Ocurre a veces que las certezas se escabullen entre "por qués" no preguntados y respuestas que nunca han sido oídas, y aún así ocupan importantes espacios en nuestra memoria, demasiado tozuda. Los recuerdos existen, pero no siempre (tal vez nunca) son como nuestra mente se ha empeñado en dibujarlos. Hemos construído a nuestro antojo el pasado que nos hubiera gustado vivir ante la incertidumbre de si el futuro será de nuestro agrado. Ocurre a veces que los sucesos nunca han pasado, aunque nos guste contarlos una y otra vez, y somos capaces de describir un amanecer que aún no hemos visto. Todo eso ocurre porque para tener recuerdos inventados es suficiente con tener deseos incumplidos.

¿Tenéis recuerdos "a medida"?

5/9/09

La lluvia


Una bloguera que conozco asegura que sólo escribe cuando tiene algo que decir. Estoy totalmente de acuerdo. Ojalá todos los blogueros hiciéramos lo mismo. No sé vosotros pero yo me he topado con blogs que no sabría decir ni de qué van ni por qué se han creado ni para qué leerlos. Bueno, eso mismo pueden decir los lectores de la blogosfera de los mios. El problema es cuando se escribe porque sí, porque toca. He notado que yo no escribo mucho últimamente. Quizá será porque no tengo nada que contar, aunque lo cierto es que siento que sí tengo mucho que decir pero..., no me sale. Aún así me apetecía subir algo al blog, y he pensado: "este post irá de NADA y hablaré sobre NADA en concreto". Y aquí estoy, improvisando, que de todos es sabido que la improvisación es una 'virtud' muy española. Mientras escribo, sin saber muy bien a dónde me llevarán las letras que voy encadenando, escucho música. Qué raro, ¿verdad? y ¿sabéis? acabo de decidir que me apetece compartirla con vosotr@s ¿por qué? pues por NADA, simplemente porque me gusta y aunque no se haya escrito para mí me hace feliz escucharla; porque me recuerda a la lluvia y, a pesar de que a veces genere melancolía, a mí me encanta que llueva; porque hace un día espléndido aunque no sea un día especial; porque a veces descubres que sin ser consciente del porqué te sientes bien; y porque es un alivio descubrir que no hay que darle demasiadas vueltas a las cosas y no hay que tener una razón para todo, por más que nos empeñemos. Además es de Serrat, razón más que suficiente para oírla.

Me gustaría que lloviera ahora mismo para, como cuando era niña, poder recoger las gotas de lluvia con las manos y después regar las flores que adornan mi terraza. Si hay algo que me gusta más que la lluvia de verano es el olor que deja sobre la tierra mojada. ¿Será porque es el olor de mi tierra? No importa la razón, puede que ni la haya. Tal vez sea por NADA.



PD: A vosotr@s ¿qué os transmite la lluvia?

23/8/09

¿Me das un beso?


Es una frase que he oído y dicho muchas, muchas veces. Tod@s nosotr@s, supongo. Hay frases que se repiten hasta la saciedad y que son independientes de la edad, la situación social, posición económica, preferencias políticas o tamaño del coche familiar. Ésta podría ser una de ellas.

Siendo una niña muy muy pequeña (calculo que aún no tendría cinco años) esa frase era la favorita de aquella anciana que vivía en la casa del al lado a la de mis padres. Doña Gloria se llamaba. La buena mujer me adoraba, eso decía mamá; en principio no debería ser un problema pero lo era. Invariablemente al verme se dirigía hacia mí y, en dos segundos, me estrujaba la carita entre sus manos. De pronto mis labios se comprimían hasta parecer la entrada a un túnel minúsculo dentro del cual asomaban unos incipientes dientecitos. Con mucho cariño (pero poca delicadeza) me plantificaba en todo el moflete un beso que me tenía que 'secar' mi madre disimuladamente para que no fuese mi mano la que lo hiciera. Bastantes años más tarde, cuando yo ya era una chiquilla adolescente, esas mismas palabras las oí en boca de mi primer y tímido enamorado. Con la experiencia que dan los años, sé que era más tímido que enamorado. Soltó esa misma frase de sopetón, con miedo, como si fuese lo más ofensivo que un niño te podía decir, como si esperase una torta en lugar de una respuesta afirmativa. Siempre he pensado que si hubiese tardado mucho en contestar él ya no estaría entre nosotros. Llegaría a diluirse hasta desaparecer detrás de esa máscara roja que representa a la vergüenza de los niños. Y, por último, estaban esas situaciones tan caseras basadas en el peloteo, como cuando a papá le quería pedir Dios sabe qué y en lugar de ser explícita empezaba un muy poco sutil "ataque sentimental" al más puro estilo de "Sonrisas y lágrimas" Al final papá, más vencido que convencido me decía: Bueno, pero si me das un beso...

Seguro que hay muchas otras ocasiones que podrían servir de ejemplo. Sin embargo, creo que ya es suficiente. La cuestión es que parece ser que esa frase tiene fecha de caducidad. Todo por culpa de un virus con nombre de bombardero ruso (nunco me aclaro dónde va la H y dónde la N osea que, por no buscarlo, ni lo pongo, que estoy vagonetas) Ahora los besos son peligrosos. Lo mejor para evitar incidentes es, sin duda, el Método 'porsiacaso'. Me explico:

Cuando alguien nos presente a alguien 'por si acaso' le tendremos que dar la mano amablemente y luego, discretamente, ir a lavarla ; si alguien estornuda en nuestro cogote 'por si acaso' iremos corriendo a buscar una ambulancia, no sea que esté enfermo y nos haya contagiado. Si un día nos duele mucho la cabeza, tenemos tos y fiebre se acabó eso de echarle la culpa a los famosos cambios de temperatura entre el despacho y los pasillos de la oficina, conversación típica de máquina de café; nos iremos INMEDIATAMENTE a pedir la baja, 'por si acaso'... Eso si nos nos envía a casa de vacaciones el jefe, que también podría ser...

He reconocido abiertamente en muchas ocasiones que yo soy besucona. Las personas que me conocen lo saben. Beso a las personas que conozco si me las encuentro por la calle; beso a mi madre cuando la voy a visitar, al llegar y al irme; beso a mi sobrino cada vez que lo veo hasta casi borrarle el color de la cara; beso a las personas que acabo de conocer si hacen el gesto de un acercamiento y beso a discreción si a alguien le tengo cariño. Lo hago sin pensarlo, 'me sale' así. Conclusión: pertenezco a un "grupo de riesgo" del que se han olvidado las autoridades sanitarias, políticas y demás informadores víricos.

Me temo que a mi edad las virtudes y los defectos ya están enquistados en mi personalidad. No creo que vaya a conseguir grandes cambios, por lo que lo más probable es que siga siendo besucona hasta que me muera. Ahora que lo pienso, incluso puede que me muera por serlo.

¿Es necesario todo esto? No lo tengo claro. Habrá crisis económica aunque no hablemos de ella hasta la saciedad, como hace no mucho; hay terrorismo internacional aunque no ocupen ya más que un par de minutos en los td; hay guerras interminables e incomprensibles en demasiados puntos del planeta; hay sicarios en Colombia y Camorra en Nápoles; también hay hambre en África, y en la India..., y en Madrid. Lo que no se cuenta es como si no pasase, así funcionan las cosas, pero una cosa es contar las cosas y otra muy distinta es contar lo que nos interese. Soy una total desinformada en todo este asunto, sólo hablo por lo que he leído o visto en televisión, como casi todo el mundo, pero... no lo entiendo.
Tengo un par de amigos médicos que tampoco entienden todo este revuelo. Critican esta política de contar lo que interesa y lo que no, ocultarlo. Ejemplo: "El Sr X, contagiado de GRIPE A, tenía enfermedades graves previas que complicaron su salud hasta provocarle la muerte" ¿Qué enfermedades previas?.- se preguntan mis amigos, porque, obviamente, si se muere un enfermo terminal de cáncer por una gripe tampoco es tan raro...

Se hacen estadísticas de infectados actuales, de futuros infectados; estadísticas de muertos reales, de muertos previstos; estadísticas de vacunaciones necesarias, de conjunto de población en riesgo... etc. Demasiados números para una gripe con nombre de letra, ¿no?

No sé de qué va esto y, como no sé, no entiendo nada. A mí lo que realmente me gustaría es que alguien por un momento se pusiera a hacer las estadísticas que realmente importan; hay una enfermedad llamada Anorexia que puede ser mortal que es la que sufren aquellos que no comen todos los días, pero también está esa otra mortal necesariamente sufrida por aquellos que, simplemente, no tienen qué comer; hay quienes no duermen todos los días, pero también están los que no tienen dónde dormir. No hablemos tanto de cuántos se han muerto por esta 'gripe destructiva' y centremos esos 10 minutos diarios de los informativos en aquellos otros que están ya tan débiles que una simple gripe, (se llame gripe estacional, aviar o porcina) los condena al más allá...

Tal vez sea una inconsciente pero lo cierto es que pienso que sería una pena que por culpa de este virus llegue un día en el que la princesita del cuento no pueda convertir a la rana en su príncipe azul. Me niego a cambiar el cuento.

Sólo me queda haceros una pregunta: Vosotr@s, ¿seguiréis dando besos o utilizaréis el método 'por si acaso'?

4/8/09

Viaje a ninguna parte



(vista de las vías y rampa de selección
desde la torre de vigilancia)

Oswiecim, Julio 2009

Cracovia, 1942.

Ni siquiera importa cómo me llamo porque en breve seré sólo un número, así pues ya ni me presento. Me espera una vida nueva, un trabajo y un nuevo 'hogar'. No es del todo cierto, pero prefiero pensar así. Sea como sea no es opcional. Si soy optimista pienso en que podemos llevarnos a nuestras familias con nosotros y ni siquiera tendremos que preocuparnos por encontrar un lugar donde vivir ni hacer una (casi seguro) incómoda mudanza. Debemos, eso sí, llevar nuestras pertenencias más queridas y/o valiosas (que no siempre son las mismas). No tenemos que pagar el viaje porque se pone a nuestra disposición el medio de transporte habitual en nuestro tiempo: el tren. No viajaremos en primera clase pero, habida cuenta del coste cero que nos supondrá, es más que suficiente. El viaje comienza muy temprano, de madrugada, y lo iniciamos sin apenas haber dormido. Llevamos a rastras, buscando un difícil equilibrio, maletas, fardos, bolsas e hijos. El tren, inmenso, está a punto de salir y tenemos que entrar apresuradamente. Imposible encontrar un asiento porque no hay. Demasiadas personas hacen el mismo trayecto o el vagón es demasiado pequeño. Son los inconvenientes de viajar gratis. No podemos protestar.

Parece que ya estamos llegando, aunque no se ve la estación. Debe de estar tras esa torre de ladrillos. Llueve en Birkenau. Antes de parar por completo el tren compruebo que hay varios hombres esperándonos. Será para organizar el traslado y hospedaje. Parece que aquí está todo bajo control, por todas partes hay hombres informando de qué hacer en cada momento. Me tranquiliza saberlo. Tenía miedo de extraviar el equipaje pero, tan pronto bajamos, nos hacen etiquetar con nuestros datos personales todos los bultos que hemos traído. Luego los hombres uniformados nos los harán llegar. Somos muchos, no me había imaginado encontrarme con tanta gente aquí. Pero esto es muy grande, no alcanza la vista donde acaba, así que no habrá problemas de espacio. Hay personas por todas partes, de todas las edades, y niños, también hay muchos niños. Me alegra saberlo porque temía que pudieran aburrirse aquí. Nos dirigen hacia los barracones situados a la izquierda de la Torre. Nos informan de que será nuestra nueva residencia y nos avisan también de que antes debemos pasar a recoger la ropa de faena. En el camino nos vamos encontrando con decenas de personas a nuestro alrededor, algunos en cuadrillas de trabajo ya uniformados, y otros, que parecen ser los que mandan, organizando grupos que parece que, como nosotros, acaban de llegar. Al llegar a un edificio largo y estrecho oímos a alguien decir que hay que darse una ducha y cortarse el pelo. Dice que es para evitar contagios o infecciones. Parece razonable. Somos demasiados aquí y una ducha caliente nos vendrá muy bien después de un viaje tan largo e incómodo. Los más pequeños empiezan a estar cansados y los lloros, contagiosos como la risa, rompen el silencio tan pesado que nos rodea aquí. Resulta extraño pero, ahora que lo pienso, y aún a pesar de haber tantas personas, en este lugar hay sobre todo silencio. Delante de mí una madre consuela a un niño, sollozando de hambre o sueño o ambas cosas: "Pronto podrás dormir" le susurra, dándole un beso en la mejilla. Antes de que sus labios toquen la piel suave del niño se apagan todas las luces. De nuevo, sólo se oye al silencio.


Llovía en BIRKENAU cuando hice esta foto. Creo que no podía ser de otro modo. El silencio brutal e inmenso que hay allí te cala los huesos y el alma. Mientras intentaba que mis ojos abarcasen de un vistazo un terreno demasiado grande llovía afuera. Tuve la extraña sensación de que allí debería llover siempre, como si en una especie de homenaje póstumo fuese obligatorio que llorase el cielo para borrar tanto dolor.

He estado de vacaciones. En esta época siempre que puedo hago un viaje. Esta vez el destino ha sido Polonia. No estaba entre mis prioridades inmediatas, pero surgió la posibilidad y me apunté. Ha resultado ser un viaje fascinante, lleno de silencios y susurros, de luces y sombras, y sobre todo de colores. De rojo los castillos que aparecen como gigantes en casi todas partes, de mil colores las fachadas en sus ciudades llenas de historia e historias, y de verde el paisaje que tanto me ha recordado a mi tierra, verde como la esperanza de sus gentes y los lagos que salpican sus llanuras. Los polacos son alegres, amables y educados, ruidosos y muy callejeros; están muy cerca en el mapa pero muy lejos del carácter seco de sus vecinos checos o rusos y sonríen todo el tiempo. Será que quieren recuperar tantas sonrisas borradas a golpe de bombas e invasiones, será que no hay nada mejor para secar el llanto que el soplo de una sonrisa.

Sé que una estancia de apenas 10 días no es suficiente, que no permite sentencias, que ningún pueblo, ninguna cultura, ningún país con tanta historia a sus espaldas se puede conocer mediante excursiones más o menos programadas. No basta con comer lo que ellos comen, pasear por donde ellos pasean, o rememorar a golpe de guía acontecimientos del pasado. No es suficiente con fotografiar todos sus monumentos ni visitar todas sus iglesias. Tal vez haga falta toda una vida, incluso puede que ni toda una vida sea suficiente. Para comprender a un pueblo es tal vez imprescindible haber nacido dentro de él. Pero aún asumiendo mi desconocimiento e ignorancia, letrero que llevo pegado a mis espaldas de simple turista curiosa, me atrevo a afirmar que el carácter dice mucho de una comunidad y los polacos llevan la alegría en sus ojos claros, en su música, en cada rincón colorido de sus ciudades y en su chispeante y sempiterna sonrisa. Y para "los curiosos": sí, las polacas son (en general) muy guapas :)

¿Estáis tod@s ahí, estrellitas? Espero que sí.

12/7/09

"Un día sin una sonrisa es un día perdido" (Chaplin)



No quiero escribir demasiado y al final siempre escribo "de más", ya lo sabéis. Lo intento, lo intento, pero llevo un par de días rompiendo hojas de mi pequeño bloc de notas. Por mucho que me gusten las palabras ellas saben callar cuando queremos que digan sólo lo justo, sin retórica ni circunloquios. Así pues, y como no ha habido suerte,he optado por 'hacer trampa'.

Desde siempre he estado de acuerdo con que una imagen vale más que mil palabras y sé, estoy casi segura, que la música transmite todo aquello que las palabras no pueden. Así pues, os dejo imágenes y música. Os regalo, como cada día, una sonrisa (que también es mejor que las palabras) y una canción que me encanta, y que desde hace mucho está en mi discoteca particular. Chaplin compuso la música para su película Tiempos Modernos y con la versión de Nat King Cole se le dio letra. Luego la versionó maravillosamente M. Jackson. Hace unos días me enteré de que era su canción favorita. No era tonto, ¿no creéis?

Haced caso al gran CHAPLIN y sed muy felices. Yo lo intento cada día y a veces incluso funciona :)

En breve me voy a dar un respiro y quiero que estéis todos cuando vuelva, ¿vale? Hasta muy pronto, estrellitas :)

6/7/09

Mira al violinista

(Imagen de Chris Sorbera)

Antes de seguir pincha en la canción que te encontrarás ahí abajo, en el post. ¿Ya? bien, pues ahora sí puedes seguir leyendo...

Hay música sonando, como casi siempre, en el blog ¿la oyes? pues no lo pares; si lo haces no entenderás nada de lo que te estoy contando.

¿Tienes cinco minutos? Es lo que tardarás en leer esta entrada, audio incluido. Advierto, de todos modos, que es posible (o al menos aconsejable) que "pierdas" luego unos cuantos minutos más en pensar sobre lo que quiero escribir hoy.

Escucha las notas. ¿Qué te parecen? A mí me parecen... nubes de algodón, de algodón de azúcar; suaves; suenan notas agudas y lentas, un ritmo sinfónico, una melodía casi irreal. Música sin letra de un mensaje tal vez incierto. Mejor así. Mejor que el mensaje sea el que cada uno quiera escuchar ¿Te gusta el sonido del violín? A mí sí. Supongo que a casi todos el violín nos transmite cierta tristeza. De todos los instrumentos los de cuerda suelen tener un 'color' especial. Sí, la música también tiene colores. El color del violín es azul; azul es blue en inglés. ¿Me entiendes? No importa. Tú sigue escuchando. Es como estar en un concierto de un magnífico auditorio. Los presentes visten elegantes trajes. Pompa y glamour al 50%. Llora el violín. Una orquesta prodigiosa envuelve de sutileza el sonido de sus lágrimas. Sobre todas las demás notas, el pequeño Stradivarius se alza orgulloso y sobresale poco a poco, desde un débil ronroneo hasta el llanto más desgarrador. El músico no toca sino acaricia sus cuerdas con las yemas de los dedos mientras su rostro acaricia el cuerpo de mujer que lo dibuja. ¿Cuánto pagarías por algo así? tal vez no mucho, pero ¿y si fuese gratis?

Te voy a contar una historia basada en hechos reales:

Acción:

12 de enero del 2007. Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo, se situó dentro de la estación de Metro L’Enfant en Washington, cerca de las 7:51 a.m, es decir, hora punta. Durante ese tiempo interpretó 6 piezas clásicas.

Reacción:

Durante los 43 minutos que el músico tocó magistralmente el violín casi nadie se detuvo a escuchar, sólo unas cuantas personas dejaron unos cuantos centavos y sin pararse apenas; unos pocos se detuvieron algunos minutos, probablemente sorprendidos porque no hay que ser un experto para diferenciar un músico mediocre de uno bueno, pero en general la gente pasó como si fuese invisible. Hubo una excepción, una sola. Una mujer lo observó durante un rato y, en un breve descanso del músico, le dice: "Te vi en la Biblioteca del Congreso, fue fantástico. Ésta es una de esas cosas que sólo pueden pasar en esta ciudad".

¿Has llegado hasta aquí? ¿Qué te parece? Sí, a mí también me hubiera gustado estar ahí, escuchando a Joshua Bell, incluso aunque llegara tarde al trabajo. No critico el alto sentido de la responsabilidad de todas estas personas, pero...

Cada mañana con nuestras ropas, inconscientemente, nos ponemos también las orejeras al salir de casa para empezar la jornada. El día, cada día, es una carrera contínua contra el tiempo. Ingenuos mortales. El tiempo va igual de rápido corramos o no. Caerse es más fácil cuando no "miras", es por eso que hace tiempo que yo sólo voy rápido cuando realmente no tengo prisa.

Conclusión:

No miramos al violinista. Lo vemos, sólo eso. No creo que valoremos lo suficiente todas esas cosas que van a pasando a nuestro alrededor. No sé si merece la pena o no correr siempre tanto. A veces participamos en una carrera frenética para luego 'aparcar el tiempo' en un sofá. No sé si es incluso pecado no mirar a tu alrededor. Por no llegar tarde al cine, por ejemplo, no vives tu propia película, que está ahí fuera, pasando, mientras tú te empeñas en escaparte de ella... No lo entiendo. Soy gallega y supongo que eso hace que todo "dependa de", que todo sea relativo, y en ese todo se incluyen nuestras prioridades. Lo que para nosotros es importante puede ser de lo más trivial para el que nos mira, para ese violinista que no vemos al pasar. Pero ¿sabemos qué es lo importante para nosotros?

¿Has oído la música mientras leías este post? Pues te presento a Joshua Bell. Sí, el del metro...




PD: Aquí os dejo el video por si queréis verlo (ahora sí podéis parar la música. Pinchad sobre los dos palitos de arriba)

26/6/09

La cara oculta de la Luna

Ya hace tiempo (mucho) que he confirmado que Internet es un macromundo poblado por personajes de lo más variopintos, incluída una misma. Aquí hay todo tipo de individuos. Adoro la diversidad y tal vez por eso Internet me gusta, te ofrece tantas posibilidades... Pero ya se sabe que en las multitudes también son más habituales los problemas: es así como surgen los mayores 'atascos', las marabuntas más dañinas y las peores avalanchas; el desorden está servido y la anarquía acecha, agazapada y protegida en el anonimato, que de todos es sabido nos permite sacar lo mejor pero también lo peor de nosotros mismos.

A pesar de todo me gusta Internet. Desde que tengo el blog más. Sé que la poesía no gusta a todo el mundo, de hecho pensaba que no tendría mucho éxito un blog compuesto a base de poesías, pero me equivoqué. Reconozco que me encantan también las visitas ¿por qué negarlo? Desde siempre escribo básicamente para mí pero si me leen (y encima gusta lo que leen) es fantástico, mentiría si dijese que me da igual. Se alimenta mi ego al ver que día a día han ido aumentando las visitas, y los comentarios, y los visitantes asiduos son más de lo que nunca me hubiera imaginado. Pero (¿por qué siempre hay un pero?) en medio de tanta buena gente también hacen su agosto los copy/paste. Una cosa es copiar en un examen en el que te puedes jugar el curso, o copiar el peinado de una revista para ser la más guapa en una cena, o tunear tu coche como el del vecino porque "mola" más, pero copiar algo tan personal como un poema me parece que es otra cosa. Eso es lo que me está pasando y es el motivo de todo este sermón.

No es la primera vez, hace ya tiempo que me ha pasado, pero creo que son ya demasiadas veces. Yo no puedo tener "vigilancia privada" en Internet. Después de barajar todas las posibilidades, he decidido que desde ya este espacio tiene una hermanita llamada Alma de Luna y estará 'bajo secreto de sumario'. Va a llamarse así porque cuando escribo poesía, aunque inicialmente pudiera parecer que escribe mi corazón, en realidad lo hace mi alma (suena cursi, pero es así) y cuando te roban palabras escritas, como le pasa a ese pueblo del que no recuerdo el nombre cuando le hacen fotos, un poco de mi alma se va con ellas. Estaba cansada de, sin querer, encontrarme los poemas que tengo aquí en cualquier sitio para cualquier cosa y siempre sin nombrar la persona, blog o planeta del que procede o, al menos, un breve "desconozco el autor". Sé que podrá sonar egocentrista o pedante. Me da igual. A los que nos gusta esta tontería que es escribir nos duele que una palabra dibujada, o el reflejo de una sensación, o de un instante, que una vivencia, o un sentimiento, e incluso un poema sólo inventado acabe formando parte de una foto mal enfocada, un post en un foro de "no se sabe qué" o una reflexión escrita en un blog. Me encanta compartir. Yo confieso que las fotos que tengo aquí casi son todas "robadas" de internet, pero si sé su procedencia la especifico, y si no lo sé aviso con una nota en el lateral de mi blog de que las copio por si a alguien le pudiese ofender.

Quiero, o al menos me gustaría, mantener el contacto en ese nuevo minimundo con todos aquell@s a los que les apetezca visitarme. Así pues he decidido que a ese rincón de palabras escritas en voz baja, que es como se escriben los sentimientos, tenga acceso sólo quienes realmente estén interesados en acompañarme, no aquellos que buscando, buscando, se encuentren con unas cuantas frases que encajan y luego con un copiar/pegar o recortando al gusto los versos prostituyan mis poemas (así como lo digo) en un foro literario.

Os enviaré invitaciones a todos aquellos de los que tengo mail. Muchos ya tenéis cuenta en Blogger y los que no si queréis visitar mi otro rincón tendréis que crear una. De los que no sé vuestro mail sólo tenéis que enviarme uno a la dirección de correo que aparece en mi perfil y yo por supuesto le añadiré a mi lista de lectores. Por favor, es voluntario, si no queréis simplemente rechazarla y punto. Nos seguiremos viendo por aquí.

Mi blog será de acceso abierto, pero sólo verá delirios, reflexiones y paranoias diversas, osea, lo habitual en mí :) Mis poesías se quedarán bajo el cartel de "Reservado el derecho de admisión" en mi nuevo rincón. Sé que la razón puede parecer algo infantil o estúpida, pero creo que la gran mayoría de vosotros sabréis entenderme.

Si alguien de los que entran por primera vez aquí está interesado en leerlos, sólo tiene que pedirlo, pero se acabó eso de empapelar la red con mis delirios.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. No estoy del todo de acuerdo aunque debo reconocer que últimamente esta frase tiene todo el sentido del mundo para mí. Mirad por donde yo, sin quererlo, estreno blog, jeje...

15/6/09

Los extraterrestres NO son verdes.


-El Danubio NO es azul.
-Un diamante NO es para siempre.
-Donde comen dos NO siempre comen tres.

Si quitamos la partícula negativa a estas frases se quedan en sentencias que a casi todos nos suenan. Y del sustantivo sentencia llegamos al verbo SENTENCIAR. Palabra peligrosa. A mi alrededor las personas sentencian constantemente, tajantes, inflexibles, en voz alta, como si el tono les ayudara a tener razón. Yo no voy a ser menos: 'sentencio' y afirmo rotunda que "los extraterrestres NO son verdes". Lo sé porque yo me miro en el espejo y diría que no es el color que me envuelve. Soy extraterrestre, de lo contrario no se explica que no entienda tantas cosas. También podría ser consecuencia de una falta de actividad neuronal, que tampoco lo descarto, por supuesto, pero no lo creo.

Me ha costado decidirme a escribir sobre esto del color de los marcianos, porque puede que caiga en el error de "sentenciar", pero de todos es sabido que es fácil acabar haciendo aquello que solemos criticar. Una servidora no iba a ser una excepción. Intentaré explicarme... 

Un sábado, el pasado por ejemplo. Salgo de casa temprano. El ascensor está ocupado (como siempre) así que bajo por las escaleras. Al llegar al portal coincido con quien ocupaba el ascensor. No le conozco de nada. Ni siquiera sé si es mi vecino. La verdad, cuantos más vecinos tengo menos vecinos conozco. Le doy los 'Buenos días', una manía que tengo por las mañanas, y él, como hablándole al ombligo, parece contestarme con un casi inaudible 'Grrr' que interpreto como un saludo. Se me queda cara de póquer. Quizá va a ser que desde hoy los saludos se declaran en la renta. Me voy a la calle. Tengo plaza de garaje cerca pero he dejado el coche fuera porque entrar en él... no pudo ser. Había otro aparcado justo en la entrada y su conductor estaba en paradero desconocido. Sí. Que llame a la grúa, estáis pensando. Pero es que entre que llega y no llega seguro que el individuo se ha ido. Paso. Por tanto dejé el coche fuera. Me subo y me voy a ver a mi madre. Vive muy cerca de mi casa pero tengo que ir en coche si quiero hacer las compras que sí o sí tengo que hacer luego. Yo y mis ideas geniales. 

Me dirijo al centro para hacer unas compras. Misión imposible I. Atascos por todas partes. Bueno, por todas menos por una. Hay una manifestación que ha cortado la calle desde donde ni se ve. La escena es la siguiente: municipales cabreados; conductores cabreados; peatones cabreados. El viaje promete. Se oyen los pitidos del silbato del Municipal que está a mi lado, pero lo enmudece un claxon que casi me deja sorda del oído derecho. Del izquierdo se encarga un bebé que ante semejante barullo se pone a llorar con tal intensidad que me río yo de la Caballé. No me extraña. Decido que lo mejor es aparcar en cuanto pueda. Misión imposible II. El parking más cercano está colapsado por un piquete de la manifestación. Como puedo me cambio de carril para ir al otro que tengo próximo. COMPLETO. Cuento hasta 10. No pasa nada. Aún es temprano y en realidad no tengo prisa. Pongo la radio para no oír el ruido exterior. Música, claro, a ver si me relajo un poco. De todos es sabido que amansa a las fieras. Otra sentencia, porque esto no es del todo cierto. Si las fieras oyesen ESO que suena en la radio, acabarían descontroladas, atacando a diestro y siniestro, envueltas en una aborágine brutal de sangre y destrucción. Música como venida del infierno. Opto por cambiar y sintonizo una de noticias. Peor todavía. Que si el PSOE está en decadencia; que si el PP en bancarrota; que si lo de Cristiano Ronaldo nos hunde definitivamente con semejante despropósito financiero; que si la GRIPE A es una pandemia... etc. Me voy mejor a las noticias locales pero no mejora mucho; son noticias resesas: El alcalde que se pelea con su colega del bipartito; la asociación de vecinos "Todos juntos" se cabrea con los del botellón... Uff... Apago la radio. 
He llegado ya a la entrada del parking. Espero unos minutos y hago cola para que me timen por estar allí un ratito. Pero yo hoy me he levantado de buen humor, así pues... no me afecta. No veo sitios libres, aunque lo ponga el rótulo de la entrada; doy un par de vueltas y finalmente sale un coche. Me dispongo a aparcar; rectifico, a intentar aparcar. El mendrugo que lo hizo al lado de la plaza que ha quedado vacía ha dejado el coche en posición 'voy a tocar las narices', entiéndase cruzado. Tras un rato de maniobras de manual y sudor consigo dejarlo medianamente bien, como para poder salir por mi puerta y no por la del copiloto, ayudada por los gramos que he perdido en el intento. Pero estoy tranquila. Total, vivo a 1 km del centro y esta excursión me ha llevado SÓLO 40 minutos. 

Subo las escaleras y por fin estoy en la calle. Hace un calor de justicia en la plaza pero la refresca una fuente muy decorativa, pero un chorro algo 'despistado' me da en toda la cara. Bueno, al fin y al cabo tenía calor. Una sonrisa/mueca se dibuja en mi cara. Me voy a comprar la prensa que hay justo frente al 'parking maldito'. El del quiosco de siempre me da el periódico de siempre (ser cliente habitual tiene sus ventajas) Tardo apenas un minuto. Algo que sale bien, menos mal. Pero al irme alguien entra sin ver que salgo y... tropezamos. No sé de quién fue la culpa; yo pido disculpas pero él reza en arameo. Se ha mosqueado. En fin, yo recojo con más esfuerzo que acierto las hojas tamaño imposible del periódico. Sí. Lo habéis adivinado: no es el ABC. No tiene grapas y está hecho un cisco. Pero... no pasa nada.

Llego al súper. Está lleno de gente. Parece que todo el mundo haya decidido ir temprano a comprar (aunque claro, ahora ya no es tan temprano). Un par de cajas de cobro están cerradas. En la cafetería de al lado hay dos chicas charlando con el uniforme del supermercado. Tienen derecho. Están en el descanso. 'Pues tendremos que esperar' pienso. Pero oigo "críticas" de unas señoras porque "tienen vez en la peluquería y llegarán tarde. Inadmisible". Pienso qué tenía que comprar en el súper. Básicamente fruta. Así pues cojo un par de cosas imprescindibles y pago en la caja rápida. Me iré a la frutería de Amalia que siempre la tiene muy rica. 

Amalia abre todos los días laborables y su horario es... indefinido. Yo creo que vive en la frutería. Me acerco y la veo tras el escaparate, con sus canas impecablemente peinadas. Me ve llegar y me da los 'Buenos días' con una sonrisa sincera de oreja a oreja. Después de quejarse del calor y sus piernas hinchadas (eso sí, sin perder la sonrisa) piropea mi vestido haciendo que sonría yo, y me ofrece unas deliciosas cerezas del mismo valle del Jerte, fresas de Huelva y unos albaricoques dulces como la miel (palabras textuales). Sé que no me ha mentido porque me da a probar una pieza de cada antes de llenar unas bolsas con la fruta que (por supuesto) me voy a llevar. Le pago, le doy las gracias y me despido de ella con un ¡Hasta el lunes! a lo que me responde 'Si Dios quiere, hija...' .

Yo espero que quiera, Dios o quien sea que decida eso, porque creo que Amalia también es una extraterrestre como yo (y tampoco es verde). Con su sonrisa, su calma y su amabilidad las personas como ella hacen que valga la pena estar aquí, en esta jungla de ruídos, prisas y mal humor en la que habitamos. Me voy contenta de mis compras, a pesar de no haberlas hecho; pienso que hace un día muy bonito, mientras esquivo la moto de un jovencito que no me ha visto (?) en el paso de peatones. Hay quien 'sentencia' que cada día se aprende algo. Yo el sábado he aprendido que es mejor que la vida tenga un ritmo en el que nos quede siempre tiempo para sonreír. 

¿Os sentís extraterrestres como yo? aunque sólo sea un poquito...

23/5/09

El libro de la memoria


Una lengua de madera rodea todo lo que puedo ver a mi alrededor. Suelo, techos y paredes se confunden entre sí en una combinación perfecta de texturas y colores. Un ejército alineado de butacas, del color de la regaliz, salpican el espacio que me separa de la magia, formando entre sí varios semicírculos concéntricos...

Se apagan las luces poco a poco, como si cientos de luciérnagas traviesas jugaran al escondite. Mientras, respetuosamente, formando parte del guión, el público guarda silencio y los últimos murmullos ahogados parecen irse apagando a la vez que las luciérnagas se esconden. Los rezagados siguen entrando, intentando no hacer ruido y pasar desapercibidos. No lo consiguen. Cuando hay silencio el simple roce de un pie sobre la alfombra resulta molesto. La presencia de una orquesta invisible se adivina por los acordes discordantes de algo que no es música aunque suenen notas. Corcheas, semicorcheas y pentagramas parecen saludarnos sin el ritmo adecuado. Por fin se abre el telón, la orquesta despierta y comienza la función.

Me gusta sentir lo que siento cada vez que voy al teatro. Es como si creyera que parte de mi vida se fuera a representar allí. En cierto modo así es. Casi siempre hay algo que identifico conmigo. Una frase, una reflexión, un silencio. La vida es el teatro por excelencia, teatro puro, que no es lo mismo que decir que es puro teatro. Así de revoltosos son los adjetivos según dónde se nos presenten en una frase. La vida es una secuencia de escenas encadenadas que conforman una obra más o menos extensa. El género: indefinido. Hoy toca comedia, mañana drama, incluso un musical, ¿por qué no? De todo un poco. Es lo más probable. Nos vestimos cada mañana queriendo ser actores principales. A veces seremos simples secundarios. Otras meros espectadores. Delante del público, o detrás de las cortinas cada uno de nosotros forma parte del espectáculo.

En esta historia sin título que es nuestra vida tal vez nos hagan llorar por exigencias del guión, y nos duela, y nos abrumen los problemas; tal vez los sueños, como decía Calderón, se vayan quedando sólo en eso, en sueños. Los días a menudo serán cortos, algunas noches eternas; puede que el dolor nos persiga, o lo que es peor, nos alcance; que las alegrías sean esquivas, y el pasado más doloroso esté presente, mientras el futuro te observa, pusilánime, desconfiado y huidizo, aburrido de no llegar nunca porque no le dejas un hueco ni le marcas caminos en un mapa que te empeñas en no abrir. Puede que el tiempo pase mientras no pasa nada más que el tiempo. Que los deseos se diluyan y las sombras de la noche atraigan todos los miedos, y nos lleven impasibles al borde del vacío en días alternos. Aún así la obra continuará. Contigo o sin ti. Se abrirá el telón para continuar esa obra sin argumentos que cada día se representa ante tus ojos.

Tengo que dar las gracias por estar, y por poder estar, y sobre todo porque cada día pueda formar parte de ese maravilloso espectáculo. Doy las gracias porque en la concha del apuntador no hay nadie y soy libre de elegir qué frase va a continuación, sea o no sea la adecuada, y también podré elegir la banda sonora, y qué nota tocará la orquesta en cada momento. Aunque desafine la orquesta sé que tocará para mí. Puede que necesite muchos ensayos, que no estrene la obra mientras no esté segura de que el desenlace será el deseado, o que me arriesgue e improvise. Haz lo mismo que yo. Si te decides, si te atreves, y cierras los ojos y en lugar de esperar a escribir guiones maravillosos te conformas con guiones admisibles es que has decidido vivir. Pues vive todo lo que puedas, pero haz intermedios. Todos necesitamos descansar. Pensar. Callar. Es en ese paréntesis donde los silencios dicen más que todas las escenas escritas.

Quizá incluso tengas éxito y oirás aplausos. Mira a tu alrededor y escucha atento porque, si te concentras lo suficiente, los escucharás y son todos para ti. Pero sé humilde. No somos dueños del pasado ni del presente ni del futuro, sólo somos sus testigos. No quieras estar bajo la luz de los focos todo el tiempo. Estar en la penumbra puede ser muy apetecible. Cuando algo te deslumbra no ves lo que hay frente a ti, y todo lo que pase te lo perderás. Si la historia no te gusta, no tengas miedo de cambiar de guión ni tachar lo que esté mal escrito. Busca en todas partes, en cualquier lugar, y acepta todos los decorados, incluso aunque no sean los más vistosos. Los arcos iris más bellos necesitan de las nubes. Si te quedas sin argumentos de repente, no te preocupes. Acude al libro de la memoria. Muchas veces los mejores textos están escritos ya ahí.

Para algunos el telón no se abrirá nunca, se pasarán toda la obra entre bambalinas, bien queriendo hacerlo, bien porque no han tenido la posibilidad de elegir. Si te toca ese papel no lo rechaces, porque en este teatro sí que es cierto que lo importante es participar. Intenta mejorar, ensaya, destaca entre los demás para que quien dirige todo esto se fije en ti, pero no envidies a aquellos que siempre salen en los carteles. Como decía Bonaparte, un admirado personaje para mí, 'La envidia es una declaración de inferioridad'. No te sientas inferior. Nunca.

Ayer he ido al teatro. Como siempre que lo hago recuerdo que hace mucho tiempo, como tantas otras niñas, también quería ser artista. Me he quedado en espectadora y no lo soy, pero ¿importa mucho? creo que no. En cierto modo, a medida que el tiempo pasa y me separa de mis sueños de infancia he llegado a pensar que algo de artista tenemos todos, porque el simple hecho de vivir ya es todo un arte.

Cuando eras un niño y creías que todo es posible ¿qué querías ser de mayor?

5/5/09

Érase una vez...

Érase una vez una tarde luminosa. Caminaba despacio, como se camina cuando no tienes prisa por llegar y te mueves lenta, tan lenta que tus pies parecen acariciar el suelo en lugar de tocarlo. Eran casi las cuatro. 'Me queda más de una hora' - pensé -. Con tantos minutos excedentes decidí que lo mejor era hacer tiempo. ¡Qué paradoja! El lenguaje es tozudo a veces y nosotros unos engreídos. Me sobraba una hora y me puse a hacer tiempo. Los humanos y sus maravillosos poderes. Como si el tiempo se pudiese hacer. Todo el mundo sabe que es él quién te hace a ti, a base de días vividos e instantes malgastados. Sin pensarlo apenas mi cuerpo decidió que se iba a pasear conmigo. Me dejé llevar, sin resistencia ni destino concreto, y acabé alejándome del barullo del centro de la ciudad.

Hay un paseo fluvial muy apetecible donde yo vivo. Podía caminar un rato por allí e ir andando a la cita de las cinco. Me pareció una buena idea. Llegué enseguida y me puse a observarlo todo. El río discurría manso, calmo, como dormido. Normal. Se despertaba de la siesta.

Mi río no es navegable, pero tampoco inútil. A escasos metros de mí estaba siendo recorrido por una pareja de elegantes y presumidos cisnes que parecían caminar sobre sus aguas de un color indefinido, difuso y molesto. Enfrente encontré el motivo: el sol brillaba sobre él, imponente y lejano, hasta convertirlo en una inmensa y curvada bandeja de plata. Decidí alzar la vista. Sobre ese sendero de agua el cielo era de un color azul blanquecino. No. Quizá era blanco desteñido en azul. Las nubes parecían estelas de aviones invisibles. No. Quizá las estelas de aviones parecían nubes. No es relevante. Lo cierto es que, fuese como fuese el techo sobre aquel camino acuoso, era el paraguas de una tarde perfecta. La luna se mostraba esponjosa. Tenía un mordisco. 'Probablemente ha sido el sol, por haberte asomado demasiado pronto'. Me reí de mis propios pensamientos, como tantas veces, y seguí mi paseo involuntario.

De repente oí tu nombre. Me giré. Te busqué con la mirada, pero no te vi, ni vi a quien pudiera nombrarte. Aparentemente allí no había nadie más que yo. Me asusté y descubrí que, como un latigazo, me escocía el corazón. Así debe de ser cómo escuecen las llagas de la añoranza. Menos mal que mis inseparables gafas oscuras escondieron unos ojos empañados en nostalgia y empeñados en derretirse sin mi permiso. Los ojos derretidos no funcionan, así que los míos dejaron de hacerlo. No veía nada en el exterior. No había río, ni sol, ni luna, ni cisnes elegantes. No había un techo azul, ni blanco, ni nubes. Ya sólo veía, como en un barrido de imágenes imperfectas, escenas efímeras, momentos, lugares y tu cara en todas ellas. Sin saber muy bien cómo conseguí que se paralizasen. Y ahí estaban: unas zapatillas de baile azules, tus mejores zapatillas. Y pude verte girar como una peonza, insegura, buscando el equilibrio (sin conseguirlo) de un cuerpo demasiado desgarbado y flaco, pero con una mirada triunfal por ser la dueña de aquellas bonitas zapatillas. Las mías eran rosas. Tú siempre te reías por eso. Sí. Mi madre siempre fue más cursi que la tuya.

Durante un rato me acompañaste. Tú estabas allí junto al río, bailando a trompicones. Oía tu voz: "Nunca podré hacerlo bien" - insistías cada tarde, derrotada. No fue así. Bailabas mejor que yo. Me imaginaba a tu lado, como tantas otras veces, camino de nuestra clase de ballet. Yo iba sola desde mi casa a la tuya, a unos pocos metros. Me esperabas siempre en la acera, sentada en aquel murete de una obra eternamente inacabada. Luego poníamos rumbo a la academia. Así durante muchos años. Muchos. Un día cambiamos la academia por la discoteca, pero seguimos bailando juntas. Lo hemos hecho desde muy niñas y hasta hace muy poco.

Seguí caminando sin darme ni cuenta, pero dejé de verte bailar cuando oí mi nombre. A la vez, desapareció tu imagen y volaron tus zapatillas azules. Eran ya las cinco y casi había llegado a mi cita. Mi amiga me encontró cerca de la terraza en la que habíamos quedado. "¿Has venido caminando?" - me preguntó - Le mentí. Le dije que sí. Para qué explicarle que no, que en realidad había llegado bailando, acariciando las calles, casi de puntillas, y contigo a mi lado.

En ese momento caí en la cuenta de que, aunque me sobre una hora, y aunque me ponga a hacer tiempo, no puedo conseguir lo que me gustaría, que es regalártelo a ti y así poder verte girar sobre aquellas zapatillas azules, riéndote de mis cursis zapatillas rosas de niña pija. No pude evitar enfadarme un poco al pensar en lo injusta que es a veces la vida. Debería estar prohibido irse así, sin un último baile ni un tiempo de despedida. Debería ser un derecho despedirse y una obligación acudir al abrazo de quien se va. ¡Quién sabe! Tal vez también por eso para mi serás siempre inolvidable.

PD: Dedicado a Cris, mi compañera de baile (y de pies doloridos) durante tantos años quien, a pesar de que siempre llegaba tarde, se ha ido demasiado pronto.

19/4/09

Escribo con lápiz


Cada loco con su tema: yo escribo con lápiz. Hago la lista de la compra con lápiz; dejo notas en post-it a lápiz; escribo algo para el blog y lo hago con lápiz en una libreta... 'No tiene ninguna importancia' - pensaréis. Cierto. Es simplemente una manía. El post de hoy va sobre eso, sobre manías. Pero las manías de verdad, no los hábitos, que de esos tenemos todos. Para entendernos: para mí una manía es un hábito que se ha 'radicalizado'. Pues de eso os quiero hablar. Y un aviso importante: este post es muy largo, incluso para ser mío. No leer sin ganas/tiempo/paciencia o incluso sin que se den todas las condiciones a la vez.

Es domingo y yo le tengo manía a los domingos. No sé el porqué. No hay un motivo aparente, porque no siempre lo hay, aunque nos empeñemos en buscarlo, simplemente no me gustan. Lo pensé hoy. Me levanté demasiado temprano para no tener nada que hacer y oí el 'sonido' de los domingos por la mañana, ese sonido raro de día de tránsito. En ese preciso instante pensé: 'Creo que soy una maniática...'

Me puse a desayunar. Me gusta hacerlo con toda la parafernalia posible. Nada de un café bebido de pie, como escapando de la cocina. Me encantan los desayunos 'de rico'. A saber: un zumo recién exprimido; café express; tostadas con mantequilla (con sal, claro); fruta... y mucho tiempo. Es delicioso empezar así el día (aunque sea domingo) y de hecho por la semana intento hacerlo, aún a costa de quitarle minutos al sueño. En la mesa de la cocina tengo un frutero. Mientras me tomaba una riquísima tostada observé de reojo la poca cantidad de fruta que había. Inmediatamente pensé: 'Tengo que comprar fruta mañana'. No soporto ver un frutero sin fruta, como no soporto ver una librería sin libros, y las hay... Han sido invadidas por un ejército singular y heterogéneo de (horrorosas) figuritas de porcelana, cajas, abanicos y demás objetos, a mi parecer, totalmente inservibles y bien poco decorativos. A ésas también les tengo manía. Mi madre las tiene/tenía en casa. De cuando en cuando yo hago un entierro colectivo. " ¡Vaya! - me dice - ¡faltan unas figuritas de aquel estante! y, claro, me mira A MÍ, entre risueña y enfurruñada. "Sí- le contesto- Lo siento, mamá. Se me han caído cuatro de ésas al limpiar". Al principio se enfadaba muchísimo. Normal. Teniendo en cuenta que una chica iba cada dos días a casa a limpiar, que yo lo hiciera también era "innecesario". Pero, en parte por no discutir y en parte por aburrimiento, ahora me dice, resignada: "Qué manía tienes, hija" Pues será verdad, pero yo defiendo que, si asumimos el valor de esas figuritas y lo que nos cuesta la chica que viene a limpiarlas, nos sale más a cuenta tirarlas todas. Tal vez en el fondo cree que tengo razón, pero no me lo dice...

Terminé el desayuno. Tiré las mondas de las naranjas recién exprimidas al cubo de la basura orgánica. En casa tengo tres cubos de la basura por culpa de otra manía heredada de mi madre: reciclar. Sí, de entrada puede sonar bien, es muy moderno, ecológico y necesario, pero es que reciclar es una manía como otra cualquiera. Ocupa mucho espacio y tiempo. Yo, día sí, día también, bajo bolsas al contenedor (nunca se llenan a la vez, las malditas). Algunas veces me encuentro con la tarea de destripar una caja que tiene plástico, papel y cartón y algún que otro objeto extraño que no sé muy bien ni dónde debo colocarlo. Ése va siempre al de orgánica. Ante la duda, se destruye y punto. Así pues limpié lo poco que he manchado y dejé la cocina impoluta. Otra manía: el orden y la limpieza. Necesito orden a mi alrededor. Será porque mi cabeza es un caos, y así lo compenso. Si veo algo que no está en su sitio me pone nerviosa. Tiene que quedar ordenado. Antes de irme de la cocina me bebí un vaso de agua y pensé: 'Puede quedar ahí para luego'. Pues no. Mientras lo pensaba ya lo había lavado y recogido. Soy un monstruo.

Inmediatamente me fui a la ducha. Cuando acabé eché un vistazo: todos los botes que usé estaban cerrados. Bien. Antes de vestirme arreglé el cuarto. Poco tiene que arreglar, pero la cama quedó maqueada, con los cojines en su sitio. Mi cuarto debe quedar perfecto antes de salir de casa. Es impepinable. Siempre. En realidad no es necesario y yo lo sé, pero es igual. Es una manía...

Me llamaron por teléfono esta mañana. Que si quiero ir a tomar algo después de comer, me dicen. Contesto que sí. Me encanta salir. Lo cierto es que estoy más en la calle que las papeleras. Quedamos en una terraza. ¿Una terraza en estas fechas? Sí, supongo que puede sorprender viviendo en el Norte, pero aquí hace un día precioso. De hecho, hay muchos días preciosos. Vivo en el Sur del Norte, eso es una ventaja, climatológicamente hablando. Os digan lo que os digan, NO siempre llueve en Galicia. Diréis: eso no viene al caso. Pues sí que viene, sí. Hoy hace un sol radiante, por tanto no puedo olvidarme de las gafas de sol. Siempre van conmigo. Aunque el día esté nublado mis gafas me acompañan. Es que tengo los ojos sensibles. ¿O es otra manía? qué sé yo...

Esta tarde, al ser una tarde aburrida de domingo, tal vez aproveche para ir al cine. Otra odisea. En el cine busco asientos centrados (tanto a lo ancho como a lo 'alto') pero casi siempre llego con el tiempo justo, por lo que normalmente escucho: "No hay, salvo en las filas del final" . Lo canta esa voz distorsionada de una muchacha en una especie de jaula espacial, con cara de pocos amigos, que digo yo que, viéndola, parece que no le paguen por estar allí. 'Vale- le contesto - pues entonces el que quede más centrado" Y allá me planto, en la fila 20, a tomar por saco. Para que os hagáis una idea, como cuando en un avión váis en asiento de cola, pues similar. Me pongo las gafas de ver y digo: 'Qué manía tengo. Estoy demasiado arriba. ¡Si desde aquí estoy tan lejos que confundo hasta a los protagonistas!'.

Mi vida está plagada de manías. Lo sé. Y éstas son las de todo el año, como digo yo, porque también hay 'las estacionales'. En verano tengo alguna más. En la playa, por ejemplo, busco un hueco para tumbarme cerca de la orilla. Me encanta la playa pero odio achicharrarme. Si la marea está subiendo, y las mareas aquí son increíblemente puñeteras, me paso todo el tiempo vigilando la toalla. Si estoy tumbada no hay problema. Los pies me avisan de que se acerca el peligro. Pero como estar llenita de arenas me molesta (vaya, ¿otra manía?) y en mis playas habituales la arena es muy fina, estoy más tiempo ejerciendo de sirena que de lagarto. Pues ahí nace otro problema. Entre chapuzón y chapuzón a menudo tengo que ir corriendo a mover el chiringuito, que se me inunda. Un estrés. '¿Por qué no me pondré más arriba?' - pienso, cabreada. Pero no hay solución. Al día siguiente iré y de nuevo me pondré en la orilla. ¿Por qué? pues porque tengo esa manía...

Voy a subir el post de una vez, porque a medida que escribo se me ocurren más y más manías. Además, debo irme si no quiero llegar tarde. Lo habéis adivinado. No soporto la impuntualidad, por eso cuando quedo con alguien intento siempre llegar a la hora, ni antes ni después. No me gusta nada esperar. Cuando quedas con una sola persona la amenazas y ya está. 'Si en 10 minutos no llegas, me voy'. Y llegan, claro que llegan. Saben que, a no ser que se les haya incendiado la casa o catástrofe similar, me iré. Pero cuando quedas con más gente entonces ya es imposible. Siempre hay quien se aprovecha. Como hay más gente, quien sea que ya haya llegado, no estará solo. Claro, si quedas para charlar, no importa, pero si quieres picar algo es un rollo. Por desgracia la velocidad del grupo es la del más lento y mi grupo de amigos no es muy veloz...

Me voy ya, y me da coraje porque no me ha dado tiempo a repasar las faltas de ortografía y los acentos, que es otra manía que tengo. Sí, decididamente soy una maniática. Y vosotr@s, ¿tenéis manías 'confesables'? Pues contádmelas. Prometo que las leeré con atención, y prometo también no buscaros las faltas en los comentarios.

PD: Otra manía que tengo: NO ser breve en mis post. Pero no os quejéis, que por eso escribo tan de tarde en tarde ;)

2/4/09

Nada en la maleta

¿Os gusta viajar? A mí me encanta, a pesar de todos los inconvenientes, que los tiene. Normalmente es cansado y el regreso implica un par de días de depresión inevitable con la vuelta a la rutina, pero ya sabemos que en la vida casi nada es gratis. Cuando viajas con mucha probabilidad te traerás, además de algunas fotos, incidentes desagradables, imprevistos, esperas interminables y problemas, llamémosles, logísticos. Date por satisfecho que te ocurran en algún lugar en el que entienden tu lengua materna. No resulta sencillo explicarle a un checo con poco dominio del inglés y mucha prisa que tu maleta no estaba rota cuando salió de casa, mientras te mira con cara de "A ver si dan las dos que yo me tengo que ir".

Me declaro trotamundos frustada y mochilera en potencia, ahí es nada. Luego, por circunstancias, he de reconocer que mis viajes han sido más bien cómodos y sibaritas. Me explico: no me he ido a hacer montañismo cerca del Himalaya ni recorrí en barco, muertita de frío, los alrededores del Perito Moreno; tampoco salió al final esa expedición en Kenia rodeada del color naranja de los atardeceres de África (y mil mosquitos), pero es lo que me hubiera gustado. Al final, más por un problema de tiempo/dinero que por intencionalidad, acabas haciendo un combinado de "Conozca TODA Italia en 15 días", "Vacaciones románticas en París", "Londres en Navidad" y "Los Países del Este: un mundo por descubrir" pero siempre quedan esos otros viajes soñados en "pendiente de archivo". Yo soy lenta de archivo pero lo tengo muy bien ordenado. El día menos pensado y, valga la redundancia, sin pensarlo mucho, sacaré la carpeta de uno de esos viajes. Así, inesperadamente, es cómo surgen las ideas más arriesgadas, pero también las más divertidas...

Estos días, cerca, muy cerca de las vacaciones de Semana Santa, se habla, entre otras mil cosas mucho menos agradables, de viajar. Cuando viajo disfruto, casi tanto como con el viaje, con los preparativos, y no sólo me refiero a todo eso de dónde dormir, qué ver y cuánto cuesta, sino también lo de cerca hay, no dejes de visitar y desvíate para ir a... sin que te timen. Si haces un viaje de 300 kms da un poco igual que se quede algo atrás, pero si le añades un cero la cosa es evidente que cambia. Intentarás hacer todas esas visitas que no están en las guías sino en la memoria de quienes han ido antes que tú.

Esta Semana Santa la cosa pinta fea para esto de viajar. Dicen que habrá básicamente "turismo nacional", ya sabéis, trayectos más bien cortos: ciudad/costa, ciudad/montaña, montaña/ciudad, montaña/playa... etc, pero también está, indudablemente, el que yo llamo turismo familiar: tú visitas a tu prima Pepi y tu primo Luis visita a tu hermano. Pero claro, incluir la visita que yo pueda hacer a mi familia de San Sebastián ¿se considera turismo en las estadísticas? pues seguro... bueno, ¿y por qué no hacerlo? al fin y al cabo un componente muy importante en la percepción que tenemos de cómo va el mundo tiene carácter psicológico. Bien nos viene un poco de optimismo en momentos como el que estamos viviendo.

Me gusta viajar. Implica conocer otras costumbres y aceptarlas, ver gente nueva, disfrutar de la gastronomía, de otras ofertas culturales, callejear y "husmear", y es que creo que el buen turista es, en el fondo, un poco cotilla. Venga, ¿suena mejor curioso? pues curioso. De aquellos sitios en los que decido pasar unos días, sean muchos o pocos, sea cerca o lejos, prefiero ir con lo justo o casi nada en la maleta para volver con ella bien cargadita de recuerdos. Si al final la pierden en algún aeropuerto, el 'vacío' que sentiré al llegar será muchísimo menor.

Si salís, buen viaje y felices experiencias, y si no: ¿cuál sería vuestro viaje soñado de unas mini-vacacaciones?

19/3/09

¿Y si fuera cierto?


Recuerdo desde muy pequeña que el día del Padre solíamos comer fuera, no exactamente por ser el día del Padre, sino porque a veces era festivo y además el santo de mi abuelo paterno. Siempre que podíamos nos íbamos al pueblo natal de papá, en la costa coruñesa, a pasar el día. Una vez allí él se las ingeniaba para encontrar un puesto o kiosko en el que vendiesen globos de colores. A mí me encantaban. Mi favorito: el rojo. Me pasaba ese día "atada" a un cordel de un globo enorme anudado en mi muñeca de la mano izquierda. Con la derecha me tenía que comer las chuches.

Si bien alguno de esos globos explotaba estrepitosamente por un uso indebido, otros tantos simplemente desaparecían de mi vista volando imparables hacia quién sabe dónde a causa de un descuido o de un nudo mal anudado. Nadie sabía decirme con exactitud dónde acabarían, nadie excepto mi padre que, muy imaginativo, me contaba como si de "un gran secreto" se tratase que, probablemente, estarían en algún lugar allá arriba con el resto de los globos perdidos. Yo me lo creí al principio. Sonaba divertido. Poco a poco ante semejante ocurrencia pensé que mi padre, simplemente, estaba chiflado, y me reía de él.

Vi este video hace un tiempo y pensé ¿y si fuera cierto? ¿y si mi padre tenía razón? Sea como sea, siento haberme reído de él porque está claro que no era el único que creía esto.



15/3/09

Mi "Banco de Sonrisas"


Ya hace dos años..., o sólo hace dos años. Dos años no es nada..., ¿o es mucho tiempo? Supongo que, como casi siempre, depende. Sea mucho o poco no soy consciente de que hayan pasado ya. Pero sí, ya hace dos años. En ese tiempo sucedieron muchas cosas. En el mundo, ahí afuera, por descontado que han pasado. Unas malas y otras, quizá no tantas, buenas. Pasan cada día, cada minuto pasan cosas. También han pasado en mi vida, de las buenas y de las malas, y en las vuestras, seguro, incluso en la de aquellos que no han visto ni una de esas sonrisas que yo regalo/comparto/presto desde entonces.

Mi primera entrada en el blog apareció por aquí en forma de sonrisa. Está en mi mensaje de bienvenida, de hecho ES mi mensaje de bienvenida, ése que está ahí, a la derecha, justo encima de los atardeceres de quita y pon. Aún hoy me pregunto por qué dejé una sonrisa como primer post. Lo normal supongo que sería un "Hola" o un "Quería presentarme y desearos paciencia porque voy a escribir" o nada, simplemente escribir. Pero no, voy yo y regalo una sonrisa. Yo y mis tonterías, yo y mis desvaríos, yo y mis regalos intangibles que tanto me gusta hacer.

No sé cuanto tiempo más repartiré sonrisas. No lo tengo planeado. He aprendido, a base de planes fallidos (o de fallos planificados) a planear lo justo y a muy corto plazo. No, no he dejado de hacer planes, no es eso. No entiendo la vida sin objetivos, sin metas, sin deseos ni sin sueños. Pero sí confieso que, cada día más, intento moderar las expectativas que pongo en las cosas. Por sensatez y por economía sentimental. Duelen menos los errores cuando estás preparada para afrontarlos.

No sé si tiene futuro aquí este Banco de Sonrisas, si la un blog es el sitio más adecuado para tener un banco de estas características. Tampoco sé (vaya, ¡qué derroche de ignorancia el de este post!) si escribiré mucho o poco a partir de este mes de marzo de dos años después. Desconozco el porqué sigo escribiendo aquí, aunque es probable que la respuesta correcta sea la más sencilla: me gusta hacerlo. Eso debe de ser. Y es que a veces a las cosas no hay que darles muchas vueltas. Es cierto que no mejora mi forma de escribir aunque pase más tiempo aquí, pero también lo es que el tiempo resulta más agradable. Así pues, me quedaré por ahora. Mientras yo esté sonará la música y no apagaré la luz nunca, porque a veces la luna mengua y tengo que dejar pistas para que podáis llegar. Mientras esté habrá una sonrisa cada día; y mientras haya algún lunático que se acerque por aquí y asome la nariz, habrá para él una sonrisa. Si un día decido que no hay por qué sonreír, cosa que dudo, os avisaré. Y si eso ocurre, no os preocupéis, también lo haré con una sonrisa.

Hoy, más de dos años después de la primera vez, también os envío una sonrisa, aunque hoy, como entonces, no sepa muy bien el porqué sonrío tanto. Sólo una condición, al fin y al cabo, esto es un banco: mis sonrisas son sonrisas "con intereses". Lo pondré a un tipo nominal bajo, digamos al 2% (por eso de la crisis). Ese 2% es sobre el capital de sonrisas que yo os he cedido durante estos dos años. Ya, sé que son muchas sonrisas, pero no os preocupéis, se admite pagar en cómodos plazos, aunque, eso sí, hay que pagar: no quiero morosos en este banco.

Más vale tarde que nunca, eso dicen, así pues os doy la bienvenida a mi banco de sonrisas, y os doy también las gracias por estar (todavía) ahí, y esto último, tranquilos: es "a fondo perdido". ..