23/8/09

¿Me das un beso?


Es una frase que he oído y dicho muchas, muchas veces. Tod@s nosotr@s, supongo. Hay frases que se repiten hasta la saciedad y que son independientes de la edad, la situación social, posición económica, preferencias políticas o tamaño del coche familiar. Ésta podría ser una de ellas.

Siendo una niña muy muy pequeña (calculo que aún no tendría cinco años) esa frase era la favorita de aquella anciana que vivía en la casa del al lado a la de mis padres. Doña Gloria se llamaba. La buena mujer me adoraba, eso decía mamá; en principio no debería ser un problema pero lo era. Invariablemente al verme se dirigía hacia mí y, en dos segundos, me estrujaba la carita entre sus manos. De pronto mis labios se comprimían hasta parecer la entrada a un túnel minúsculo dentro del cual asomaban unos incipientes dientecitos. Con mucho cariño (pero poca delicadeza) me plantificaba en todo el moflete un beso que me tenía que 'secar' mi madre disimuladamente para que no fuese mi mano la que lo hiciera. Bastantes años más tarde, cuando yo ya era una chiquilla adolescente, esas mismas palabras las oí en boca de mi primer y tímido enamorado. Con la experiencia que dan los años, sé que era más tímido que enamorado. Soltó esa misma frase de sopetón, con miedo, como si fuese lo más ofensivo que un niño te podía decir, como si esperase una torta en lugar de una respuesta afirmativa. Siempre he pensado que si hubiese tardado mucho en contestar él ya no estaría entre nosotros. Llegaría a diluirse hasta desaparecer detrás de esa máscara roja que representa a la vergüenza de los niños. Y, por último, estaban esas situaciones tan caseras basadas en el peloteo, como cuando a papá le quería pedir Dios sabe qué y en lugar de ser explícita empezaba un muy poco sutil "ataque sentimental" al más puro estilo de "Sonrisas y lágrimas" Al final papá, más vencido que convencido me decía: Bueno, pero si me das un beso...

Seguro que hay muchas otras ocasiones que podrían servir de ejemplo. Sin embargo, creo que ya es suficiente. La cuestión es que parece ser que esa frase tiene fecha de caducidad. Todo por culpa de un virus con nombre de bombardero ruso (nunco me aclaro dónde va la H y dónde la N osea que, por no buscarlo, ni lo pongo, que estoy vagonetas) Ahora los besos son peligrosos. Lo mejor para evitar incidentes es, sin duda, el Método 'porsiacaso'. Me explico:

Cuando alguien nos presente a alguien 'por si acaso' le tendremos que dar la mano amablemente y luego, discretamente, ir a lavarla ; si alguien estornuda en nuestro cogote 'por si acaso' iremos corriendo a buscar una ambulancia, no sea que esté enfermo y nos haya contagiado. Si un día nos duele mucho la cabeza, tenemos tos y fiebre se acabó eso de echarle la culpa a los famosos cambios de temperatura entre el despacho y los pasillos de la oficina, conversación típica de máquina de café; nos iremos INMEDIATAMENTE a pedir la baja, 'por si acaso'... Eso si nos nos envía a casa de vacaciones el jefe, que también podría ser...

He reconocido abiertamente en muchas ocasiones que yo soy besucona. Las personas que me conocen lo saben. Beso a las personas que conozco si me las encuentro por la calle; beso a mi madre cuando la voy a visitar, al llegar y al irme; beso a mi sobrino cada vez que lo veo hasta casi borrarle el color de la cara; beso a las personas que acabo de conocer si hacen el gesto de un acercamiento y beso a discreción si a alguien le tengo cariño. Lo hago sin pensarlo, 'me sale' así. Conclusión: pertenezco a un "grupo de riesgo" del que se han olvidado las autoridades sanitarias, políticas y demás informadores víricos.

Me temo que a mi edad las virtudes y los defectos ya están enquistados en mi personalidad. No creo que vaya a conseguir grandes cambios, por lo que lo más probable es que siga siendo besucona hasta que me muera. Ahora que lo pienso, incluso puede que me muera por serlo.

¿Es necesario todo esto? No lo tengo claro. Habrá crisis económica aunque no hablemos de ella hasta la saciedad, como hace no mucho; hay terrorismo internacional aunque no ocupen ya más que un par de minutos en los td; hay guerras interminables e incomprensibles en demasiados puntos del planeta; hay sicarios en Colombia y Camorra en Nápoles; también hay hambre en África, y en la India..., y en Madrid. Lo que no se cuenta es como si no pasase, así funcionan las cosas, pero una cosa es contar las cosas y otra muy distinta es contar lo que nos interese. Soy una total desinformada en todo este asunto, sólo hablo por lo que he leído o visto en televisión, como casi todo el mundo, pero... no lo entiendo.
Tengo un par de amigos médicos que tampoco entienden todo este revuelo. Critican esta política de contar lo que interesa y lo que no, ocultarlo. Ejemplo: "El Sr X, contagiado de GRIPE A, tenía enfermedades graves previas que complicaron su salud hasta provocarle la muerte" ¿Qué enfermedades previas?.- se preguntan mis amigos, porque, obviamente, si se muere un enfermo terminal de cáncer por una gripe tampoco es tan raro...

Se hacen estadísticas de infectados actuales, de futuros infectados; estadísticas de muertos reales, de muertos previstos; estadísticas de vacunaciones necesarias, de conjunto de población en riesgo... etc. Demasiados números para una gripe con nombre de letra, ¿no?

No sé de qué va esto y, como no sé, no entiendo nada. A mí lo que realmente me gustaría es que alguien por un momento se pusiera a hacer las estadísticas que realmente importan; hay una enfermedad llamada Anorexia que puede ser mortal que es la que sufren aquellos que no comen todos los días, pero también está esa otra mortal necesariamente sufrida por aquellos que, simplemente, no tienen qué comer; hay quienes no duermen todos los días, pero también están los que no tienen dónde dormir. No hablemos tanto de cuántos se han muerto por esta 'gripe destructiva' y centremos esos 10 minutos diarios de los informativos en aquellos otros que están ya tan débiles que una simple gripe, (se llame gripe estacional, aviar o porcina) los condena al más allá...

Tal vez sea una inconsciente pero lo cierto es que pienso que sería una pena que por culpa de este virus llegue un día en el que la princesita del cuento no pueda convertir a la rana en su príncipe azul. Me niego a cambiar el cuento.

Sólo me queda haceros una pregunta: Vosotr@s, ¿seguiréis dando besos o utilizaréis el método 'por si acaso'?

4/8/09

Viaje a ninguna parte



(vista de las vías y rampa de selección
desde la torre de vigilancia)

Oswiecim, Julio 2009

Cracovia, 1942.

Ni siquiera importa cómo me llamo porque en breve seré sólo un número, así pues ya ni me presento. Me espera una vida nueva, un trabajo y un nuevo 'hogar'. No es del todo cierto, pero prefiero pensar así. Sea como sea no es opcional. Si soy optimista pienso en que podemos llevarnos a nuestras familias con nosotros y ni siquiera tendremos que preocuparnos por encontrar un lugar donde vivir ni hacer una (casi seguro) incómoda mudanza. Debemos, eso sí, llevar nuestras pertenencias más queridas y/o valiosas (que no siempre son las mismas). No tenemos que pagar el viaje porque se pone a nuestra disposición el medio de transporte habitual en nuestro tiempo: el tren. No viajaremos en primera clase pero, habida cuenta del coste cero que nos supondrá, es más que suficiente. El viaje comienza muy temprano, de madrugada, y lo iniciamos sin apenas haber dormido. Llevamos a rastras, buscando un difícil equilibrio, maletas, fardos, bolsas e hijos. El tren, inmenso, está a punto de salir y tenemos que entrar apresuradamente. Imposible encontrar un asiento porque no hay. Demasiadas personas hacen el mismo trayecto o el vagón es demasiado pequeño. Son los inconvenientes de viajar gratis. No podemos protestar.

Parece que ya estamos llegando, aunque no se ve la estación. Debe de estar tras esa torre de ladrillos. Llueve en Birkenau. Antes de parar por completo el tren compruebo que hay varios hombres esperándonos. Será para organizar el traslado y hospedaje. Parece que aquí está todo bajo control, por todas partes hay hombres informando de qué hacer en cada momento. Me tranquiliza saberlo. Tenía miedo de extraviar el equipaje pero, tan pronto bajamos, nos hacen etiquetar con nuestros datos personales todos los bultos que hemos traído. Luego los hombres uniformados nos los harán llegar. Somos muchos, no me había imaginado encontrarme con tanta gente aquí. Pero esto es muy grande, no alcanza la vista donde acaba, así que no habrá problemas de espacio. Hay personas por todas partes, de todas las edades, y niños, también hay muchos niños. Me alegra saberlo porque temía que pudieran aburrirse aquí. Nos dirigen hacia los barracones situados a la izquierda de la Torre. Nos informan de que será nuestra nueva residencia y nos avisan también de que antes debemos pasar a recoger la ropa de faena. En el camino nos vamos encontrando con decenas de personas a nuestro alrededor, algunos en cuadrillas de trabajo ya uniformados, y otros, que parecen ser los que mandan, organizando grupos que parece que, como nosotros, acaban de llegar. Al llegar a un edificio largo y estrecho oímos a alguien decir que hay que darse una ducha y cortarse el pelo. Dice que es para evitar contagios o infecciones. Parece razonable. Somos demasiados aquí y una ducha caliente nos vendrá muy bien después de un viaje tan largo e incómodo. Los más pequeños empiezan a estar cansados y los lloros, contagiosos como la risa, rompen el silencio tan pesado que nos rodea aquí. Resulta extraño pero, ahora que lo pienso, y aún a pesar de haber tantas personas, en este lugar hay sobre todo silencio. Delante de mí una madre consuela a un niño, sollozando de hambre o sueño o ambas cosas: "Pronto podrás dormir" le susurra, dándole un beso en la mejilla. Antes de que sus labios toquen la piel suave del niño se apagan todas las luces. De nuevo, sólo se oye al silencio.


Llovía en BIRKENAU cuando hice esta foto. Creo que no podía ser de otro modo. El silencio brutal e inmenso que hay allí te cala los huesos y el alma. Mientras intentaba que mis ojos abarcasen de un vistazo un terreno demasiado grande llovía afuera. Tuve la extraña sensación de que allí debería llover siempre, como si en una especie de homenaje póstumo fuese obligatorio que llorase el cielo para borrar tanto dolor.

He estado de vacaciones. En esta época siempre que puedo hago un viaje. Esta vez el destino ha sido Polonia. No estaba entre mis prioridades inmediatas, pero surgió la posibilidad y me apunté. Ha resultado ser un viaje fascinante, lleno de silencios y susurros, de luces y sombras, y sobre todo de colores. De rojo los castillos que aparecen como gigantes en casi todas partes, de mil colores las fachadas en sus ciudades llenas de historia e historias, y de verde el paisaje que tanto me ha recordado a mi tierra, verde como la esperanza de sus gentes y los lagos que salpican sus llanuras. Los polacos son alegres, amables y educados, ruidosos y muy callejeros; están muy cerca en el mapa pero muy lejos del carácter seco de sus vecinos checos o rusos y sonríen todo el tiempo. Será que quieren recuperar tantas sonrisas borradas a golpe de bombas e invasiones, será que no hay nada mejor para secar el llanto que el soplo de una sonrisa.

Sé que una estancia de apenas 10 días no es suficiente, que no permite sentencias, que ningún pueblo, ninguna cultura, ningún país con tanta historia a sus espaldas se puede conocer mediante excursiones más o menos programadas. No basta con comer lo que ellos comen, pasear por donde ellos pasean, o rememorar a golpe de guía acontecimientos del pasado. No es suficiente con fotografiar todos sus monumentos ni visitar todas sus iglesias. Tal vez haga falta toda una vida, incluso puede que ni toda una vida sea suficiente. Para comprender a un pueblo es tal vez imprescindible haber nacido dentro de él. Pero aún asumiendo mi desconocimiento e ignorancia, letrero que llevo pegado a mis espaldas de simple turista curiosa, me atrevo a afirmar que el carácter dice mucho de una comunidad y los polacos llevan la alegría en sus ojos claros, en su música, en cada rincón colorido de sus ciudades y en su chispeante y sempiterna sonrisa. Y para "los curiosos": sí, las polacas son (en general) muy guapas :)

¿Estáis tod@s ahí, estrellitas? Espero que sí.