24/3/08

Elecciones: 2ª parte

Invariablemente, queriendo o sin querer, nos complicamos la vida. Unos más que otros, claro. Miradme a mí, por ejemplo, con esta disertación mitad "divague", mitad “filosofía barata”. Pero a veces hay situaciones alrededor que me desconciertan, y ya sabía que, antes o después, tendría que escribir sobre esto, como si hacerlo me ayudase a entender. Reconozco que no siempre lo consigo, pero de cuando en cuando, al menos lo intento. Quería seguir hablando de las elecciones vitales, pero no de las ajenas a nosotros sino de las propias, de las nuestras.

Pasado el trance de que nos hayan dado una identidad (que no una personalidad) a través de un nombre (ya sabéis, el mio es nena), crecemos, nos formamos como personas, compartimos un entorno, y llega el momento en el que somos nosotros los que debemos tomar decisiones. Ya no tenemos el colchón amoroso de nuestros padres, a veces tampoco de nuestros amigos, ni siquiera el de nuestras parejas, y nos toca elegir solos. Automáticamente, en cuanto se nos presenta la obligación de elegir, derecha o izquierda, seguir o parar, contigo o sin ti, nos sentimos solos, con la soledad que genera la incertidumbre, por eso nos lleva a hablar de un tópico. ¿Sabéis? no creo que los tópicos sean de las mayores verdades que existen pero tampoco que porque algo sea un tópico no pueda ser cierto. El tópico de hoy es: "LA VIDA ES MUY COMPLICADA".

Toni, un compañero de estudios, lo repetía constantemente. Hace mucho, mucho tiempo, que no hablo con él, pero supongo que todavía lo piensa. Yo en su día solía rebatirlo diciendo que "los complicados somos nosotros, no la vida" al final, con el paso de los años, he tenido que reconocer que quizá (quizá) no estaba del todo equivocado. Ahora, con el conocimiento adquirido, con las vivencias acumuladas que entonces no tenía, concluyo que efectivamente la vida no es que sea muy complicada sino que se torna incontrolable por nosotros, incluso la nuestra, y por más que queramos, a veces resulta inevitable dejarse llevar mientras los demás hacen y deshacen a su antojo. Es entonces cuando, impotentes, la vida elige por nosotros el rumbo que quiere tomar. Pero... yo quería hablar de otra cosa, de cuando es culpa nuestra que vaya por un camino determinado y ese camino nos empeñamos en construirlo con "materiales baratos", es decir, sobre dudas, rencores, malhumor y “ya te lo dijes”.. 

Las dudas son consecuencia directa de una decisión, sólo en el caso de que no haya posible elección no hay dudas, es decir, lo que tiene que ser porque es de “dirección única” no genera opciones posibles. Puede generar decepciones, descontento, malestar, dolor, preocupación, pero no indecisión, porque no puedes elegir.

Los rencores, esos que todos presumimos que no tenemos, “yo no soy rencoroso” eso es algo que casi siempre escuchamos, es más, me atrevería a decir que a día de hoy no consigo recordar si conozco a alguien que me haya reconocido serlo. Sin embargo, seamos sinceros, en mayor o menor medida TODOS lo somos, eso sí, unos seremos más comprensivos que otros a la hora de perdonar pero el rencor creo que es inherente al espíritu humano.. Es mi opinión.

Luego está el malhumor. Extraña expresión: "mal-humor"; suena contradictorio- Si cuando decimos que alguien tiene mucho sentido del humor es que es divertido, entonces es que el humor es bueno! Pues ¿cómo puede ser estar de mal humor?... Olvidémoslo.. ¿véis? otro delirio de los míos

Hace mucha gracia lo poco descriptivo que es la denominación de esta expresión en los diccionarios:

1. Actitud o disposición negativa e irritada.

Vaya, que no es mentira, en realidad la definición es correcta, habla de actitud, que es lo que marca en un alto grado toda nuestra vida, pero realmente hay personas que todos conocemos que han hecho del mal humor un estilo de vida y no una situación transitoria. Me gusta pensar que el mal humor es sólo coyuntural, de lo contrario estamos perdidos.

Y por último los "ya te lo dije". A mí siempre me han sonado a amenazas encubiertas, como cuando eres niño y juegas como juegas cuando eres niño (al menos como yo lo hacía) como un energúmeno insensato sin tener ningún respeto a tu cuerpo ni a la fuerza de la gravedad, sin ser consciente de que tú también te puedes caer. No conoces el miedo, algo que ahora sí y como si tuviéramos que pagar una deuda por toda esa osadía de la niñez nos paraliza tan a menudo. Los "ya te lo dije" de cuando eres adultos son más dolorosos, no en el sentido físico, claro, pero es cierto que anímicamente te afectan más. Cuando creces eres consciente de que hay determinadas cosas que sabes que no van a salir bien, y ¿qué ocurre? pues que aparece la insensatez de la infancia (que nunca nos deja del todo) y nos equivocamos casi tantas veces como tantas sabemos que nos vamos a equivocar.

De todos modos para mi la vida no es más que eso, una carrera de obstáculos que a veces vemos claramente o a veces no, pero incluso cuando los vemos pensamos que podemos saltarlos. Eso que para muchos es osadía para mí es ser valiente, es estar vivo. Sea como sea, entre que la vida es muy complicada y encima son dos días (otro gran tópico) tendremos que ponernos las pilas, ¿verdad?

He decidido que si la elección me afecta a mi sola puedo arriesgarme, pero que si hay terceras personas involucradas en lo que yo decida (y desgraciadamente es la mayor parte de las veces) es recomendable ponerse al otro lado del espejo y ver las cosas desde los ojos de los demás, desde su realidad. Paradojas de la vida, parece ser que hay más de una. A mí me resulta difícil aceptarlo. Yo no me atrevo a decir que haya varias realidades, porque, si tengo que ser sincera, ni siquiera sé cierto que haya una. Sí existen distintos puntos de vista. Pero, claro, puede que esté equivocada.

Ahora sólo me queda dejar que vosotros elijáis o bien leer este culebrón (que menudo culebrón y yo pretendía ser breve) o bien elegís, que me parecería mucho más sensato, ser felices y no romperos demasiado la cabeza, que para eso ya estoy yo.

13/3/08

Elecciones: 1ª parte


No me preguntéis el porqué pero hace unos días que me ronda la idea de hablar acerca de las elecciones. Podéis estar tranquilos. No me refiero a las elecciones nacionales sino a las elecciones vitales. No quiero decir con eso que las Elecciones Nacionales no sean vitales (“mayormente” para los políticos lo son) pero yo no me quiero ocupar de ésas. Aunque soy analista no me dedico al análisis político por tanto no me quiero meter en tremendo percal. Me meteré en otro. Es sólo un divague, nada serio, porque de vez en cuando a mi cabecita le viene bien pensar en tonterías para desintoxicarme un poco de tanta realidad y últimamente la realidad está peligrosamente intoxicada.

Nos pasamos la vida “eligiendo” ¿os dais cuenta? Constantemente, en todo, absolutamente en todo, y desde muy temprana edad. Mirad, si no. Os propongo que hablemos de los nombre propios.

Ya incluso antes de nacer los padres eligen un nombre para sus criaturas. Pues bien, si nos gusta el nombre elegido, fantástico, pero ¿y si no? (algo habitual, no sé muy bien el motivo) Pues nos pasaremos la vida con esa cruz, no muy pesada, pero una cruz al fin y al cabo, y modificaremos hasta hacer irreconocible el más terrible “primer error” de nuestros progenitores. Ya luego se encargarán con el tiempo de cometer muchos más.

A veces el nombre en cuestión ni siquiera tiene que ser horrible, pero casi invariablemente, lo tenemos que cambiar... ¿quién no tiene un amigo de nombre indescifrable?...ahora se me viene a la cabeza un amigo de uno de mis hermanos, se llama PINKI o PINKY, no sé muy bien, y claro, cuando lo conocí le pregunté en un aparte a mi hermano cuál era su horroroso nombre "real". Pues es bien fácil de adivinar: José Carlos, se llama José Carlos ¿cómo no fui capaz de adivinarlo? Y luego está mi amigo Chusco, que se llama Ángel, vamos, una regla de tres simple. Por esto, si partimos de la base de que el nombre elegido para esas tiernas criaturas no sirve de nada, es tontería tantas horas frente al Santoral.

No sé a vosotros, ya me contaréis, si os apetece, pero a mí mis padres siempre me han llamado “nena". Aún hoy soy nena y sé que seguiré siendo nena para siempre. Sin embargo estamos de suerte porque en esta época de cambios constantes que nos ha tocado vivir también los nombre evolucionan. Ahora ya estamos en la época de los nombres más “glamurosos”, ¿verdad? Jessica, Jennifer, Elizabeth, Johnatan.. ¡qué gran descubrimiento! ¡son fantásticos! Porque reconozco que es casi un pecado llamar a alguien Ramona, o Gumersindo, o Bonifacio, pero a ver:¿suena peor Ramona López o Jennifer López? pues, depende. Si la niña se parece a la cantante, pues vaya, pero ¿y si la tal Jennifer, (que en su barrio/calle/bloque acabará siendo, “la Yenni”) se parece a .. Mafalda? Pues ya tenemos juerga en el cole.

Luego, como no, está el efecto de los apellidos sobre un nombre propio. Soy gallega, y algunos de nuestros apellidos son contundentes. Suena mejor Xurxo (Jorge) Carballo que Johnatan Carballo ¡Dónde va a parar! Yo sinceramente os diré que extraño esos nombres sencillos, hermosos, como Ana, Iria, Mario, Eva, Manuel, Sara, Ángel, Carlos, a ser posible sin la María o el José de acompañantes, pero tampoco se trata de simplificar tanto que el nombre sea heredado desde el siglo XVIII. Ya sabéis, esa costumbre de heredar el apellido y el nombre. Tengo un compañero de trabajo cuyo abuelo, padre, su hijo y él mismo se llaman exactamente igual; vaya, que cuando hay reunión familiar (me consta que es a menudo) y la abuela, la madre, la esposa o él llaman a alguno de los individuos mencionados eso es una juerga total. Normalmente ninguno contesta. “como pensé que no era por mi”... o lo que es peor, lo hacen todos a la vez. Una confusión.

Aunque lo he planteado como algo casi cómico todos sabemos que éste no es un tema "trivial" porque cuando conocemos a alguien, aunque sólo sea de vista y nos apetece una aproximación, un acercamiento, no necesitamos saber si le gusta la playa o la montaña, si es del Barcelona, del Español o del Mataró FC (si existe), ni si le gusta el cine de accción o el independiente, sólo queremos saber cómo se llama, como si saberlo nos acercara más a él. Luego en realidad no importarán los nombres sino más bien lo que sentimos al decirlos, pero será luego.

Decir, y ya acabo, que todo esto surgió de una cena este fin de semana pasado con una de mis amigas que va a tener una niña, y en la que, por descontado, todos hemos querido ponerle nombre a la pobre criatura para así evitar que cometieran el más terrible “primer error” como padres.

8/3/08

Ángeles

No hay poesía ni prosa ni ensayo que pueda expresar lo que siento cuando se muere un niño, cuando se muere un ángel. Enmudezco, y el silencio me acompaña porque pocas cosas hay más ensordecedoras que el silencio del vacío.

No hay poesía ni prosa ni ensayo que sirva para aliviar la angustia. Sólo el tiempo que pasa y, por suerte o por desgracia, siempre pasa.

Hoy el cielo está a oscuras, porque ha desaparecido una estrella, otra más. Y cada vez que se muere un niño, cada vez que se muere un ángel, mi alma se encoge de nuevo, y se torna muy muy pequeña. Hoy no puedo decir nada más porque cuando mi corazón llora mi cabeza no sabe pensar.

http://www.20minutos.es/noticia/358493/0/mari/luz/muerta/

Para nada...


Salí de trabajar a mediodía, como cada viernes, contenta porque POR FIN ya se acababan los líos del día a día, los ir y venir corriendo a todas partes para hacer más cosas de las que se pueden hacer, para acabar todo lo que deberías acabar que has apuntado en tu agenda o en tu cabeza. No sé al resto de las personas pero a mí la semana es que no me llega a nada. Los sábados son geniales, hago todas esas cosas que quiero y no puedo el resto de los días que casi se van sin darme ni cuenta.

Siempre escucho la radio en mi coche, normalmente música, porque es como mi copiloto. Ayer, no se muy bien el porqué, se me ocurrió poner el informativo. De repente, como suelen llegar las malas noticias, cogiéndote desprevenida, me enteré. Sentí un profundo dolor, impotencia, tristeza, rabia, perplejidad, incomprensión, angustia, ira, vergüenza... me sentí pequeñísima. Me sentí como se supone que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad y de corazón se siente ante algo inadmisible, execrable, desconcertante, injustificable, salvaje, inhumano, inexplicable, reprobable, repudiable, y en bajito, para mí, desde mi interior, me repetía una y otra vez: ¿Para qué?.. y mi corazón lloró, y mi cabeza pedía coherencia, sensatez, justicia, soluciones, solidaridad, pero sobre todo me pedía respuestas que yo no le pude dar...

Se supone que a mi rincón no debería traer malas noticias, y de hecho no estaba en mis previsiones este post, pero a menudo, lo que quieres que ocurra y lo que al final pasa no siempre es lo mismo. Mi corazón siente también el dolor, y desgraciadamente hay mucho dolor ahí fuera, y no quiero hacerme impermeable a él, nadie debería dejar de sentirlo.

Lo mío deberían ser las palabras pero me he quedado sin ellas, como tantas veces, como demasiadas veces cuando salgo de ese mini mundo que yo misma me he creado para no sufrir siempre, para no sufrir tanto, y siento que las palabras ya no me sirven, ya no me llegan para expresar lo que siento, porque mis palabras están ahora llenas de ira y las palabras heridas son palabras vacías.

Sólo me ronda una pregunta a todo este despropósito: "¿Para qué?"  La respuesta sale sin siquiera buscarla, porque tengo la certeza de que es: "¡Para nada!"

Ayer empezaba el fin de semana y a mí ya me daba igual.. Aún así espero que todos tengáis un maravilloso fin de semana, porque nosotros aún podemos disfrutarlo, y él, y tantas otras personas anónimas que ni siquiera salen en nuestras noticias, ya no.... .

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/03/07/espana/1204893932.html

3/3/08

¡Maldito cobarde!


Foto: Dibujo de Marcos Rey


Te extrañará que te escriba. También a mí me extraña que aún tenga ánimos, pero por encima del ánimo, que es cierto que cojea, está el derecho a hacerlo, y yo lo tengo, como he descubierto que tengo muchos otros que durante mucho, demasiado tiempo, ni se me pasaba por la cabeza utilizar. Mi único derecho real era el de ser sumisa.
Empezaré por decirte que resulta admirable tu indiferencia ante el dolor, maldito cobarde, pero ¿sabes? yo ya no te admiro; que es increíble la capacidad que tienes para convencerme a mi y a todos de que me quieres, de que todo es porque me quieres. Quizá ellos aún sí, pero yo, yo ya no te creo. No tienes reparos en pedir perdón una y otra vez, y una y otra vez has sido perdonado. Sin embargo, siempre que lo haces, cuando por fin lo haces, es porque tu error es imperdonable. Tu "personalidad", si la tienes, es un galimatías incomprensible. Me dices, cuando consigo que me dirijas la palabra sin gritarme y que no suene a reproche todo lo que sale de tu boca, humildemente, y cabizbajo, como un pajarillo herido, que es así tu naturaleza: contradictoria, extraña, inestable.... No te empeñes, es inútil, sabes que es más sencillo que todo eso. Te lo resumo en dos palabras: ante mis ojos tú eres simplemente un maldito cobarde.
Te crees el centro de todo, y no eres nada, no eres nadie. Por ser no eres ni persona, eres sólo un engendro probablemente formado por inseguridades, complejos y vivencias mal asimiladas, o mal vividas. Eres deplorable, y hasta el término resulta sutil ante tanta crueldad. Por provocar en mi no provocas ni pena, sólo un alto grado de indignación, de rechazo e incomprensión. No quiero ocupar demasiado tiempo en el escaso tiempo que dura una vida hablándote a ti. Si es cierto, y creo que lo es, que la vida son dos días, "contigo y gracias a ti" he consumido ya uno, y aunque crees que yo te lo debo TODO, en realidad a ti sólo te debo mi tristeza y un miedo eterno.

Voy a alejarme por fin de tu presencia, de tus caprichos y tus paranoias, y no quiero volver a decir ni oír tu nombre. A partir de hoy para mí tú serás "el innombrable", el prescindible, el resultado quizá de rencores sin digerir, de enseñanzas mal aprendidas, o de falta de enseñanzas. No creas que te odio, no puedo odiarte. Eso significaría sentir algo por tí, y yo por tí no siento nada. Quiero dirigirme a ti por última vez porque he estado callada demasiado tiempo, y no quiero callarme más, y quiero hacerlo sólo para que sepas que, aunque te creas el más incomprendido, el más listo, el que más quiere y el que más sufre, aunque estés convencido de que eres el más valiente de los dos, para mí desde ahora y para siempre serás únicamente un maldito cobarde.

Sólo te puedo decir, ya para despedirme de ti, que tu destino es quedarte para siempre solo, en ese submundo que has creado a tu medida, y en el que sólo cabes tú. Decirte que te quedes en el calor insoportable de ese infierno que es tu vida, porque yo prefiero el frío helado de la soledad al fuego de tu ira. Ojalá no me abandonen las fuerzas, porque he agotado muchas gracias a ti, y espero, deseo y necesito que ahí afuera todavía haya personas que me puedan ayudar a que te diga bien alto, y sin que me tiemble la voz nunca más, ¡adiós, maldito cobarde!
PD: Escribo esta carta en recuerdo de todas aquellas mujeres que no han podido hacerlo porque se les hizo demasiado tarde...
"El silencio estimula al verdugo" Elie Wiesel, Premio Nobel de la Paz 1986

Video: Poema visual de Edith Checa