Dicen que soy testaruda y transigente, que me río demasiado y para compensar tengo la lágrima fácil, que debería moderar mis emociones pero ser menos cerebral. Dicen que no sé relajarme pero que mi sofá me engulle y parezco desaparecer con un libro en las manos. Dicen que me aíslo a menudo en un universo blindado y exclusivo para mí pero también dicen que no sé estar sola. Dicen que hablo mucho y que muchas veces me callo lo importante, que tarareo cuando estoy contenta dicen. Yo lo sé pero no me entero. Dicen que duermo poco y sueño mucho, que debería pensar menos y olvidar más, que soy demasiado sensata y otras tantas me llaman loca. No me entienden cuando confieso que me gustaría bailar descalza y nadar vestida. Dicen que soy transparente como el agua pero que nunca me dejo conocer del todo. Y me pregunto si alguien me conoce de verdad. Y me pregunto qué es lo que hay de cierto en todo lo que dicen de mí y si me parezco en algo a lo que ahí afuera dicen que soy. Pero me lo pregunto poco porque también dicen que es mejor dejar de hacerte nuevas preguntas y dedicarte a contestar las antiguas, y me lo pregunto poco no sea que un buen día me crea las mentiras verdaderas que por ahí dicen de mí.
Dicen, dicen, dicen...




