18/9/09

Recuerdos idealizados


Recuerdo aquel día con todo lujo de detalles y lo que sucedió con una claridad pasmosa, al borde de la
irrealidad. Puedo ver sus ojos, profundos, escondidos tras una mirada curiosa; eran muy oscuros pero, bajo los destellos caprichosos de un sol que templaba nuestros cuerpos, parecían querer cambiar de color. Puedo dibujar su boca, y su sonrisa burlona, una línea temblorosa cuando reía, que achinaba su expresión, transformaba completamente su rostro y dulcificaba su mirada hasta el infinito borrando, a golpe de carcajadas, una cara de facciones endurecidas por el cincel de demasiadas batallas perdidas por el camino. Recuerdo cómo sus ojos intentaban adivinar mis pensamientos. Puedo afirmar, sin demasiado miedo a equivocarme, que en algún momento concreto lo consiguió. Con total nitidez visualizo el lugar en el que nos sentamos: la colocación de las sillas, el color de las fachadas que nos rodeaban en aquella preciosa terraza entre sol y sombra. Temperatura perfecta. Una pareja algo mayor, a escasos metros, tomaba un café sin ni siquiera mirarse, algo que hacen mucho quienes, probablemente, no tengan ya nada que decirse. Unos niños a lo lejos jugaban a gritar, o gritaban jugando. El ruido lejano de una moto, algunas voces ahogadas entre el murmullo de la gente que paseaba por la plaza y unos pocos pájaros completaban nuestro entorno. Aún así recuerdo que yo sólo veía sus ojos.

Ocurre a veces que un futuro incierto es más real que un pasado inventado, imaginario. Los sucesos perviven, encadenados en nuestra mente, bajo el manto del recuerdo. Sea o no cierto, haya o no ocurrido, si hay alguien que se cree que algo sucedió..., sucedió. Ocurre a veces que las certezas se escabullen entre "por qués" no preguntados y respuestas que nunca han sido oídas, y aún así ocupan importantes espacios en nuestra memoria, demasiado tozuda. Los recuerdos existen, pero no siempre (tal vez nunca) son como nuestra mente se ha empeñado en dibujarlos. Hemos construído a nuestro antojo el pasado que nos hubiera gustado vivir ante la incertidumbre de si el futuro será de nuestro agrado. Ocurre a veces que los sucesos nunca han pasado, aunque nos guste contarlos una y otra vez, y somos capaces de describir un amanecer que aún no hemos visto. Todo eso ocurre porque para tener recuerdos inventados es suficiente con tener deseos incumplidos.

¿Tenéis recuerdos "a medida"?

5/9/09

La lluvia


Una bloguera que conozco asegura que sólo escribe cuando tiene algo que decir. Estoy totalmente de acuerdo. Ojalá todos los blogueros hiciéramos lo mismo. No sé vosotros pero yo me he topado con blogs que no sabría decir ni de qué van ni por qué se han creado ni para qué leerlos. Bueno, eso mismo pueden decir los lectores de la blogosfera de los mios. El problema es cuando se escribe porque sí, porque toca. He notado que yo no escribo mucho últimamente. Quizá será porque no tengo nada que contar, aunque lo cierto es que siento que sí tengo mucho que decir pero..., no me sale. Aún así me apetecía subir algo al blog, y he pensado: "este post irá de NADA y hablaré sobre NADA en concreto". Y aquí estoy, improvisando, que de todos es sabido que la improvisación es una 'virtud' muy española. Mientras escribo, sin saber muy bien a dónde me llevarán las letras que voy encadenando, escucho música. Qué raro, ¿verdad? y ¿sabéis? acabo de decidir que me apetece compartirla con vosotr@s ¿por qué? pues por NADA, simplemente porque me gusta y aunque no se haya escrito para mí me hace feliz escucharla; porque me recuerda a la lluvia y, a pesar de que a veces genere melancolía, a mí me encanta que llueva; porque hace un día espléndido aunque no sea un día especial; porque a veces descubres que sin ser consciente del porqué te sientes bien; y porque es un alivio descubrir que no hay que darle demasiadas vueltas a las cosas y no hay que tener una razón para todo, por más que nos empeñemos. Además es de Serrat, razón más que suficiente para oírla.

Me gustaría que lloviera ahora mismo para, como cuando era niña, poder recoger las gotas de lluvia con las manos y después regar las flores que adornan mi terraza. Si hay algo que me gusta más que la lluvia de verano es el olor que deja sobre la tierra mojada. ¿Será porque es el olor de mi tierra? No importa la razón, puede que ni la haya. Tal vez sea por NADA.



PD: A vosotr@s ¿qué os transmite la lluvia?