
Recuerdo aquel día con todo lujo de detalles y lo que sucedió con una claridad pasmosa, al borde de la irrealidad. Puedo ver sus ojos, profundos, escondidos tras una mirada curiosa; eran muy oscuros pero, bajo los destellos caprichosos de un sol que templaba nuestros cuerpos, parecían querer cambiar de color. Puedo dibujar su boca, y su sonrisa burlona, una línea temblorosa cuando reía, que achinaba su expresión, transformaba completamente su rostro y dulcificaba su mirada hasta el infinito borrando, a golpe de carcajadas, una cara de facciones endurecidas por el cincel de demasiadas batallas perdidas por el camino. Recuerdo cómo sus ojos intentaban adivinar mis pensamientos. Puedo afirmar, sin demasiado miedo a equivocarme, que en algún momento concreto lo consiguió. Con total nitidez visualizo el lugar en el que nos sentamos: la colocación de las sillas, el color de las fachadas que nos rodeaban en aquella preciosa terraza entre sol y sombra. Temperatura perfecta. Una pareja algo mayor, a escasos metros, tomaba un café sin ni siquiera mirarse, algo que hacen mucho quienes, probablemente, no tengan ya nada que decirse. Unos niños a lo lejos jugaban a gritar, o gritaban jugando. El ruido lejano de una moto, algunas voces ahogadas entre el murmullo de la gente que paseaba por la plaza y unos pocos pájaros completaban nuestro entorno. Aún así recuerdo que yo sólo veía sus ojos.
Ocurre a veces que un futuro incierto es más real que un pasado inventado, imaginario. Los sucesos perviven, encadenados en nuestra mente, bajo el manto del recuerdo. Sea o no cierto, haya o no ocurrido, si hay alguien que se cree que algo sucedió..., sucedió. Ocurre a veces que las certezas se escabullen entre "por qués" no preguntados y respuestas que nunca han sido oídas, y aún así ocupan importantes espacios en nuestra memoria, demasiado tozuda. Los recuerdos existen, pero no siempre (tal vez nunca) son como nuestra mente se ha empeñado en dibujarlos. Hemos construído a nuestro antojo el pasado que nos hubiera gustado vivir ante la incertidumbre de si el futuro será de nuestro agrado. Ocurre a veces que los sucesos nunca han pasado, aunque nos guste contarlos una y otra vez, y somos capaces de describir un amanecer que aún no hemos visto. Todo eso ocurre porque para tener recuerdos inventados es suficiente con tener deseos incumplidos.
¿Tenéis recuerdos "a medida"?
