9/6/07

Clara y María



¿Recuerdas aquellos días? Las tardes eran largas, largas tardes de verano. Nosotras dos siempre juntas, inseparables. Nos parecía que el mundo se limitaba a aquel trocito de tierra que era la casa de los abuelos. Allí compartíamos nuestros secretos y nuestros juegos de niñas queriendo ser adultas. Nos pasábamos horas inventando historias, hablando de nuestras cosas, todas tan importantes, ¿recuerdas? descubriendo sensaciones nuevas y esperando a que se pusiera el sol. Qué rabia cuando anochecía...¡Cómo nos costaba volver a casa!..

Los mayores no lo entendían, no entendían que se pudiera hablar tantas horas, ¿de qué teníamos que hablar? se preguntaban. Según ellos era imposible que tuviéramos algo que contarnos. No tenían ni idea. Tarde tras tarde, día tras día, y no parábamos de hablar. Nos gustaba imaginarnos cómo sería nuestra vida cuando fuéramos mayores como la prima Sara, tu hermana, a la que envidiábamos tanto porque....¡ya tenía novio! ¡Qué suerte! Y pensábamos con la ingenuidad del desconocimiento, que cuando llegara ese momento, nos respetarían por fin y podríamos hacer las cosas sin permiso, sin tener que dar explicaciones a nadie.

Ahora que ya somos mayores, miramos atrás, y en la distancia de todo aquello, nos hemos dado cuenta de que no es exactamente así. Y nos reímos todavía, y con una expresión entre sonrisa y decepción, nos sorprende ver que no han cambiado tanto las cosas. En realidad seguimos pidiendo permiso para lo que hacemos, solo que han cambiado los interlocutores. Ya no son nuestros padres o nuestros tíos, pero seguimos dando explicaciones.

¿Te acuerdas de aquel verano? Fue uno de los mejores veranos de nuestra vida. Y lo fue porque estaba todo por descubrir y teníamos mil proyectos que sabíamos positivamente se podían alcanzar.

Ojalá no perdamos nunca ese recuerdo, para no perder del todo la sensación de que se pueden alcanzar los muchos o pocos sueños que aún nos quedan.

Óleo de Inesca (Ines Corral)