3/2/08

Grandes criaturas, pequeños seres..


Nos hemos pasado la vida rodeados de ellos. Formábamos parte, años ha, de esa maravillosa "tribu". Si debo ser sincera hoy me cuesta creer que alguno de los personajes con los que tengo que lidiar a veces lo hayan sido algún día. Seguro que ya sabéis de quienes hablo: sí, me refiero a esos increíbles seres diminutos que normalmente no paran, que a menudo sus ojos, casi de un modo sobrenatural, se duplican en tamaño cuando algo les sorprende, porque todavía no han perdido la capacidad de sorprenderse; de esos loritos que si hablan lo hacen muy alto y que son capaces de ver un cañón de piratas en un tronco hueco.

Ayer parecían haberse duplicado en mi ciudad, ¡palabra!. Y no sé, igual como se movían muy rápido, parecían más, pero estaban por todas partes. Semejaban estar desaforados: muy ruidosos y chillones (¡más chillones de lo habitual!), corrían sin ton ni son y casi siempre hacia ningún sitio (en eso sí me fijé) disfrutando con la sensación de que, por un momento, todo era un gran juego.

Habían descubierto, muchos de ellos por primera vez, que no era necesario llegar al parque que parecía estar tan lejos de sus casas para jugar luego 30 minutos en apenas 50 m2 escasos de tierra y mucha competencia para subir al tobogán. Las calles eran por fin suyas, y esta vez no como resultado de la imaginación de sus mentes infantiles, sino porque la habían invadido sin que nadie “luchara” por dominarlos.

Por un momento desaparecían las reglas. No había coches que esquivar, no había prisas, no había que merendar sin hambre, sentados de medio lado en un banco cochambroso y con un pie destino a "me voy a pillar ese columpio" mientras, perplejos, pensaban "me gusta comer en el parque, no tengo que lavarme las manos...” Hoy no había que llegar a ese mini mundo de juegos, hoy el mundo era un inmenso parque infantil.

No sé si me gustan realmente los Carnavales. Supongo que cuando era niña eran mejores, o quizá no. La palabra es que eran sólo "diferentes". Por aquel entonces yo no era el espectador sino una protagonista más. Ahora mismo disfruto mucho como público. Sin embargo aún me gustaría menguar un poquito para pasar desapercibida y mezclarme para ser uno más en ese fugaz escenario de salón de risas y juegos.

Si alguien me pregunta si me gusta disfrazarme, si me gustan los Carnavales, yo suelo contestar algo de lo que me poco a poco me he ido convenciendo, y es que "no hay respuestas rotundas ante una pregunta". A mí las cosas me gustan cuando me lo paso bien. Ayer contesté tajantemente que me encantan los Carnavales.

MORALEJA: "Debo vivir como un adulto, pero me gusta soñar como un niño"