23/12/09

Motivos personales

Ya no me gusta la Navidad. Hubo un tiempo en el que sí la disfrutaba pero ya pasó. Para quienes me rodean esto no es nuevo por eso saben que una servidora suele "desaparecer" unos días en cuanto pasa la obligada comida de Navidad en familia. Este año no será una excepción.


Hay muchas razones para no compartir con la gran mayoría la ilusión por estas fechas. Para tod@s aquell@s que sí la disfrutan pueden no valer un pimiento pero para mí son más que suficientes. Cierto es que podría inventarme una excusa y decir que simplemente me pone nostálgica, que queda como muy literario, pero no lo haré. Sería como mentir, y no compensa, porque cuando mentimos una vez todo lo que digamos luego debe ser consistente con esa primera mentira y me temo que eso para mí resulta demasiado cansado.

No me gusta la Navidad y es por motivos personales: no me gusta tener que sonreír "porque sí"; no me gusta tener que felicitar a quien, en condiciones normales, ni saludaría si fuese junio; porque no hay diferencias entre un regalo el 25 de diciembre y el 4 de mayo, y si la hay es, sencillamente, que no existe el factor sorpresa; porque no quiero tener que buscar una razón para encontrarme con los amigos; porque no puede ser obligatorio el pasárselo bien el día 31 de diciembre, disfrazada de famosa y muertita de frío por culpa de un bonito (y escotado) vestido; porque los abrazos no tienen fecha en el calendario y yo los doy cuando me da la gana; porque si echo de menos a alguien lo echo de menos todo el tiempo; porque, a pesar de que cada año me propongo no hacerlo, me sigo acordando de que mi padre ya no está; porque desde que somos menos en la mesa la cena de Nochebuena tiene más de "noche" que de "buena"; porque ya no me saben igual los mantecados; porque la programación que acompaña en la tele es como para provocar el suicidio colectivo; porque hace demasiado frío ahí afuera para todos aquellos que no tienen dónde dormir; porque cuando miro a mi sobrino descubro en sus ojos que, con tan sólo seis años, lo de los RRMM ya NO SE LO CREE del todo.

Siendo totalmente sincera hay algo que sí me gusta de la Navidad: su banda sonora y su puesta en escena. La música suena por todas partes, ese murmullo que se oye por las calles, las sonrisas, las luces de colores que lo adornan todo. Aunque sé que la finalidad de todo eso sea más amenizar las compras que los paseos a mí me gusta pensar que es por amenizar los corazones. 

No me gusta la Navidad... pero igual a vosotr@s sí. Por eso, y porque siempre intento ponerme en el lugar del otro, he pensado que tal vez os gustaría recibir un regalo. No os voy a enviar una postal colorida ni un calcetín lleno de regalitos pero sí que os mando algo que podríais necesitar en cualquier momento: un kilo de abrazos y montones de besos para una temporada larga.  

¿Me hacéis un favor? Sed felices, pero SIEMPRE, no dejéis de serlo a partir del día 7 de Enero :)