Si hay un lugar donde más que en ningún otro sitio he aprendido a admirar la belleza ése es París. Adoro esta “villa”. Adoro sus colores, sus luces y las sombras que las perfilan. Una ciudad cuyo callejero tiene forma de caracol no puedo dejarte indiferente. Sus trazos son de una estética geométricamente demoledora y a la vez difícil de transitar si quieres recorrerla en superficie. No importa. La consecuencia es que te obliga a meterte en sus entrañas para visitarla, y hasta sus entrañas son bonitas. Los días grises son habituales aquí pero ni siquiera su manto de tristeza empaña la sensación irremediable de estar bajo la bruma de un sueño. Si un sol cabezota se impone sobre la piedra, omnipresente, y lo consigue muchas veces, es como si se maquillase la ciudad y, mires a donde mires, se torna en una postal de tonos sepia y me mimetizo con ella, y me paso horas paseando sus bulevares plagados de cafés que tienen ese regusto a historia y tertulias vespertinas interminables. Puedo sentirla respirar mientras respiro y cómo me observa mientras la observo; oler los puestos de flores y oír la música que a duras penas sobrevive entre el barullo de sus mercadillos; posar la vista en su geometría perfecta de avenidas en radial me hace desear ser pájaro para poder volar su cielo..., pero no lo soy, y mi papel de peatón me limita en mis trayectos y me lleva a ser una visitante subterránea hasta, poco a poco, asomarme al exterior. Cuando por fin acaba mi recorrido por las arterias del coloso se me aparece la Ópera Garnier, dorado monstruo de rostro perfecto. Cierro los ojos para grabar esa imagen por si pudiera desaparecer tanta belleza. Todos deberíamos tener la posibilidad al menos una vez en la vida de pasear estas calles, sin más mapas que la intuición, sin destinos concretos, dejándonos llevar, al compás del único faro del mundo que no avisa a los barcos sino a los aviones y a los caminantes. La Ciudad de la Luz la llaman. Entre otras mil luces que parpadean incesantes el coloso de hierro justifica dicho nombre, majestuosa torre que bien pudiera ser el guardián de la ciudad mientras duermen sus gentes y guía de los errantes que no consiguen dormir. Estés donde estés siempre te guiña el ojo y gracias a ella sabes que no estás perdida, a pesar de que puedas sentirte así.
Me gusta todo de París, pero si tuviera que elegir un lugar para un café es su corazón: Montmartre, uno de mis rincones preferidos. Es tan difícil ascender esa escalera hacia el cielo que podría afirmar que Sacré Coeur es sólo una alucinación. Miro hacia las ventanas de las casas que rodean La Place de Tertre y tras cada ventana me imagino el estudio de un pintor bohemio y loco, y no necesariamente en ese orden. Todo es un ir y venir de pintores y turistas posando en espera de una obra maestra. No saben que la obra maestra está allí, a su alrededor. De regreso busco la casa de Van Gogh. Aparece como de incógnito en una pequeña cuesta, humilde como fue la vida del delirante pintor de pelo de fuego, y me lo imagino con sus 37 años de vida sin vida, tal vez ocasionalmente visitando alguno de los molinos y sus picantes camareras. Molinos: ¿que pensaría D. Quijote de éstos si pudiera verlos?
Me gusta todo de París, pero si tuviera que elegir un lugar para un café es su corazón: Montmartre, uno de mis rincones preferidos. Es tan difícil ascender esa escalera hacia el cielo que podría afirmar que Sacré Coeur es sólo una alucinación. Miro hacia las ventanas de las casas que rodean La Place de Tertre y tras cada ventana me imagino el estudio de un pintor bohemio y loco, y no necesariamente en ese orden. Todo es un ir y venir de pintores y turistas posando en espera de una obra maestra. No saben que la obra maestra está allí, a su alrededor. De regreso busco la casa de Van Gogh. Aparece como de incógnito en una pequeña cuesta, humilde como fue la vida del delirante pintor de pelo de fuego, y me lo imagino con sus 37 años de vida sin vida, tal vez ocasionalmente visitando alguno de los molinos y sus picantes camareras. Molinos: ¿que pensaría D. Quijote de éstos si pudiera verlos?
Resulta caro vivir aquí pero en contrapartida es gratis admirar su belleza, que te atropella constantemente y encuentras por todas partes. Es desconcertante cómo sorprende cada vez. Podría ser que mi sentimiento hacia esta ciudad tenga un matiz subjetivo, pues mucho antes de conocerla ya me fascinaba. Su historia, sus pintores, su música, me hacían pensar en una ciudad elegante, moderna, exquisita, viva, pero sobre todo en una ciudad donde el arte te da abrazos cariñosos aunque no quieras. Puede que tenga una opinión subjetiva porque siempre formó parte de la lista “Sueños a cumplir durante mi vida” sumergirme en sus avenidas y disfrutar de una ópera en la ciudad. Puede que sea subjetivo porque a mí me entusiasman los museos y la arquitectura, y la concentración de estilos arquitectónicos que tiene esta ciudad es apabullante…, pero no lo es. No lo es porque desde la distancia que da el paso del tiempo a mí me siguen llegando en perfecta sintonía recuerdos de mis paseos allí, de mis atardeceres junto al río y de las visitas al oasis de la cultura que son el Louvre o el D'orsay, y no lo es porque asoma, invariablemente, la sensación de sentirme como en una película, y yo me convierto en Amelié Poulain, y mis notas en mi Moleskine de bolsillo se convierten en sus fotos rotas, y quiero ver esa película una y otra vez.
Volveré y cuando lo haga será probable que me acompañe una lluvia menuda que me recuerde a mi tierra y me haga sentir como en casa (aunque con más frío). Entonces es casi seguro que me pierda de nuevo por los alrededores del barrio latino. Pasearé por las orillas de una universidad poderosa; iré a la Place Saint Michel y comeré en uno de esos restaurantes en el cual, por fin, alguien hablará mi idioma; si me queda tiempo cruzaré el puente hacia Notre Dame y volveré a intentar averiguar por qué siempre tengo la sensación de que está torcida la fachada; de camino a los Campos Elíseos me preguntaré también cuántos de los candados del Pont des Arts ya no tienen ningún significado para algunos corazones.
Cuando, al final, con los pies palpitantes de la caminata abandone la calle, sonará en el hilo musical "Les feuilles mortes" y entonces todo tendrá sentido. Tanto arte en tan poco espacio ¿debería estar prohibido? Tajantemente: no.

22 comentarios:
Comparto tu mirada parisina, Carmen. Al cien por cien.
París tiene voz, y nos llama una y otra vez para volver.
Precioso tu escrito.
S.
¡Buenísimo texto Karminis, haciendo una ruta turística por los puntos álgidos de la ciudad y haciendo de guía de la curiosidad!
Pues mire usted, mi sobrino, que erasmundea por Europa, me ha mandado una fotillos de la Torre que impera sobre todas las ópticas de la ciudad, para que les haga mis retoquillos... y una de mis hermanas estuvo hace dos semanas, y me ha traído un cuaderno para que garabatee... yo aún no he ido, supongo que será para mí una experiencia que me dejará perpleja, y embobada durante un cierto tiempo, me cuesta digerir tantas emociones estéticas a golpe de brocha y cincel :)
¡Un besooo Amélie de al Sur del Norte subida en su colina parisina!
Hola, karmen.
He disfrutado de este paseo contigo, un lujo. A mi mujer le prometí de novios llevarla pero ciertamente aun está esperando. Espero algun dia poder y entonces comprobar si es como vos decis acá.Creo que lo será.
Gracias por compartir estos momentos tan bellos. Abrazos.
Pues ¡quién sabe!, Soledad, tal vez un día "te llame a gritos" y nos encontremos. Estaré atenta :)
Gracias por tus palabras.
Gracias, Lady Piiiii :*
Te encantaría seguro, piratilla. Por lo poco/mucho que sé de ti es sguro que tienes lo necesario para disfrutar de un viaje a Paris: ser curiosa, tener los ojos atentos y el corazón receptivo. Lo demás viene solo.
Los garabatos de tu libreta nueva a llevarlos a tu bitácora, y esas fotos de tu sobri, bien apañaditas por ti, las veremos en tu camarote ¿ok? ;)
¡Mil besos, andaluza resalá de los mares del Sur!
Ángel, las promesas hay que cumplirlas, osea que ya te veo ahorrando para cumplirla :)
Si finalmente vas a París me encantará que me lo cuentes, no te olvides, y no me des las gracias. Es un placer compartir esto con tod@s vosotr@s.
Abrazos desde lejos.
París... una ciudad que me encanta. He estado en cuatro ocasiones, la mejor, la primera...
Con 18 años, sóla y quince días. Las otras, con mi gente, un poco más atropelladas...
Leyendo tu escrito, siento que tengo que volver... otra vez... tranquila.. con calma.. para "saborear París".
Un besico "Reina"... Muaack
Soy feliz en mi cueva. El caracol lleva la "cueva" a cuestas. Si PARIS es como un caracol, me sentiria feliz viviendo en esa ciudad. Gracias por ese paseo. ha sido todo un placer. Abrazos.
El ermitaño
Adita, pasear sola por esta ciudad es una delicia, pero acompañada tampoco es mala cosa :)
No te olvides de avisar si vuelves ¡no sea que podamos coincidir!
Besos mil, guapa.
Seguro que una cueva en esta ciudad tiene mucho glamour :)
Un placer compartir ese viaje contigo, Ermitaño.
Otro abrazote para ti.
Hola, Karmen!
Un paseo genial por las calles de París. Nunca he estado en la ciudad, pero nunca me ha apetecido tanto ir como ahora. Cuando la economía me permita disfrutar del viaje, seguro que me llevaré esta guía.
Que la disfrutes muchas veces!!!
Besos
Yoli
Hola karmen, soy Laura. No sé si te acuerdas.Te leo aunque no te comente siempre.Disfruto mucho leyendo tus relatos. Gracias por compartir tus vivencias.
Un abrazo.
Yoli, esperemos que la economía te permita ir pronto, que tal y como está la cosa, mal pinta :) Lo bueno es que París seguirá ahí, esperándote a las orillas del Sena, y lo que es seguro es que te encantará, ¿y sabes? el café es muy rico ;)
Bss y buena semana para ti.
Laura, ¡Cuánto tiempo!
Claro que me acuerdo de ti. Sé que hay una "tropita de lunáticos" que me leéis sin comentar, pero es reconfortante que de vez en cuando asoméis la nariz :)
Abrazotes para ti.
Cierto: la economía pinta mal estos días, pero igual en un tiempo podríamos organizar un viaje conjunto entre la tropita de lunáticos (por lo menos los que estamos de este lado del charco).
Sin duda París es uno de los destinos obligados en este planeta. Ya sea sólo o acompañado me prometo a mí mismo ir, aunque no me prometo regresar (al menos no solo).
Esos tonos sepia, esos sonidos y sensaciones delirantes los transmites tú mejor que nadie con tus escritos. Gracias por el paseo :)
Primito,
si un día (una vez superada la maldita crisis) te decides a hacer una "excursión" y cruzar el charco, quedas encargado de organizar al resto de los lunáticos del nuevo continente!!
Es un placer que te hayas asomado. Estoy encantada de ser tu guía virtual por París. Gracias por romper el silencio con tus palabras :)
Oyeeee con este relato parece que uno estaba paseando contigo jajajajaj me encanta como escribes ¿ya te lo dije?jijijij Lo primero es lo primero y antes que llegue a los 80 años tengo que conocer España primero y seguramente iré a Paris, entonces te llamaré para que demos largos paseos por esas calles de caracol que cuentas.
Un abrazo a la distancia Reina Karminis desde acá...el otro lado del mundo.
Margarita
Jajaja, Margarita, ¡¡estás chiflada!! :)
Me encantaría que hicieras ese viaje. Se me ha ocurrido una cosa: Ángel baja desde Bostón a México, tú subes, y allí recogéis a mi primo Matri para la excursión, así, toda la tropita del otro lado del mundo ¿ok? quién sabe, la vida da muchas vueltas, dicen por ahí...
Bss muchos, y buen finde, guapa
Que bonito recorrido, hace muchos años estuve en Paris y tambien me encanto Montmartre, que lujazo vivir en un mundillo de pintores!!!
Me gustaria volver contigo, morenilla. Nos tomamos alli el cafe??
¿Y tú hablas de vivir entre pintores? si tú estás más que acostumbrada :)
Siiii, me apunto a ese café. Hay uno precioso desde el que se ve la placita de los pintores. Allí es el sitio perfecto para vernos.
Me alegra que me hayas reencontrado (aunque ha sido usando "chuleta", jeje)
Besos, mi rubia.
Madreee!!! Qué peligrooo!!!
Las dos sueltas por París.. jajaja
Tú y yo, Adita, somos un peligroso sueltas en París... o en Alburquerque, jaajajajaa..
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