20/5/08

Decepciones

Reconozco que soy defectuosa. He tardado mucho tiempo en reconocer y aceptar mis defectos. Ahora mismo no es que esté contenta de serlo pero sí que me alegra darme cuenta de que tampoco es un drama. Cuando tienes quince años te sientes una especie de "monstruito" antisocial e inadaptado. Ya no.

Cuando autoanalizamos nuestro comportamiento (y de analizar sé yo un rato) la inmensa mayoría de nosotros somos benévolos. En realidad a veces los defectos los disfrazamos y les llamamos manías, que suena como “menos malo”. Sin embargo el diccionario lo dice bien clarito. Ambas cosas no tienen nada que ver:

-Defecto: Imperfección en algo o en alguien.

-Manía: Extravagancia, preocupación caprichosa por un tema o cosa determina.

Es lo malo de empeñarse en leer el significado de las palabras. A veces nos llevamos verdaderas sorpresas. Tengo que evitar esta “manía” de buscar el significado oficial de las cosas.

Soy defectuosa y no estoy orgullosa pero desde que lo asumo todo va mejor. Es algo indiscutible que cuando nos damos a conocer la mayoría de nosotros nos adornamos para hacer sentir a los demás, al menos en el primer acercamiento, que realmente vale la pena hacerlo. No creo que sea malo. Somos individuos sociales por naturaleza, Buscamos la aceptación en los otros. Luego, con más información, ya decidiremos si nos interesa o no continuar. Sólo entonces seremos honestos y seremos “de verdad nosotros”. Lo malo es toda esa gente que se pasa la vida disfrazada.

Yo soy como soy. Puedo no “desnudarme” tal cual soy al principio y es porque sé que, en realidad, a no todo el mundo que se cruza en mi camino le interesa “conocerme”. Pero no puedo pensar en disfraces diarios. Sería muy cansado buscar el adecuado para cada momento. Me consta que hay personas que lo hacen. ¡Dios, es admirable! Decepcionante, pero admirable.

A veces las personas nos decepcionan con sus disfraces. A todos nos ha pasado. Y todo esto, aunque lo pueda parecer, no es un delirio (?) sino una reflexión que he hecho ya hace algún tiempo pero que no había traído hasta aquí.

Me entristece cuando alguien me decepciona pero no siempre me duele. Bueno, en realidad no duele la decepción, sino la forma en la que las personas suelen hacerlo.

Esto me sirve también para entender que debemos asumir que somos tantos en el mundo que es imposible que todos cumplan nuestras expectativas, que con todos nos llevemos bien.  Personalmente con llevarme medianamente bien conmigo misma y con un grupito más o menos amplio, más o menos reducido, me llega y me doy por satisfecha. Quizá hasta consiga alcanzar pequeños momentos de felicidad.

Soy defectuosa pero no más que la mayoría por eso no me importa que la gente se dé cuenta. Lo que no quisiera es “decepcionar” a nadie. Si lo hago, porque a veces es inevitable, que al menos no haga daño con ello.

La gente que me ha decepcionado suelen tener algo en común y es el gran defecto del egoísmo. Sé perdonar muchos otros defectos pero ése no. Me parece uno de los más absurdos. Ser egoísta para mí es como ver sin mirar o escuchar sin entender: no sirve para nada. Pero como siempre digo ésta es sólo mi imperfecta opinión.