Llevo unos días con problemas de inspiración. No es la primera vez ni será la última. Nos pasa a todos los que escribimos. Bueno, eso creo. Y que quede claro que yo no me considero "escritora", ni siquiera una aspirante a serlo, pero cuando me pongo ante un papel en blanco (siempre escribo sobre papel antes de teclear en el ordenador) he de reconocer que el respeto que le tengo a esto de contar lo que sea: historias, paranoias o poemas, me hace tenerle algo de miedo a las palabras. Entro en el grupo de personas para las que la escritura es más difícil cuanto más te gusta escribir. Sí, es un fastidio.
Supongo que el mes de enero es un mes de velocidad lenta y eso está haciendo de las suyas en mi estado neuronal. Época de rebajas y con el espíritu gris de la crisis mundial económica-política-humanitaria es como si mi cerebro también estuviera en crisis o sintiera que no tengo nada que decir. Suena a solemne tontería: yo, cotorra reconocida y reconocible, ¿callada? Pues sí, para descanso de muchos, porque creo que cuando no se encuentran las palabras adecuadas lo más adecuado es el silencio. Sin embargo no soy especialista en silencios indefinidos porque en esto de escribir me declaro reincidente. Todo lo bueno se acaba, lo siento. Ya estoy aquí de nuevo ¿ Y por qué he salido de mi maravilloso silencio? pues porque se me ha encendido una lucecita. Sí, claro, la de la Luna llena, que es la que me inspira, como podréis suponer, que anteayer estaba inmensa sobre mi ciudad.
Supongo que el mes de enero es un mes de velocidad lenta y eso está haciendo de las suyas en mi estado neuronal. Época de rebajas y con el espíritu gris de la crisis mundial económica-política-humanitaria es como si mi cerebro también estuviera en crisis o sintiera que no tengo nada que decir. Suena a solemne tontería: yo, cotorra reconocida y reconocible, ¿callada? Pues sí, para descanso de muchos, porque creo que cuando no se encuentran las palabras adecuadas lo más adecuado es el silencio. Sin embargo no soy especialista en silencios indefinidos porque en esto de escribir me declaro reincidente. Todo lo bueno se acaba, lo siento. Ya estoy aquí de nuevo ¿ Y por qué he salido de mi maravilloso silencio? pues porque se me ha encendido una lucecita. Sí, claro, la de la Luna llena, que es la que me inspira, como podréis suponer, que anteayer estaba inmensa sobre mi ciudad.
En realidad tengo que escribir sobre algo que no quiero olvidar. Un encuentro que tuve la semana pasada. Fue con un buen amigo de mi padre, "de los de juventud" como decía él, de ésos que no ves hace ya muchísimos años pero reconoces de inmediato. Es sorprendente, pero a partir de una edad indefinida (y variable) parece que los mayores no cambian, ¿no creéis? a mí me lo parece.
Pues bien, a este amigo de mi padre le saludé yo porque no me reconocía "sin las trenzas", palabras textuales. Realmente en ese instante caímos en la cuenta de que hacía mucho que no me veía. Nos pusimos al día y al final llegamos al tema más común cuando alguien habla de mi padre: su sentido del humor. Cómo se las ingeniaba para contar un chiste o una historia sin reírse ni despeinarse un pelo mientras provocaba en los demás una carcajada interminable. Evidentemente recuerdo muchas cosas de mi padre, y no todas buenas, que las broncas silenciosas de mi padre eran "de mucho miedo", pero si hay algo que recuerdo con total claridad es cómo él, con el semblante tan aparentemente serio, te podía hacer reír. Era fascinante. Recuerdo que muchas noches de verano me escondía tras la puerta del salón (puntualmente, a las nueve y media una servidora estaba ya acostada, que no durmiendo) y a hurtadillas espiaba las tertulias estilo el club de la comedia que mi padre tenía en casa con sus amigos. Alguna vez me pillaron, recibía religiosamente una bronca, que era leve por haber testigos, y que siempre valía la pena. No me enteraba de mucho, es cierto, pero se lo estaban pasando tan bien que yo, por empatía, creía que también. Maravillosa infancia, ¿verdad?
Pero no es esto todo lo que quiero recordar. Lo que quiero recordar es algo que pasó después, cuando nos despedíamos ya. Ese amigo de mi padre, hombre canoso y cansado, con una mirada entrañable, se giró y me dijo: "¿Sabes lo mejor de tu padre? que fue de esas personas que recordarás siempre... Una persona inolvidable..."
Estoy algo sensible últimamente, para qué mentir, pero esta frase casi me hace llorar. Es precioso que te recuerden así. Al menos a mí me lo pareció. Después de esto me he puesto a pensar en qué recuerdos dejaremos en los demás; si se nos recordará mucho, poco o nada; si la gente que vayamos conociendo puede que un día no recuerden ni nuestro nombre; si hablarán de nosotros con cariño o con odio o simplemente no hablarán. No lo sabremos. Quizá es que ni siquiera es importante. No lo sé. Aunque intentemos hacer las cosas bien hay que ser consciente de que no a todo el mundo le podemos traer buenos recuerdos. Si soy sincera creo que me daría un poco igual la estela que haya dejado en los demás, pero lo que no me gustaría es provocar indiferencia, que alguien hablase de mí y dijese: "Pues yo... no la recuerdo"
Supongo que no tiene mucho fundamento científico esto que voy a decir pero lo cierto es que, si alguien que te ha conocido (y no me refiero al vendedor de la O.N.C.E al que una vez le compré un cupón) no te recuerda apenas es como si esa parte de tu vida fuese una pequeña mentira unilateral. ¿Estáis de acuerdo?
Sé que estaba mejor callada en mi maravilloso silencio. Pero, siempre le podemos echar la culpa a la dichosa Luna llena...
Supongo que no tiene mucho fundamento científico esto que voy a decir pero lo cierto es que, si alguien que te ha conocido (y no me refiero al vendedor de la O.N.C.E al que una vez le compré un cupón) no te recuerda apenas es como si esa parte de tu vida fuese una pequeña mentira unilateral. ¿Estáis de acuerdo?
Sé que estaba mejor callada en mi maravilloso silencio. Pero, siempre le podemos echar la culpa a la dichosa Luna llena...