
Cuando era niña tenía un rincón secreto. Ese 'rincón secreto' era conocido por casi todo el mundo, claro, pero en él yo me sentía especialmente feliz. Me pasé en aquel cuartito horas y horas, tardes enteras, sobre todo en invierno, mientras afuera llovía (algo que recuerdo como bastante habitual). Con 8 años obviamente no es que yo tuviese problemas de estrés, pero sí que a veces, y aún a pesar de que me encantaba estar rodeada de mis amigos, me escapaba hasta allí. Me sentaba en cuclillas en el suelo de madera, al lado de aquella preciosa jaula destartalada, para poder estar a solas con mis juguetes favoritos. Revolvía los enormes baúles llenos de objetos de lo más dispares; me vestía con aquellas ropas, que luego usaría para mis disfraces, y que me hacían sentir toda una mujercita; me colocaba los enormes sombreros de la abuela que me tapaban hasta la nariz (ahí nació mi pasión por los sombreros, supongo); leía una y otra vez aquel cuento (ya sin tapas) que me regalara mi abuelo y del que ya me conocía hasta el orden de las ilustraciones. Tuve la suerte de no tener problemas respiratorios, porque la acumulación de partículas en suspensión que había allí arriba yo creo que rozaba los niveles máximos aceptados por la OMS. Mejor, así mi hermano y sus amiguitos no se empeñaban en subir para darme la tarde. Era su excusa, pero yo sabía que no lo hacían mucho porque en realidad les daba miedo subir. ¡Hombres! Podría casi jurar que fue allí donde aprendí a relajarme. Reconozco que es algo que no me resulta fácil hacer, pero cuando lo intento casi siempre cierro los ojos y sigo visitando aquel desván polvoriento, con tan poca luz y tantos recuerdos...
Creo que, de cuando en cuando, nos debemos relajar. Obligatorio. Siempre tenemos prisa. En el trabajo todo es para ayer, por la calle la gente te atropella, literalmente. Hay plazos. Hay que hacer muchas cosas, todo a la vez, y no da tiempo. Yo me refugio en mi soledad cuando siento que las cosas me desbordan, y aquí es donde dejo que vayan surgiendo, a veces queriendo y muchas otras casi sin querer, mis ideas, mis sentimientos y mis pequeñas historias. Se me pasan por la cabeza desordenadamente y acaban componiendo palabras con más o menos un orden lógico (más o menos). Pero hay que saber descansar. Pensar está muy bien, pero a veces satura. Al menos a mí. Entonces hay que concederse una tregua, hacer un paréntesis y dejar de preguntarse cosas para las que, ¡quién sabe!, tal vez ni haya respuestas, y empezar a contestar a todas esas otras preguntas que probablemente sí las tengan pero no nos da la gana de pararnos a pensar en ellas. Preferimos martirizarnos con más y más preguntas, y buscar más y más respuestas, hasta entrar en bucle. Mala cosa. Pues ya está bien. Por mi parte he decidido hoy darme un homenaje y compartir (palabra que me encanta) conmigo primero, y con vosotr@s después, esa lista de preguntas más o menos triviales, o no tanto, más o menos sencillas, o no tanto, para las que sí que tengo ya respuestas. Fue en aquel desván en el que inventé mi "Juego de las preguntas y respuestas". Hoy sigo jugando a eso. Ya no en aquel desván, ha cambiado el escenario, pero lo hago todavía. Es sobre todo como válvula de escape, porque me conozco y sé que, en cuanto me despiste, mi cabeza se despertará de nuevo y me cambiará todas las preguntas. Ahí van:
-Un gesto favorito: una sonrisa.
-Un gesto favorito: una sonrisa.
-Un regalo preferido: un beso.
-Un sonido mágico: el del mar.
-Un paisaje: cualquier atardecer.
-Un libro: El Quijote.
-Una película: Amelie.
-Una palabra: esperanza.
-Un adjetivo: valiente.
-Un animal: delfín.
-Un defecto: la ansiedad.
-Un objeto fetiche: un lápiz.
-Un miedo: al dolor, de cualquier tipo.
-Una virtud: el optimismo.
-Una canción: el tarareo de mi sobrino mientras juega.
-Un deseo: no puedo decirlo, no se cumpliría :)
-Una foto: la tengo pendiente.
Los que os asomáis por aquí: ¿queréis subir al desván y compartir conmigo vuestras respuestas? ¿queréis añadir alguna pregunta? Me encantaría. Os conocería un poquito más y dejaré por un momento de hablar de mí, que ya me aburre un poco.