19/4/09

Escribo con lápiz


Cada loco con su tema: yo escribo con lápiz. Hago la lista de la compra con lápiz; dejo notas en post-it a lápiz; escribo algo para el blog y lo hago con lápiz en una libreta... 'No tiene ninguna importancia' - pensaréis. Cierto. Es simplemente una manía. El post de hoy va sobre eso, sobre manías. Pero las manías de verdad, no los hábitos, que de esos tenemos todos. Para entendernos: para mí una manía es un hábito que se ha 'radicalizado'. Pues de eso os quiero hablar. Y un aviso importante: este post es muy largo, incluso para ser mío. No leer sin ganas/tiempo/paciencia o incluso sin que se den todas las condiciones a la vez.

Es domingo y yo le tengo manía a los domingos. No sé el porqué. No hay un motivo aparente, porque no siempre lo hay, aunque nos empeñemos en buscarlo, simplemente no me gustan. Lo pensé hoy. Me levanté demasiado temprano para no tener nada que hacer y oí el 'sonido' de los domingos por la mañana, ese sonido raro de día de tránsito. En ese preciso instante pensé: 'Creo que soy una maniática...'

Me puse a desayunar. Me gusta hacerlo con toda la parafernalia posible. Nada de un café bebido de pie, como escapando de la cocina. Me encantan los desayunos 'de rico'. A saber: un zumo recién exprimido; café express; tostadas con mantequilla (con sal, claro); fruta... y mucho tiempo. Es delicioso empezar así el día (aunque sea domingo) y de hecho por la semana intento hacerlo, aún a costa de quitarle minutos al sueño. En la mesa de la cocina tengo un frutero. Mientras me tomaba una riquísima tostada observé de reojo la poca cantidad de fruta que había. Inmediatamente pensé: 'Tengo que comprar fruta mañana'. No soporto ver un frutero sin fruta, como no soporto ver una librería sin libros, y las hay... Han sido invadidas por un ejército singular y heterogéneo de (horrorosas) figuritas de porcelana, cajas, abanicos y demás objetos, a mi parecer, totalmente inservibles y bien poco decorativos. A ésas también les tengo manía. Mi madre las tiene/tenía en casa. De cuando en cuando yo hago un entierro colectivo. " ¡Vaya! - me dice - ¡faltan unas figuritas de aquel estante! y, claro, me mira A MÍ, entre risueña y enfurruñada. "Sí- le contesto- Lo siento, mamá. Se me han caído cuatro de ésas al limpiar". Al principio se enfadaba muchísimo. Normal. Teniendo en cuenta que una chica iba cada dos días a casa a limpiar, que yo lo hiciera también era "innecesario". Pero, en parte por no discutir y en parte por aburrimiento, ahora me dice, resignada: "Qué manía tienes, hija" Pues será verdad, pero yo defiendo que, si asumimos el valor de esas figuritas y lo que nos cuesta la chica que viene a limpiarlas, nos sale más a cuenta tirarlas todas. Tal vez en el fondo cree que tengo razón, pero no me lo dice...

Terminé el desayuno. Tiré las mondas de las naranjas recién exprimidas al cubo de la basura orgánica. En casa tengo tres cubos de la basura por culpa de otra manía heredada de mi madre: reciclar. Sí, de entrada puede sonar bien, es muy moderno, ecológico y necesario, pero es que reciclar es una manía como otra cualquiera. Ocupa mucho espacio y tiempo. Yo, día sí, día también, bajo bolsas al contenedor (nunca se llenan a la vez, las malditas). Algunas veces me encuentro con la tarea de destripar una caja que tiene plástico, papel y cartón y algún que otro objeto extraño que no sé muy bien ni dónde debo colocarlo. Ése va siempre al de orgánica. Ante la duda, se destruye y punto. Así pues limpié lo poco que he manchado y dejé la cocina impoluta. Otra manía: el orden y la limpieza. Necesito orden a mi alrededor. Será porque mi cabeza es un caos, y así lo compenso. Si veo algo que no está en su sitio me pone nerviosa. Tiene que quedar ordenado. Antes de irme de la cocina me bebí un vaso de agua y pensé: 'Puede quedar ahí para luego'. Pues no. Mientras lo pensaba ya lo había lavado y recogido. Soy un monstruo.

Inmediatamente me fui a la ducha. Cuando acabé eché un vistazo: todos los botes que usé estaban cerrados. Bien. Antes de vestirme arreglé el cuarto. Poco tiene que arreglar, pero la cama quedó maqueada, con los cojines en su sitio. Mi cuarto debe quedar perfecto antes de salir de casa. Es impepinable. Siempre. En realidad no es necesario y yo lo sé, pero es igual. Es una manía...

Me llamaron por teléfono esta mañana. Que si quiero ir a tomar algo después de comer, me dicen. Contesto que sí. Me encanta salir. Lo cierto es que estoy más en la calle que las papeleras. Quedamos en una terraza. ¿Una terraza en estas fechas? Sí, supongo que puede sorprender viviendo en el Norte, pero aquí hace un día precioso. De hecho, hay muchos días preciosos. Vivo en el Sur del Norte, eso es una ventaja, climatológicamente hablando. Os digan lo que os digan, NO siempre llueve en Galicia. Diréis: eso no viene al caso. Pues sí que viene, sí. Hoy hace un sol radiante, por tanto no puedo olvidarme de las gafas de sol. Siempre van conmigo. Aunque el día esté nublado mis gafas me acompañan. Es que tengo los ojos sensibles. ¿O es otra manía? qué sé yo...

Esta tarde, al ser una tarde aburrida de domingo, tal vez aproveche para ir al cine. Otra odisea. En el cine busco asientos centrados (tanto a lo ancho como a lo 'alto') pero casi siempre llego con el tiempo justo, por lo que normalmente escucho: "No hay, salvo en las filas del final" . Lo canta esa voz distorsionada de una muchacha en una especie de jaula espacial, con cara de pocos amigos, que digo yo que, viéndola, parece que no le paguen por estar allí. 'Vale- le contesto - pues entonces el que quede más centrado" Y allá me planto, en la fila 20, a tomar por saco. Para que os hagáis una idea, como cuando en un avión váis en asiento de cola, pues similar. Me pongo las gafas de ver y digo: 'Qué manía tengo. Estoy demasiado arriba. ¡Si desde aquí estoy tan lejos que confundo hasta a los protagonistas!'.

Mi vida está plagada de manías. Lo sé. Y éstas son las de todo el año, como digo yo, porque también hay 'las estacionales'. En verano tengo alguna más. En la playa, por ejemplo, busco un hueco para tumbarme cerca de la orilla. Me encanta la playa pero odio achicharrarme. Si la marea está subiendo, y las mareas aquí son increíblemente puñeteras, me paso todo el tiempo vigilando la toalla. Si estoy tumbada no hay problema. Los pies me avisan de que se acerca el peligro. Pero como estar llenita de arenas me molesta (vaya, ¿otra manía?) y en mis playas habituales la arena es muy fina, estoy más tiempo ejerciendo de sirena que de lagarto. Pues ahí nace otro problema. Entre chapuzón y chapuzón a menudo tengo que ir corriendo a mover el chiringuito, que se me inunda. Un estrés. '¿Por qué no me pondré más arriba?' - pienso, cabreada. Pero no hay solución. Al día siguiente iré y de nuevo me pondré en la orilla. ¿Por qué? pues porque tengo esa manía...

Voy a subir el post de una vez, porque a medida que escribo se me ocurren más y más manías. Además, debo irme si no quiero llegar tarde. Lo habéis adivinado. No soporto la impuntualidad, por eso cuando quedo con alguien intento siempre llegar a la hora, ni antes ni después. No me gusta nada esperar. Cuando quedas con una sola persona la amenazas y ya está. 'Si en 10 minutos no llegas, me voy'. Y llegan, claro que llegan. Saben que, a no ser que se les haya incendiado la casa o catástrofe similar, me iré. Pero cuando quedas con más gente entonces ya es imposible. Siempre hay quien se aprovecha. Como hay más gente, quien sea que ya haya llegado, no estará solo. Claro, si quedas para charlar, no importa, pero si quieres picar algo es un rollo. Por desgracia la velocidad del grupo es la del más lento y mi grupo de amigos no es muy veloz...

Me voy ya, y me da coraje porque no me ha dado tiempo a repasar las faltas de ortografía y los acentos, que es otra manía que tengo. Sí, decididamente soy una maniática. Y vosotr@s, ¿tenéis manías 'confesables'? Pues contádmelas. Prometo que las leeré con atención, y prometo también no buscaros las faltas en los comentarios.

PD: Otra manía que tengo: NO ser breve en mis post. Pero no os quejéis, que por eso escribo tan de tarde en tarde ;)