5/5/09

Érase una vez...

Érase una vez una tarde luminosa. Caminaba despacio, como se camina cuando no tienes prisa por llegar y te mueves lenta, tan lenta que tus pies parecen acariciar el suelo en lugar de tocarlo. Eran casi las cuatro. 'Me queda más de una hora' - pensé -. Con tantos minutos excedentes decidí que lo mejor era hacer tiempo. ¡Qué paradoja! El lenguaje es tozudo a veces y nosotros unos engreídos. Me sobraba una hora y me puse a hacer tiempo. Los humanos y sus maravillosos poderes. Como si el tiempo se pudiese hacer. Todo el mundo sabe que es él quién te hace a ti, a base de días vividos e instantes malgastados. Sin pensarlo apenas mi cuerpo decidió que se iba a pasear conmigo. Me dejé llevar, sin resistencia ni destino concreto, y acabé alejándome del barullo del centro de la ciudad.

Hay un paseo fluvial muy apetecible donde yo vivo. Podía caminar un rato por allí e ir andando a la cita de las cinco. Me pareció una buena idea. Llegué enseguida y me puse a observarlo todo. El río discurría manso, calmo, como dormido. Normal. Se despertaba de la siesta.

Mi río no es navegable, pero tampoco inútil. A escasos metros de mí estaba siendo recorrido por una pareja de elegantes y presumidos cisnes que parecían caminar sobre sus aguas de un color indefinido, difuso y molesto. Enfrente encontré el motivo: el sol brillaba sobre él, imponente y lejano, hasta convertirlo en una inmensa y curvada bandeja de plata. Decidí alzar la vista. Sobre ese sendero de agua el cielo era de un color azul blanquecino. No. Quizá era blanco desteñido en azul. Las nubes parecían estelas de aviones invisibles. No. Quizá las estelas de aviones parecían nubes. No es relevante. Lo cierto es que, fuese como fuese el techo sobre aquel camino acuoso, era el paraguas de una tarde perfecta. La luna se mostraba esponjosa. Tenía un mordisco. 'Probablemente ha sido el sol, por haberte asomado demasiado pronto'. Me reí de mis propios pensamientos, como tantas veces, y seguí mi paseo involuntario.

De repente oí tu nombre. Me giré. Te busqué con la mirada, pero no te vi, ni vi a quien pudiera nombrarte. Aparentemente allí no había nadie más que yo. Me asusté y descubrí que, como un latigazo, me escocía el corazón. Así debe de ser cómo escuecen las llagas de la añoranza. Menos mal que mis inseparables gafas oscuras escondieron unos ojos empañados en nostalgia y empeñados en derretirse sin mi permiso. Los ojos derretidos no funcionan, así que los míos dejaron de hacerlo. No veía nada en el exterior. No había río, ni sol, ni luna, ni cisnes elegantes. No había un techo azul, ni blanco, ni nubes. Ya sólo veía, como en un barrido de imágenes imperfectas, escenas efímeras, momentos, lugares y tu cara en todas ellas. Sin saber muy bien cómo conseguí que se paralizasen. Y ahí estaban: unas zapatillas de baile azules, tus mejores zapatillas. Y pude verte girar como una peonza, insegura, buscando el equilibrio (sin conseguirlo) de un cuerpo demasiado desgarbado y flaco, pero con una mirada triunfal por ser la dueña de aquellas bonitas zapatillas. Las mías eran rosas. Tú siempre te reías por eso. Sí. Mi madre siempre fue más cursi que la tuya.

Durante un rato me acompañaste. Tú estabas allí junto al río, bailando a trompicones. Oía tu voz: "Nunca podré hacerlo bien" - insistías cada tarde, derrotada. No fue así. Bailabas mejor que yo. Me imaginaba a tu lado, como tantas otras veces, camino de nuestra clase de ballet. Yo iba sola desde mi casa a la tuya, a unos pocos metros. Me esperabas siempre en la acera, sentada en aquel murete de una obra eternamente inacabada. Luego poníamos rumbo a la academia. Así durante muchos años. Muchos. Un día cambiamos la academia por la discoteca, pero seguimos bailando juntas. Lo hemos hecho desde muy niñas y hasta hace muy poco.

Seguí caminando sin darme ni cuenta, pero dejé de verte bailar cuando oí mi nombre. A la vez, desapareció tu imagen y volaron tus zapatillas azules. Eran ya las cinco y casi había llegado a mi cita. Mi amiga me encontró cerca de la terraza en la que habíamos quedado. "¿Has venido caminando?" - me preguntó - Le mentí. Le dije que sí. Para qué explicarle que no, que en realidad había llegado bailando, acariciando las calles, casi de puntillas, y contigo a mi lado.

En ese momento caí en la cuenta de que, aunque me sobre una hora, y aunque me ponga a hacer tiempo, no puedo conseguir lo que me gustaría, que es regalártelo a ti y así poder verte girar sobre aquellas zapatillas azules, riéndote de mis cursis zapatillas rosas de niña pija. No pude evitar enfadarme un poco al pensar en lo injusta que es a veces la vida. Debería estar prohibido irse así, sin un último baile ni un tiempo de despedida. Debería ser un derecho despedirse y una obligación acudir al abrazo de quien se va. ¡Quién sabe! Tal vez también por eso para mi serás siempre inolvidable.

PD: Dedicado a Cris, mi compañera de baile (y de pies doloridos) durante tantos años quien, a pesar de que siempre llegaba tarde, se ha ido demasiado pronto.

31 comentarios:

Anónimo dijo...

Bellísimo recorrido por el recuerdo de alguien a quien se quiere de verdad. Allá donde esté, bailando seguro, escuchará en tu voz el canto de una vida que nunca ha de consumirse.

Besos de loki vinodelfin.

Bowman dijo...

Quizás se haya ido muy pronto, tal vez no hubo despedida; pero nunca te vas definitivamente, si hay alguien que te recuerda así, como haces tu con ella.
Sigue mirando a tu alrededor, volverás a ver girar esas zapatillas azules y a ella sonriéndote sobre ellas.
Esto estrictamente será prosa, pero tu lo has convertido en poesía, de la que sale del corazón, el tintero donde mojamos la pluma de nuestros sentimientos más puros.
Un placer leerte, como siempre.
Saludos

Meiga dijo...

Que estará bailando es seguro, Loki; eso dalo por hecho :)

Un beso y gracias por estar ahí.

Meiga dijo...

JC, es cierto que el recuerdo permanece, por ello hay personas eternas, pero a veces echas en falta esa sonrisa, ese baile, ese café pendiente... tú ya me entiendes...

Te diré una cosa: la prosa poética es algo que siempre me ha atraído. Si me dices que me he acercado a ella, aunque sólo sea un poquito, no podré dormir en un par de días :)

Y lo que es un placer es saber que me leéis, y que vengas y me dejes aquí tu comentario, también...

Un saludito 'feliz'.

Anónimo dijo...

No te queda más que seguir bailando en la vida, pero ahora ya no sólo por tí, sino también en su honor.

Besos y abrazos alegres y bailarines :*

Meiga dijo...

Pues bailaré Viento, claro que sí... ¿bailas conmigo? :)

Besos y abrazos para ti.

Angel dijo...

Lindo recuerdo y muy lindo lo expresaste. Mi mejor amigo de la infancia se fue con sus papas a Europa y no volvi a verle. En un accidente falleció. Entiendo lo que sentís. Si viento no baila yo bailo con vos, si? Un abrazo con cariño.

Ángel.

Meiga dijo...

De acuerdo Ángel, gracias por ofrecerte para ese baile, aunque si Viento acepta, podemos bailar nosotros después :)

No quiero que esta entrada sea triste. Entiendo que te haya traído ese recuerdo y lo siento mucho, Ángel. Pero yo intentaba que fuera más bien un homenaje. Que asome la nostalgia en los recuerdos es inevitable.

Un abrazote para ti.

Adela Abós dijo...

¿Sabes que me parece tu entrada?
Una realidad, escrita en poesía disfrazada de cuento.
¡Me encanta!

Tengo claro que Cris sigue bailando desde entonces y girando y riendo, mientras piensa... que cuando llegue el momento, seguirá bailando mejor que tú, porque sus zapatillas azules desgastadas se habrán hecho a su pie.

PD. Para que no haya conflictos... ya bailaré yo con Karmen... pero que me deje su zapatillas rosas, que a mí sí "me molan"... ;)

Unknown dijo...

Precioso lo que describes con tus palabras... preciso


Un saludo, PAz

Lady Pirata dijo...

Te leí esta tarde, Karmen.
He vuelto a hacerlo, y no sirvo para emocionarme ya, no quiero llorar.
Un beso.

Al Sur del Norte es un muy bonito título para un libro (:

Lady Pirata dijo...

No sé si me he liado. Digo Karmen, que me he hecho fuerte y dura, y cuando me emociono lo paso mal, y siento que me falta el aire. Es un homenaje, lo sé, pero me ha llegado un montón y me ha tocado la fibra.

¡Biquiños!

Meiga dijo...

:) Gracias Adelis... eso es muy bonito, reina...

Tienes razón. Ella siempre bailará mejor que yo. ¿Qué mejor manera de hacerlo que abrazada a una nube y alrededor del sol?

Bicos...

PD: Yo te dejo encantada mis zapatillas rosas, si "te molan" :)

Meiga dijo...

Además de 'escribiendo' disfruto 'describiendo' con palabras. Me alegra que te haya gustado :)

Un saludito, Javi.

Paz y AMOR

Meiga dijo...

Al Sur del Norte... pues tienes razón, piratilla, suena bien... Queda de primero en mi lista de 'posibles' imposibles...

Y no te apures, Lady... Te has explicado perfectamente, o fatal, no lo sé, pero yo te he entendido perfectamente ;)

Ser dura es recomendable a veces; otras veces duele igual, pero lo de emocionarse por desgracia no siempre es fácil de controlar.

Prometo escribir algo más amable la próxima vez.

Bicos y vuelve pronto... tú ya me entiendes...

Erna Ehlert dijo...

Preciosa tu historia de la hora de espera en tus pensamientos.

Un abrazo

Meiga dijo...

Poco tiempo parece una sola hora para resumir toda una vida, ¿verdad?... sin embargo a veces el corazón puede hacerlo...

Un abrazote, Erna :)

Anónimo dijo...

no puede haber mejor homenaje

Soledad Sánchez Mulas dijo...

Karmen: Me ha emocionado muchísimo este texto, escrito con el corazón. En Diciembre se me fue una muy buena amiga, y también me han acompañado en mis paseos y en mis días muchísimos recuerdos imborrables.
No obstante, yo sé que volveré a verla.
Y en esa esperanza "hago tiempo", pero de verdad, para disfrutar de todo lo bello que aún nos aguarda, aunque suenen en nuestra alma, de vez en cuando, los tacos de unas zapatillas de ballet.

Un beso, preciosa.

Soledad.

Meiga dijo...

Gracias, Mati :)

Meiga dijo...

No hay mejor forma de entender algo que habiendo pasado por ello. Por lo que me cuentas sé que tu emoción es inevitable.

¿Sabes? yo suelo vivir el presente; no me planteo mucho qué pasa después (o qué no pasa) y en mi presente sé que cuando me acuerde de ella o de esas zapatillas tal vez me sacará una lágrima, pero también una sonrisa.

Un beso grande, Soledad.

Meli dijo...

Karmen, un abrazo muy fuerte. Imagino cómo te sientes, pues hace escasos dos meses se me ha marchado una de mis mejores amigas. Y quedan tantas cosas qué decir y hacer!!!!!

Lo dicho, cielo, un enorme abrazo.

Anónimo dijo...

Me quedo con muchos mensajes ocultos en tu homenaje,un bello homenaje. Me quedo con varias frases, y me quedo con el cariño que desprende. MAgnífica la idea de, de vez en cuando, pararse y observarlo todo, tambien me la quedo, pero sobre todo me qudo con este deseo:

"Debería ser un derecho despedirse y una obligación acudir al abrazo de quien se va"

Un abrazo desde mi cueva.

*El ermitaño urbanitas*

Meiga dijo...

Lo cierto Meli es que ella también se ha ido hace ya unos meses; sólo ahora que el tiempo 'modera' los sentimientos, y como tenía pendiente una despedida en condiciones, surgió la idea de este pequeño tributo.

Un abrazote también para ti.

Meiga dijo...

Quédate con todo lo que quieras Ermitaño, por supuesto. Yo me quedo con tu abrazo :)

Gracias por tu visita. Otro abrazo para ti.

la rubia dijo...

Que bello recuerdo, lo plasmas tan magico, tan sublime, que me parece estar viendo a tu amiga bailando sobre el rio con sus zapatillas. Hay amigas inolvidables, casi todas lo son y dejan un recuerdo imborrable, si que es cierto que algunas desaparecen, o se van o las circunstancias de la vida nos las arrebatan. Seguro que desde el cielo sigue bailando con sus zapatillas azules y estara muy orgullosa de saber que la recuerdas con esa sensibilidad y esa ternura.
Un abrazo morenilla.

Meiga dijo...

Pues ¿sabes, rubia? yo también me la imagino siempre bailando... y riéndose como una boba de mis zapatillas rosas :)

Abrazote gigaaaante para ti...

ЖΔЯIΔ dijo...

A los que llevamos en el corazón, siempre los mantenemos cerca en los recuerdos...
Algún dia volveran a encontrarse las zapatillas rosa y las azules, para darse ese abrazo, oir esa risa y bailar sin pies adoloridos, contandose todas las cosas que quedaron pendientes. Estuve ausente y al regresar te leo y me conmuevo, no cambies tus escritos para que sean más amables. Tu narración-poesía, es preciosa... Son tus sentimientos y así debes expresarlos.
Ya hasta tienes una lista de nombres... ujummmmmmm ¬¬ creo que ese libros de cuentos y poesías cada vez es menos sueño.
Bechotes y amapuchadas a montón :*

Meiga dijo...

Lo cierto es que cada vez que bailo la recuerdo, y yo soy muy bailona, osea que hazte una idea de la frecuencia :)

Gracias por tus palabras. Y respecto al nombre... jeje... es sólo por si acaso... un juego de palabras que surge por vivir donde vivo, pero es sólo eso... por ahora... jajaja...

Bicos y apertas ЖΔЯIΔ. Me alegra mucho leerte, 'primita'.

Sonia dijo...

El recuerdo imborrable que dejan algunas personas en nuestras vidas es algo que demuestra que merece la pena vivir. Precioso tu relato y tu homenaje. Un saludo.

Meiga dijo...

Vivir siempre merece la pena si tenemos el privilegio y la suerte de disfrutar de recuerdos como éste. Seguro que sí.

Gracias de nuevo, Sonia :)