
(vista de las vías y rampa de selección
desde la torre de vigilancia)
Oswiecim, Julio 2009
Cracovia, 1942.
Ni siquiera importa cómo me llamo porque en breve seré sólo un número, así pues ya ni me presento. Me espera una vida nueva, un trabajo y un nuevo 'hogar'. No es del todo cierto, pero prefiero pensar así. Sea como sea no es opcional. Si soy optimista pienso en que podemos llevarnos a nuestras familias con nosotros y ni siquiera tendremos que preocuparnos por encontrar un lugar donde vivir ni hacer una (casi seguro) incómoda mudanza. Debemos, eso sí, llevar nuestras pertenencias más queridas y/o valiosas (que no siempre son las mismas). No tenemos que pagar el viaje porque se pone a nuestra disposición el medio de transporte habitual en nuestro tiempo: el tren. No viajaremos en primera clase pero, habida cuenta del coste cero que nos supondrá, es más que suficiente. El viaje comienza muy temprano, de madrugada, y lo iniciamos sin apenas haber dormido. Llevamos a rastras, buscando un difícil equilibrio, maletas, fardos, bolsas e hijos. El tren, inmenso, está a punto de salir y tenemos que entrar apresuradamente. Imposible encontrar un asiento porque no hay. Demasiadas personas hacen el mismo trayecto o el vagón es demasiado pequeño. Son los inconvenientes de viajar gratis. No podemos protestar.
Parece que ya estamos llegando, aunque no se ve la estación. Debe de estar tras esa torre de ladrillos. Llueve en Birkenau. Antes de parar por completo el tren compruebo que hay varios hombres esperándonos. Será para organizar el traslado y hospedaje. Parece que aquí está todo bajo control, por todas partes hay hombres informando de qué hacer en cada momento. Me tranquiliza saberlo. Tenía miedo de extraviar el equipaje pero, tan pronto bajamos, nos hacen etiquetar con nuestros datos personales todos los bultos que hemos traído. Luego los hombres uniformados nos los harán llegar. Somos muchos, no me había imaginado encontrarme con tanta gente aquí. Pero esto es muy grande, no alcanza la vista donde acaba, así que no habrá problemas de espacio. Hay personas por todas partes, de todas las edades, y niños, también hay muchos niños. Me alegra saberlo porque temía que pudieran aburrirse aquí. Nos dirigen hacia los barracones situados a la izquierda de la Torre. Nos informan de que será nuestra nueva residencia y nos avisan también de que antes debemos pasar a recoger la ropa de faena. En el camino nos vamos encontrando con decenas de personas a nuestro alrededor, algunos en cuadrillas de trabajo ya uniformados, y otros, que parecen ser los que mandan, organizando grupos que parece que, como nosotros, acaban de llegar. Al llegar a un edificio largo y estrecho oímos a alguien decir que hay que darse una ducha y cortarse el pelo. Dice que es para evitar contagios o infecciones. Parece razonable. Somos demasiados aquí y una ducha caliente nos vendrá muy bien después de un viaje tan largo e incómodo. Los más pequeños empiezan a estar cansados y los lloros, contagiosos como la risa, rompen el silencio tan pesado que nos rodea aquí. Resulta extraño pero, ahora que lo pienso, y aún a pesar de haber tantas personas, en este lugar hay sobre todo silencio. Delante de mí una madre consuela a un niño, sollozando de hambre o sueño o ambas cosas: "Pronto podrás dormir" le susurra, dándole un beso en la mejilla. Antes de que sus labios toquen la piel suave del niño se apagan todas las luces. De nuevo, sólo se oye al silencio.
Llovía en BIRKENAU cuando hice esta foto. Creo que no podía ser de otro modo. El silencio brutal e inmenso que hay allí te cala los huesos y el alma. Mientras intentaba que mis ojos abarcasen de un vistazo un terreno demasiado grande llovía afuera. Tuve la extraña sensación de que allí debería llover siempre, como si en una especie de homenaje póstumo fuese obligatorio que llorase el cielo para borrar tanto dolor.
Ni siquiera importa cómo me llamo porque en breve seré sólo un número, así pues ya ni me presento. Me espera una vida nueva, un trabajo y un nuevo 'hogar'. No es del todo cierto, pero prefiero pensar así. Sea como sea no es opcional. Si soy optimista pienso en que podemos llevarnos a nuestras familias con nosotros y ni siquiera tendremos que preocuparnos por encontrar un lugar donde vivir ni hacer una (casi seguro) incómoda mudanza. Debemos, eso sí, llevar nuestras pertenencias más queridas y/o valiosas (que no siempre son las mismas). No tenemos que pagar el viaje porque se pone a nuestra disposición el medio de transporte habitual en nuestro tiempo: el tren. No viajaremos en primera clase pero, habida cuenta del coste cero que nos supondrá, es más que suficiente. El viaje comienza muy temprano, de madrugada, y lo iniciamos sin apenas haber dormido. Llevamos a rastras, buscando un difícil equilibrio, maletas, fardos, bolsas e hijos. El tren, inmenso, está a punto de salir y tenemos que entrar apresuradamente. Imposible encontrar un asiento porque no hay. Demasiadas personas hacen el mismo trayecto o el vagón es demasiado pequeño. Son los inconvenientes de viajar gratis. No podemos protestar.
Parece que ya estamos llegando, aunque no se ve la estación. Debe de estar tras esa torre de ladrillos. Llueve en Birkenau. Antes de parar por completo el tren compruebo que hay varios hombres esperándonos. Será para organizar el traslado y hospedaje. Parece que aquí está todo bajo control, por todas partes hay hombres informando de qué hacer en cada momento. Me tranquiliza saberlo. Tenía miedo de extraviar el equipaje pero, tan pronto bajamos, nos hacen etiquetar con nuestros datos personales todos los bultos que hemos traído. Luego los hombres uniformados nos los harán llegar. Somos muchos, no me había imaginado encontrarme con tanta gente aquí. Pero esto es muy grande, no alcanza la vista donde acaba, así que no habrá problemas de espacio. Hay personas por todas partes, de todas las edades, y niños, también hay muchos niños. Me alegra saberlo porque temía que pudieran aburrirse aquí. Nos dirigen hacia los barracones situados a la izquierda de la Torre. Nos informan de que será nuestra nueva residencia y nos avisan también de que antes debemos pasar a recoger la ropa de faena. En el camino nos vamos encontrando con decenas de personas a nuestro alrededor, algunos en cuadrillas de trabajo ya uniformados, y otros, que parecen ser los que mandan, organizando grupos que parece que, como nosotros, acaban de llegar. Al llegar a un edificio largo y estrecho oímos a alguien decir que hay que darse una ducha y cortarse el pelo. Dice que es para evitar contagios o infecciones. Parece razonable. Somos demasiados aquí y una ducha caliente nos vendrá muy bien después de un viaje tan largo e incómodo. Los más pequeños empiezan a estar cansados y los lloros, contagiosos como la risa, rompen el silencio tan pesado que nos rodea aquí. Resulta extraño pero, ahora que lo pienso, y aún a pesar de haber tantas personas, en este lugar hay sobre todo silencio. Delante de mí una madre consuela a un niño, sollozando de hambre o sueño o ambas cosas: "Pronto podrás dormir" le susurra, dándole un beso en la mejilla. Antes de que sus labios toquen la piel suave del niño se apagan todas las luces. De nuevo, sólo se oye al silencio.
Llovía en BIRKENAU cuando hice esta foto. Creo que no podía ser de otro modo. El silencio brutal e inmenso que hay allí te cala los huesos y el alma. Mientras intentaba que mis ojos abarcasen de un vistazo un terreno demasiado grande llovía afuera. Tuve la extraña sensación de que allí debería llover siempre, como si en una especie de homenaje póstumo fuese obligatorio que llorase el cielo para borrar tanto dolor.
He estado de vacaciones. En esta época siempre que puedo hago un viaje. Esta vez el destino ha sido Polonia. No estaba entre mis prioridades inmediatas, pero surgió la posibilidad y me apunté. Ha resultado ser un viaje fascinante, lleno de silencios y susurros, de luces y sombras, y sobre todo de colores. De rojo los castillos que aparecen como gigantes en casi todas partes, de mil colores las fachadas en sus ciudades llenas de historia e historias, y de verde el paisaje que tanto me ha recordado a mi tierra, verde como la esperanza de sus gentes y los lagos que salpican sus llanuras. Los polacos son alegres, amables y educados, ruidosos y muy callejeros; están muy cerca en el mapa pero muy lejos del carácter seco de sus vecinos checos o rusos y sonríen todo el tiempo. Será que quieren recuperar tantas sonrisas borradas a golpe de bombas e invasiones, será que no hay nada mejor para secar el llanto que el soplo de una sonrisa.
Sé que una estancia de apenas 10 días no es suficiente, que no permite sentencias, que ningún pueblo, ninguna cultura, ningún país con tanta historia a sus espaldas se puede conocer mediante excursiones más o menos programadas. No basta con comer lo que ellos comen, pasear por donde ellos pasean, o rememorar a golpe de guía acontecimientos del pasado. No es suficiente con fotografiar todos sus monumentos ni visitar todas sus iglesias. Tal vez haga falta toda una vida, incluso puede que ni toda una vida sea suficiente. Para comprender a un pueblo es tal vez imprescindible haber nacido dentro de él. Pero aún asumiendo mi desconocimiento e ignorancia, letrero que llevo pegado a mis espaldas de simple turista curiosa, me atrevo a afirmar que el carácter dice mucho de una comunidad y los polacos llevan la alegría en sus ojos claros, en su música, en cada rincón colorido de sus ciudades y en su chispeante y sempiterna sonrisa. Y para "los curiosos": sí, las polacas son (en general) muy guapas :)
¿Estáis tod@s ahí, estrellitas? Espero que sí.
26 comentarios:
Síiiii... aquí estoy yoooo....(muack)
¡¡Qué bien, que hayas vuelto!!!
Precioso el relato que acompaña a la foto y más bonita la conclusión.
Creo que sí, que tienes razón... el cielo debe estar llorando continuamente en ese lugar.
Gracias por contarlo todo tan bien ufffffffffffff....
PD. Miraré ansiosa mi correo... estoy impaciente por ver, lo que has visto....;)
Hola de nuevo, karmen. Me alegra tu regreso pues se te ha echado en falta. Veo que tu viaje ha tenido de todo y que has disfrutado mucho.Qué historia tan emotiva y trsite nos cuentas. Para mí sería bonito conocer Europa, como un sueño. Ojalá un dia y no muy tarde pueda ser.
Un abrazo y bienvenida.Ángel.
Holaaaaa H-Adita,
qué bien saber que la estrellita más reluciente del mundo mundial está ya por aquí. ¿has sido buena? ¿sí? ¿en serio? pero ¡¡¡serás boba!!! que te he dicho que no vale la penaaaaa, jajajaa...
La historia surgió mientras paseaba por allí y la guía, con un asombrosamente fluido y perfecto castellano, daba datos y más datos que yo nunca me hubiera imaginado fuera posible. Sobrecoge el corazón estar allí, no sabría explicarlo muy bien.
¿Ya has visto mi mail? Seguro que te ha parecido DELOMÁS jajajaa...
Mil besitos, reguapa...
¡Gracias Ángel! yo también me alegro de estar aquí de nuevo; lo siento por vosotros que tendréis que volver a acostumbraros a mis charletas :)
Pues lo cierto es que es que sí, que he disfrutado 'como una niña' ... Mira, tú quieres venir a Europa y yo espero conocer América; he ido sólo un par de veces y no he visto casi nada (es que es muuuuuy grande) Si algún día te vienes, creo que Europa te va a encantar :)
Abrazotes también para ti.
Hola Karmen, encantado de volver a encontrarte; me has dado mucha envidia, Polonia es uno de los paises que más me gustaría conocer; siempre he admirado mucho al pueblo polaco; han desaparecido como país siete veces, fueron moneda de cambio entre Prusia y Rusia, perdió la quinta parte de su población en la segunda guerra mundial, como sé enfrentaron a la dictadura comunista; en definitiva, un pueblo digno de admiración.
Perdón por el rollo histórico, yo es hablar de Polonia, y me lanzo.
Un placer volverte a encontrar y me alegro que lo pasaras bien.
Un abrazo
(No tiene que ver con el post, aún no lo he leido).. pero vaya selección de música más bonita tienes. Es que no quería dejar de decírtelo.
Hola, JC :)
pues te diré que todo lo que admiras al pueblo polaco tiene justificación, sólo hay que pensar en que no hace tanto estaban sumidos en un caos, que una y otra vez construían sobre lo ya reconstruido antes, y que aún así sus ciudades más históricas parecen sacadas de un libro de arte. Es admirable. Yo fui por casualidad y me encantó. Si tú ya tenías ganas de hacerlo seguro que alucinarás.
No has soltado ningún rollo... rollos son los mios, jeje...
Te visitaré para ver cómo ha ido el club de fans mientras no estuvo la presi ;)
Abrazote para ti.
Gracias Anónimo. Lo cierto es que pocas veces alguien se fija en la música del blog y es una de las partes que más mimo, así que me alegra que te haya gustado :) Hasta pronto...
Que gusto leerte Karmen ya te extrañaba y yo como parte de tu cielo x aqui ando alumbrando a veces.... Bienvenida... Abracitos
¡Jo! Me encantaría ir a Auschwitz, aunque sé que me afectaría.
Pero es sana la compasión e intentar (algo demasiado difícil) ponerse en el lugar de todos aquellos que tanto sufrieron.
Me han contado lo mismo que tú relatas.
El silencio casi casi insolente que supongo hace reflexionar aún más.
Me gusta Europa del Este, parecen ciudades sacadas de un cuento.
Yo he vuelto unos días, vuelvo a irme otra semana, y esta vez me llevo el portátil, otra cosa es que lo utilice.
¿Y los polacos? Si se parecen al ex de la Obregon, el tal Darek (soy friki, si)... ¡UaU!
Aunque... ¿a quién le importa el físico?
Y ya para acabar, si, supongo que los pueblos que sonríen es porque han sufrido demasiado, y saben la importancia de tener una actitud positiva.
Ay, que bonita entrada, Karmen.
Besitos muchos muchos (:
Gracias Maty por alumbrar mi cielo; de hecho creo que eres de las primeras estrellitas que aparecieron por aquí :)
Abrazotes gigaaaaaaaaantes para ti
Las sensaciones son extrañas allí, Lady... es como si se hubiese parado el tiempo; sentí sobre todo mucha rabia a medida que iba conociendo el día a día en el campo; también sentí vergüenza al pasear como una excursionista por rincones en los que sabes que se sufrió tanto; había muchos grupos, pero no hablaban entre ellos, parecía que el silencio fuese señal de respeto; sorprende ver esas literas estrechas para cuatro, sus pertenencias apiladas en montones, los calabozos, las fotos en los pasillos de mujeres, niños, ancianos... los huecos de las duchas en las cámaras de gas... no sé, es realmente brutal. No puedo explicarlo, es de esas cosas que hay que IR para saber lo qué se siente...
Y Dareks: vi uno o ninguno (el guía que me paseó por Varsovia, por ejemplo, no estaba mal, jeje) pero en general el nivel flojito... es que pa mí que el de la Obregón es un camelo y nació en Tordesillas ;) y ¡Qué razón tienes! el físico no importa, pero si resulta que lo hay, pues no le vas a hacer ascos!!
Pues feliz regreso de/a las vacaciones (como te cunden, jodía, jajajaja)
Bicos mil....
Hola Karmen,
Una vez más tu relato me ha conmovido. Sensible, bello y desgarrador al mismo tiempo. Es increíble que "aquéllo", por llamarlo de alguna manera, sucediera. Pero hay tantos "impensares" en este mundo...
No me quiero poner triste y para ello te diré que hace unos meses conocí al que hoy en día considero un buen amigo. Un chico polaco que me ha sorprendido gratamente por su alegría, generosidad, honestidad... Alguien del que me alegro mucho tener como amigo.
Besos
Esperanza
Esperanza, ¡qué alegría leerte!; hacía ya tiempo que no asomabas la nariz. Siempre eres muy amable en tus comentarios. Gracias :)
Tienes razón en no ponerte triste; de mis post prefiero que os quedéis siempre con lo positivo, que normalmente lo tiene, y en este caso está claro que lo que quiero destacar es la capacidad de este pueblo para salir adelante una y otra vez.
Tu amigo polaco seguro que es una bella persona (no será Darek, ¿no? jajajajaa)
Besos para ti (y no tardes tanto en aparecer)
Hola Karmen
ja, ja, ja, no, no, Darek no es, pero tampoco está nada mal ;-)
Besos.
P.D te escribo poco, pero te leo siempre.
Esperanza
¿Conoces a Janosch?
Es de origen polaco y es un dibujante y escritor de lo mas tierno con una sonrisa para enamorarse de el.
Un abrazo y no tengas miedo de venir por aquí, las arañitas son muy pacificas cuando se trata de humanos.
Ay Karmen, que has estado en Polonia, qué envidia. Es un país maravilloso, pasé allí unas navidades y, a pesar de que pude ver muy poco, me enamoré del carácter jovial, alegre, dulce y educado de su gente. Tengo que volver con más tiempo para ver eso que tú has visto, quiero que se me hiele la sangre, y quiero saber que las desgracias no se olvidarán, porque dicen que es la única manera de no repetirlas.
Un beso. Perdón, un muac-kiss,
El que odia a Derek y prefiere al Duque ;)
Me da mucho gusto que te la hayas pasado contenta en esa dimensión desconocida que es el este de Europa.
No sabía que los polacos fueran tan alegres, sobre todo en comparación con sus vecinos.
Y seré "curioso" pero, ¿de casualidad no conociste a alguna muchacha guapa, inteligente, tierna, soltera y sin compromisos que le puedas presentar a tu queridísimo primo Matri?? :-P
Esperanza, yo no tengo ninguna pereza en viajar. Si me dices a dónde ir, pues yo me doy un saltito... jajaja...
Besos también para ti.
PD: Gracias ;)
¿Janosch? pues no le conocía, Erna, pero me pondré a "cotillear" por la red para ver qué encuentro :)
Las arañitas son pacíficas, lo sé, pero es que yo soy gafe ¡siempre me pican, o me muerden, o lo que sea que hagan esos bichitos! es totalmente cierto...
Abrazotes para ti.
Querido anónimo, ¿a qué es totalmente cierto lo de su carácter? yo en ningún sitio antes he visto tantas sonrisas por m2... Si tienes la oportunidad de ir de nuevo sé que lo harás y disfrutarás, seguro :)
Otro muac-kiss para ti... venga, dos...
PD: El Duque tampoco está mal, no te lo voy a discutir... jeje...
Pues sí, primo Matri, ha sido toda una experiencia... creo que todos los viajes aportan algo, sólo que en algunos casos ese algo perdura y éste es uno de ellos...
Pues te diré que he conocido a algunas muchachas interesantes para ti, aunque igual no tiene todas esas cualidades (eres muuuuuy exigente) pero claro, como tú vives por y para las "chavas rusas" pensé que no te interesaban y no les pedí el contacto... cachisssss... jajajaja...
Besos :*
Hola Karmen,
Veo que solamente te llegó la última parte de mi comentario.
No sé a donde se fue la primera.
Lo que falta:
Que dolor, leer la primera parte de tu entrada.
Estos días estoy leyendo un libro que trata en aquella época.
Se llama “la ladrona de libros” y es muy conmovedor.
Su autor es Markus Zusak.
Un saludo
Erna, pues no sé dónde acabó el resto de tu comentario, ¡¡este internet!! yo creo que tiene agujeros negros :)
Sí, es doloroso, pero por desgracia el dolor desde que nacemos forma parte de nuestra vida.
¿Sabes? ese libro que comentas lo he leído yo hace unos cuantos meses y me pareció entrañable y desgarrador, muy duro pero totalmente recomendable... Y la portada es preciosa, ¿a que sí?... Seguro que lo estás disfrutando.
Saluditos, y gracias por volver a traer "el comentario perdido" ;)
Yo tambien estoy aqui morenilla, volvi ayer del curso de pintura en Olias, me ha encantado tu relato y me ha erizado la piel solo de pensar en tanto dolor... No tengo palabras para definir lo que siento.
Un abrazo, me alegra que est´´es de vuelta.
Mi rubiiiia, qué bien que hayas ido al curso. Seguro que te lo has pasado en grande sabiendo lo que disfrutas cada vez que vas... ya me contarás...
Ciertamente es triste contarlo, y duro que te lo cuenten, pero hay que contarlo porque algo así no puedo quedar nunca en el olvido.
Abrazo gigante para ti :)
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