15/3/07

Oda a los imbéciles






R.A.E: "Alelado, escaso de razón"...

Me parece una definición, cuanto menos, sutil. ¿Cuál es vuestra opinión?

No sé vosotros, pero yo no los soporto. Puedo aguantar a los frikis, o a los tontos, si me apuráis hasta puedo aguantar a los antipáticos, pero no a los imbéciles, simplemente porque una de las características que más definen su personalidad es que no se enteran de que lo son, no son conscientes de su imbecilidad. De hecho, saben que los imbéciles existen, pero no se identifican con ellos.

No soporto sus aires de superioridad cuando te dicen las cosas pensando que el imbécil eres tú, y que su imbecilidad no es sino el conocimiento de lo que los demás mortales, “pobres inútiles”, ignoramos, o cuando se sienten unos incomprendidos si les contradices ante alguna de sus genialidades.

Da miedo pensar la gran cantidad de clases de imbéciles que existen. Pensarlo y veréis. A mí, sin necesidad de grandes esfuerzos, se me ocurren varias, pero seguro que vosotros encontráis alguna más.

Están los imbéciles congénitos, que son aquellos que han mamado la imbecilidad desde muy pequeños, por lo que casi quedan eximidos de la lista, en primer lugar porque a veces es difícil elegir, y en segundo lugar porque cuando llevas toda tu vida rodeado de imbéciles a los que encima “quieres” ¿cómo no acabar siéndolo, aunque solo sea por empatía? A esos CASI los perdono.

Luego están los imbéciles reflejos, que son los que oyen a un imbécil, piensan que lo es, pero aún así, le dan la razón. ¡Cuántos me encuentro cada día de esos!

¿Y qué decís de los imbéciles diplomáticos? Ellos dicen las imbecilidades sin que apenas se note que lo son, es más, te obligan a pensarlo con detenimiento durante unos minutos hasta que, al fin, concluyes: ¡Otro imbécil! Eso sí, imbécil pero culto. Esos son admirables para mí...

Pero lo peor, LO PEOR, y hablo siempre desde mi punto de vista, son los imbéciles perpetuos, aquellos en los que la imbecilidad es ya una forma de vida, y no pueden echarle la culpa a su entorno. De hecho supongo que cualquiera, y por descontado me incluyo, puede ser imbécil en un momento dado, y sin querer serlo ( ¡o queriendo! ) vas y haces el imbécil, ¡pues no pasa nada! Mañana me redimo. He sido un imbécil, me he sentido un imbécil, y el simple hecho de que me dé cuenta de eso, ya denota que no lo soy. Pero los pobres imbéciles perpetuos mañana seguirán siéndolo, y seguirán tan contentos. Pobres.

Llegados a este punto, os pido perdón por el rollo que acabo de soltaros, y rezaré para que no penséis que estoy chiflada... o que soy imbécil.

No hay comentarios: