11/9/08

Son como niños



Son como niños en cuerpos grandes, agotados, menguantes y cercanos a la fecha de caducidad. Como los niños son sorprendentes, aunque ellos ya no se sorprenden de nada. Tienen ramalazos caprichosos y, sobre todo, tienen en común que suelen ser muy tozudos.

Siempre he sentido la necesidad de acercarme a ellos, y cuando lo he hecho casi siempre me han aportado muy buenos momentos, pero en realidad, si exceptuamos mi relación con personas de mi familia, ha habido pocos contactos “reales”. Ahora, por motivos irrelevantes, los visito a menudo. Siempre es lo mismo y sin embargo siempre es distinto. Cuando voy siempre hay algo que me quieren contar. Se pisan unos a otros al hablar, fieles a esas normas no escritas de las mejores tertulias “Made in Spain”: el que pueda, que hable. En este país es más fácil que se acabe el problema del paro a que hagamos "loquesea" con cierto orden. Así pues, desde el principio, se atropellan para contármelo todo: “Que si fulanito hoy no ha comido, y el otro ha montado un pollo porque hacía frío y no cerraban las ventanas”, “que si menganita ha vuelto a perder el bastón, que mira que es pesada con el bastón, ¡si total luego no lo usa, que lo lleva apoyado en el brazo!”.. “que aquella de allí, la rubia teñida (vaya, como para no estarlo con 70 años) es nueva y muy estirada, y que no habla con nadie”. Yo me río y les replico: "¡es que es nueva! hablar vosotras con ella". Absurdo razonamiento. “No, no, es que es una estirada” “y aquella otra no ha parado de cantar en toda la tarde”....

Es un grupo tan heterogéneo como lo es cualquier grupo en cualquier otro sitio en el que se reúnan personas de diferente edades, ideologías, carácteres y procedencia. A mí, en cuanto entro allí, automáticamente se me dibuja una sonrisa. No es un lugar triste, pero tampoco alegre. Yo diría que es neutro: ni frío ni calor. Pero yo al entrar sonrío. Inmediatamente se suele repetir la escena: la mujer del sillón azul, tan pronto me ve, me pide que la saque al patio (me confunde con una auxiliar, supongo) otra me pregunta que cuando la vendrán a recoger, que se quiere ir a casa; un señor me llama Ana (me confunde con su nieta). Y al final de mi recorrido siempre voy a darle un beso a mi “niña” favorita. Se llama María, pero yo la llamo "abuelita", porque es la abuelita: pelo canoso y escaso, semi largo, lo suficiente para recogerlo en un minúsculo moño; las gafitas, pequeñas y redondas, intentan esconder, sin conseguirlo, unos ojos vivarachos y simpáticos, y su cara dibuja la sonrisa amable de abuela de anuncio. Nunca recuerda mi nombre, y me llama Miss Morena. Su hijo, que suele estar allí cuando llego, sonríe, y yo le digo: "¡No me pongas colorada, María” pero eso es puramente anecdótico. Ella es tremendamente cariñosa, y sé que aunque yo fuese cojita y esmirriada, me llamaría Miss Morena. Yo a esta anciana la quiero. Me recuerda cada día que ella tiene 93 años, y que tiene una bisnieta muy guapa (que ya me ha presentado varias veces) y que es muy buena estudiante. Me da siempre muy buenos consejos, y cuando me voy me dice: "Linda, sé feliz, no olvides sonreír, y vuelve mañana, ¿sí?".

Así se pasa la vida en una estancia de unos 100 m2, funcionales y poco acogedores, que ellos llaman “casa” porque muchos no recuerdan ya dónde vivían antes de aquel lugar. En realidad, algunos no recuerdan casi nada. Me doy cuenta cuando estoy allí, cuando miro a mi alrededor, que la vida no son los años que cumplas, sino los momentos que puedas recordar, y cuando apenas recuerdas nada, es cuando la vida ha sido una gran mentira.

Hoy no he podido ir pero cuando vuelva a esa residencia disfrutaré viendo cómo vuelven a criticar por enésima vez el mal gusto de “la de verde” que combina fatal los colores, o lo mal educado que se ha vuelto D. Jacinto “con lo majo que era al principio”. Iré a la residencia (porque geriátrico, a mí personalmente, no sé muy bien el porqué, me suena mal) y estos maravillosos niños en cuerpos grandes agotados y menguantes volverán a sorprenderme.

Me gustaría que se les valorase más, que no se les diera la espalda, que se les devolviera el cariño que muchos de ellos (no todos, que también hay malas personas de 80 años) han ido dando por la vida, y que pudieran contar sus historias a otras personas, como hacen conmigo cada vez que entro. Todos deberíamos tener el derecho a vivir acompañados cuando se acerque el momento de irnos, pero hay muchos que no están allí, en ese salón luminoso de 100 m2, y en el olvido se van apagando sin ni siquiera tener con quien hablar del miedo que sienten en ese momento. Qué pena, ¿verdad?

Ojalá cuando yo sea viejecita haya "vivido" muchos años, y "recuerde" que los he vivido. No me gustaría, pero si tengo que pasar un tiempo en una residencia como ésta, ojalá no confunda un salón más o menos luminoso con lo que un día fue mi hogar. Porque a mí la vejez no me asusta, lo que sí me asustaría sería tener que afrontarla sola y, sobre todo, sin recuerdos.

14 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué sensible eres niña, ojalá un dia pueda conocerte y darte un abrazo muy grande. Seguro que tu madre estará muy orgullosa de tener una hija con un corazón tan grande. Ayyy se me han saltado las lagrimitas. Qué bien escribes y cómo sabes transmitir lo que sientes. Un beso.

Meiga dijo...

Mi rubia, ¿no será que la sensible eres tú y por eso se te sueltan las lagrimitas? Y lo de ese abrazo pendiente, dalo por hecho. Es una de esas cosas que están en mi lista de tareas pendientes, pero hacia arriba, muy arriba :-)

Yo creo que transmito sólo cuando el que lee está receptivo, y tú lo estás siiiiempre conmigo.

Mil "abrazos pendientes" y un beso gigante, guapísima.

flores dijo...

Hola Karmen, que bien escribes, nos haces vivir tus relatos, felicidades me ha gustado mucho. saludos

Anónimo dijo...

oyeeeeeeeee, que no, que si tú eres la que escribe muy bien y transmites todo, que casi me haces llorar snif...snif....este tema es muy sensible para mi, es raro, en mi casa siempre pensabamos que las personas que dejabna a los abuelos en los hogares eran gente insesible, uno se pregunta, ¿pero cómo no van a tener paciencia?, pero como tú lo dihjiste hay personas como estan que no son buenas, a mi me ha tocado esa parte fea, con mi abuela, que casi nos destrozo la vida, finalmente tubimos que tomar una desición como familia y dejarla en el hogar, todos los días la iban a ver mis papás, a los 11 días despúes murió, pero bueno es una historia larga que contar.
Pero no todo es malo, también conoci personas como la abuelita de la que hables, conocí esas mujeres y hombres que tú nunca te aburririas de escuchar, con historias y con una memoria que ya se la quisiera uno, son capaces de transmitite la misma emoción que ellos sintieron alguna vez. Me quedo con lo bueno, y me quedo con el mismo deseo que tú tienes, no quiero quedar jámas, sin recuerdos...

Meiga dijo...

¡¡Hola, Eugenio!!... Me alegra muchísimo que sigas viniendo a visitarme. Gracias por tus palabras. Yo estoy "encantada" de compartir mis relatos con vosotros. Saluditos.

Meiga dijo...

Mi linda Flor, siento que mi relato te haya recordado momentos malos, pero haz lo que dices: quedarte con el mensaje positivo.

Yo no creo que llevar a un ancianito a un "hogar" (como tú le llamas a la residencia) sea malo, lo malo es abandonarlo en ese hogar, ¿verdad? y tus padres no lo hicieron ni con tu abuela, por muy mal que se portara ella antes.

Creo que tú debes de tener una bonita familia, creo que sí. Algo chiflaaaada, jajajaa, pero bonita. estoy segura.

Un besito.

Meli dijo...

Vaya, Karmen, que me has hecho llorar!!! Será que estoy sensible? Bueno, supongo que será el otoño. El estacional y el de mi propia vida.

Yo, como tú, quiero que cuando llegue el día irme despacito, de a poco a poco, con los recuerdos a flor de piel y una mano amiga que me de calor a la mía. Y en ese proceso, en algún lugar, rodeada de personas a las que mostrar mi cariño y recibir también el de ellos.

Karmen, cuando vuelvas a la Residencia, y sonrías, piensa en los que estamos ahí, acompañándote, aunque sea en la distancia.

Bicos y cómo no, un abrazo apretaó!

Meiga dijo...

Ainsssssssss.. que yo no quiero haceros lloraaaar, sólo quería compartir con vosotr@s la bonita experiencia de acercarse a ese otoño/invierno de la vida.

Meli, estoy segura de que tú NO llegarás sola a ese momento, imposible.

Bicos y apertas para ti, guapetona.

Anónimo dijo...

Los recuerdos son el tesoro que guía nuestras vidas. Las guía en una meta que sé que para tí será muy muy lejana. La soledad de espíritu es algo que muchas veces aterra. Yo si estoy sólo en el futuro será porque no he sabido ofrecer lo mejor de mí a las personas que quiero.

Nunca sólo, siempre en la mejor compañía.

Besos de loki vinodelfin.

Meiga dijo...

Loki, pues quizá tienes razón con lo que dices, pero a veces puede que sean los demás los que no saben ver lo mejor de ti. Eso pasa también, ¿no crees?

La soledad del alma: para mí eso puede ser sólo la consecuencia de dar la espalda a los sentimientos. Ante ellos, para bien o para mal, es mejor ir de frente.

Besos de Luna para ti.

A.G. dijo...

Hola karmen

una vez más, me ha encantado esta entrada. Me identifico un poco contigo, ya que por circunstancias yo también estoy en contacto con personas mayores, ya que mi abuelo y mi abuela tienen la friolera de 100 y 93 años, respectivamente... así que llevarán casados... cerca de 70 años, fíjate! y aunque tienen sus cosas, puedes mantener con ellos una conversación "normal", aunque con sus cosas, tu sabes. De todos modos es cierto que sí debería visitarlos en más ocasiones... mea culpa.
Es increíble la capacidad que tienen para recordar cosas que pasaron hace 50 años, te las cuentan como si fueran de ayer mismo, siempre y cuando la salud se lo permita, claro está.
A esos años salud es algo que siempre falta... pero en su caso, gracias a Dios, no tienen demasiados problemas en comparación con otras personas...

Bueno, gracias por este texto tan bonito, ya estoy esperando el siguiente. saludillos!

Alberto.

Meiga dijo...

¡Hola, Alberto!...

caray, pues con tus antecedentes, promete que tú tendrás una laaaarga vida. ¡Qué suerte! Sé que a veces da cierta "pereza" encontrarse con el mundo de los abueletes, porque nos recuerda que las cosas se acaban siempre, pero yo creo que precisamente por eso voy allí: me carga las pilas y entiendo que la vida, larga o corta, hay que aprovecharla al máximo.

Ve pronto a ver a tus abuelos, ¿sí? :-)

Gracias por visitarme. Saluditos para ti.

Adela Abós dijo...

Jooo... pues yo debo ser la rara del grupo.

Tu historia me ha parecido preciosa pero no me ha puesto triste, al contrario, me ha hecho reir.

Además he tenido la sensación de que me llevabas de la mano porque describes las cosas de maravilla. Hasta les he ido poniendo, involuntariamente, cara a tu abuelita, a su biznieta, a la rubia teñida, a la de verde... jajaja.

Muack

PD. Quiero ir a más sitios contigo.

Meiga dijo...

Adeliisss, ¡¡no sabes la alegría que me das!! que yo no quiero que llore aquí ni.. ni el que pela las cebollas!!

Es verdad que la historia intentaba que sonara como algo incluso divertido, porque realmente yo me echo unas buenas risas a veces con los abueletes :-)

Muchos besitos.

PD: Y a ti te llevo a donde tú quieras, que para eso compartimos reinado ¡GUAPA! pero, eso síiii, tú pones la "amoto" jajajaja....