16/1/13

Certezas


Llevo media vida en busca de certezas y otra media cuestionando las que me encuentro. Me divierte. Disfruto desplegando caminos invisibles hacia destinos no establecidos, inciertos. Tomo decisiones sin querer aunque sepa que no dependen de mí, y así, con la osadía del que aún cree en lo imposible, obtengo conclusiones incuestionables por la imposibilidad de explicarlas. Me basta con pensarlas, con creerlas. Son sólo mis conclusiones, y sobrevivo gracias a ellas. Si hay algo inmutable (que la ciencia defiende que no) en estos tiempos modernos que nos observan es el gran poder de las pequeñas cosas, y ésa es una de las pocas certezas que aún tengo.

1/11/11

Del olvido y otros males



"Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse. " Benjamin Franklin

Hace unos días "alguien" me escribió diciendo que era MUCHO TIEMPO el que llevaba desaparecida. Reconozco que me dibujó una sonrisa agradecida descubrir que no me había olvidado a pesar de no estar. No era consciente del tiempo transcurrido sin escribir aquí hasta que el chivato del blog me alertó. ¡Cinco meses! pues sí, es mucho tiempo. Por eso he vuelto. No sé si aún quedan lunáticos  al otro lado pero, al menos, sé que "alguien" lo va a leer, así que desde mi rincón del mundo de nuevo por aquí una lunática retornada.

No me he olvidado de este espacio virtual, es sólo que he tenido que redistribuir mi tiempo entre mil cosas y la Luna ha tenido que salir de la lista, nada que ver con el olvido, ese término con tintes negativos y mal utilizado tan a menudo. El olvido según yo lo entiendo es la forma que tiene nuestra memoria de decidir por nosotros y separar qué es importante y qué no eligiendo el contenido de nuestros recuerdos. A veces el olvido se vuelve tozudo y quiere robarme recuerdos que, sin yo saberlo, tal vez ya se han borrado de tanto pensarlos y lo único que hace el olvido es despejar el espacio para otros recuerdos futuros. Eso no tiene por qué ser malo, puede hasta ser Lo Mejor.

Será casualidad que hoy se me presente la apremiante necesidad de escribir sobre esto, un día que muchos dedicamos al recuerdo de aquellas personas a las que no hemos podido borrar de nuestras vidas. Puede que sea casualidad pero tampoco creo mucho en las casualidades. Me gusta más la teoría de que las cosas pasan porque tienen que pasar, hagamos lo que hagamos, y contradiciendo nuestros deseos, como parte de la imperfecta rueda que es la vida.

No podemos evitar el olvido. Los seres humanos conseguimos cosas increibles pero no podemos obligar a los demás a que nos recuerden siempre. Qué extraño, ¿verdad? Realizamos formulaciones matemáticas, físicas o químicas imposibles (e interminables); diseñamos los más bellos jardines; construimos los más altos edificios y excavamos los más profundos pozos; podemos volar en un monstruo irreal llamado avión, inmensa y mágica masa con alas que hace que llegues a un sitio a la misma hora que sales de otro; podemos navegar en un pez gigante llamado transatlántico, inmensa y mágica masa sin aletas que hace que la expresión cruzar el charco se torne literal; podemos enviar robots hasta la luna o hacernos millonarios en un día con un sorteo del euromillón, pero... no podemos evitar el olvido. ¿Y sabéis qué creo? que no pasa nada.

PD:  "Alguien", gracias por hacerme un hueco en tus pensamientos :-)

24/5/11

Da lo mismo, lo mismo da...


(Viñeta de Ferrán Martín)

Ya no pido comprensión ante mis decisiones porque invariablemente, y por muy sensata que ésta pueda parecer, alguien estará en desacuerdo.

PD: ¿Estáis de acuerdo conmigo? :-)

12/4/11

Lo más bonito


El lago de Como; un abrazo; el carrusel de la feria de cuando era niña; aprender siempre; la zona de embarque de un aeropuerto antes de mis vacaciones; ese bareto imposible en medio de las montañas; la playa más grande que he visto en la costa más ventosa que existe; mi casa; el D'Orsay desde el Louvre un día de sol ( y viceversa); una mirada tierna; ese café en Viena (el de los pasteles más ricos del mundo);  mi perro saltimbanqui cuando llego a casa; los besos que me he imaginado; el jardín de mi madre; un teatro a oscuras antes de empezar la función; la costa de Amalfi; una pecera (bien cerradita) llena de medusas; los caballitos de mar; esa tetería con cojines multicolor; el libro que no quiero se acabe nunca; el muelle gigante de Sopot; mi sofá un sábado de cine y palomitas; la cara de un niño frente al escaparate de una juguetería; sentirse libre (y serlo); la sinceridad que no duele; cada atardecer compartido; ese mail inesperado con aroma a café; el Gran Cañón; mi bici rosa y blanca con ruedines; la Toscana en primavera; un oso polar acurrucado junto a su madre; el Perito Moreno; Canadá en otoño; mi canción favorita (de hoy); el pony que tuve y el caballo que no pude tener; una cena improvisada con velas del Carrefour; el restaurante más bohemio de París; una sonrisa; el ronroneo de un gato; la piel de un bebé, Venecia (aunque sea sin ti); mi sobrino haciéndome la pelota para que le compre algo; la mariposa efímera que dibuja una sonrisa al cielo; la luna llena; mi mouleskine "cutruñosa"; inventarme palabros; el blanco encalado de Santorini; Chueca y sus ruidosas calles; las riberas del Duero en Oporto; una terraza frente a mi mar; la foto en tonos sepia que tengo de él; escuchar a Puccini y recordar a mi padre; la majestuosa habitación del parador en Ciudad Rodrigo; el comedor con vistas en Carmona; el cielo en tonos lila de Dubrovnick; aquel te quiero escrito en una servilleta; mi peluche Klaus; la voz de cristal de Michael Jackson...

Lo más bonito del mundo no es sólo todo aquello que se ha alojado en nuestros recuerdos para quedarse, que nos hace brotar una sonrisa, nos despierta el alma y nos enternece el corazón. Lo más bonito es todo lo que a menudo aún está por llegar. Yo y mi optimismo enfermizo, ¿verdad?  :-)

Esto es para compensar el mal rollo del post anterior ¿Y para vosotr@s? ¿qué es lo más bonito?

6/3/11

La sombra de una sonrisa


Elijo este día para escribir porque el carnaval siempre me recuerda lo falsa que resulta a veces la realidad. Es una fecha que destapa nuestros secretos y desnuda nuestras obsesiones. No todas las niñas quieren ser princesas ni todos los niños bomberos, ya no. Tener la posibilidad de elegir es un privilegio que no todos podemos permitirnos. Si la tienes conlleva riesgos. No es extraño elegir la opción incorrecta, característica innata de nuestra especie. Yo he tenido que elegir muchas veces. Tal vez la elección más difícil que he tomado en mi vida es optar por mantener los pies en el suelo, a pesar de lo que pueda parecer al leer mi blog.

Tener los pies en el suelo no impide soñar, doy fe, pero en caso de enfrentarse a un despertar brusco la caída es más llevadera por la cercanía a la superficie. Así que, cuando me decido por darme un baño de realidad, lo único que tengo que hacer es callar, ver, escuchar y sacar mis propias conclusiones de lo que hay ahí afuera. El carnaval es el momento perfecto y hoy el día que he elegido para decirme todo lo que nunca me he atrevido a decirme (aún sabiendo que lo sé).

Todo esto no es fruto de la improvisación. Hace ya unos cuantos post prometí hacerlo, y yo, desgraciadamente, cumplo mis promesas. Lo siento por quien me lea. Tampoco es esto un decálogo de rigor científico (obvio por otro lado, si partimos del hecho de que no son diez las premisas) pero sí una lista de "innecesidades" sin las que puedo (y quiero) sobrevivir:

 - No me gustan (porque no me las creo) las confesiones trasnochadas, ésas de barra de bar a horas indecentes emborronadas por alcohol.

- No soporto los delirios de grandeza, ni los iluminados grandilocuentes que sólo te venden humo.

- Escribir sin desnudar el alma no tiene sentido, porque es como decir nada.

- No me gusta no cumplir mis sueños, por eso se moderan con la edad y cada vez son más accesibles (dentro de lo realista que puede ser un sueño)

- A medida que cumplo metas me pregunto si no me habré equivocado al marcar los objetivos. No me gusta pensarlo.

- No me gustan los abrazos que no abrazan ni los silencios sin mensaje. Mis silencios favoritos son la presencia de un sentimiento.

- No me gustan los sinsangre faltos de curiosidad, sin ansias para casi nada. Ser curioso se ve como algo negativo. Para mí la curiosidad del que no sabe, sin garantizar la sabiduría, al menos aleja la ignorancia.

- La gente que cambia de carácter según la estación del año o la intensidad del viento tampoco me gusta. Ni los que cambian a la misma velocidad que cambia el entorno, mimetizándose según convenga. Uff, es aburrido...

- No me gusta pasarme del café a la tila, cuando siempre hay un paso intermedio llamado agua mineral. Es como elegir entre blanco y negro pudiendo decidirte por un gris...

-No me gusta que mis lunáticos favoritos abandonen los blogs o se vayan a otras redes sociales en las que yo no consigo "enredarme", porque a mí me sigue gustando leerles en silencio y en esas redes hay mucho barullo. Estoy ya muy mayor para el barullo.

-No me gusta que haya tantas cosas que no me gusten. Prometo intentar que la próxima vez que me asome por aquí sea todo más.... gris.

Si de elegir se trata, y ya que estamos en carnaval, entre esconderme tras la belleza irreal de una máscara veneciana, la habitual tristeza de un payaso, o convertirme en una traviesa, celosa, malcriada pero romántica "Campanilla" en busca de su Peter Pan yo elijo la sombra de esa sonrisa diminuta transportada por dos alas en espera de que los que me acompañen crean en las hadas para poder seguir viva... ¿y vosotros? ¿qué disfraz os pondríais para salir ahí afuera?

Me alegro de estar de vuelta, si es que hay alguien todavía al otro lado de la cerca...

7/1/11

El perfil de los molinos


Moulin la Galette-Montmartre-París
(un atardecer cualquiera)

A veces cuando sueño te salgo a buscar para caminar sola junto a ti, me alejo para poder estar más cerca, me callo para decir lo que siento y cierro los ojos para verte. Sólo dormida puedo tocarte cuando no estás. Elevo mis manos hacia el cielo compartido contigo y atrapo las nubes que los pájaros me acercan para usarlas como almohada y abrazarme a ella para abrazarte a ti. A veces cuando sueño escucho atenta para no tener que confesar lo que en realidad quiero oír. Escribo el futuro sobre recuerdos de mi pasado sin tinta, sin papel, sin trazos que delaten el temblor de mis dedos cuando te pienso. Lo hago cantando. Permuto las letras por las notas, las palabras por la música, bailo sobre el suelo que no toco, no es preciso caminar mientras sueño. Llego sin moverme a cualquier sitio, y consigo modificar los perfiles hasta dibujar tu rostro. Coloreo el blanco y negro mientras sueño, o el verde se convierte en azul intenso, como la mar, nuestro refugio. Respiro fuerte, muy fuerte, inspiro hasta que me duele el pecho para apropiarme de cada olor, de cada sonido, de cada silencio y así perpetuar cada instante definido para ti que solamente yo he vivido. A veces cuando sueño veo un desfile de deseos acunados por el sonido de una voz que no conozco y que sé que es tuya. En este mundo que no existe pero que yo habito a escondidas cantamos susurrando nuestra canción eterna que las olas nos ayudan a componer. A veces en mis sueños dejo de soñar y eso es justo cuando despierto...

Mi regalo de Reyes favorito no tiene gran valor pero es muy valioso, no llegó envuelto en un bello papel de colores pero es de colores sobre papel. No puedo viajar con él pero me con él he disfrutado del mejor viaje que recuerdo haber hecho en toda mi vida. Mi regalo de Reyes favorito hace mucho tiempo que me ha sido entregado pero siempre me ilusiona saber que aún lo tengo. Él me ha enseñado a hacer lo más parecido a vivir que a veces podemos: SOÑAR, soñar siempre. Mi regalo de Reyes favorito es un libro (¡cómo no!) de El Quijote, versión ilustrada, con tapas de cuero blanco (ya más cuero que blanco) y unos dibujos preciosos. que me regaló mi abuelo allá por el siglo pasado, cuando yo creía, como el inefable caballero, que los molinos de viento en realidad eran gigantes. Hoy ya no veo gigantes en los molinos, aunque, si entorno suavemente los ojos,... tal vez...

Mi regalo de Reyes favorito sigue siendo ése ¿cuál es el vuestro?


13/12/10

Al cobijo de lo invisible vuelan las cometas...

Odiaba las cometas. De pequeña tuvo varias, todas muy bonitas, y cada cual mejor que la anterior, pero no quería jugar con ellas. No le obedecían, no era dueña de su vuelo, se desesperaba viéndolas caer en picado una y otra vez, o enredándose con las de otros niños, o simplemente no despegando. No le gustaba el ruido que producían allá arriba, como haciendo palmas con las alas, sumisas ante el embiste de cada ráfaga de aire, obedientes a cada empujón inesperado que las tumbaba de nuevo. Malditas cometas que aún siendo maltratadas por el viento lo celebraban danzando enloquecidas. Un día de cielo perfecto, azul y sin pizca de viento lo entendió todo. Entendió que las comentas necesitaban del viento para volar, que les daba vida el mismo monstruo invisible que las llevaba al suelo sin piedad. Le empezaron a gustar sus escapadas, sus quiebros, los bailes desincronizados y su sumisión al Dios Eolo. Entendió su libertad dependiente de los soplos del cielo, sus ansias de ser acunadas para poder seguir volando. Las cometas le enseñaron que no es necesario estar solo para ser libre, y que a veces la propia soledad lo impide, que necesitamos que el viento nos ayude a volar, el mismo viento que nos obliga a mantener los pies en el suelo a golpe de trompicones cariñosos.

Ni somos libres, ni nacemos libres ni hemos sido educados para serlo. Nos encanta autoengañarnos  y en nuestros sueños nos imaginamos así, tomando decisiones a diestro y siniestro, sin condicionantes externos que no podamos controlar, siendo dueños de nuestro futuro, queriendo creer que lo fuimos de nuestro pasado. No lo seremos y no lo fuimos. Estamos sometidos a casi todo y desde casi siempre, empezando por nuestra propia necesidad de dependencia. Somos individuos sociales y socializados y eso es parte incuestionable de nuestro desarrollo emocional y vital. Pero la relatividad de las cosas hace que tengamos que reconocernos unos privilegiados. No somos libres pero algunos de nosotros al menos tenemos la posibilidad de decidir qué tipo de dependencia queremos tener, una dependencia que personalmente no estoy dispuesta a asumir es a ser feliz "por calendario"...

Llega la Navidad. Muchos de vosotros ya sabéis de mi escaso apego a esta época del año que trae siempre demasiadas nostalgias y ausencias. Para compensarlo también se acompaña de miles de sonrisas infantiles, de miradas ilusionadas que alumbran cada rincón de cada ciudad, de cada pueblo, de cada casa, y que brillan mucho más que las miles de luces de las calles, calles decoradas al antojo de unos pocos, neones que desbordan nuestros paseos convertidos durante un tiempo en caminos  inventados de baldosas amarillas y colores irreales. Esas sonrisas son la parte amable de la parodia descabellada que es para mí la Navidad. Enfrente está la otra cara, la cara oculta, la cara que queremos esconder tras tantas luces tintineantes. No puedo haber luces sin sombras y aún sabiendo que lo que veo también es real no puedo alejar de mi mente otra realidad confusa, oscura, gris, que no brilla, que no sonríe cuando la miras a la cara y que está ahí, a muchos kms o al lado de mi casa. Está en Haití, que se muere a golpe de miserias, o en Julio, el indigente de mi calle que siempre que paseo al perro le regala una caricia nacida de sus manos arrugadas y temblorosas. Está también en las Favelas del lejano Brasil o tras la pareja que cada mañana veo salir del albergue de Cáritas. Está en los cascos azules de Afganistán o en el día a día de esa monja que me encuentro tantas noches tras dar las cenas a los yonkis más 'afortunados" de mi ciudad. Está en las decenas de polacos muertos de frío o en la mujer que llora sentada en un banco frente al hospital porque su hijo está peor cada día y esperar a saber cuándo se morirá es más angustioso que saber que va a hacerlo.

Hay sombras por todas partes que viven al abrigo de un telón infranqueable de dolor. Me impiden mirar hacia las luces porque a menudo lo recubren todo, pero si lo hago, si me doy la vuelta y me pongo de espaldas me ahoga una sensación de hipocresía y mediocridad, de injusticia y de rabia al son de los villancicos y su eterno fun fun fun.... Cierro los ojos y me imagino que no hay luces, así todas las sombras desaparecen con ellas. De esa manera soporto mejor la idea de que cuando los abra de nuevo ni estarán todos los que yo quisiera abrazar, ni llegarán a cumplirse todos los deseos que deseemos, ni habrá paz ni buena voluntad en todo el mundo y que seguirá habiendo miles de niños que no pueden jugar. No he dicho tener juguetes, he dicho jugar.

No me gusta este post porque refleja lo que tanto odio de mí que es el descontento que me produce no entender lo que me rodea ni pensar que pueda llegar a entenderlo jamás. No me gusta este post porque me confirma algo que me temo me acompañará siempre y es que no se puede ser libre en soledad y hay mucha gente sola. No me gusta este post, pero tenía que escribirlo porque es necesario desprenderse de aquello que nos marchita el ánimo y hacerlo escribiendo es un modo tan sano como cualquier otro...

A pesar de todo os deseo que estos días sean especiales, y los que vengan luego... también.. y que los niños puedan seguir elevando cometas siempre que quieran...

PD: A vosotros, os guste más o menos la Navidad, ¿hay algo que os marchite el ánimo?

18/11/10

Monólogos lunáticos

El mundo que habitamos está lleno de millones de seres imperfectos. La teoría de los conjuntos hace que el resultado de sumar elementos imperfectos sea ni más ni menos que la perfecta imperfección. Es lo que hay. Mi imperfección congénita está asumida, como el color de mis ojos o el tono de mi voz. Es un problema de "fabricación". Viene de serie. Soy imperfecta pero a pesar de eso (o por esa razón) no me deprime saberlo. No me hace feliz, pero tampoco me quita el sueño. Aún así, en según qué momentos, algunas circunstancias me hacen pensar si en lugar de imperfecta no soy simplemente infantil, inmadura, ingenua... . Recientemente alguien me ha hecho una de las preguntas más increíbles que he oído en toda mi vida: "¿Por qué sonríes tanto? No es LO NORMAL. La gente ya no se ríe por casi nada..." ¡¡¡¡ ?¿?¿?¿??? ?¿??!!!! Patidifusa me quedé ante la preguntita. No sé si le he contestado, no estoy segura de haberlo hecho, pero no creo. No veo solidez en el razonamiento de que reirse sea o no sea lo normal.

Algo debe de fallar. Algo no está bien ahí afuera para que me hayan preguntado esto y no (por ejemplo) cómo puede ser que a un Nobel de la Paz le llegue el premio en la cárcel, otra se pase media vida encerrada en su casa de Birmania y otro se lo den a un presidente por prometer abandonar una guerra que aún no ha abandonado y cerrar una cárcel que aún no ha cerrado. Eso es lo que NO ES NORMAL, sonreír sí. No está de moda disfrutar de las cosas y yo estoy desfasada. Pues vale. ¿Explicación? Ninguna. No todo es explicable, otra certeza que tampoco me quita el sueño. Puede que la razón de que "sonría demasiado" (nunca se me hubiera ocurrido que ese verbo pudiera ir seguido de ese adverbio) es que estoy aprendiendo a aceptar que a pesar de que yo me empeñe en ver el arco iris es impepinable que está ahí porque antes ha llovido, y lo sé y no me importa, o puede que sea porque además de reir también sé llorar y consigo equilibrar mi "buen rollito" de vez en cuando, sin vergüenza, sin miedo a parecer  una floja o una cobarde. Sé que no lo soy. No entiendo lo de tener miedo a cada paso, a equivocarse, a acertar, a tomar decisiones, a lo que pase, a lo que no... .  No entiendo esos miedos que a menudo nos hemos inventado probablemente para no hacer frente a las incertidumbres. A mí las incertidumbres me atraen como un imán aunque al final me dé de bruces contra el suelo y se me escurran las sonrisas por la cara, y me las tenga que maquillar para salir a la calle. Supongo que nadie ha nacido para ser un héroe, yo menos que nadie, pero hay que ser valiente para ser realmente libre. Así es el mundo.

A los que me leéis (si aún me lee alguien), pediros perdón por desaparecer y luego volver para fustigaros con estos sermones. Sé que lo mío en este blog son simples monólogos virtuales en un trozo de papel inexistente. No es más que una libreta personal expuesta a todo el que quiera entrar a cotillear, un escaparate a todos de un mundo que en realidad sólo me importa a mí, porque el mundo para cada uno es como lo vive y no como lo viven los demás. A menudo me planteo si un blog como éste tiene sentido y por qué aún lo tengo, más cuando es una evidencia que el mundo del blog, sin saber muy bien el motivo, parece estar en desuso, marchitándose cada día un poco. Será sencillamente que me gusta estar aquí de vez en cuando, o que soy una egocéntrica incorregible. Puede que un pequeño toque de egocentrismo mueve a todos los que tenemos un sitio en internet.  Tampoco pasa nada. No creo que ser egocéntrico sea lo peor que nos puede pasar siempre que no mueva toda nuestra existencia. Mi blog es una forma un tanto extraña de contar lo que siento, a través de él sé que no me conocéis pero sabéis cosas de mí. No sé si me arriesgo demasiado.

Podría hacer el ejercicio de pensar en qué cosas a mí no me gustan / no entiendo. ¡Qué desilusión! porque  son muchas, pero como también sé que no me gusta el aburrimiento lo dejo aquí, para no aburrirme de aburriros, y seguiré pensando en las cosas que nunca me dije, que casi siempre son las más importantes. Dejaré mi lista de cosas NO NORMALES para otro momento/ día / entrada / post/ divague /vida...

Hoy no os pregunto nada (porque al fin y al cabo esto es un monólogo) pero si queréis comentar algo estaré encantada de leeros  :)

5/10/10

De tardes de verano, juegos infantiles y pianos de cola....


Interior del Kodak Theatre.
Los Ángeles. Julio 2010

Suena vibrante la música del piano. Sobre él tus manos huesudas y hermosas de dedos largos, arrugados y firmes. Lo acaricias hasta convertir el contacto en música con apenas un leve roce. Cada tarde, todas las tardes, me transportas entre notas traviesas que juegan hasta componer acordes perfectos. Teclado en una línea perfecta de ébano y marfil. Damero en fila india de blancas y negras. Poderosa fuerza, intensidad sutil. El escenario completo es inmenso antes mis ojos de niña a la altura de 1 metro del suelo. Sobre la chimenea un reloj de cuco con cuco, marcando el péndulo un tic tac hipnotizante. Cortinones bermellón cubriendo las gigantescas ventanas sobre unas altísimas paredes. Un leve rayo de luz indiscreto asomando entre las rendijas. Camino invisible transitado por miles de motitas de polvo que yo confundo con hadas, ejército de seres diminutos que también quieren volar y acaban cayendo sobre las teclas, que los acunan. Toda la estancia huele a humo de pipa, rosas, libros y partituras. No sé en qué orden. Tu mecedora es mi trono, convertida yo en princesa del reino de los sonidos. "Adivina, adivinanza..." Lo hemos convertido en un juego secreto en el que sólo jugamos las dos. Tengo cinco años y tú casi ochenta. Yo no sé nada y tú te empeñas en que lo sepa todo. Así que tú tocas y yo adivino la obra. Es perfecto. Me siento la persona más importante del mundo, el centro del universo, una privilegiada habitante de un mundo paralelo que nadie más que nosotras conoce. Y así pasamos horas entre sonidos asombrosos, frenéticos, lánguida melancolía a veces y maravillosas melodías siempre mientras mi rostro de niña embobada por los sonidos que acaricias te hace sonreír.

Mi vida está repleta de momentos imprescindibles que dormitan en el olvido de mis recuerdos. A veces los rescato del túnel en el que habitan y entonces reescribo mi biografía. Somos lo que vivimos, ¿no se dice asi?

Apenas tenía cuatro o cinco años. Las imágenes son confusas, diría que en blanco y negro. Creo que ya no me acuerdo de su cara. Ya no veo con nitidez su sonrisa, tan bella, que acabó desdibujándose. Siempre pasa cuando el tiempo se empeña en ganar batallas. Pero la agudeza sonora de la música siempre araña recuerdos de mi inconsciente más lejano. Suena el piano de nuevo y sus notas todavía me recuerdan a esas tardes compartidas en la casa del pueblo, refugio contra el calor del verano; el verano me recuerda a la luz del mediterráneo; el mediterraneo a Gabrielle Salvatore y su maravilloso mundo griego; Grecia me regala el sonido del acordeón... y el acordeón me lleva sobre corcheas y semicorcheas hasta París, ciudad favorita de mi abuela, de mi padre y ahora mía. Me deslizo a escondidas entre las sombras del Sena para navegar hasta Île de la Cité, y me elevo flotando sobre pentagramas a las gárgolas en busca de Quasimodo. ¿Juegos musicales? ¿Sueños  infantiles? Un poco de todo...

Suena el piano de nuevo aunque ya no oigo el tic tac oscilante y acompasado del reloj, ni vuelan hadas sobre el rayo de luz que ya no entra por las rendijas. Empezando a desmentir convicciones concluyo que el piano sólo sonará igual si ella vuelve para tocarlo. Eso ya no podrá ser. Pero no importa. Siempre podré recordar el "Adivina, adivinanza..." y todos esos momentos que la vida me ha permitido compartir a su lado. Siempre podré volver al túnel para explorar mis recuerdos.

PD: ¿tenéis momentos imprescindibles que creíais olvidados? ¿me los contáis?

1/9/10

Ligera de equipaje: mi moleskine y un lápiz


El post de hoy va de usar la imaginación,  de ver la importancia de lo irrelevante, de dejarse llevar por desvaríos gratuitos. El post de hoy es irreflexivo pero he reflexionado para poder escribirlo. ¿Incoherente? probable. ¿Por qué no serlo? No es un defecto, es una forma de ser y hace mucho que he aprendido a aceptar que cada uno es como es, yo incluída. 

Imaginemos por un momento que te preguntan: "Si te reencarnases en un animal ¿en cuál te gustaría?" Yo creo que tengo claras mis preferencias: ¡me gustaría ser un delfín! Es, junto con el caballo, mi favorito por ser un animal que representa para mí dos de las cosas que más valoro: la libertad y la inteligencia. Ahora bien, si en la pregunta cambian animal por cosa entonces seguro que me convertiría automáticamente en una Samsonite Cabin Roller y lo haría por simbiosis.

Ocupo muy poco espacio en la Tierra pero reconozco que se me hace pequeña. En mis vacaciones a menudo hago más kilómetros que el Transiberiano, y ésos son muchos kilómetros, os lo aseguro. Eso genera, por descontado, situaciones divertidas, momentos imborrables y sensaciones nuevas, pero también sucesos extraños y desagradables. No hablo sólo de lo incómodo de los tiempos de espera, de problemas de conexión sin conexión y demás inconvenientes sobrevenidos casi a diario, sino más bien de esa sensación constante de ser "emigrante con papeles". Igualmente yo disfruto con esto. Es sabido por quienes me conocen que a mí me apasiona viajar.

Anoche vi (de nuevo) UP in the air, con G.Clooney. Estaba cómodamente arrebujada en mi sofá disfrutando de uno de mis actores favoritos y me puse a pensar que si hubiese un remake con protagonista femenina podría presentarme al casting sin ensayar siquiera. Me saldría el papel con total naturalidad. Para quien no la haya visto la recomiendo. El mensaje positivo que yo extraigo de ella es: "Cuanto más tiempo viajes más ligero debe ser el equipaje". El negativo: "Tal vez un buen día no tengas un lugar al que volver".

Nuestra vida, a medida que nos hacemos adultos debería ocupar menos espacios y hacer que lo imprescindible cupiera en una maleta. Ni que decir tiene que de niño es imposible. Demasiados sueños, batallas, amigos invisibles y castillos con príncipes y dragones, demasiadas cosas por hacer, demasiado tiempo al otro lado del calendario. Cuando eres niño en ese mundo paralelo hay demasiada logística alrededor. Pero a medida que pasa el tiempo lo importante mengua. Cuando haces con cierta frecuencia algo aprendes a simplificar (bueno, no siempre se consigue, en mi caso lo sigo intentando con esto de escribir) y no lo haces reflexivamente, sino obligatoriamente, porque cada vez el tiempo que tienes es menos.

El contenido habitual de mi maleta es ropa cómoda, a ser posible inarrugable y preferiblemente la justa, un libro y poco más. "Casi" seguro que si algo se queda atrás podré encontrarlo en destino. Casi. Nunca me he encontrado en un hotel mi sofá, mi albornoz ni mi moleskine negra. Por suerte esta última ocupa poco, pero el resto no. Por eso cuando vuelvo, siempre cansada, lo primero que hago es extender mi mantita de Patchwork, abrazarme a mi cojín favorito y vaguear durante el resto del día. 



¿Y vosotr@s? ¿Qué lleváis en la maleta?

29/7/10

Viaje al país de las maravillas


Estatua de José de Creeft
Alicia en el país de las maravillas.
Central Park. NY. Julio 2010

Años enteros se nos desbordan por los pasillos de la memoria. Recorren vestíbulos sin puertas y se topan con paredes transparentes que atraviesan sin esfuerzo para finalmente irse sin apenas hacer ruido. Presencias débiles de invisibles contornos, fantasmas de relojes quebrados.  No hay constancia de que algo haya pasado si no logró habitar ni un instante un lugar de dimensiones tan diminutas como el archivo de los recuerdos. Hay días que se desintegran con la caída del sol. Amanecen pero no están, y si no los vives no han existido. La vida no es una acumulación de tiempos, ni un desfile de semanas, ni crece apilando calendarios en los cajones. La vida se nutre de sentimientos, de instantes, de colores, de tactos y contactos; se olvidan enormes abrazos  y se recuerdan leves caricias que el paso del tiempo no puede borrar aunque apenas hayan llegado a tocar los bordes diluidos de nuestros poros. A veces, en un segundo, se olvida una vida entera. A veces se borra todo, se parte de cero, y nuestra biografía se centra para siempre en los instantes pequeños y concretos, colándose hasta nuestra alma a través de una puesta de sol, un sonido o una mirada. Compro minutos eternos a cambio de horas baldías y días sin sueños.

:) He vuelto, mis queridos lunáticos. He llegado de un largo y cansado viaje arrastrando conmigo todos los síntomas del turista. Me siento agotada, deprimida y eufórica. No necesariamente en ese orden, por suerte.

He estado de vacaciones y he cumplido uno de los... 80 sueños que me quedan por cumplir: viajar por EEUU. Un país de países, de dimensiones extraordinarias, con cuatro husos horarios y millones de personas llegadas de todo el mundo ¿Qué os puedo decir? Demasiadas impresiones si pretendo usar pocas palabras. He cruzado (literalmente) el país de las oportunidades en la época de las rebajas. He derrumbado mitos, he anulado prejuicios y tópicos que la distancia genera cuando lo que se nos enseña no es lo que hay que ver. Gente afable por todas partes, divertida mezcla de culturas, y un humor endiabladamente contagioso que yo no había previsto. He cumplido expectativas ya de entrada muy optimistas.  He vivido varios minutos eternos allí, muchos diría yo. Es probable que más de los que esperaba. Me gustaría poder compartirlos todos pero, me "eternizaría" si os los cuento todos. Haré un resumen, de ésos que tan mal se me dan y tanto os gustan a vosotros :)

Lista (resumida) de mis minutos eternos favoritos:

-NY: el instante en el que me acerqué al World Trade Center. Fue el minuto más doloroso. Han pasado casi 9 años desde que se derrumbaron los gigantes del skyline de Manhattan, pero aún se callan las voces al pasar por allí. Os lo juro que es así. Te rodea de repente un halo de tristeza y un escalofrío te eriza por dentro con una mezcla de respeto, dolor, indignación y duelo.

-Las Vegas: el paseo aéreo por el Gran Cañón del Colorado ha sido el minuto más espectacular. Si alguien ha estado allí sabrá a lo que me refiero, y si no, casi mejor no me molesto en explicarlo, porque es cercano a lo imposible hacerlo. Inmensidad, un calor brutal (no sé si el cielo existe, el infierno sí), y de banda sonora la música del desierto, que la tiene. "Accidente" geográfico le llaman los científicos. ¡Si todos fuesen así!

-Los Ángeles: aquí, por descontado, el minuto más 'glamouroso', pisando la alfombra roja frente al Kodak Theatre, la misma que minutos después acogía la presentación de la última película de Dicaprio,  más alto de lo esperado y más rubio de lo que aparenta.

-Santa Mónica: el minuto más veraniego. Una zambullida en una playa interminable de arenas blancas y suaves, a pies del Océano Pacífico, topónimo bastante inadecuado por cierto si hablamos de unas olas que se empeñaron en que me bañara hasta las arterias.

-Carmel: el minuto más patriótico. Un grupo de mejicanos nos saludó cantando el "Yo soy español, español, español"; mientras hablaba con simpatía del pulpo Paul, nos contaban la reunión familiar en la que unas 30 personas  habían visto juntas la final del mundial (con banderas de España incluídas, "de las del toro"- insistían) y nos felicitaron como si el partido lo hubiésemos jugado nosotros.

-San Francisco: el minuto más frío lo viví mientras esperaba para  subirme al tranvía más televisivo. En pleno julio unos 10 grados centígrados con una humedad relativa del 85% es frío hasta para una norteña como yo, pero el turista es de otra piel, y desafia al viaje, y como tal soporté estoicamente un trayecto por descontado precioso (la ciudad lo es entera) aunque con la incomodidad de ir demasiadas almas en muy pocos metros.

-Chicago: el minuto más ventoso y  la mayor sorpresa del viaje. El ascensor se para en el piso 100 de la Torre Sears. Desde ahí puedes abrazar al lago Míchigan, reluciente alfombra de agua. Una ciudad enorme con un perfil impresionante y rebosante de amabilidad por todas partes. Hermosa.

Y podría seguir durante horas y contar más minutos eternos, minutos divertidos, curiosos, entrañables, pero alguien me dijo una vez que cuanto más digas con menos palabras mejor se te entiende/atiende. Igual no era así pero la memoria es mentirosa, ya se sabe.

Si existiera la justicia (que no existe) todo el mundo debería tener la oportunidad de, al menos una vez en la vida, disfrutar de ese mini mundo, de poder llevarse en la maleta una mezcla explosiva y caótica de souvenirs, ropa sucia y horas sin dormir junto a unos cuantos preciosos minutos eternos que ayuden a seguir ilusionado en cumplir más sueños. Al final de eso trata la vida.

PD: ¿me contáis vuestros planes/aventuras de este verano?

26/6/10

Todo el tiempo del mundo


Perpetuando la memoria a cada instante, definiendo un destino a corto plazo, adueñándose del mundo paso a paso. Saltos pequeños impulsados por pequeñas piernas. Asemeja que tuvieses almohadillas en los pies; un correr aprisa que dibuja distancias cortas recorridas. No hay reloj. No hay horarios cuando el tiempo lo marcan tu risa y el juego, cuando cada segundo es una carcajada y cada minuto un descubrimiento. Saltas, corres, brincas en tu mundo imaginario. Sola, pero con miles de amigos. Cerca de allí, en un banco destino al mágico castillo, tu muñeca te sonríe. Lo hace siempre y mientras lo hace se cumplen todos tus sueños. Se aparece un arco iris invisible de globos de colores. Se ilumina el cielo. Los ruidos se apagan, de repente, en un acuerdo no escrito entre el cielo y el suelo para dar paso a la música, una música que oyen muy pocos. Tú la oyes, y le has puesto letra y la tarareas..., tu muñeca sólo sonríe. Como no puede saltar como tú, sonríe. Sonríe y vive en su cuerpo inanimado a través de ti. Tu actitud desafiante, valiente ante la incertidumbre de no saber qué pasará mañana porque no te importa, porque no lo piensas, porque lo que tenga que pasar será una sorpresa segura, porque todo el tiempo es tuyo. Alcanzarás cualquier meta no propuesta porque vives envuelta en la seguridad  plena de que todo lo imposible no lo es. Mientras tu muñeca ría todo el aire es tuyo. 

Se ha convertido en parte de mi rutina diaria. De un tiempo a esta parte casi todos los días nos cruzamos. Somos tres: la niña más bonita del mundo, su madre (tambien probablemente la madre más bonita del mundo) y yo. Cada día, si nada interfiere, coincidimos en la misma calle y a la misma hora. Ha convertido mi muy habitual desgana matutina de bostezos quejicas en un optimismo inexplicable. La niña no camina, baila. Sus pies, acompasando el ritmo de todo lo demás, convierten una acera gris en el camino de las baldosas amarillas. No habla con su madre, sólo la mira y sonríe. Y sonríe siempre. Y siempre que sonríe ilumina todo lo que se le acerca. Su madre se ilumina, su vida se ilumina y mi mirada también. Deseo cada día que esa niña se coma el mundo a sonrisas y que lo haga sin prisa, que no crezca demasiado pronto, para que no se marchite esa forma de vivir, para que esa niña esté siempre en mis mañanas de desgana y bostezos.

Sé que es fugaz la belleza de esta escena, como lo es su infancia, y sé que es fugaz porque sólo es posible esa felicidad completa, sincera, sin disfraces, con la posesión de la inocencia, de una muñeca preciosa y todo el tiempo del mundo. Ser niño debería ser una obligación, no un derecho. Y las muñecas deberían sonreír. Siempre.

Echo en falta cada día a esa niña que hubo y que aún quiere estar...

10/6/10

Tal vez un día lluevan libros..


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Se me han caído encima mil palabras desde el cielo. Verdades ocultas entre mentiras disfrazadas que juegan al escondite tras las esquinas de los pensamientos. Me han rozado el cabello y se han escurrido, huidizas, burlonas y en silencio transitaron hasta mis bolsillos vacíos para caerse... de nuevo. Yacen ahora en el suelo. Bajo mis pies, sobre mis huellas. Las arrastro con cuidado evitando que puedan borrarse. Y me las quedo. Y me las llevo hasta mi escritorio y las disperso entre mis dedos traviesos. Recompongo los pedazos y ato sílabas huérfanas de palabras, remiendo letras rotas e invisibles que yo veo. Cuando ya creía que estaba todo hecho bailan las palabras frente a mi cuaderno. Y se me escurren... de nuevo, deslizando carcajadas, convirtiendo mil palabras en mil sueños. Lo hacen a un ritmo que no controlo. Se autodefinen, me utilizan, y dibujan sentimientos, pensamientos y obviedades, utilizando la prosa y el verso. No tengo miedo. Las atrapo y guardo palabras para más tarde, por si acaso un día me quedo sin adjetivos, sin verbos, sin argumentos. Creo que sé por qué escribo. Creo que es porque si no lo hago no digo lo que siento, y si no digo lo que siento es casi como mentir. Yo intento poder decir que (casi) nunca miento.

Tal vez un día lluevan libros, y sea aquí dentro. Tal vez se caigan sobre mi escritorio y de nuevo comience el puzzle, y de nuevo comience el juego. Tal vez pueda confundirme con las palabras que han traspasado mis pupilas al otro lado, emborronando los pensamientos para convertirlos en letras que, mojadas por la lluvia, yo ya no tengo... 

22/5/10

La elegancia de las mariposas


Uno de los ejercicios más enriquecedores que existen es PENSAR. A muchos de nosotros en un momento concreto (o en muchos momentos concretos) se nos reseca el cerebro de tanto hacerlo, y digo muchos porque otros ya nacen con el cerebro deshidratado. Una lástima.

No sé al resto de la humanidad pero a mí cada vez me desconcierta más el comportamiento de mis congéneres. Me resulta muy difícil identificarme con mi propia especie. Al final no va ser una metáfora que soy una lunática, lo que va ser una metáfora es que sea humana. Me da vergüenza tener que reconocer que ya no espero mucho de casi nada ni nadie, aunque no me preocupa en absoluto. Ya es una evidencia asumida, y he aprendido a golpe de desconciertos que cuando empiezas a asumir un problema, y sólo entonces, ese problema empieza a tener posibilidad de solucionarse.

Mediocridad, mentiras, despropósito, hipocresías, intereses... Somos como alimañas en busca de un pequeño reducto de propiedad privada y eterna en la tierra. Pobres ingenuos. Pocas cosas hay más efímeras que nuestras propias vidas. Aún así nos declaramos la guerra constantemente, y todos somos enemigos de todos. En esa búsqueda absurda de ser EL MEJOR nos enzarzamos en mil batallas. Con el enemigo ni agua. Es de sentido común. No existe la palabra coherencia, solidaridad, honradez, honestidad. ¿Para qué compartir? Por compartir no se comparte ni el saludo. A ver cuántos de vuestros vecinos, compañeros de súper o convecinos de calle o trabajos os hablan sin que parezca que le debéis una reverencia.

Si hubiera algo de cierto en que sufrimos a lo largo de nuestra existencia varias reencarnaciones yo supongo que antes de mujer fui santa. De lo contrario no se comprende que todavía pueda sonreír rodeada de tanta tontería. Es cierto, sonrío más que respiro. Puede que sea mi escudo. Puede que sea mi máscara para que no me descubran que en realidad no entiendo nada, y que lo que veo alrededor no me gusta. Puede que sea como un maquillaje que, con una sonrisa de payaso, oculta la tristeza de constatar que se me agotó la paciencia y la empatía, esa escasa virtud de la que todos debemos disponer para vivir sin demasiados quebraderos de cabeza ni decepciones constantes. Desde ya me refugio en la indiferencia pero todos sabemos que la indiferencia no hace compañía. Maldita sea. "Habemus problema" (¿cómo se dirá esto en latín?) Aunque, como siempre, no queda más remedio que seguir adelante, socializar mi descontento con todos los demás descontentos que, contados a cuentagotas, quedan ahí afuera... ¿estáis ahí afuera?

Si de algo estoy segura es de que la crisis que nos acompaña en el desayuno, comida y cena nos debería servir de aliciente/acicate para darnos cuenta de que en realidad somos muy vulnerables ante todo lo que nos ocurra y  aprendamos de una maldita vez a valorar (en términos de relatividad razonable) lo que importa y lo que no.

Menudo cabreo más tonto que tengo. Pero, como siempre, se me pasará en breve. Tengo mis propias estrategias de aislamiento a la estupidez humana. Cuando algo me enerva, me cabrea, me enfada soberanamente, pongo música, como la música que tengo en el blog, y pienso en cosas agradables que me permitan evadirme y escapar de LO MALO, LO INÚTIL, LO ABSURDO. Cierro los ojos, aprieto los dientes y me pongo a IMAGINAR. Imagino el mar, los delfines, la Luna y adorno el cuadro con miles de mariposas, cuya elegancia me permite soñar que (a veces) incluso unas horribles larvas pueden cambiar.