Elijo este día para escribir porque el carnaval siempre me recuerda lo falsa que resulta a veces la realidad. Es una fecha que destapa nuestros secretos y desnuda nuestras obsesiones. No todas las niñas quieren ser princesas ni todos los niños bomberos, ya no. Tener la posibilidad de elegir es un privilegio que no todos podemos permitirnos. Si la tienes conlleva riesgos. No es extraño elegir la opción incorrecta, característica innata de nuestra especie. Yo he tenido que elegir muchas veces. Tal vez la elección más difícil que he tomado en mi vida es optar por mantener los pies en el suelo, a pesar de lo que pueda parecer al leer mi blog.
Tener los pies en el suelo no impide soñar, doy fe, pero en caso de enfrentarse a un despertar brusco la caída es más llevadera por la cercanía a la superficie. Así que, cuando me decido por darme un baño de realidad, lo único que tengo que hacer es callar, ver, escuchar y sacar mis propias conclusiones de lo que hay ahí afuera. El carnaval es el momento perfecto y hoy el día que he elegido para decirme todo lo que nunca me he atrevido a decirme (aún sabiendo que lo sé).
Todo esto no es fruto de la improvisación. Hace ya unos cuantos post prometí hacerlo, y yo, desgraciadamente, cumplo mis promesas. Lo siento por quien me lea. Tampoco es esto un decálogo de rigor científico (obvio por otro lado, si partimos del hecho de que no son diez las premisas) pero sí una lista de "innecesidades" sin las que puedo (y quiero) sobrevivir:
- No me gustan (porque no me las creo) las confesiones trasnochadas, ésas de barra de bar a horas indecentes emborronadas por alcohol.
- No soporto los delirios de grandeza, ni los iluminados grandilocuentes que sólo te venden humo.
- Escribir sin desnudar el alma no tiene sentido, porque es como decir nada.
- No me gusta no cumplir mis sueños, por eso se moderan con la edad y cada vez son más accesibles (dentro de lo realista que puede ser un sueño)
- A medida que cumplo metas me pregunto si no me habré equivocado al marcar los objetivos. No me gusta pensarlo.
- No me gustan los abrazos que no abrazan ni los silencios sin mensaje. Mis silencios favoritos son la presencia de un sentimiento.
- No me gustan los sinsangre faltos de curiosidad, sin ansias para casi nada. Ser curioso se ve como algo negativo. Para mí la curiosidad del que no sabe, sin garantizar la sabiduría, al menos aleja la ignorancia.
- La gente que cambia de carácter según la estación del año o la intensidad del viento tampoco me gusta. Ni los que cambian a la misma velocidad que cambia el entorno, mimetizándose según convenga. Uff, es aburrido...
- No me gusta pasarme del café a la tila, cuando siempre hay un paso intermedio llamado agua mineral. Es como elegir entre blanco y negro pudiendo decidirte por un gris...
-No me gusta que mis lunáticos favoritos abandonen los blogs o se vayan a otras redes sociales en las que yo no consigo "enredarme", porque a mí me sigue gustando leerles en silencio y en esas redes hay mucho barullo. Estoy ya muy mayor para el barullo.
-No me gusta que haya tantas cosas que no me gusten. Prometo intentar que la próxima vez que me asome por aquí sea todo más.... gris.
Si de elegir se trata, y ya que estamos en carnaval, entre esconderme tras la belleza irreal de una máscara veneciana, la habitual tristeza de un payaso, o convertirme en una traviesa, celosa, malcriada pero romántica "Campanilla" en busca de su Peter Pan yo elijo la sombra de esa sonrisa diminuta transportada por dos alas en espera de que los que me acompañen crean en las hadas para poder seguir viva... ¿y vosotros? ¿qué disfraz os pondríais para salir ahí afuera?
Me alegro de estar de vuelta, si es que hay alguien todavía al otro lado de la cerca...
Me alegro de estar de vuelta, si es que hay alguien todavía al otro lado de la cerca...












