No usamos bien el tiempo, más bien lo desgastamos. El tiempo que vivimos se divide entre el que dedicamos a Lo Importante y el que se nos va en resolver Lo Urgente. Lamentablemente pocas veces coinciden ambos adjetivos en las mismas cosas. Yo me he dado cuenta ya y ahora mi tiempo lo computo de otra manera. Y tú, ¿cuánto tiempo has vivido tú?
26/3/10
El uso del tiempo
No usamos bien el tiempo, más bien lo desgastamos. El tiempo que vivimos se divide entre el que dedicamos a Lo Importante y el que se nos va en resolver Lo Urgente. Lamentablemente pocas veces coinciden ambos adjetivos en las mismas cosas. Yo me he dado cuenta ya y ahora mi tiempo lo computo de otra manera. Y tú, ¿cuánto tiempo has vivido tú?
16/3/10
La ciudad del caracol
Me gusta todo de París, pero si tuviera que elegir un lugar para un café es su corazón: Montmartre, uno de mis rincones preferidos. Es tan difícil ascender esa escalera hacia el cielo que podría afirmar que Sacré Coeur es sólo una alucinación. Miro hacia las ventanas de las casas que rodean La Place de Tertre y tras cada ventana me imagino el estudio de un pintor bohemio y loco, y no necesariamente en ese orden. Todo es un ir y venir de pintores y turistas posando en espera de una obra maestra. No saben que la obra maestra está allí, a su alrededor. De regreso busco la casa de Van Gogh. Aparece como de incógnito en una pequeña cuesta, humilde como fue la vida del delirante pintor de pelo de fuego, y me lo imagino con sus 37 años de vida sin vida, tal vez ocasionalmente visitando alguno de los molinos y sus picantes camareras. Molinos: ¿que pensaría D. Quijote de éstos si pudiera verlos?
5/3/10
La fragilidad
16/2/10
Quejicosos habituales
Hay una actividad sin ánimo de lucro (por ahora) que cada vez está más en auge y en cualquier momento, no muy lejano, saturará el mercado. Hay miles. Están por todas partes y viven en democracia ya que los hay de todas las razas, colores, credos y religiones. Hay un ejército variopinto de soldados del malhumor que se empeñan en hacernos infelices al resto de los civiles. Menuda profesión tan extraña para un tiempo de crisis y paro. He estado pensando (lo justo) acerca de la función en la sociedad de estos especímenes, por si la tuviera y, efectivamente, creo que la tiene. Una de sus actividades fundamentales es hacernos sentir gilipollas al resto de los mortales en ocasiones varias. A saber:
Mi respuesta, también en forma de sms, fue:
"¡Totalmente razonable! Luego hablamos..."
?¿?¿? Recién leído el sms de marras me he puesto a reflexionar sobre la supuesta relación entre que una persona vaya o no a cenar teniendo en cuenta el color del cielo de día. No la encontré. Aún así, en mi afán de comprender lo incomprensible, he recapacitado unos instantes más, desgracidamente sin resultado. Y concluí que la explicación es simple: nos va el rollo éste de quejarnos.
16/1/10
Los recuerdos y las pompas de jabón
A medida que crecemos deberían regalarnos algún tipo de artefacto de control de la memoria para así, si un día alguien nos pregunta cuál es el momento más bonito que recordamos o el peor o quién fue aquella persona tan importante en nuestra vida, la respuesta tuviese un mínimo de veracidad.
Lo cierto es que al final, ¿a quién le importan los recuerdos? la mayoría son demasiado efimeros, muy cuestionables y tan frágiles como una pompa de jabón. Yo desde siempre me quedo con los sueños, que al final son los que nos empujan cada día. Cierto que ya he descartado alguno de mi lista de posibles, esos sueños que se han ido derrumbando porque la vida jugó con ellos y los derrotó, empeñada en ser ella la que controla cada posibilidad de que algo se cumpla o no se cumpla. Pero utilizo un truco: en mi márgen derecho del cerebro, en la parte creativa que todos tenemos, han nacido sueños nuevos, surgidos de la nada y sin esfuerzo los he colocado en los huecos dejados en mi memoria amputada por los "no pudo ser".
¿Os imagináis tener que resumir vuestra vida en unos minutos? ¿Qué recuerdos visualizáis sin esfuerzo? sean inventados o no :)
23/12/09
Motivos personales
Ya no me gusta la Navidad. Hubo un tiempo en el que sí la disfrutaba pero ya pasó. Para quienes me rodean esto no es nuevo por eso saben que una servidora suele "desaparecer" unos días en cuanto pasa la obligada comida de Navidad en familia. Este año no será una excepción.8/12/09
Volver a empezar
" Amanece azul" de DisaliciaMi vida y todas las vidas son un volver a empezar constante, como una ruleta caprichosa en la que pocas veces, si es que hay alguna, sabemos hacia donde girará la suerte. Me atrevo a decir que a veces ella va por su cuenta y yo me limito a seguirla. No hay más remedio. Me gusta hacerlo a escondidas, intentando que no me vea, pasando desapercibida, que es como he comprobado mejor se disfrutan las cosas de ahí afuera. Ser espectador nos permite aprender mientras los demás enseñan. Aprender a cada instante y al instante siguiente olvidar lo aprendido, tal vez inconscientemente, por esa necesidad de desaprender y así no convertir en dogmas mis pensamientos. Mejor desaprender de vez en cuando para evitar que un buen día desaparezca mi capacidad de asombro, ésa que se atrofia en un porcentaje directamente proporcional a la velocidad con que nos alejemos de la infancia. De lo contrario llegará un día en el que no disfrutaremos del amanecer porque creemos que ya lo hemos vivido y no es cierto pues todos son diferentes.
¿Hace mucho que no veis amanecer? pues mañana es un buen día...
1/11/09
Mi gata toca el piano

Las cosas suceden por alguna razón. La casualidad no existe. Quizá un día, en el pasado, cuando nacieron hechos que hoy son mis recuerdos, mi cabeza llegó a pensar que sí, pero ahora sé que no. Al menos en mi vida he decidido que no tiene hueco.
Creo que he dejado de creer en la casualidad desde el instante preciso en el que he dejado de creer en la suerte. No me malinterpretéis. No es una frase de tinte pesimista, ni muchísimo menos, porque al no creer en la suerte no creo ni en la buena ni en la mala. La vida según lo que yo he vivido depende mucho más de la actitud que de que los planetas nos sean propicios en un equilibrio cósmico perfecto. Todo lo que he escrito suena seguramente a tópico, sin ninguna base científica o contrastada, pero es el resultado de las experiencias, más concretamente de la mía, por tanto en mi entorno es algo cierto.
Tiendo, no sé si consciente o inconscientemente, a hacerme preguntas a menudo (y a menudo preguntas absurdas). Por ejemplo: ¿se puede uno enamorar de las palabras? Luego juego a contestarlas. En este caso la respuesta es Sí, rotundamente sí. Yo me he enamorado de poesías, de libros que he leído e incluso de frases sueltas. Una frase que me han 'chivado' recientemente es el último caso: Nunca digas nunca.
No sé si tiene sentido este amorío con las vocales y las consonantes. Intentaré explicarlo. Cuando nos enamoramos de alguien, y una vez superada la fase inicial, más "material", de contacto, ese primer acercamiento visual, el momento "Qué ojos tiene" (aquí poner la parte del cuerpo humano que queráis cada cual), surge la fase 2 llamada "Me gustaría conocerle". Es cuando pensamos "parece divertido";"parece muy romántico" para finalmente (fase 3) caer rendid@s ante lo que nos dice. Nos enamoramos de las palabras que oímos de su boca, de las palabras que nos hacen reír, de las que nos hacen pensar, de las que nos susurra al oído en la intimidad, incluso de las que no llegamos a oír porque los ojos no saben hablar pero en contrapartida sí saben leer. En definitiva: yo me he enamorado de esas palabras porque, como cuando te enamoras de alguien, han despertado a mi alma.
Nunca digas nunca es un mensaje totalmente optimisma, una propuesta valiente y, contrariamente a lo que pueda parecer por tajante, muy sensata.
Analizo las metas que me he marcado en mi vida. En ocasiones esas metas son más deseos que objetivos y se quedan en eso durante mucho tiempo. Sin embargo de pronto se cumple uno. Ni me cuestiono si me lo merezco o no. Eso es algo que no me interesa saber. Simplemente pasa. Y así atesoro momentos de felicidad que voy guardando en el archivo de mi memoria, como cuando al final conseguí participar en aquella obra de teatro; aprobar aquella asignatura imposible de la carrera; que él se fijara en mí y durante un tiempo precioso compartir nuestros sueños; ese ascenso que ha permitido que deje de ser quien pase las llamadas para ser quien decide si las atiende; que hiciéramos aquel brindis en las Campos Elíseos de París mientras un festival de fuegos artificiales nos deseaba un Feliz Año Nuevo. Nunca me lo hubiera imaginado y pasó, todo eso y muchas otras cosas. En la otra cara de la moneda, llamémosla cruz, viven las malas noticias, las situaciones grises, pero no las computaremos para que no enturbien la vida. Se asumen, se digieren bien y se aprende de ellas. Es más que suficiente. Sabemos cómo hacerlo. De hecho parece que estamos más preparados para enfrentarnos al dolor que a la felicidad y ésta a veces se nos escapa. Intentemos que no nos pase porque si hay algo peor que sentir que nunca te pasa nada bueno es que te pase y tú no te enteres.
Me propongo retos día sí, día también. Defino lo que me gustaría tener y convierto un deseo en un objetivo para que se torne más real. Intento dibujar el mapa para llegar hasta allí y me repito una y otra vez "nunca digas nunca". Si no lo consigo: revisión de deseos, y cuando una queja quiere salir de mis labios practicaré el deporte del silencio y me llenaré de ilusión, que es el combustible de la esperanza.
Nunca digas nunca. Desde ya esas tres palabras forman parte de mi diccionario vital, ése que a menudo calla y lo hace a gritos. Tal vez así algún día podré ir a Kenia a conocer a mi ahijada, disfrutaré de una ópera en La Scala de Milán, tomaré ese café que hace tanto tiempo tenemos pendiente, veré esa luna gigante o volveré a intentar descubrir aquel truco de magia que no puede ser cierto que sea cierto. ¡Quién sabe! Tal vez un día hasta aprenda a tocar el piano mejor que mi gata.
9/10/09
Premio Nobel de la Paz 2009

5/10/09
Esencias y apariencias
Estamos rodeados de aparentes sin esencia, de héroes sin poderes, de poderosos sin valor y de belleza con fecha de caducidad. No importaría demasiado mientras caigamos en la cuenta de que estamos siendo engañados, pero lo malo es que no nos enteramos o no nos queremos enterar, pero, ¿a quién no le costó reconocer que los RRMM no existen?
Cuando eres niño buscas la esencia de las cosas que te rodean y todos sabemos que la esencia de la cosas es de lo más variopinta. De un palo torcido y enclenque puedes obtener una espada; de un musgo del muro un trocito de césped para el prado del Belén, esos Belenes de la infancia, tan reales, en los que casi siempre la mula es más pequeña que el niño Jesús; de un ladrillo roto se obtiene una tiza para escribir en el gigantesco encerado en el que hemos convertido el suelo del parque; de un árbol surge un castillo encantado o un enemigo feroz..., luego, al ir creciendo, empiezas a ver qué es cada cosa, la esencia va perdiendo importancia y la apariencia es, con demasiada frecuencia, lo ÚNICO que cuenta: un palo es un palo, y sea grande o pequeño, siempre será un palo; el árbol da sombra o no, pero nunca será un monstruo destructivo ni un castillo indestructible; el musgo ni sabemos si existe todavía, porque ahora se compra en paquetitos de plástico a 1 euro... y parece de plástico.
Las apariencias son el reflejo de lo que proyectamos al exterior. La esencia es lo que somos por dentro. Qué difícil que ambas coincidan, ¿no? Tengo muchos miedos pero no me considero una persona cobarde; los cobardes no tienen miedos simplemente porque no se arriesgan. Reconozco que temo a muchas cosas: temo a las injusticias, al dolor, a los radicales; temo a los ambiciosos, a los conformistas y a los indecisos; temo a las equivocaciones y a los aciertos, pero entre todas las cosas que temo una que realmente me da pavor por ser dañina sin reservas es a "la apariencia", a quedarme en lo superficial de los demás (y de mí misma) y escaparé de ella para que mi vida y mi entorno no sea un "anamorfismo" donde todo luce muy vistoso y nada es lo que parece. Ojalá todo el mundo lo entendiera así.
18/9/09
Recuerdos idealizados

Recuerdo aquel día con todo lujo de detalles y lo que sucedió con una claridad pasmosa, al borde de la irrealidad. Puedo ver sus ojos, profundos, escondidos tras una mirada curiosa; eran muy oscuros pero, bajo los destellos caprichosos de un sol que templaba nuestros cuerpos, parecían querer cambiar de color. Puedo dibujar su boca, y su sonrisa burlona, una línea temblorosa cuando reía, que achinaba su expresión, transformaba completamente su rostro y dulcificaba su mirada hasta el infinito borrando, a golpe de carcajadas, una cara de facciones endurecidas por el cincel de demasiadas batallas perdidas por el camino. Recuerdo cómo sus ojos intentaban adivinar mis pensamientos. Puedo afirmar, sin demasiado miedo a equivocarme, que en algún momento concreto lo consiguió. Con total nitidez visualizo el lugar en el que nos sentamos: la colocación de las sillas, el color de las fachadas que nos rodeaban en aquella preciosa terraza entre sol y sombra. Temperatura perfecta. Una pareja algo mayor, a escasos metros, tomaba un café sin ni siquiera mirarse, algo que hacen mucho quienes, probablemente, no tengan ya nada que decirse. Unos niños a lo lejos jugaban a gritar, o gritaban jugando. El ruido lejano de una moto, algunas voces ahogadas entre el murmullo de la gente que paseaba por la plaza y unos pocos pájaros completaban nuestro entorno. Aún así recuerdo que yo sólo veía sus ojos.
Ocurre a veces que un futuro incierto es más real que un pasado inventado, imaginario. Los sucesos perviven, encadenados en nuestra mente, bajo el manto del recuerdo. Sea o no cierto, haya o no ocurrido, si hay alguien que se cree que algo sucedió..., sucedió. Ocurre a veces que las certezas se escabullen entre "por qués" no preguntados y respuestas que nunca han sido oídas, y aún así ocupan importantes espacios en nuestra memoria, demasiado tozuda. Los recuerdos existen, pero no siempre (tal vez nunca) son como nuestra mente se ha empeñado en dibujarlos. Hemos construído a nuestro antojo el pasado que nos hubiera gustado vivir ante la incertidumbre de si el futuro será de nuestro agrado. Ocurre a veces que los sucesos nunca han pasado, aunque nos guste contarlos una y otra vez, y somos capaces de describir un amanecer que aún no hemos visto. Todo eso ocurre porque para tener recuerdos inventados es suficiente con tener deseos incumplidos.
¿Tenéis recuerdos "a medida"?
5/9/09
La lluvia

PD: A vosotr@s ¿qué os transmite la lluvia?
23/8/09
¿Me das un beso?

Es una frase que he oído y dicho muchas, muchas veces. Tod@s nosotr@s, supongo. Hay frases que se repiten hasta la saciedad y que son independientes de la edad, la situación social, posición económica, preferencias políticas o tamaño del coche familiar. Ésta podría ser una de ellas.
Siendo una niña muy muy pequeña (calculo que aún no tendría cinco años) esa frase era la favorita de aquella anciana que vivía en la casa del al lado a la de mis padres. Doña Gloria se llamaba. La buena mujer me adoraba, eso decía mamá; en principio no debería ser un problema pero lo era. Invariablemente al verme se dirigía hacia mí y, en dos segundos, me estrujaba la carita entre sus manos. De pronto mis labios se comprimían hasta parecer la entrada a un túnel minúsculo dentro del cual asomaban unos incipientes dientecitos. Con mucho cariño (pero poca delicadeza) me plantificaba en todo el moflete un beso que me tenía que 'secar' mi madre disimuladamente para que no fuese mi mano la que lo hiciera. Bastantes años más tarde, cuando yo ya era una chiquilla adolescente, esas mismas palabras las oí en boca de mi primer y tímido enamorado. Con la experiencia que dan los años, sé que era más tímido que enamorado. Soltó esa misma frase de sopetón, con miedo, como si fuese lo más ofensivo que un niño te podía decir, como si esperase una torta en lugar de una respuesta afirmativa. Siempre he pensado que si hubiese tardado mucho en contestar él ya no estaría entre nosotros. Llegaría a diluirse hasta desaparecer detrás de esa máscara roja que representa a la vergüenza de los niños. Y, por último, estaban esas situaciones tan caseras basadas en el peloteo, como cuando a papá le quería pedir Dios sabe qué y en lugar de ser explícita empezaba un muy poco sutil "ataque sentimental" al más puro estilo de "Sonrisas y lágrimas" Al final papá, más vencido que convencido me decía: Bueno, pero si me das un beso...
Seguro que hay muchas otras ocasiones que podrían servir de ejemplo. Sin embargo, creo que ya es suficiente. La cuestión es que parece ser que esa frase tiene fecha de caducidad. Todo por culpa de un virus con nombre de bombardero ruso (nunco me aclaro dónde va la H y dónde la N osea que, por no buscarlo, ni lo pongo, que estoy vagonetas) Ahora los besos son peligrosos. Lo mejor para evitar incidentes es, sin duda, el Método 'porsiacaso'. Me explico:
Cuando alguien nos presente a alguien 'por si acaso' le tendremos que dar la mano amablemente y luego, discretamente, ir a lavarla ; si alguien estornuda en nuestro cogote 'por si acaso' iremos corriendo a buscar una ambulancia, no sea que esté enfermo y nos haya contagiado. Si un día nos duele mucho la cabeza, tenemos tos y fiebre se acabó eso de echarle la culpa a los famosos cambios de temperatura entre el despacho y los pasillos de la oficina, conversación típica de máquina de café; nos iremos INMEDIATAMENTE a pedir la baja, 'por si acaso'... Eso si nos nos envía a casa de vacaciones el jefe, que también podría ser...
He reconocido abiertamente en muchas ocasiones que yo soy besucona. Las personas que me conocen lo saben. Beso a las personas que conozco si me las encuentro por la calle; beso a mi madre cuando la voy a visitar, al llegar y al irme; beso a mi sobrino cada vez que lo veo hasta casi borrarle el color de la cara; beso a las personas que acabo de conocer si hacen el gesto de un acercamiento y beso a discreción si a alguien le tengo cariño. Lo hago sin pensarlo, 'me sale' así. Conclusión: pertenezco a un "grupo de riesgo" del que se han olvidado las autoridades sanitarias, políticas y demás informadores víricos.
Me temo que a mi edad las virtudes y los defectos ya están enquistados en mi personalidad. No creo que vaya a conseguir grandes cambios, por lo que lo más probable es que siga siendo besucona hasta que me muera. Ahora que lo pienso, incluso puede que me muera por serlo.
Se hacen estadísticas de infectados actuales, de futuros infectados; estadísticas de muertos reales, de muertos previstos; estadísticas de vacunaciones necesarias, de conjunto de población en riesgo... etc. Demasiados números para una gripe con nombre de letra, ¿no?
No sé de qué va esto y, como no sé, no entiendo nada. A mí lo que realmente me gustaría es que alguien por un momento se pusiera a hacer las estadísticas que realmente importan; hay una enfermedad llamada Anorexia que puede ser mortal que es la que sufren aquellos que no comen todos los días, pero también está esa otra mortal necesariamente sufrida por aquellos que, simplemente, no tienen qué comer; hay quienes no duermen todos los días, pero también están los que no tienen dónde dormir. No hablemos tanto de cuántos se han muerto por esta 'gripe destructiva' y centremos esos 10 minutos diarios de los informativos en aquellos otros que están ya tan débiles que una simple gripe, (se llame gripe estacional, aviar o porcina) los condena al más allá...
Tal vez sea una inconsciente pero lo cierto es que pienso que sería una pena que por culpa de este virus llegue un día en el que la princesita del cuento no pueda convertir a la rana en su príncipe azul. Me niego a cambiar el cuento.
Sólo me queda haceros una pregunta: Vosotr@s, ¿seguiréis dando besos o utilizaréis el método 'por si acaso'?
4/8/09
Viaje a ninguna parte

Ni siquiera importa cómo me llamo porque en breve seré sólo un número, así pues ya ni me presento. Me espera una vida nueva, un trabajo y un nuevo 'hogar'. No es del todo cierto, pero prefiero pensar así. Sea como sea no es opcional. Si soy optimista pienso en que podemos llevarnos a nuestras familias con nosotros y ni siquiera tendremos que preocuparnos por encontrar un lugar donde vivir ni hacer una (casi seguro) incómoda mudanza. Debemos, eso sí, llevar nuestras pertenencias más queridas y/o valiosas (que no siempre son las mismas). No tenemos que pagar el viaje porque se pone a nuestra disposición el medio de transporte habitual en nuestro tiempo: el tren. No viajaremos en primera clase pero, habida cuenta del coste cero que nos supondrá, es más que suficiente. El viaje comienza muy temprano, de madrugada, y lo iniciamos sin apenas haber dormido. Llevamos a rastras, buscando un difícil equilibrio, maletas, fardos, bolsas e hijos. El tren, inmenso, está a punto de salir y tenemos que entrar apresuradamente. Imposible encontrar un asiento porque no hay. Demasiadas personas hacen el mismo trayecto o el vagón es demasiado pequeño. Son los inconvenientes de viajar gratis. No podemos protestar.
Parece que ya estamos llegando, aunque no se ve la estación. Debe de estar tras esa torre de ladrillos. Llueve en Birkenau. Antes de parar por completo el tren compruebo que hay varios hombres esperándonos. Será para organizar el traslado y hospedaje. Parece que aquí está todo bajo control, por todas partes hay hombres informando de qué hacer en cada momento. Me tranquiliza saberlo. Tenía miedo de extraviar el equipaje pero, tan pronto bajamos, nos hacen etiquetar con nuestros datos personales todos los bultos que hemos traído. Luego los hombres uniformados nos los harán llegar. Somos muchos, no me había imaginado encontrarme con tanta gente aquí. Pero esto es muy grande, no alcanza la vista donde acaba, así que no habrá problemas de espacio. Hay personas por todas partes, de todas las edades, y niños, también hay muchos niños. Me alegra saberlo porque temía que pudieran aburrirse aquí. Nos dirigen hacia los barracones situados a la izquierda de la Torre. Nos informan de que será nuestra nueva residencia y nos avisan también de que antes debemos pasar a recoger la ropa de faena. En el camino nos vamos encontrando con decenas de personas a nuestro alrededor, algunos en cuadrillas de trabajo ya uniformados, y otros, que parecen ser los que mandan, organizando grupos que parece que, como nosotros, acaban de llegar. Al llegar a un edificio largo y estrecho oímos a alguien decir que hay que darse una ducha y cortarse el pelo. Dice que es para evitar contagios o infecciones. Parece razonable. Somos demasiados aquí y una ducha caliente nos vendrá muy bien después de un viaje tan largo e incómodo. Los más pequeños empiezan a estar cansados y los lloros, contagiosos como la risa, rompen el silencio tan pesado que nos rodea aquí. Resulta extraño pero, ahora que lo pienso, y aún a pesar de haber tantas personas, en este lugar hay sobre todo silencio. Delante de mí una madre consuela a un niño, sollozando de hambre o sueño o ambas cosas: "Pronto podrás dormir" le susurra, dándole un beso en la mejilla. Antes de que sus labios toquen la piel suave del niño se apagan todas las luces. De nuevo, sólo se oye al silencio.
Llovía en BIRKENAU cuando hice esta foto. Creo que no podía ser de otro modo. El silencio brutal e inmenso que hay allí te cala los huesos y el alma. Mientras intentaba que mis ojos abarcasen de un vistazo un terreno demasiado grande llovía afuera. Tuve la extraña sensación de que allí debería llover siempre, como si en una especie de homenaje póstumo fuese obligatorio que llorase el cielo para borrar tanto dolor.
¿Estáis tod@s ahí, estrellitas? Espero que sí.
12/7/09
"Un día sin una sonrisa es un día perdido" (Chaplin)

Desde siempre he estado de acuerdo con que una imagen vale más que mil palabras y sé, estoy casi segura, que la música transmite todo aquello que las palabras no pueden. Así pues, os dejo imágenes y música. Os regalo, como cada día, una sonrisa (que también es mejor que las palabras) y una canción que me encanta, y que desde hace mucho está en mi discoteca particular. Chaplin compuso la música para su película Tiempos Modernos y con la versión de Nat King Cole se le dio letra. Luego la versionó maravillosamente M. Jackson. Hace unos días me enteré de que era su canción favorita. No era tonto, ¿no creéis?
Haced caso al gran CHAPLIN y sed muy felices. Yo lo intento cada día y a veces incluso funciona :)





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