26/6/09

La cara oculta de la Luna

Ya hace tiempo (mucho) que he confirmado que Internet es un macromundo poblado por personajes de lo más variopintos, incluída una misma. Aquí hay todo tipo de individuos. Adoro la diversidad y tal vez por eso Internet me gusta, te ofrece tantas posibilidades... Pero ya se sabe que en las multitudes también son más habituales los problemas: es así como surgen los mayores 'atascos', las marabuntas más dañinas y las peores avalanchas; el desorden está servido y la anarquía acecha, agazapada y protegida en el anonimato, que de todos es sabido nos permite sacar lo mejor pero también lo peor de nosotros mismos.

A pesar de todo me gusta Internet. Desde que tengo el blog más. Sé que la poesía no gusta a todo el mundo, de hecho pensaba que no tendría mucho éxito un blog compuesto a base de poesías, pero me equivoqué. Reconozco que me encantan también las visitas ¿por qué negarlo? Desde siempre escribo básicamente para mí pero si me leen (y encima gusta lo que leen) es fantástico, mentiría si dijese que me da igual. Se alimenta mi ego al ver que día a día han ido aumentando las visitas, y los comentarios, y los visitantes asiduos son más de lo que nunca me hubiera imaginado. Pero (¿por qué siempre hay un pero?) en medio de tanta buena gente también hacen su agosto los copy/paste. Una cosa es copiar en un examen en el que te puedes jugar el curso, o copiar el peinado de una revista para ser la más guapa en una cena, o tunear tu coche como el del vecino porque "mola" más, pero copiar algo tan personal como un poema me parece que es otra cosa. Eso es lo que me está pasando y es el motivo de todo este sermón.

No es la primera vez, hace ya tiempo que me ha pasado, pero creo que son ya demasiadas veces. Yo no puedo tener "vigilancia privada" en Internet. Después de barajar todas las posibilidades, he decidido que desde ya este espacio tiene una hermanita llamada Alma de Luna y estará 'bajo secreto de sumario'. Va a llamarse así porque cuando escribo poesía, aunque inicialmente pudiera parecer que escribe mi corazón, en realidad lo hace mi alma (suena cursi, pero es así) y cuando te roban palabras escritas, como le pasa a ese pueblo del que no recuerdo el nombre cuando le hacen fotos, un poco de mi alma se va con ellas. Estaba cansada de, sin querer, encontrarme los poemas que tengo aquí en cualquier sitio para cualquier cosa y siempre sin nombrar la persona, blog o planeta del que procede o, al menos, un breve "desconozco el autor". Sé que podrá sonar egocentrista o pedante. Me da igual. A los que nos gusta esta tontería que es escribir nos duele que una palabra dibujada, o el reflejo de una sensación, o de un instante, que una vivencia, o un sentimiento, e incluso un poema sólo inventado acabe formando parte de una foto mal enfocada, un post en un foro de "no se sabe qué" o una reflexión escrita en un blog. Me encanta compartir. Yo confieso que las fotos que tengo aquí casi son todas "robadas" de internet, pero si sé su procedencia la especifico, y si no lo sé aviso con una nota en el lateral de mi blog de que las copio por si a alguien le pudiese ofender.

Quiero, o al menos me gustaría, mantener el contacto en ese nuevo minimundo con todos aquell@s a los que les apetezca visitarme. Así pues he decidido que a ese rincón de palabras escritas en voz baja, que es como se escriben los sentimientos, tenga acceso sólo quienes realmente estén interesados en acompañarme, no aquellos que buscando, buscando, se encuentren con unas cuantas frases que encajan y luego con un copiar/pegar o recortando al gusto los versos prostituyan mis poemas (así como lo digo) en un foro literario.

Os enviaré invitaciones a todos aquellos de los que tengo mail. Muchos ya tenéis cuenta en Blogger y los que no si queréis visitar mi otro rincón tendréis que crear una. De los que no sé vuestro mail sólo tenéis que enviarme uno a la dirección de correo que aparece en mi perfil y yo por supuesto le añadiré a mi lista de lectores. Por favor, es voluntario, si no queréis simplemente rechazarla y punto. Nos seguiremos viendo por aquí.

Mi blog será de acceso abierto, pero sólo verá delirios, reflexiones y paranoias diversas, osea, lo habitual en mí :) Mis poesías se quedarán bajo el cartel de "Reservado el derecho de admisión" en mi nuevo rincón. Sé que la razón puede parecer algo infantil o estúpida, pero creo que la gran mayoría de vosotros sabréis entenderme.

Si alguien de los que entran por primera vez aquí está interesado en leerlos, sólo tiene que pedirlo, pero se acabó eso de empapelar la red con mis delirios.

Dicen que no hay mal que por bien no venga. No estoy del todo de acuerdo aunque debo reconocer que últimamente esta frase tiene todo el sentido del mundo para mí. Mirad por donde yo, sin quererlo, estreno blog, jeje...

15/6/09

Los extraterrestres NO son verdes.


-El Danubio NO es azul.
-Un diamante NO es para siempre.
-Donde comen dos NO siempre comen tres.

Si quitamos la partícula negativa a estas frases se quedan en sentencias que a casi todos nos suenan. Y del sustantivo sentencia llegamos al verbo SENTENCIAR. Palabra peligrosa. A mi alrededor las personas sentencian constantemente, tajantes, inflexibles, en voz alta, como si el tono les ayudara a tener razón. Yo no voy a ser menos: 'sentencio' y afirmo rotunda que "los extraterrestres NO son verdes". Lo sé porque yo me miro en el espejo y diría que no es el color que me envuelve. Soy extraterrestre, de lo contrario no se explica que no entienda tantas cosas. También podría ser consecuencia de una falta de actividad neuronal, que tampoco lo descarto, por supuesto, pero no lo creo.

Me ha costado decidirme a escribir sobre esto del color de los marcianos, porque puede que caiga en el error de "sentenciar", pero de todos es sabido que es fácil acabar haciendo aquello que solemos criticar. Una servidora no iba a ser una excepción. Intentaré explicarme... 

Un sábado, el pasado por ejemplo. Salgo de casa temprano. El ascensor está ocupado (como siempre) así que bajo por las escaleras. Al llegar al portal coincido con quien ocupaba el ascensor. No le conozco de nada. Ni siquiera sé si es mi vecino. La verdad, cuantos más vecinos tengo menos vecinos conozco. Le doy los 'Buenos días', una manía que tengo por las mañanas, y él, como hablándole al ombligo, parece contestarme con un casi inaudible 'Grrr' que interpreto como un saludo. Se me queda cara de póquer. Quizá va a ser que desde hoy los saludos se declaran en la renta. Me voy a la calle. Tengo plaza de garaje cerca pero he dejado el coche fuera porque entrar en él... no pudo ser. Había otro aparcado justo en la entrada y su conductor estaba en paradero desconocido. Sí. Que llame a la grúa, estáis pensando. Pero es que entre que llega y no llega seguro que el individuo se ha ido. Paso. Por tanto dejé el coche fuera. Me subo y me voy a ver a mi madre. Vive muy cerca de mi casa pero tengo que ir en coche si quiero hacer las compras que sí o sí tengo que hacer luego. Yo y mis ideas geniales. 

Me dirijo al centro para hacer unas compras. Misión imposible I. Atascos por todas partes. Bueno, por todas menos por una. Hay una manifestación que ha cortado la calle desde donde ni se ve. La escena es la siguiente: municipales cabreados; conductores cabreados; peatones cabreados. El viaje promete. Se oyen los pitidos del silbato del Municipal que está a mi lado, pero lo enmudece un claxon que casi me deja sorda del oído derecho. Del izquierdo se encarga un bebé que ante semejante barullo se pone a llorar con tal intensidad que me río yo de la Caballé. No me extraña. Decido que lo mejor es aparcar en cuanto pueda. Misión imposible II. El parking más cercano está colapsado por un piquete de la manifestación. Como puedo me cambio de carril para ir al otro que tengo próximo. COMPLETO. Cuento hasta 10. No pasa nada. Aún es temprano y en realidad no tengo prisa. Pongo la radio para no oír el ruido exterior. Música, claro, a ver si me relajo un poco. De todos es sabido que amansa a las fieras. Otra sentencia, porque esto no es del todo cierto. Si las fieras oyesen ESO que suena en la radio, acabarían descontroladas, atacando a diestro y siniestro, envueltas en una aborágine brutal de sangre y destrucción. Música como venida del infierno. Opto por cambiar y sintonizo una de noticias. Peor todavía. Que si el PSOE está en decadencia; que si el PP en bancarrota; que si lo de Cristiano Ronaldo nos hunde definitivamente con semejante despropósito financiero; que si la GRIPE A es una pandemia... etc. Me voy mejor a las noticias locales pero no mejora mucho; son noticias resesas: El alcalde que se pelea con su colega del bipartito; la asociación de vecinos "Todos juntos" se cabrea con los del botellón... Uff... Apago la radio. 
He llegado ya a la entrada del parking. Espero unos minutos y hago cola para que me timen por estar allí un ratito. Pero yo hoy me he levantado de buen humor, así pues... no me afecta. No veo sitios libres, aunque lo ponga el rótulo de la entrada; doy un par de vueltas y finalmente sale un coche. Me dispongo a aparcar; rectifico, a intentar aparcar. El mendrugo que lo hizo al lado de la plaza que ha quedado vacía ha dejado el coche en posición 'voy a tocar las narices', entiéndase cruzado. Tras un rato de maniobras de manual y sudor consigo dejarlo medianamente bien, como para poder salir por mi puerta y no por la del copiloto, ayudada por los gramos que he perdido en el intento. Pero estoy tranquila. Total, vivo a 1 km del centro y esta excursión me ha llevado SÓLO 40 minutos. 

Subo las escaleras y por fin estoy en la calle. Hace un calor de justicia en la plaza pero la refresca una fuente muy decorativa, pero un chorro algo 'despistado' me da en toda la cara. Bueno, al fin y al cabo tenía calor. Una sonrisa/mueca se dibuja en mi cara. Me voy a comprar la prensa que hay justo frente al 'parking maldito'. El del quiosco de siempre me da el periódico de siempre (ser cliente habitual tiene sus ventajas) Tardo apenas un minuto. Algo que sale bien, menos mal. Pero al irme alguien entra sin ver que salgo y... tropezamos. No sé de quién fue la culpa; yo pido disculpas pero él reza en arameo. Se ha mosqueado. En fin, yo recojo con más esfuerzo que acierto las hojas tamaño imposible del periódico. Sí. Lo habéis adivinado: no es el ABC. No tiene grapas y está hecho un cisco. Pero... no pasa nada.

Llego al súper. Está lleno de gente. Parece que todo el mundo haya decidido ir temprano a comprar (aunque claro, ahora ya no es tan temprano). Un par de cajas de cobro están cerradas. En la cafetería de al lado hay dos chicas charlando con el uniforme del supermercado. Tienen derecho. Están en el descanso. 'Pues tendremos que esperar' pienso. Pero oigo "críticas" de unas señoras porque "tienen vez en la peluquería y llegarán tarde. Inadmisible". Pienso qué tenía que comprar en el súper. Básicamente fruta. Así pues cojo un par de cosas imprescindibles y pago en la caja rápida. Me iré a la frutería de Amalia que siempre la tiene muy rica. 

Amalia abre todos los días laborables y su horario es... indefinido. Yo creo que vive en la frutería. Me acerco y la veo tras el escaparate, con sus canas impecablemente peinadas. Me ve llegar y me da los 'Buenos días' con una sonrisa sincera de oreja a oreja. Después de quejarse del calor y sus piernas hinchadas (eso sí, sin perder la sonrisa) piropea mi vestido haciendo que sonría yo, y me ofrece unas deliciosas cerezas del mismo valle del Jerte, fresas de Huelva y unos albaricoques dulces como la miel (palabras textuales). Sé que no me ha mentido porque me da a probar una pieza de cada antes de llenar unas bolsas con la fruta que (por supuesto) me voy a llevar. Le pago, le doy las gracias y me despido de ella con un ¡Hasta el lunes! a lo que me responde 'Si Dios quiere, hija...' .

Yo espero que quiera, Dios o quien sea que decida eso, porque creo que Amalia también es una extraterrestre como yo (y tampoco es verde). Con su sonrisa, su calma y su amabilidad las personas como ella hacen que valga la pena estar aquí, en esta jungla de ruídos, prisas y mal humor en la que habitamos. Me voy contenta de mis compras, a pesar de no haberlas hecho; pienso que hace un día muy bonito, mientras esquivo la moto de un jovencito que no me ha visto (?) en el paso de peatones. Hay quien 'sentencia' que cada día se aprende algo. Yo el sábado he aprendido que es mejor que la vida tenga un ritmo en el que nos quede siempre tiempo para sonreír. 

¿Os sentís extraterrestres como yo? aunque sólo sea un poquito...

23/5/09

El libro de la memoria


Una lengua de madera rodea todo lo que puedo ver a mi alrededor. Suelo, techos y paredes se confunden entre sí en una combinación perfecta de texturas y colores. Un ejército alineado de butacas, del color de la regaliz, salpican el espacio que me separa de la magia, formando entre sí varios semicírculos concéntricos...

Se apagan las luces poco a poco, como si cientos de luciérnagas traviesas jugaran al escondite. Mientras, respetuosamente, formando parte del guión, el público guarda silencio y los últimos murmullos ahogados parecen irse apagando a la vez que las luciérnagas se esconden. Los rezagados siguen entrando, intentando no hacer ruido y pasar desapercibidos. No lo consiguen. Cuando hay silencio el simple roce de un pie sobre la alfombra resulta molesto. La presencia de una orquesta invisible se adivina por los acordes discordantes de algo que no es música aunque suenen notas. Corcheas, semicorcheas y pentagramas parecen saludarnos sin el ritmo adecuado. Por fin se abre el telón, la orquesta despierta y comienza la función.

Me gusta sentir lo que siento cada vez que voy al teatro. Es como si creyera que parte de mi vida se fuera a representar allí. En cierto modo así es. Casi siempre hay algo que identifico conmigo. Una frase, una reflexión, un silencio. La vida es el teatro por excelencia, teatro puro, que no es lo mismo que decir que es puro teatro. Así de revoltosos son los adjetivos según dónde se nos presenten en una frase. La vida es una secuencia de escenas encadenadas que conforman una obra más o menos extensa. El género: indefinido. Hoy toca comedia, mañana drama, incluso un musical, ¿por qué no? De todo un poco. Es lo más probable. Nos vestimos cada mañana queriendo ser actores principales. A veces seremos simples secundarios. Otras meros espectadores. Delante del público, o detrás de las cortinas cada uno de nosotros forma parte del espectáculo.

En esta historia sin título que es nuestra vida tal vez nos hagan llorar por exigencias del guión, y nos duela, y nos abrumen los problemas; tal vez los sueños, como decía Calderón, se vayan quedando sólo en eso, en sueños. Los días a menudo serán cortos, algunas noches eternas; puede que el dolor nos persiga, o lo que es peor, nos alcance; que las alegrías sean esquivas, y el pasado más doloroso esté presente, mientras el futuro te observa, pusilánime, desconfiado y huidizo, aburrido de no llegar nunca porque no le dejas un hueco ni le marcas caminos en un mapa que te empeñas en no abrir. Puede que el tiempo pase mientras no pasa nada más que el tiempo. Que los deseos se diluyan y las sombras de la noche atraigan todos los miedos, y nos lleven impasibles al borde del vacío en días alternos. Aún así la obra continuará. Contigo o sin ti. Se abrirá el telón para continuar esa obra sin argumentos que cada día se representa ante tus ojos.

Tengo que dar las gracias por estar, y por poder estar, y sobre todo porque cada día pueda formar parte de ese maravilloso espectáculo. Doy las gracias porque en la concha del apuntador no hay nadie y soy libre de elegir qué frase va a continuación, sea o no sea la adecuada, y también podré elegir la banda sonora, y qué nota tocará la orquesta en cada momento. Aunque desafine la orquesta sé que tocará para mí. Puede que necesite muchos ensayos, que no estrene la obra mientras no esté segura de que el desenlace será el deseado, o que me arriesgue e improvise. Haz lo mismo que yo. Si te decides, si te atreves, y cierras los ojos y en lugar de esperar a escribir guiones maravillosos te conformas con guiones admisibles es que has decidido vivir. Pues vive todo lo que puedas, pero haz intermedios. Todos necesitamos descansar. Pensar. Callar. Es en ese paréntesis donde los silencios dicen más que todas las escenas escritas.

Quizá incluso tengas éxito y oirás aplausos. Mira a tu alrededor y escucha atento porque, si te concentras lo suficiente, los escucharás y son todos para ti. Pero sé humilde. No somos dueños del pasado ni del presente ni del futuro, sólo somos sus testigos. No quieras estar bajo la luz de los focos todo el tiempo. Estar en la penumbra puede ser muy apetecible. Cuando algo te deslumbra no ves lo que hay frente a ti, y todo lo que pase te lo perderás. Si la historia no te gusta, no tengas miedo de cambiar de guión ni tachar lo que esté mal escrito. Busca en todas partes, en cualquier lugar, y acepta todos los decorados, incluso aunque no sean los más vistosos. Los arcos iris más bellos necesitan de las nubes. Si te quedas sin argumentos de repente, no te preocupes. Acude al libro de la memoria. Muchas veces los mejores textos están escritos ya ahí.

Para algunos el telón no se abrirá nunca, se pasarán toda la obra entre bambalinas, bien queriendo hacerlo, bien porque no han tenido la posibilidad de elegir. Si te toca ese papel no lo rechaces, porque en este teatro sí que es cierto que lo importante es participar. Intenta mejorar, ensaya, destaca entre los demás para que quien dirige todo esto se fije en ti, pero no envidies a aquellos que siempre salen en los carteles. Como decía Bonaparte, un admirado personaje para mí, 'La envidia es una declaración de inferioridad'. No te sientas inferior. Nunca.

Ayer he ido al teatro. Como siempre que lo hago recuerdo que hace mucho tiempo, como tantas otras niñas, también quería ser artista. Me he quedado en espectadora y no lo soy, pero ¿importa mucho? creo que no. En cierto modo, a medida que el tiempo pasa y me separa de mis sueños de infancia he llegado a pensar que algo de artista tenemos todos, porque el simple hecho de vivir ya es todo un arte.

Cuando eras un niño y creías que todo es posible ¿qué querías ser de mayor?

5/5/09

Érase una vez...

Érase una vez una tarde luminosa. Caminaba despacio, como se camina cuando no tienes prisa por llegar y te mueves lenta, tan lenta que tus pies parecen acariciar el suelo en lugar de tocarlo. Eran casi las cuatro. 'Me queda más de una hora' - pensé -. Con tantos minutos excedentes decidí que lo mejor era hacer tiempo. ¡Qué paradoja! El lenguaje es tozudo a veces y nosotros unos engreídos. Me sobraba una hora y me puse a hacer tiempo. Los humanos y sus maravillosos poderes. Como si el tiempo se pudiese hacer. Todo el mundo sabe que es él quién te hace a ti, a base de días vividos e instantes malgastados. Sin pensarlo apenas mi cuerpo decidió que se iba a pasear conmigo. Me dejé llevar, sin resistencia ni destino concreto, y acabé alejándome del barullo del centro de la ciudad.

Hay un paseo fluvial muy apetecible donde yo vivo. Podía caminar un rato por allí e ir andando a la cita de las cinco. Me pareció una buena idea. Llegué enseguida y me puse a observarlo todo. El río discurría manso, calmo, como dormido. Normal. Se despertaba de la siesta.

Mi río no es navegable, pero tampoco inútil. A escasos metros de mí estaba siendo recorrido por una pareja de elegantes y presumidos cisnes que parecían caminar sobre sus aguas de un color indefinido, difuso y molesto. Enfrente encontré el motivo: el sol brillaba sobre él, imponente y lejano, hasta convertirlo en una inmensa y curvada bandeja de plata. Decidí alzar la vista. Sobre ese sendero de agua el cielo era de un color azul blanquecino. No. Quizá era blanco desteñido en azul. Las nubes parecían estelas de aviones invisibles. No. Quizá las estelas de aviones parecían nubes. No es relevante. Lo cierto es que, fuese como fuese el techo sobre aquel camino acuoso, era el paraguas de una tarde perfecta. La luna se mostraba esponjosa. Tenía un mordisco. 'Probablemente ha sido el sol, por haberte asomado demasiado pronto'. Me reí de mis propios pensamientos, como tantas veces, y seguí mi paseo involuntario.

De repente oí tu nombre. Me giré. Te busqué con la mirada, pero no te vi, ni vi a quien pudiera nombrarte. Aparentemente allí no había nadie más que yo. Me asusté y descubrí que, como un latigazo, me escocía el corazón. Así debe de ser cómo escuecen las llagas de la añoranza. Menos mal que mis inseparables gafas oscuras escondieron unos ojos empañados en nostalgia y empeñados en derretirse sin mi permiso. Los ojos derretidos no funcionan, así que los míos dejaron de hacerlo. No veía nada en el exterior. No había río, ni sol, ni luna, ni cisnes elegantes. No había un techo azul, ni blanco, ni nubes. Ya sólo veía, como en un barrido de imágenes imperfectas, escenas efímeras, momentos, lugares y tu cara en todas ellas. Sin saber muy bien cómo conseguí que se paralizasen. Y ahí estaban: unas zapatillas de baile azules, tus mejores zapatillas. Y pude verte girar como una peonza, insegura, buscando el equilibrio (sin conseguirlo) de un cuerpo demasiado desgarbado y flaco, pero con una mirada triunfal por ser la dueña de aquellas bonitas zapatillas. Las mías eran rosas. Tú siempre te reías por eso. Sí. Mi madre siempre fue más cursi que la tuya.

Durante un rato me acompañaste. Tú estabas allí junto al río, bailando a trompicones. Oía tu voz: "Nunca podré hacerlo bien" - insistías cada tarde, derrotada. No fue así. Bailabas mejor que yo. Me imaginaba a tu lado, como tantas otras veces, camino de nuestra clase de ballet. Yo iba sola desde mi casa a la tuya, a unos pocos metros. Me esperabas siempre en la acera, sentada en aquel murete de una obra eternamente inacabada. Luego poníamos rumbo a la academia. Así durante muchos años. Muchos. Un día cambiamos la academia por la discoteca, pero seguimos bailando juntas. Lo hemos hecho desde muy niñas y hasta hace muy poco.

Seguí caminando sin darme ni cuenta, pero dejé de verte bailar cuando oí mi nombre. A la vez, desapareció tu imagen y volaron tus zapatillas azules. Eran ya las cinco y casi había llegado a mi cita. Mi amiga me encontró cerca de la terraza en la que habíamos quedado. "¿Has venido caminando?" - me preguntó - Le mentí. Le dije que sí. Para qué explicarle que no, que en realidad había llegado bailando, acariciando las calles, casi de puntillas, y contigo a mi lado.

En ese momento caí en la cuenta de que, aunque me sobre una hora, y aunque me ponga a hacer tiempo, no puedo conseguir lo que me gustaría, que es regalártelo a ti y así poder verte girar sobre aquellas zapatillas azules, riéndote de mis cursis zapatillas rosas de niña pija. No pude evitar enfadarme un poco al pensar en lo injusta que es a veces la vida. Debería estar prohibido irse así, sin un último baile ni un tiempo de despedida. Debería ser un derecho despedirse y una obligación acudir al abrazo de quien se va. ¡Quién sabe! Tal vez también por eso para mi serás siempre inolvidable.

PD: Dedicado a Cris, mi compañera de baile (y de pies doloridos) durante tantos años quien, a pesar de que siempre llegaba tarde, se ha ido demasiado pronto.

19/4/09

Escribo con lápiz


Cada loco con su tema: yo escribo con lápiz. Hago la lista de la compra con lápiz; dejo notas en post-it a lápiz; escribo algo para el blog y lo hago con lápiz en una libreta... 'No tiene ninguna importancia' - pensaréis. Cierto. Es simplemente una manía. El post de hoy va sobre eso, sobre manías. Pero las manías de verdad, no los hábitos, que de esos tenemos todos. Para entendernos: para mí una manía es un hábito que se ha 'radicalizado'. Pues de eso os quiero hablar. Y un aviso importante: este post es muy largo, incluso para ser mío. No leer sin ganas/tiempo/paciencia o incluso sin que se den todas las condiciones a la vez.

Es domingo y yo le tengo manía a los domingos. No sé el porqué. No hay un motivo aparente, porque no siempre lo hay, aunque nos empeñemos en buscarlo, simplemente no me gustan. Lo pensé hoy. Me levanté demasiado temprano para no tener nada que hacer y oí el 'sonido' de los domingos por la mañana, ese sonido raro de día de tránsito. En ese preciso instante pensé: 'Creo que soy una maniática...'

Me puse a desayunar. Me gusta hacerlo con toda la parafernalia posible. Nada de un café bebido de pie, como escapando de la cocina. Me encantan los desayunos 'de rico'. A saber: un zumo recién exprimido; café express; tostadas con mantequilla (con sal, claro); fruta... y mucho tiempo. Es delicioso empezar así el día (aunque sea domingo) y de hecho por la semana intento hacerlo, aún a costa de quitarle minutos al sueño. En la mesa de la cocina tengo un frutero. Mientras me tomaba una riquísima tostada observé de reojo la poca cantidad de fruta que había. Inmediatamente pensé: 'Tengo que comprar fruta mañana'. No soporto ver un frutero sin fruta, como no soporto ver una librería sin libros, y las hay... Han sido invadidas por un ejército singular y heterogéneo de (horrorosas) figuritas de porcelana, cajas, abanicos y demás objetos, a mi parecer, totalmente inservibles y bien poco decorativos. A ésas también les tengo manía. Mi madre las tiene/tenía en casa. De cuando en cuando yo hago un entierro colectivo. " ¡Vaya! - me dice - ¡faltan unas figuritas de aquel estante! y, claro, me mira A MÍ, entre risueña y enfurruñada. "Sí- le contesto- Lo siento, mamá. Se me han caído cuatro de ésas al limpiar". Al principio se enfadaba muchísimo. Normal. Teniendo en cuenta que una chica iba cada dos días a casa a limpiar, que yo lo hiciera también era "innecesario". Pero, en parte por no discutir y en parte por aburrimiento, ahora me dice, resignada: "Qué manía tienes, hija" Pues será verdad, pero yo defiendo que, si asumimos el valor de esas figuritas y lo que nos cuesta la chica que viene a limpiarlas, nos sale más a cuenta tirarlas todas. Tal vez en el fondo cree que tengo razón, pero no me lo dice...

Terminé el desayuno. Tiré las mondas de las naranjas recién exprimidas al cubo de la basura orgánica. En casa tengo tres cubos de la basura por culpa de otra manía heredada de mi madre: reciclar. Sí, de entrada puede sonar bien, es muy moderno, ecológico y necesario, pero es que reciclar es una manía como otra cualquiera. Ocupa mucho espacio y tiempo. Yo, día sí, día también, bajo bolsas al contenedor (nunca se llenan a la vez, las malditas). Algunas veces me encuentro con la tarea de destripar una caja que tiene plástico, papel y cartón y algún que otro objeto extraño que no sé muy bien ni dónde debo colocarlo. Ése va siempre al de orgánica. Ante la duda, se destruye y punto. Así pues limpié lo poco que he manchado y dejé la cocina impoluta. Otra manía: el orden y la limpieza. Necesito orden a mi alrededor. Será porque mi cabeza es un caos, y así lo compenso. Si veo algo que no está en su sitio me pone nerviosa. Tiene que quedar ordenado. Antes de irme de la cocina me bebí un vaso de agua y pensé: 'Puede quedar ahí para luego'. Pues no. Mientras lo pensaba ya lo había lavado y recogido. Soy un monstruo.

Inmediatamente me fui a la ducha. Cuando acabé eché un vistazo: todos los botes que usé estaban cerrados. Bien. Antes de vestirme arreglé el cuarto. Poco tiene que arreglar, pero la cama quedó maqueada, con los cojines en su sitio. Mi cuarto debe quedar perfecto antes de salir de casa. Es impepinable. Siempre. En realidad no es necesario y yo lo sé, pero es igual. Es una manía...

Me llamaron por teléfono esta mañana. Que si quiero ir a tomar algo después de comer, me dicen. Contesto que sí. Me encanta salir. Lo cierto es que estoy más en la calle que las papeleras. Quedamos en una terraza. ¿Una terraza en estas fechas? Sí, supongo que puede sorprender viviendo en el Norte, pero aquí hace un día precioso. De hecho, hay muchos días preciosos. Vivo en el Sur del Norte, eso es una ventaja, climatológicamente hablando. Os digan lo que os digan, NO siempre llueve en Galicia. Diréis: eso no viene al caso. Pues sí que viene, sí. Hoy hace un sol radiante, por tanto no puedo olvidarme de las gafas de sol. Siempre van conmigo. Aunque el día esté nublado mis gafas me acompañan. Es que tengo los ojos sensibles. ¿O es otra manía? qué sé yo...

Esta tarde, al ser una tarde aburrida de domingo, tal vez aproveche para ir al cine. Otra odisea. En el cine busco asientos centrados (tanto a lo ancho como a lo 'alto') pero casi siempre llego con el tiempo justo, por lo que normalmente escucho: "No hay, salvo en las filas del final" . Lo canta esa voz distorsionada de una muchacha en una especie de jaula espacial, con cara de pocos amigos, que digo yo que, viéndola, parece que no le paguen por estar allí. 'Vale- le contesto - pues entonces el que quede más centrado" Y allá me planto, en la fila 20, a tomar por saco. Para que os hagáis una idea, como cuando en un avión váis en asiento de cola, pues similar. Me pongo las gafas de ver y digo: 'Qué manía tengo. Estoy demasiado arriba. ¡Si desde aquí estoy tan lejos que confundo hasta a los protagonistas!'.

Mi vida está plagada de manías. Lo sé. Y éstas son las de todo el año, como digo yo, porque también hay 'las estacionales'. En verano tengo alguna más. En la playa, por ejemplo, busco un hueco para tumbarme cerca de la orilla. Me encanta la playa pero odio achicharrarme. Si la marea está subiendo, y las mareas aquí son increíblemente puñeteras, me paso todo el tiempo vigilando la toalla. Si estoy tumbada no hay problema. Los pies me avisan de que se acerca el peligro. Pero como estar llenita de arenas me molesta (vaya, ¿otra manía?) y en mis playas habituales la arena es muy fina, estoy más tiempo ejerciendo de sirena que de lagarto. Pues ahí nace otro problema. Entre chapuzón y chapuzón a menudo tengo que ir corriendo a mover el chiringuito, que se me inunda. Un estrés. '¿Por qué no me pondré más arriba?' - pienso, cabreada. Pero no hay solución. Al día siguiente iré y de nuevo me pondré en la orilla. ¿Por qué? pues porque tengo esa manía...

Voy a subir el post de una vez, porque a medida que escribo se me ocurren más y más manías. Además, debo irme si no quiero llegar tarde. Lo habéis adivinado. No soporto la impuntualidad, por eso cuando quedo con alguien intento siempre llegar a la hora, ni antes ni después. No me gusta nada esperar. Cuando quedas con una sola persona la amenazas y ya está. 'Si en 10 minutos no llegas, me voy'. Y llegan, claro que llegan. Saben que, a no ser que se les haya incendiado la casa o catástrofe similar, me iré. Pero cuando quedas con más gente entonces ya es imposible. Siempre hay quien se aprovecha. Como hay más gente, quien sea que ya haya llegado, no estará solo. Claro, si quedas para charlar, no importa, pero si quieres picar algo es un rollo. Por desgracia la velocidad del grupo es la del más lento y mi grupo de amigos no es muy veloz...

Me voy ya, y me da coraje porque no me ha dado tiempo a repasar las faltas de ortografía y los acentos, que es otra manía que tengo. Sí, decididamente soy una maniática. Y vosotr@s, ¿tenéis manías 'confesables'? Pues contádmelas. Prometo que las leeré con atención, y prometo también no buscaros las faltas en los comentarios.

PD: Otra manía que tengo: NO ser breve en mis post. Pero no os quejéis, que por eso escribo tan de tarde en tarde ;)

2/4/09

Nada en la maleta

¿Os gusta viajar? A mí me encanta, a pesar de todos los inconvenientes, que los tiene. Normalmente es cansado y el regreso implica un par de días de depresión inevitable con la vuelta a la rutina, pero ya sabemos que en la vida casi nada es gratis. Cuando viajas con mucha probabilidad te traerás, además de algunas fotos, incidentes desagradables, imprevistos, esperas interminables y problemas, llamémosles, logísticos. Date por satisfecho que te ocurran en algún lugar en el que entienden tu lengua materna. No resulta sencillo explicarle a un checo con poco dominio del inglés y mucha prisa que tu maleta no estaba rota cuando salió de casa, mientras te mira con cara de "A ver si dan las dos que yo me tengo que ir".

Me declaro trotamundos frustada y mochilera en potencia, ahí es nada. Luego, por circunstancias, he de reconocer que mis viajes han sido más bien cómodos y sibaritas. Me explico: no me he ido a hacer montañismo cerca del Himalaya ni recorrí en barco, muertita de frío, los alrededores del Perito Moreno; tampoco salió al final esa expedición en Kenia rodeada del color naranja de los atardeceres de África (y mil mosquitos), pero es lo que me hubiera gustado. Al final, más por un problema de tiempo/dinero que por intencionalidad, acabas haciendo un combinado de "Conozca TODA Italia en 15 días", "Vacaciones románticas en París", "Londres en Navidad" y "Los Países del Este: un mundo por descubrir" pero siempre quedan esos otros viajes soñados en "pendiente de archivo". Yo soy lenta de archivo pero lo tengo muy bien ordenado. El día menos pensado y, valga la redundancia, sin pensarlo mucho, sacaré la carpeta de uno de esos viajes. Así, inesperadamente, es cómo surgen las ideas más arriesgadas, pero también las más divertidas...

Estos días, cerca, muy cerca de las vacaciones de Semana Santa, se habla, entre otras mil cosas mucho menos agradables, de viajar. Cuando viajo disfruto, casi tanto como con el viaje, con los preparativos, y no sólo me refiero a todo eso de dónde dormir, qué ver y cuánto cuesta, sino también lo de cerca hay, no dejes de visitar y desvíate para ir a... sin que te timen. Si haces un viaje de 300 kms da un poco igual que se quede algo atrás, pero si le añades un cero la cosa es evidente que cambia. Intentarás hacer todas esas visitas que no están en las guías sino en la memoria de quienes han ido antes que tú.

Esta Semana Santa la cosa pinta fea para esto de viajar. Dicen que habrá básicamente "turismo nacional", ya sabéis, trayectos más bien cortos: ciudad/costa, ciudad/montaña, montaña/ciudad, montaña/playa... etc, pero también está, indudablemente, el que yo llamo turismo familiar: tú visitas a tu prima Pepi y tu primo Luis visita a tu hermano. Pero claro, incluir la visita que yo pueda hacer a mi familia de San Sebastián ¿se considera turismo en las estadísticas? pues seguro... bueno, ¿y por qué no hacerlo? al fin y al cabo un componente muy importante en la percepción que tenemos de cómo va el mundo tiene carácter psicológico. Bien nos viene un poco de optimismo en momentos como el que estamos viviendo.

Me gusta viajar. Implica conocer otras costumbres y aceptarlas, ver gente nueva, disfrutar de la gastronomía, de otras ofertas culturales, callejear y "husmear", y es que creo que el buen turista es, en el fondo, un poco cotilla. Venga, ¿suena mejor curioso? pues curioso. De aquellos sitios en los que decido pasar unos días, sean muchos o pocos, sea cerca o lejos, prefiero ir con lo justo o casi nada en la maleta para volver con ella bien cargadita de recuerdos. Si al final la pierden en algún aeropuerto, el 'vacío' que sentiré al llegar será muchísimo menor.

Si salís, buen viaje y felices experiencias, y si no: ¿cuál sería vuestro viaje soñado de unas mini-vacacaciones?

19/3/09

¿Y si fuera cierto?


Recuerdo desde muy pequeña que el día del Padre solíamos comer fuera, no exactamente por ser el día del Padre, sino porque a veces era festivo y además el santo de mi abuelo paterno. Siempre que podíamos nos íbamos al pueblo natal de papá, en la costa coruñesa, a pasar el día. Una vez allí él se las ingeniaba para encontrar un puesto o kiosko en el que vendiesen globos de colores. A mí me encantaban. Mi favorito: el rojo. Me pasaba ese día "atada" a un cordel de un globo enorme anudado en mi muñeca de la mano izquierda. Con la derecha me tenía que comer las chuches.

Si bien alguno de esos globos explotaba estrepitosamente por un uso indebido, otros tantos simplemente desaparecían de mi vista volando imparables hacia quién sabe dónde a causa de un descuido o de un nudo mal anudado. Nadie sabía decirme con exactitud dónde acabarían, nadie excepto mi padre que, muy imaginativo, me contaba como si de "un gran secreto" se tratase que, probablemente, estarían en algún lugar allá arriba con el resto de los globos perdidos. Yo me lo creí al principio. Sonaba divertido. Poco a poco ante semejante ocurrencia pensé que mi padre, simplemente, estaba chiflado, y me reía de él.

Vi este video hace un tiempo y pensé ¿y si fuera cierto? ¿y si mi padre tenía razón? Sea como sea, siento haberme reído de él porque está claro que no era el único que creía esto.



15/3/09

Mi "Banco de Sonrisas"


Ya hace dos años..., o sólo hace dos años. Dos años no es nada..., ¿o es mucho tiempo? Supongo que, como casi siempre, depende. Sea mucho o poco no soy consciente de que hayan pasado ya. Pero sí, ya hace dos años. En ese tiempo sucedieron muchas cosas. En el mundo, ahí afuera, por descontado que han pasado. Unas malas y otras, quizá no tantas, buenas. Pasan cada día, cada minuto pasan cosas. También han pasado en mi vida, de las buenas y de las malas, y en las vuestras, seguro, incluso en la de aquellos que no han visto ni una de esas sonrisas que yo regalo/comparto/presto desde entonces.

Mi primera entrada en el blog apareció por aquí en forma de sonrisa. Está en mi mensaje de bienvenida, de hecho ES mi mensaje de bienvenida, ése que está ahí, a la derecha, justo encima de los atardeceres de quita y pon. Aún hoy me pregunto por qué dejé una sonrisa como primer post. Lo normal supongo que sería un "Hola" o un "Quería presentarme y desearos paciencia porque voy a escribir" o nada, simplemente escribir. Pero no, voy yo y regalo una sonrisa. Yo y mis tonterías, yo y mis desvaríos, yo y mis regalos intangibles que tanto me gusta hacer.

No sé cuanto tiempo más repartiré sonrisas. No lo tengo planeado. He aprendido, a base de planes fallidos (o de fallos planificados) a planear lo justo y a muy corto plazo. No, no he dejado de hacer planes, no es eso. No entiendo la vida sin objetivos, sin metas, sin deseos ni sin sueños. Pero sí confieso que, cada día más, intento moderar las expectativas que pongo en las cosas. Por sensatez y por economía sentimental. Duelen menos los errores cuando estás preparada para afrontarlos.

No sé si tiene futuro aquí este Banco de Sonrisas, si la un blog es el sitio más adecuado para tener un banco de estas características. Tampoco sé (vaya, ¡qué derroche de ignorancia el de este post!) si escribiré mucho o poco a partir de este mes de marzo de dos años después. Desconozco el porqué sigo escribiendo aquí, aunque es probable que la respuesta correcta sea la más sencilla: me gusta hacerlo. Eso debe de ser. Y es que a veces a las cosas no hay que darles muchas vueltas. Es cierto que no mejora mi forma de escribir aunque pase más tiempo aquí, pero también lo es que el tiempo resulta más agradable. Así pues, me quedaré por ahora. Mientras yo esté sonará la música y no apagaré la luz nunca, porque a veces la luna mengua y tengo que dejar pistas para que podáis llegar. Mientras esté habrá una sonrisa cada día; y mientras haya algún lunático que se acerque por aquí y asome la nariz, habrá para él una sonrisa. Si un día decido que no hay por qué sonreír, cosa que dudo, os avisaré. Y si eso ocurre, no os preocupéis, también lo haré con una sonrisa.

Hoy, más de dos años después de la primera vez, también os envío una sonrisa, aunque hoy, como entonces, no sepa muy bien el porqué sonrío tanto. Sólo una condición, al fin y al cabo, esto es un banco: mis sonrisas son sonrisas "con intereses". Lo pondré a un tipo nominal bajo, digamos al 2% (por eso de la crisis). Ese 2% es sobre el capital de sonrisas que yo os he cedido durante estos dos años. Ya, sé que son muchas sonrisas, pero no os preocupéis, se admite pagar en cómodos plazos, aunque, eso sí, hay que pagar: no quiero morosos en este banco.

Más vale tarde que nunca, eso dicen, así pues os doy la bienvenida a mi banco de sonrisas, y os doy también las gracias por estar (todavía) ahí, y esto último, tranquilos: es "a fondo perdido". ..

17/2/09

El desván


Cuando era niña tenía un rincón secreto. Ese 'rincón secreto' era conocido por casi todo el mundo, claro, pero en él yo me sentía especialmente feliz. Me pasé en aquel cuartito horas y horas, tardes enteras, sobre todo en invierno, mientras afuera llovía (algo que recuerdo como bastante habitual). Con 8 años obviamente no es que yo tuviese problemas de estrés, pero sí que a veces, y aún a pesar de que me encantaba estar rodeada de mis amigos, me escapaba hasta allí. Me sentaba en cuclillas en el suelo de madera, al lado de aquella preciosa jaula destartalada, para poder estar a solas con mis juguetes favoritos. Revolvía los enormes baúles llenos de objetos de lo más dispares; me vestía con aquellas ropas, que luego usaría para mis disfraces, y que me hacían sentir toda una mujercita; me colocaba los enormes sombreros de la abuela que me tapaban hasta la nariz (ahí nació mi pasión por los sombreros, supongo); leía una y otra vez aquel cuento (ya sin tapas) que me regalara mi abuelo y del que ya me conocía hasta el orden de las ilustraciones. Tuve la suerte de no tener problemas respiratorios, porque la acumulación de partículas en suspensión que había allí arriba yo creo que rozaba los niveles máximos aceptados por la OMS. Mejor, así mi hermano y sus amiguitos no se empeñaban en subir para darme la tarde. Era su excusa, pero yo sabía que no lo hacían mucho porque en realidad les daba miedo subir. ¡Hombres! Podría casi jurar que fue allí donde aprendí a relajarme. Reconozco que es algo que no me resulta fácil hacer, pero cuando lo intento casi siempre cierro los ojos y sigo visitando aquel desván polvoriento, con tan poca luz y tantos recuerdos...

Creo que, de cuando en cuando, nos debemos relajar. Obligatorio. Siempre tenemos prisa. En el trabajo todo es para ayer, por la calle la gente te atropella, literalmente. Hay plazos. Hay que hacer muchas cosas, todo a la vez, y no da tiempo. Yo me refugio en mi soledad cuando siento que las cosas me desbordan, y aquí es donde dejo que vayan surgiendo, a veces queriendo y muchas otras casi sin querer, mis ideas, mis sentimientos y mis pequeñas historias. Se me pasan por la cabeza desordenadamente y acaban componiendo palabras con más o menos un orden lógico (más o menos). Pero hay que saber descansar. Pensar está muy bien, pero a veces satura. Al menos a mí. Entonces hay que concederse una tregua, hacer un paréntesis y dejar de preguntarse cosas para las que, ¡quién sabe!, tal vez ni haya respuestas, y empezar a contestar a todas esas otras preguntas que probablemente sí las tengan pero no nos da la gana de pararnos a pensar en ellas. Preferimos martirizarnos con más y más preguntas, y buscar más y más respuestas, hasta entrar en bucle. Mala cosa. Pues ya está bien. Por mi parte he decidido hoy darme un homenaje y compartir (palabra que me encanta) conmigo primero, y con vosotr@s después, esa lista de preguntas más o menos triviales, o no tanto, más o menos sencillas, o no tanto, para las que sí que tengo ya respuestas. Fue en aquel desván en el que inventé mi "Juego de las preguntas y respuestas". Hoy sigo jugando a eso. Ya no en aquel desván, ha cambiado el escenario, pero lo hago todavía. Es sobre todo como válvula de escape, porque me conozco y sé que, en cuanto me despiste, mi cabeza se despertará de nuevo y me cambiará todas las preguntas. Ahí van:

-Un gesto favorito: una sonrisa.
-Un regalo preferido: un beso.
-Un sonido mágico: el del mar.
-Un paisaje: cualquier atardecer.
-Un libro: El Quijote.
-Una película: Amelie.
-Una palabra: esperanza.
-Un adjetivo: valiente.
-Un animal: delfín.
-Un defecto: la ansiedad.
-Un objeto fetiche: un lápiz.
-Un miedo: al dolor, de cualquier tipo.
-Una virtud: el optimismo.
-Una canción: el tarareo de mi sobrino mientras juega.
-Un deseo: no puedo decirlo, no se cumpliría :)
-Una foto: la tengo pendiente.

Los que os asomáis por aquí: ¿queréis subir al desván y compartir conmigo vuestras respuestas? ¿queréis añadir alguna pregunta? Me encantaría. Os conocería un poquito más y dejaré por un momento de hablar de mí, que ya me aburre un poco.

11/2/09

Me rindo

¡Qué vergüenza! Yo me rindo. Supongo que no hoy, pero hoy lo comparto con vosotr@s. Creo que ya hace tiempo que me he rendido a la hora de, al menos, intentar entender que realmente hayan sido meditadas determinadas afirmaciones / declaraciones / sentencias que se realizan en nombre de la religión. Os dejo la última joya:

Javier Lozano Barragán, "ministro" de Salud del Vaticano, en una entrevista al diario La República, respecto a la desconexión de Eluana:

" "¡Detengan ese asesinato!"() "Interrumpir la alimentación y la hidratación de Eluana equivale a un abominable asesinato y la Iglesia no cesará de denunciarlo a gritos", aseguró el purpurado..." "

(supongo que gritando, aunque eso es de mi cosecha)

Pues me alegra que haya declarado semejante estupidez. En mi opinión esto, que parece sacado más bien de un guión cinematográfico que de un periódico, roza peligrosamente lo absurdo. Es la hipocresía del rico. No lo aguanto. Explico el porqué:

me da escalofríos la cifra, y supongo que no está actualizada con el temita de la dichosa crisis, pero se estima que hay aproximadamente 850 millones de personas en nuestro maravilloso planeta azul que se están muriendo de hambre porque desgraciadamente no les llega la alimentación y la hidratación necesaria para seguir vivo. Se habla de ello, se publicita, se nos recuerda; nos llevamos las manos a la cabeza durante cinco minutos, alguna que otra campaña "limpia conciencias", más o menos exitosa, nos despierta de cuando en cuando del sueño del egoísta y nos intenta convencer (algo que entiendo innecesario a estas alturas) de que existe un problema, pero... no hacemos casi nada. Y pongo el casi por no escribir directamente el nada. Es algo con lo que hemos aprendido a "convivir" y por tanto forma parte de nuestra rutina. ¡Qué mala es la rutina! Y es que la rutina nos aborrega.

Algunos estudiosos se atreven a hablar de un "proceso de selección natural". Vaya, suena hasta inteligente, pero no sé si creerme esto. Lo cierto es que en el mundo animal existe desde siempre la mencionada "selección natural" pero siempre pensé que ésta surge en el caso de que se limiten los recursos alimenticios en el hábitat compartido por las especies. Pues algo no me encaja. Nosotros tiramos comida constantemente, hay exceso de producción, pero la acompaña un mal reparto de la riqueza. Es por eso que no me cuela esta teoría.

Pero esto no es importante ahora, al menos no para muchos personajes públicos, incluído el "devoto púrpura". Sí lo es que, de pronto, un país avanzado como Italia entre en crisis institucional porque unos padres quieren que su hija, que hace mucho no disfruta de la vida, se muera. Sí, lo sé, es un tema delicado, pero por favor, relativicemos la importancia de las cosas. Vivimos en la parte más democrática del globo, en la más normativizada, legislada y humanizada. Presumimos de vivir en libertad: no utilicemos la libertad para matar la libertad.

No me voy a extender (más) hoy porque odio escribir sobre cosas tristes, lo sabéis, y yo, que divago con la facilidad con la que una araña reconstruye su tela, os diré que hacía tiempo, mucho, que no me sentía tan perpleja como leyendo estas aseveraciones sobre todo si, a continuación, tengo que "digerir" escenas como ésta otra de aquí abajo, de las que el "hombre púrpura" , indignado y rasgándose las "vestiduras púrpura" por la injusticia del asesinato de Eluana, parece ser no tiene nada que decir ni aportar, ni a gritos ni en silencio. Lamentable. ¿Alguién me lo explica? porque yo... me rindo.

31/1/09

La vida es un circo


He llevado a mi sobrino al circo. Era su regalo de cumpleaños: seis años. Si por mí fuera no habría ido pero es mi sobrino, mi ahijado y mi ojito derecho. No podía negarme. A mí es que no me gusta el circo a pesar de que se parece mucho a la vida. ¿Os habéis fijado alguna vez?

Sí. La vida es un circo. Hay payasos (muchos), domadores de fieras, fieras, equilibristas, enanos... La vida es un circo sin carpa ni red, con espectadores sin invitación e invitados desconocidos, con un aforo ilimitado de visitantes donde es imposible controlar la entrada. La vida es un circo plagado de sorpresas y a mí las sorpresas, para qué mentir, nunca me han gustado. Dicen que el circo es un negocio poco rentable: ¿la vida es poco rentable? pues nos aguantaremos, porque no nos cobran por venir. Por quedarnos sí pero no por venir.

Nunca me ha gustado el circo, ni de niña me gustaba. ¿Por qué? pues porque me daban miedo/pena las fieras, porque los payasos estaban casi siempre tristes y se hacían daño a menudo (o a mí me lo parecía). No me gustaba el circo porque me gustan los animales y allí estaban flacos y sucios y no entendía porque un elefante, animal de cuatro patas, tenía que ponerse en pie sólo porque el domador se empeñaba en hacerlo ponerse en pie. Entonces yo pensaba mirando al domador: "¿Por qué no te pones tú a cuatro patas?". Nunca me ha gustado el circo pero, me guste o no, la vida es un circo.

Me siento payasa últimamente, enana en ocasiones y casi siempre equilibrista, intentando mantenerme a duras penas en ligero equilibrio entre lo que debo y no debo hacer, entre lo que puedo y no puedo esperar, entre lo que logro y lo que espero lograr. La vida es un circo que no cierra por vacaciones, sin horarios infantiles ni días libres por descanso del personal. A veces el domador es domado, el payaso llora más de lo que ríe y el equilibrista pierde el equilibrio. ¡Menudo circo más cutre!

La vida es un circo pero a mí nunca me ha gustado el circo. No me hace gracia ver a un hombre atravesando el fuego, ni a una mujer barbuda siendo el bufón objetivo de mil carcajadas, ni a un enano intentando subirse a un caballo demasiado grande hasta para mí.

Me enseñaron desde muy pequeña a no plantear un problema si antes no he pensado en una posible solución y aquí está mi propuesta: intentar ser los "dueños" del circo, que al fin y al cabo, casi siempre son los que más beneficios sacan del negocio. Pero seré sincera: yo quiero ser propietaria de un circo al estilo "El Circo del Sol" , llenito de magia, colores y belleza, lejos de imitaciones baratas. Desde ya mismo empiezo a ahorrar para comprar acciones.

PD: ¿Os gusta el circo?

14/1/09

Una persona inolvidable


Llevo unos días con problemas de inspiración. No es la primera vez ni será la última. Nos pasa a todos los que escribimos. Bueno, eso creo. Y que quede claro que yo no me considero "escritora", ni siquiera una aspirante a serlo, pero cuando me pongo ante un papel en blanco (siempre escribo sobre papel antes de teclear en el ordenador) he de reconocer que el respeto que le tengo a esto de contar lo que sea: historias, paranoias o poemas, me hace tenerle algo de miedo a las palabras. Entro en el grupo de personas para las que la escritura es más difícil cuanto más te gusta escribir. Sí, es un fastidio.

Supongo que el mes de enero es un mes de velocidad lenta y eso está haciendo de las suyas en mi estado neuronal. Época de rebajas y con el espíritu gris de la crisis mundial económica-política-humanitaria es como si mi cerebro también estuviera en crisis o sintiera que no tengo nada que decir. Suena a solemne tontería: yo, cotorra reconocida y reconocible, ¿callada? Pues sí, para descanso de muchos, porque creo que cuando no se encuentran las palabras adecuadas lo más adecuado es el silencio. Sin embargo no soy especialista en silencios indefinidos porque en esto de escribir me declaro reincidente. Todo lo bueno se acaba, lo siento. Ya estoy aquí de nuevo ¿ Y por qué he salido de mi maravilloso silencio? pues porque se me ha encendido una lucecita. Sí, claro, la de la Luna llena, que es la que me inspira, como podréis suponer, que anteayer estaba inmensa sobre mi ciudad.

En realidad tengo que escribir sobre algo que no quiero olvidar. Un encuentro que tuve la semana pasada. Fue con un buen amigo de mi padre, "de los de juventud" como decía él, de ésos que no ves hace ya muchísimos años pero reconoces de inmediato. Es sorprendente, pero a partir de una edad indefinida (y variable) parece que los mayores no cambian, ¿no creéis? a mí me lo parece.

Pues bien, a este amigo de mi padre le saludé yo porque no me reconocía "sin las trenzas", palabras textuales. Realmente en ese instante caímos en la cuenta de que hacía mucho que no me veía. Nos pusimos al día y al final llegamos al tema más común cuando alguien habla de mi padre: su sentido del humor. Cómo se las ingeniaba para contar un chiste o una historia sin reírse ni despeinarse un pelo mientras provocaba en los demás una carcajada interminable. Evidentemente recuerdo muchas cosas de mi padre, y no todas buenas, que las broncas silenciosas de mi padre eran "de mucho miedo", pero si hay algo que recuerdo con total claridad es cómo él, con el semblante tan aparentemente serio, te podía hacer reír. Era fascinante. Recuerdo que muchas noches de verano me escondía tras la puerta del salón (puntualmente, a las nueve y media una servidora estaba ya acostada, que no durmiendo) y a hurtadillas espiaba las tertulias estilo el club de la comedia que mi padre tenía en casa con sus amigos. Alguna vez me pillaron, recibía religiosamente una bronca, que era leve por haber testigos, y que siempre valía la pena. No me enteraba de mucho, es cierto, pero se lo estaban pasando tan bien que yo, por empatía, creía que también. Maravillosa infancia, ¿verdad?

Pero no es esto todo lo que quiero recordar. Lo que quiero recordar es algo que pasó después, cuando nos despedíamos ya. Ese amigo de mi padre, hombre canoso y cansado, con una mirada entrañable, se giró y me dijo: "¿Sabes lo mejor de tu padre? que fue de esas personas que recordarás siempre... Una persona inolvidable..."

Estoy algo sensible últimamente, para qué mentir, pero esta frase casi me hace llorar. Es precioso que te recuerden así. Al menos a mí me lo pareció. Después de esto me he puesto a pensar en qué recuerdos dejaremos en los demás; si se nos recordará mucho, poco o nada; si la gente que vayamos conociendo puede que un día no recuerden ni nuestro nombre; si hablarán de nosotros con cariño o con odio o simplemente no hablarán. No lo sabremos. Quizá es que ni siquiera es importante. No lo sé. Aunque intentemos hacer las cosas bien hay que ser consciente de que no a todo el mundo le podemos traer buenos recuerdos. Si soy sincera creo que me daría un poco igual la estela que haya dejado en los demás, pero lo que no me gustaría es provocar indiferencia, que alguien hablase de mí y dijese: "Pues yo... no la recuerdo"

Supongo que no tiene mucho fundamento científico esto que voy a decir pero lo cierto es que, si alguien que te ha conocido (y no me refiero al vendedor de la O.N.C.E al que una vez le compré un cupón) no te recuerda apenas es como si esa parte de tu vida fuese una pequeña mentira unilateral. ¿Estáis de acuerdo?

Sé que estaba mejor callada en mi maravilloso silencio. Pero, siempre le podemos echar la culpa a la dichosa Luna llena...

1/1/09

Año Nuevo... ¿en qué?




1-Cuentan que en algún lugar "Próximo" para despedir el año se han cambiado los fuegos artificiales por las bombas reales.

2-Se espera que ETA siga jugando a ser periódicamente una protagonista no invitada con sus mismos métodos trasnochados ocupando minutos en los informativos.
3-Muere el enésimo inmigrante ilegal intentando cruzar la frontera marroquí, línea que separa la supuesta riqueza de la evidente pobreza, en un intento desesperado de escapar de una mala vida, aún enfrentándose a la posibilidad demasiado frecuente de una peor muerte. Ante la desesperanza se hacen muchas locuras.

4-Una cifra "inmoral"de toneladas de residuos sólidos urbanos forman una alfombra gigante frente a la Puerta del Sol de Madrid y en muchas otras plazas de otras ciudades españolas, algo que nos recuerda que la asignatura pendiente en España no es sólo la manida "Igualdad" de sus miembros y miembras, ni la "Educación para la ciudadanía", sino la EDUCACIÓN, así, a secas.

5-Mis queridos osos polares dejarán pronto de llamarse polares. No hay problema. Para no permitir que desaparezcan, en otro gran logro de la especie humana, los convertiremos en nuestros queridos osos zoolares, sino al tiempo...

6-El papa predica a favor de la lucha contra la pobreza desde la opulencia de una "Basiliquita" que tiene cerca de su residencia oficial en el Vaticano y por supuesto sin hablar de dinero, que es muy feo mezclar lo material y lo espiritual.

7-El indigente habitual de mi cajero automático habitual hoy también se ha despertado entre cartones, a saber: cartones "de los de dormir" y cartones "de los de beber"

8-Me he levantado tarde. Cuando me he querido dar cuenta ya estaba comiendo, por supuesto casi sin hambre. Mientras hacía la digestión en el sofá zapeaba distraída, pensando: "esto también me suena del Año Nuevo pasado".

(.......)

Podría seguir hasta llegar a 12, citando tantas circunstancias repetidas como meses tiene el nuevo año que hoy estrenamos. No me apetece. Cada año celebramos el Año Nuevo. Yo creo que más bien a veces deberíamos celebrar que se haya ido el anterior y sigamos existiendo. Lo único realmente nuevo (en mi casa, al menos) son los calendarios. Bueno, eso y que el año pasado no nos desayunamos una crisis "que aún no ha tocado fondo" en pleno inicio de las rebajas de enero. Es cierto que la rutina a veces es una bendición, pero ¿tanta?

Necesito vuestra ayuda: ¿podéis decirme que tiene de NUEVO el año NUEVO?
A pesar de todo y por aguantar mis delirios (que tampoco son nada nuevo) os deseo un FELIZ AÑO 2009 , mis querid@s lunátic@s. Y no, esto no es efecto de una resaca mal curada. Simplemente soy así de aguafiestas :)

25/12/08

En blanco y negro


Mis sueños son en blanco y negro. Os preguntaréis en qué me baso, dado que soñamos (sobre todo) mientras dormimos. Pues en que no recuerdo haber visto un color en ellos, y suelo recordar muchos de mis sueños diarios. No tengo ningún problema con esto. El problema es cuando sigo viendo, ya despierta, mi alrededor en blanco y negro. Es como si de pronto el resto de los colores no existiese. Eso me pasa pocas veces, sí, pero me pasa. Y normalmente ocurre cuando vivo situaciones incomprensibles para mí.

No dejo de preguntarme por qué es tan complicado a veces entender el lenguaje, la conducta, las prioridades y pensamientos humanos (me incluyo). Tal vez es que sea marciana. Que soy algo lunática lo he reconocido siempre, pero ¿marciana? Eso ha sido todo un descubrimiento.

Maldita Navidad. Es probable que estar ociosa, estado habitual en esta época, me esté pasando factura. Desde niña he sido así: cuando mi cuerpo baja el ritmo, mi cabeza y su hermano corazón, invariablemente, entran en una especie de frenética actividad. Resulta agotador, lo reconozco. Quizá es en estas circunstancias cuando debería comenzar una "huelga cerebral" de las que muchos otros hace ya tiempo tienen varios masters, y bien que les va. Pero no puedo. Llevo demasiados años de enfados contínuos con mi cabeza híperactiva y mi corazón hípersensible. Sé que no voy a cambiar, por tanto, ¿para qué engañarme? Es una guerra perdida. En contrapartida, también es justo reconocer que semejantes imperfecciones me han servido en muchas ocasiones para, al menos, tener claras algunas cosas que parece que el resto de la humanidad (inteligente y evolucionada) que me rodea no siempre tiene en cuenta. Concluyo que en parte es bueno esto de sentirme en blanco y negro. De los momentos bajos es de los que realmente he aprendido cosas, tanto de los demás como de mí misma. A veces es un alto precio pero nada es gratis en la vida. Puede ser ésta una conclusión absurda, propia de mi chifladura, que por cierto no tengo claro si es "de manual" o simplemente aún no tiene nombre científico. Pero os dejo aquí alguno de esos aprendizajes forzosos:

-Una sonrisa embellece el rostro. A mí, por supuesto, me gusta estar guapa, por lo que intento llorar lo menos posible pero como necesito hacerlo (por una fuga en el proceso de fabricación) intento que sea a solas y preferiblemente con la luz apagada, así no me veo llorar.

-Una buena conversación es como una buena comida: alimenta el alma, se digiere bien y nunca llega a saciar; las "charletas/sermones/conferencias" son, por el contrario, como una comida a deshora y excesiva: a mí me producen empacho cerebral. Mejor hablar lo justo y parar de cuando en cuando para que nuestro interlocutor no sienta la necesidad de una "siesta" en nuestra presencia.

-Cada día tengo más claro que cuando te acercas mucho a algo dejas de verlo y si te hablan muy alto dejas de entender, por tanto: es muy recomendable ver las cosas con la suficiente perspectiva y hablar en frecuencias bajas.

-Hay algo que hago constantemente: dudar. No me gusta, pero creo que a veces son más peligrosas las certezas... ¿ o no? No lo sé, es una DUDA que tengo.

-Las personas son como son y lo son estén con quién estén. Se pueden adaptar, amoldar, disimular, pero al final se les ve el plumero. Prefiero aceptar eso que convivir eternamente rodeada de (malos) actores.

-Para muchas personas la palabra "escuchar" resulta ser una perfecta desconocida. Es casi seguro que alguien les intentó explicar el significado mientras ellos estaban demasiado ocupados "hablando".

-Es tan importante saber valorar un triunfo como saber enfrentarse a una derrota. Normalmente no sabemos hacerlo porque nos pasamos mucho tiempo aprendiendo a afrontar lo segundo.

-No me da miedo equivocarme. Me asusta, sin embargo, no darme cuenta de que lo estoy haciendo.

-Cuanta más gente conozco, menos conozco a las personas.

Para el que me lea habitualmente sobra decir que podría extenderme hasta el infinito, pero ¡qué demonios! es Navidad, no quiero ser cruel. Así pues, os cedo la palabra. ¿Vosotros también tenéis aprendizajes forzosos que queráis compartir? Ojalá la respuesta sea un sí. Me ahorraría el (seguro carísimo) psicoanalista.

5/12/08

¿Diciembre es racista?


Quizá un poco ¿no? Lo digo por eso de la "blanca" Navidad. Ya, menudo título para un post me he buscado. No es un titular al uso para estas fechas pero, teniendo en cuenta que esto no es un blog con ánimo de lucro, puedo jugar con eso sin arruinar mi reputación (qué palabra más fea) ni disminuir el número de visitas por minuto... venga, por hora.

Estamos en diciembre, último mes del año según nuestro calendario, mes en el que se dan (y si no se buscan) todas las condiciones para que seamos los más felices de nuestro barrio. Es evidente por donde voy ... o no.

Durante estos días es obligatorio ser feliz. No sé dónde está escrito pero resulta que es condición sine qua non para que el mes sea perfecto que tod@s nos queramos, y cuando digo tod@s es TOD@S. Sí, queda incluída la cuñada insoportable, la suegra, el sobrino repipi y el vecino del cuarto ¡sí, sí, ése, el del taladro de los domingos por la mañana! También es obligatorio que los niños luzcan sus mejores sonrisas; las familias tienen que reunirse y comer y beber (aún sin hambre ni sed); hay que regalar a nuestros seres queridos (o no tan queridos); se debe también felicitar a todo el mundo (?¿) sí, se debe desear Felices "Fiestas" ¿ y si el susodicho trabaja esas "Fiestas"? no importa, hay que felicitarle, que no se queje, que peor sería que no trabajase. Estamos en ese momento mágico de "hacer el bien" y ser solidarios, ya seremos unos malvados egoístas el resto del año. A ver si no es razón suficiente el simple hecho de que estemos en Navidad. Claro, alguno se preguntará ¿y si resulta que soy ateo/agnóstico? No importa, tú felicita igual, ¿qué más te da? Pues eso.

Entonces pienso: "Que mes tan poco democrático". Sí, porque resulta que por desgracia (y ya es mala pata) existen personas que no tienen a quién querer estos días, que hay niños que no son capaces de sonreír (sonreír y llorar al mismo tiempo es muy difícil), que hay familias que no se soportan, o incluso hay personas que no tienen a quién felicitar.

Pero sigamos destripando el mes más comercial. Este mes tiene otras características que le adornan: se le reconoce por el frío y las primeras nevadas, los días cortos y noches madrugadoras, las luces de colores, los escaparates excesivos, los árboles verdes de plástico y los Papanoeles rojos inventados por Coca Cola (todos sabemos que el original 'Santa' era verde) Es un mes "de diseño" con decoración de interiores e iluminación de exteriores. Ya que no podemos iluminar nuestras vidas, pues iluminemos nuestras casas, ¿por qué no? ¡hay tanto que celebrar! Sí, diciembre parece un anuncio de IKEA.

Y encima, para más inri (hoy me ha dado por el latín) se acaba un año. ¡Qué bien! y ahora caigo en la cuenta de que no he hecho nada de lo que tenía pensado. Bueno, no importa. Es obligatorio ser feliz= prohibido lamentarse. Además, en breve empieza otro año, igual de largo, incluso más si es bisiesto, y siempre puedo intentar escribir un guión tipo 12 meses, 12 causas, y cruzar los dedos para no perder el post-it donde lo he apuntado. Es lo bueno de esta época: genera optimismo.

Regresemos a nuestro pasado, cuando eramos niños. En esa mágica edad, en la que casi siempre hay motivos para disfrutar, las Navidades hacen coincidir muchos de ellos: menos días de clase; nieve en muchos lugares para poder jugar/esquiar/caerse (que era lo que hacía yo); visitas a las tiendas de juguetes (reconozco que eso, a mi edad, sí que lo sigo haciendo, me encantan los juguetes) y, sobre todas las cosas, la espera ansiosa e ilusionada de P.N., sus majestades los RRMM o los dos, eso ya va un poco/un mucho en función de la economía familiar.

¿Lo malo de este mes? Quizá se me ocurra algo. A ver, si lo pienso fríamente, sin los adornos navideños emborronándome la realidad, sin las luces parpadeantes que siempre me han estresado un poco, resulta que lo malo es que tal vez en algún lugar, y no tiene que ser muy lejano, no se celebre nada ¿Por qué? pues porque no hay nada que celebrar. Hay gente para la que, nos lo creamos o no, el celebrar la Navidad no está entre sus prioridades. Resulta que están pasando por un mal momento por alguna causa (o varias, que es lo habitual) y les preocupan más otras cosas. Son esas personas que no tienen vacaciones, o trabajo, o luces de colores en casa, o casa, ni regalos, ni dinero, o que no tienen salud, o comida, o familia...etc, así sucesivamente... Y claro, poco tiempo deja eso para pensar en otra cosa.

Alguno de vosotros no me reconocerá escribiendo así, porque suelo hacer gala de un optimismo eterno. No os preocupéis, no he sido abducida, y lo que estoy explicando no va contra el optimismo, pero sí contra la felicidad obligada, impuesta y publicitada a mi alrededor. ¿Por qué? pues porque yo seré feliz cuando me venga en gana y los astros me acompañen, no cuando lo digan unos cuantos anuncios/sacerdotes/asociaciones varias.

No quiero deprimiros (ya, ¡quién lo diría!) pero tenéis que entenderme. Esto es sólo un blog y aquí aparecen sólo mis delirios. Y mirar si es cierto que no quiero deprimiros que, para no dejaros con mal sabor de boca, os doy varias soluciones al problema de injusticia antidemocrática que estamos viviendo en el mes en curso: estamos en el momento ideal para elegir la opción de apadrinar un niño, hacernos socios de Save a Children (o similar), mandar un sms para participar en una donación multitudinaria , comprar un juguete solidario o enviar un abrigo viejo al contenedor de la ropa o la oficina de Cáritas más cercana, eso si es que lo quieren, que a mí la última vez que fui me dijeron que no necesitaban ropa (?). Es lo bueno que tiene diciembre: que tenemos mil formas de sentirnos bien. En fin...

Este mes yo intentaré ser más democrática que el calendario y voy a hacer exactamente lo mismo que el mes de noviembre: quedaré con mis amig@s siempre que pueda y puedan, diré te quieros a quién quiera y quiera escucharlos, repartiré besos y abrazos a diestro y siniestro (dos amigos míos); seguiré echando de menos a los que no estén y claro que iremos toda la pandilla a cenar, pero también fuimos el mes pasado. En definitiva: intentaré ser feliz y hacer felices a los demás. ¿Y en enero? Pues en enero más de lo mismo pero con otro número en el año.

¿Qué planes tenéis vosotr@s para este mes de diciembre? Y si os gusta la Navidad me gustará escucharlo igualmente :)

PD: Quede claro que lo que sí ADORO de este mes es el brillo en los ojos de l@s niñ@s. Será porque me recuerda a los meses de diciembre en los que yo aún pensaba que era éste un mes democrático.